LOGINAgnes:
El fin de semana había sido demasiado corto, sin embargo, había sido el más feliz e intenso de toda mi vida, estaba segura que mi padre estaría más que feliz por mi noviazgo con Sebastien, aunque no más feliz que yo.
Era domingo por la tarde, lo que indicaba que debíamos marcharnos, algo que me había hecho sentir triste, desearía que este momento durara para siempre. Guardamos nuestras cosas, las subimos a la camioneta y emprendemos la marcha de regreso.
- Hagamos un viaje más largo, esta vez a la playa, ¿qué te parece? –dice sin apartar la vista del camino, sonreía mientras lo decía.
- Me gustaría mucho, ¿cuándo lo haríamos? –pregunto emocionada, pasaríamos a cenar al mismo restaurante.
- Quizás en 2 semanas, habrá que pedirle a tu padre nos permita ausentarnos de la empresa desde el miércoles –muerdo mi labio nerviosa, no le diría que no, pero a mí, seguro que me diría muchas cosas horribles, o bueno, si consideraba que eso era beneficioso, me dejaría ir sin ningún castigo, esperaba fuese lo segundo.
- Estoy segura que no se negará –digo suave, intentando ocultar mi preocupación, al parecer lo logro, porque él sonríe.
- ¿Algo que quieras probar de la última vez? –pregunta cuando estamos por llegar.
- El plato del día, la otra vez tenía muy buena pinta –digo emocionada, lo veo estirar la mano para sujetar la mía, entrelaza nuestros dedos y no puedo evitar sonreír como idiota, aprieto su mano y así continuamos el viaje. Ahora me sentía feliz de jamás haber estado con nadie más, creo que habrían arruinado esto, porque justo ahora, todo era perfecto de esa manera tan imperfecta que tiene el amor, o al menos, el que estaba acostumbrada a leer.
No iba a decir que no me ponía nerviosa o me sentía preocupada por decir o hacer algo que me pusiera en vergüenza o que él considerará extraño, suponía que era normal, jamás había tenido pareja, mi padre creía que debía reservarme para su mejor socio, y creo que hasta el momento, Sebastien lo era, y si era sincera, deseaba que eso no cambiara, porque estaba muy enamorada de ese hombre maravilloso, por primera sentía que experimentaba la primavera en lugar del frío invierno que era mi vida, quizás podía parecer muy dramático, pero así lo sentía.
- Excelente elección –me guiña un ojo–, aunque creo que todo está delicioso, no nos alcanzaría todo el tiempo del mundo para probar cada cosa, al menos en un día –dice antes de estacionarse, baja y camina hasta mi puerta, la abre con galantería y me ayuda a bajar, le sonrío con timidez.
Debía reconocer que ningún chico de mi edad era tan amable y atento como él, era un caballero en toda la extensión de la palabra, ni siquiera los socios mayores de mi padre eran así de atentos, aunque quizás intuía porque, eran todos unos depravados, sucios y tramposos, igual que mi padre.
Pero por suerte, Sebastien no era de esa manera, así que tenía una larga y feliz vida por delante.
- Gracias –digo cuando me abre la puerta del restaurante y me deja pasar primero, ver ese lugar me hacía sonreír, era demasiado encantador y sobre todo, era tan pacífico.
- De nada bella dama –me guiña un ojo galante y sólo puedo reír bajito. Me guía hasta una mesa cerca de la ventana, la verdad es que la vista era maravillosa.
- Buenas noches, les dejo la carta –dice un amable mesero en cuanto nos sentamos, tomamos los menús–, en cuanto estén listos, no duden en llamarme –asiento y él se retira. Reviso a profundidad el menú. En efecto, todo se leía muy bueno, pero estaba decidida a probar la comida del día, la cual no se mencionaba en el menú, al menos no eran específicos, era más como una sorpresa para el comensal.
Sebastien le hace una seña al mesero, el cual se acerca.
- Me gustaría la comida del día y una limonada, por favor –digo dejando el menú en la mesa, Sebastien hace lo mismo.
- Quisiera un steak and cheese y un refresco de cola, por favor –el mesero anota las órdenes, recoge los menús y se retira.
- Ese también se me antojó, ¿crees que podría pedir uno para llevar? –pregunto con timidez, él sonríe mientras asiente, siento mis mejillas ponerse rojas.
- Claro que sí, Dios no quiera que te desmayes de hambre a media noche –me guiña un ojo bromista, asiento roja de la vergüenza, la verdad es que había soltado aquello sin pensar.
- Gracias –digo bajo, el mesero se acerca con las bebidas y mi comida, que consiste en 2 rebanadas de meatloaf con puré de papa y guisantes. Debía decir que tenía una pinta buenísima, sin duda había sido una buena elección pedir el plato del día.
- En un momento les traigo el emparedado –dice tras acomodar todo.
- ¿Podría ponerme otro igual para llevar? –pregunta Sebastien vaciando su refresco en el vaso con hielo.
- Claro que sí señor, en un momento se los traigo –nos sonríe antes de marcharse.
- ¿Quieres probar? –señalo mi plato, asiente y acerca su rostro, abre la boca así que acerco el tenedor a su boca.
- Esta delicioso, habrá que preguntar qué día de la semana lo preparan –dice antes de que el mesero llegue con su emparedado, suponía que el otro estaría un poco después.
- Sí –veo al mesero retirarse–, aunque si no lo hacen en un largo tiempo, puedo hacerlo yo sin ningún problema –bajo la mirada avergonzada.
- Me encantaría probarlo, debo decir que tu comida sabe deliciosa –sonríe logrando que me sonroje con ganas por el comentario. Asiento antes de comenzar a comer, tras unos segundos extiende su emparedado.
- ¿Quieres probar? –asiento riendo bajito, le doy una gran mordida, sin duda alguna, estaba delicioso.
- Es muy bueno, aunque no sé si es porque hace mucho no me como uno o porque este lugar tiene algo que vuelve la comida tan deliciosa –digo comiendo lo mío, pero quizás era lo primero, en su afán de mostrarme con una figura ideal y envidiable, me sometía a rigurosas y estrictas dietas que me dejaban con hambre, no entendía cómo es que no me había desmayado a estas alturas.
- Podría ser ambas cosas, porque siempre que vengo, incluso si es seguido, la comida me sigue pareciendo de lo mejor –me guiña un ojo y sonrío asintiendo.
- Sin duda alguna, podría venir aquí toda la semana y no me cansaría –él asiente de acuerdo, continuamos comiendo mientras hablamos y reímos, lejos de la vista de mi padre, sentía que esta era mi verdadero yo, aun así, debía tener cuidado en lo que hacía y decía.
Tras terminar de cenar, él se ha ofrecido a pagar con la promesa de que le cociné, así que sin más opciones, accedí.
El camino de regreso fue tranquilo, hablábamos de trivialidades, casi llegando a casa, comenzamos a hablar del viaje, él conocía una playa preciosa y era muy privada, las cabañas estaban muy lejos unas de las otras, así que ahí iríamos, esperaba con impaciencia ese viaje.
Sebastien:
Dos semanas se habían pasado de una manera vertiginosa, el señor St. Vincent había recibido de buen agrado la noticia de mi noviazgo con Agnes, algo que me había alegrado, sabía lo importante que era su padre en su vida.
Agnes había estado llevándome comida durante estas 2 semanas, algo que agradecía, amaba su comida.
- ¿Lista? –pregunto tras llegar a su casa, uno de los empleados bajaba una pequeña maleta.
- Sí, creo que llevo todo, espero no olvidar nada –mira su teléfono, y luego su maleta inquieta.
- No importa querida, si hace falta algo, lo compramos allá –sostengo suave sus manos para tranquilizarla, ella me sonríe apenada.
- Sí, tienes razón –suspira y sonríe más tranquila–, Edmund, lleva eso a la camioneta del señor –dice ella suave, el hombre asiente y sale con la maleta.
- Es una lástima que tu padre este en la empresa, me habría gustado saludarlo –digo entrelazando nuestras manos, ella sonríe mientras salimos de la mansión.
- Tenía una junta importante, de no ser por eso, se hubiese quedado hasta esta hora –dice ella en tono suave mientras nos acercamos a la camioneta, la ayudo a subir, me aseguro que las maletas están en dónde deben y voy al asiento del piloto, subo y comienzo la marcha.
- Un amigo me prestó su avión privado –digo cuando estamos en carretera, la veo girarse con sorpresa–, he pensado en comprarme uno, ¿qué opinas cielo? –la miro de reojo.
- Bueno –dice abriendo y cerrando la boca, seguro mi pregunta la había cogido desprevenida, lo que era muy adorable–, pues, si lo quieres o lo necesitas, está bien –dice sonriendo nerviosa.
- Ten en cuenta que lo usarás tú, así que si no te sientes cómoda –ella se gira a verme con los ojos muy abiertos por la sorpresa.
- ¿Yo? –pregunta muy confundida–, pero, ¿a dónde iría? –ríe nerviosa, estiro la mano y sostengo una de las suyas con suavidad.
- ¿No te agrada la idea de viajar? –pregunto desconcertado, ella parece ponerse pálida.
- Bueno, es que –traga saliva, ¿por qué estaba tan nerviosa?, esperaba que no se sintiera incómoda con mi propuesta–, jamás he viajado sola –dice de repente con las mejillas rojas, me imagino que de vergüenza.
- Eso se arregla fácil querida, podemos ir los 2, recorrer el mundo o el país –le sonrío de manera tranquilizadora–, sólo debes decirme que deseas, y lo obtendrás –ella me sonríe, sus mejillas siguen rojas.
- Gracias –dice bajo, podía ver que comenzaba a tranquilizarse.
- No debes agradecerme nada, lo hago con gusto –aprieto suave su mano, estábamos a nada de llegar.
Estaciono la camioneta, me bajo y camino a su puerta, la ayudo a bajar. Un empleado baja las maletas y las sube al avión.
- Me voy subiendo –dice tras mencionarle que hablaré con el piloto.
- Claro, ahora te alcanzo –la acerco suave a mí y la beso de manera casta, ella sonríe y camina hacia el interior del avión.
Tras darle las indicaciones al piloto, abordo y voy donde ella, lucía nerviosa.
- ¿Es tan hermoso como la imagen que me mandaste? –dice de repente, me siento a su lado.
- Querida mía, ese lugar es el paraíso, y más, porque estarás tú conmigo –ella esboza una enorme sonrisa, se acerca y me besa, lento al inicio, pero poco a poco, el beso se vuelve profundo.
Habían sido meses de recuperación, pero todo había valido la pena cuando fui capaz de caminar hacia el altar sin problema alguno, esta vez la ceremonia había sido pequeña, con algunos socios de Sebastien y con personas a las que de verdad estimaba.Era extraño pasar de Agnes Edevane-Gray a Agnes Grayson, y no es que me quejara, para nada, porque amaba a Sebastien pero supongo que sólo me costaría trabajo adaptarme.Habían pasado unos meses más tras la boda, Sebastien me había llevado a todas partes, habíamos comido y bebido de todo, bueno, salvo algunas cosas por orden del médico, pero fuera de eso, la luna de miel había sido perfecta, triste había sido volver.- Te vaya bien –digo como cada mañana que debe ir a la empresa, habíamos decidido mudarnos a Londres, era un cambio agradable.- Nos vemos a la hora de la comida –me pega a él y me besa con intensidad, eso lograba dejarme descolocada por algunos segundos, me sonríe travieso antes de salir, suspiro enamorada.- Agnes, llegó un pa
Miraba la tumba dónde descansaba, traía sus flores favoritas, al final Alexander St. Vincent había sido acusado por crímenes como e****a, lavado de dinero, abuso de confianza, prostitución infantil y manejo de lugares ilícitos, así mismo, de planear a cabo el asesinato del matrimonio Grayson, y el asesinato de Elaine St. Vincent y violencia doméstica contra su única hija, Agnes Edevane-Gray.- Al fin tienen una tumba –dice ella suave mientras coloco las flores, asiento.- Seguro les da gusto estar juntos, tu madre era una buena persona –dice él acomodando las flores, les había costado un mundo encontrar los cuerpos de sus respectivos padres, pero al final había valido la pena–. ¿No estás muy cansada? –pregunta volviéndose hacia ella, iba en silla de ruedas para evitar cansarse, su rehabilitación iba muy bien, pero aún así se cansaba con facilidad, el daño en sus pulmones había sido mucho, pero poco a poco se recuperaba, fue hasta varias semanas que le confeso lo del bebé, ella había ll
Sebastien:Durante el trayecto la reanimaron 2 veces, cada que su corazón fallaba sentía el mío desplomarse junto al de ella.Al llegar, nos reciben 2 doctores, los paramédicos le explican su estado.- Paciente femenina de 23 años, tiene múltiples fracturas en pierna izquierda a la altura del fémur, brazo derecho en la parte cubital, al menos 8 costillas de ambos lados, tuvo 2 paros cardíacos, Glasgow 3 –los médicos la llevan adentro, corro tras ellos, gritaban ordenes incomprensibles para mí, sólo entendí una cosa: quirófano, radiografías y análisis.Se acercan a unas puertas y un doctor me detiene, niega.- Necesito estar con ella –digo suplicante, sentía que si no estaba a su lado, la perdería.- No puede pasar, vaya a la sala de espera, lo mantendré informado –asiento derrotado, camino a la sala de espera, me dejo caer, pasados unos segundos se acerca un interno para preguntarme si deseo ser revisado, niego, no me sentía mal, aunque suponía que mi aspecto daba a entender otra cosa.
Agnes:Me habían llevado dentro de la casa casi a rastras, había intentado luchar, aunque no mucho, ellos me llevaban mucha ventaja. Me llevan al despacho de mi padre, no me había dado tiempo de poner la estatua en su lugar, por lo que quizás eso me había delatado.Uno de los hombres me sienta con brusquedad en un sillón individual, miro todo atenta, no había manera de escapar, 2 hombres resguardaban la puerta y otros 2 estaban a mi lado, suspiro, seguro estaban esperando a mi padre, esperaba se tardarán en comunicarse con él, pero como la vida me odiaba, mi padre entro 5 minutos después hecho una furia.- ¿Qué tan estúpido crees que soy? –grita mientras camina hacia mí, el golpe de su mano me hace girar la cabeza con brusquedad, sentía el ardor donde su palma había impactado–, ¿creíste que dejaría este lugar sin protección? –escupe al tiempo que me abofetea la otra mejilla, evito chillar del dolor, no le daría ese gusto–, eres igual de estúpida que tu madre –tira de mi cabello hacia a
Agnes: Las palabras dichas por Sebastien habían logrado que mi corazón latiese tan rápido, que creía se saldría de mi pecho usando mi garganta como conducto de salida. Pero aquellas palabras también me habían hecho ver la realidad, una cruda y triste realidad, que a pesar de todo lo que dijera, mi padre si era un gran impedimento, y siempre lo sería a menos que lo detuviera, y eso haría. Entro a mi habitación y comienzo a planear todo, debía tener cuidado con cada cosa que podría salir mal, cada aspecto de la casa y cada movimiento que se hacía dentro de la misma. Para eso, había tomado un lápiz y un cuaderno, había hecho un croquis de la casa, había señalado los puntos que tenían vigilancia y había anotado los horarios en que los guardias cambiaban de turno o solían salir un rato, esto último lo había descubierto de niña, en la cabina de vigilancia no estaban a eso de las 2:15, más o menos volvían a eso de las 2:30, así que tendría quince minutos exactos para poder llevar a cabo mi
Sebastien: - Creo que no eres el único culpable, quizás si hubiese hablado, si hubiese tenido el valor de enfrentarlo, esto no habría sucedido, creo que nos hubiésemos ahorrado mucho sufrimiento innecesario –la escucho suspirar, la separo suave de mi cuerpo, sus ojos están rojos, verla así me rompe el corazón, me había cansado de mentirme y de mentirle. - No creo que tengas la culpa de nada, a pesar de mis pensamientos idiotas, jamás has tenido la culpa, no pediste nacer ni ser amada por ese monstruo –eso era lo más que podía contenerme, el odio y la rabia que sentía hacia él era mucha. - Sebastien, mi querido Sebastien, ¿de verdad crees que un ser cómo él es capaz de amar a alguien? –pregunta con ironía, algo que me sorprende. - Todo el mundo ha sido testigo del amor desmedido que tiene por ti –digo frunciendo el ceño, comienza a reír y niega. - Ese hombre no ama a nadie, salvo a él mismo –sonríe de lado con ironía–. Alexander St. Vincent se ha encargado de crear la imagen perfec







