LOGINAgnes:
Debía decir que aquella imagen no le hacía justicia, el lugar era precioso, el mar de un suave y transparente azul, y si a eso se le agregaba su unión con el cielo, era sin lugar a dudas, algo para inmortalizar.
- Espero que este a la altura de tus expectativas –dice él a mi espalda, siento como me abraza, sus manos descansando en mi estómago.
- No sólo eso, sino que las superó –sonrío recargando mi cabeza en su pecho, besa mi cabeza, me relajo sintiéndome tan libre, tan llena de paz.
- Me alegra escuchar eso –me gira con cuidado–, ahora vamos a la cabaña, estoy seguro que también te gustará –dice besando mi nariz, río bajito y asiento.
Caminamos a la pequeña cabaña, 2 pobladores habían llevado nuestras cosas, Sebastien les había dado la indicación de no venir, sin embargo, les había pagado por el trabajo, ellos habían estado muy agradecidos. A decir verdad, creo que entre los dos podríamos mantener limpio el lugar, tampoco es como que fuésemos a realizar fiestas salvajes noche tras noche, nuestra idea principal era descansar, pasar tiempo juntos y quien sabe, quizás tener mi primera vez. Me ponía nerviosa la idea, pero no me asustaba, después de todo, confiaba en él y estaba muy segura de mi decisión.
- Es igual de bella por dentro, que por fuera –digo nada más entrar, lo miro de reojo y lo veo asentir.
- Me alegra que no sea tan moderna, eso le habría quitado un poco de encanto –me sonríe y asiento, porque era verdad, la intención es que todo se viera lo más rústico posible–. ¿Tienes hambre querida?, podría preparar algo de lo que trajimos, o si lo deseas, podríamos salir a comer, creo que aquí cerca hay un restaurante muy bueno –dice mirándome atento, asiento, si bien el viaje no había sido largo, si tenía hambre.
- Preparemos algo aquí y en la noche, salgamos a cenar –él asiente, me pongo de puntillas y lo beso de manera casta antes de caminar a la cocina, quizás podía hacer un poco de pasta y ensalada, o quizás algo más grasoso–. ¿Te gustaría algo en específico, cariño? –digo mientras veo todo lo que trajimos.
- Lo que sea está bien preciosa –dice suave, asiento sin saber muy bien que preparar, entonces recuerdo nuestra plática en el restaurante.
- Podría preparar el meatloaf de la otra vez, tenemos todos los ingredientes –me giro para verlo con una gran sonrisa.
- Me parece bien, por mi parte, iré a revisar las habitaciones y ver si todo está en orden, ¿te parece? –asiento sonriendo, lo veo marcharse y comienzo a tomar los ingredientes, no me tomaría mucho tiempo preparar la comida.
Cuando estuvo lista, él ya había puesto la mesa, así que había servido los platos, él los había llevado a la pequeña mesa de madera. Habíamos decidido acompañar la comida con un poco de vino tinto.
Sebastien me contaba algunas anécdotas de su infancia, no podía parar de reír y sonreír como idiota imaginándolo.
- Debo confesar algo –me mira serio, lo miro atenta, ¿estaría casado o algo por el estilo? La verdad, es que no había mucha información sobre él, salvo unos cuantos chismes, que ahora que lo había tratado, dudaba muchísimo que fuesen ciertos–. Eres la primera mujer con la que tengo una relación seria, y tengo miedo de decir o hacer algo que lo arruine, así que quizás debería decirte sobre algunos rumores que corren de mí por Londres –lo interrumpo negando.
- No tienes que aclarar nada Sebastien, sé que no eres esa clase de hombre –le sonrío al tiempo que tomo su mano–, además, si eso fuese cierto, es algo que no tengo derecho a recriminarte, porque forma parte de tu pasado, y lo único que me importa es el presente, así que tranquilo –él me sonríe, suelta suave mi mano y acaricia mi mejilla con ternura.
- No sé cuántas veces deberé agradecer al universo que me tiraras el café encima –me guiña un ojo, río bajito sonrojándome un poco.
- Yo tampoco –sonrío como idiota, él me guiña un ojo antes de seguir comiendo, había sido lindo escuchar su confesión, incluso me había parecido tierno. No sé si me había visto leer algún artículo de él o si pensó que alguien podría decirme algo, la verdad es que no creía nada de lo que publicaban, empezando porque sabía que no todo era como lo pintaban, para mejor ejemplo, mi vida.
Tras terminar de comer, él se había ofrecido a lavar la loza, había aceptado porque debía guardar mi ropa, esta vez sí que había empacado varios trajes de baño, aunque si debía ser sincera, prefería usar el que me había comprado.
- ¿Lista para el paseo por la playa? –pregunta tras llamar a mi puerta, justo terminaba de colocarme el sombrero.
- Sí, ahora salgo –digo tomando mi bolso, ahí tenía bloqueador, mi teléfono y algunos medicamentos.
Camino a la sala dónde me espera, había optado por un vestido veraniego y unas sandalias con correa, no quería repetir el incidente en el lago.
- Tan hermosa como siempre –dice nada más verme, río bajito nerviosa.
- Gracias –digo cuando toma mi mano y salimos de la casa.
La suave brisa del mar era refrescante contra el caliente sol. Tras caminar unos minutos, habíamos optado por meter los pies en el agua, me gustaba la sensación de la arena en mis pies, aunque al haber ondas, había sentido que el mar me arrastraba, así que él me había abrazado, ambos habíamos reído.
Estuvimos paseando por varias horas, también habíamos nadado y aprovechado para una sesión de besos, que siempre comenzaban siendo suaves, y terminaban por ser intensos y calientes.
La ventaja de ser lugares privados, es que encontrarte con alguien más era muy difícil, así que cuando nos habíamos tumbado en la orilla del mar poco antes del atardecer, lo habíamos hecho confiados en que nadie nos molestaría.
Sus manos habían paseado lento por mis piernas hasta mis nalgas, no había podido ni querido evitar jadear, en respuesta, había sentido un bulto en medio de mis piernas, la sensación de ser deseada era algo que me gustaba mucho, podía sentir la excitación en cada fibra de mi ser.
- Dioses Agnes –dice con voz ronca, su respiración agitada–, debes detenerme ahora, no creo poder hacerlo por mi cuenta –dice bajando a mi cuello, comienza a lamer y chupar, logrando que gima bajo.
- No lo hagas –mi voz sale baja y ronca, pero no dudo en ningún momento.
- Entonces vamos a la cabaña –alza su cabeza y me mira como buscando algún atisbo de duda.
- Vamos –digo segura, se pone de pie y me ayuda a levantarme, tomamos nuestras cosas y caminamos de regreso, antes de que algo ocurriera, tomaría un baño, sentía la arena dentro de mi traje de baño–. Tomaré un baño, si no te molesta –digo con timidez.
- Claro que no, haré lo mismo –dice antes de besarme de manera casta, lo veo irse a su cuarto y hago lo mismo.
Me baño lo más rápido que puedo, debía escoger algo adecuado para ponerme, creo que había empacado un conjunto de encaje blanco. Durante todo ese proceso, me había mentalizado de lo que ocurriría, quizás me dolería, pero según lo que había leído, eso no duraría todo el tiempo, o quizás sólo sentiría incomodidad, rezaba porque no doliera tanto.
Una vez lista, me había puesto encima un camisón, había respirado unas cuantas veces antes de salir de la habitación y caminar a la de él.
- Permiso –digo entrando tras darme autorización, al entrar lo había visto sin camisa, y no es que fuese la primera vez, pero no dejaba de parecerme hermoso. Sin esperar más, me acerco a él segura, me pongo de puntillas y lo beso, él no tarda en corresponder, me pega a él y profundiza el beso. Con cada segundo que pasaba, era más difícil contenerse, así que se lo había pedido sin cortar el beso, él había murmurado algo inteligible antes de alzarme y recostarme en la cama.
- ¿Estás segura preciosa?, sabes qué podemos esperar –dice mirándome atento, su preocupación era tan reconfortante.
- Estoy muy segura Sebastien, quiero que seas mi primera vez –digo segura mirándolo a los ojos.
- Que él cielo me ayude Agnes –dice antes de besarme de nuevo, con amor y necesidad, una necesidad que acabó con nuestra ropa regada por todo el cuarto, con jadeos y gemidos suaves, otros altos, otros más, ahogados por los besos.
Jamás podré olvidar la sensación de mi piel ardiendo ante el suave pero firme toque de ese hombre, así como tampoco olvidaría la sensación de él dentro de mí, de ese líquido caliente que me había llenado una y otra vez durante toda la noche, cada vez en una posición diferente.
Esa noche no me importó nada, no hubo miedo, ni me importaron las consecuencias, esa noche sólo fuimos dos amantes amándose hasta el amanecer.
Habían sido meses de recuperación, pero todo había valido la pena cuando fui capaz de caminar hacia el altar sin problema alguno, esta vez la ceremonia había sido pequeña, con algunos socios de Sebastien y con personas a las que de verdad estimaba.Era extraño pasar de Agnes Edevane-Gray a Agnes Grayson, y no es que me quejara, para nada, porque amaba a Sebastien pero supongo que sólo me costaría trabajo adaptarme.Habían pasado unos meses más tras la boda, Sebastien me había llevado a todas partes, habíamos comido y bebido de todo, bueno, salvo algunas cosas por orden del médico, pero fuera de eso, la luna de miel había sido perfecta, triste había sido volver.- Te vaya bien –digo como cada mañana que debe ir a la empresa, habíamos decidido mudarnos a Londres, era un cambio agradable.- Nos vemos a la hora de la comida –me pega a él y me besa con intensidad, eso lograba dejarme descolocada por algunos segundos, me sonríe travieso antes de salir, suspiro enamorada.- Agnes, llegó un pa
Miraba la tumba dónde descansaba, traía sus flores favoritas, al final Alexander St. Vincent había sido acusado por crímenes como e****a, lavado de dinero, abuso de confianza, prostitución infantil y manejo de lugares ilícitos, así mismo, de planear a cabo el asesinato del matrimonio Grayson, y el asesinato de Elaine St. Vincent y violencia doméstica contra su única hija, Agnes Edevane-Gray.- Al fin tienen una tumba –dice ella suave mientras coloco las flores, asiento.- Seguro les da gusto estar juntos, tu madre era una buena persona –dice él acomodando las flores, les había costado un mundo encontrar los cuerpos de sus respectivos padres, pero al final había valido la pena–. ¿No estás muy cansada? –pregunta volviéndose hacia ella, iba en silla de ruedas para evitar cansarse, su rehabilitación iba muy bien, pero aún así se cansaba con facilidad, el daño en sus pulmones había sido mucho, pero poco a poco se recuperaba, fue hasta varias semanas que le confeso lo del bebé, ella había ll
Sebastien:Durante el trayecto la reanimaron 2 veces, cada que su corazón fallaba sentía el mío desplomarse junto al de ella.Al llegar, nos reciben 2 doctores, los paramédicos le explican su estado.- Paciente femenina de 23 años, tiene múltiples fracturas en pierna izquierda a la altura del fémur, brazo derecho en la parte cubital, al menos 8 costillas de ambos lados, tuvo 2 paros cardíacos, Glasgow 3 –los médicos la llevan adentro, corro tras ellos, gritaban ordenes incomprensibles para mí, sólo entendí una cosa: quirófano, radiografías y análisis.Se acercan a unas puertas y un doctor me detiene, niega.- Necesito estar con ella –digo suplicante, sentía que si no estaba a su lado, la perdería.- No puede pasar, vaya a la sala de espera, lo mantendré informado –asiento derrotado, camino a la sala de espera, me dejo caer, pasados unos segundos se acerca un interno para preguntarme si deseo ser revisado, niego, no me sentía mal, aunque suponía que mi aspecto daba a entender otra cosa.
Agnes:Me habían llevado dentro de la casa casi a rastras, había intentado luchar, aunque no mucho, ellos me llevaban mucha ventaja. Me llevan al despacho de mi padre, no me había dado tiempo de poner la estatua en su lugar, por lo que quizás eso me había delatado.Uno de los hombres me sienta con brusquedad en un sillón individual, miro todo atenta, no había manera de escapar, 2 hombres resguardaban la puerta y otros 2 estaban a mi lado, suspiro, seguro estaban esperando a mi padre, esperaba se tardarán en comunicarse con él, pero como la vida me odiaba, mi padre entro 5 minutos después hecho una furia.- ¿Qué tan estúpido crees que soy? –grita mientras camina hacia mí, el golpe de su mano me hace girar la cabeza con brusquedad, sentía el ardor donde su palma había impactado–, ¿creíste que dejaría este lugar sin protección? –escupe al tiempo que me abofetea la otra mejilla, evito chillar del dolor, no le daría ese gusto–, eres igual de estúpida que tu madre –tira de mi cabello hacia a
Agnes: Las palabras dichas por Sebastien habían logrado que mi corazón latiese tan rápido, que creía se saldría de mi pecho usando mi garganta como conducto de salida. Pero aquellas palabras también me habían hecho ver la realidad, una cruda y triste realidad, que a pesar de todo lo que dijera, mi padre si era un gran impedimento, y siempre lo sería a menos que lo detuviera, y eso haría. Entro a mi habitación y comienzo a planear todo, debía tener cuidado con cada cosa que podría salir mal, cada aspecto de la casa y cada movimiento que se hacía dentro de la misma. Para eso, había tomado un lápiz y un cuaderno, había hecho un croquis de la casa, había señalado los puntos que tenían vigilancia y había anotado los horarios en que los guardias cambiaban de turno o solían salir un rato, esto último lo había descubierto de niña, en la cabina de vigilancia no estaban a eso de las 2:15, más o menos volvían a eso de las 2:30, así que tendría quince minutos exactos para poder llevar a cabo mi
Sebastien: - Creo que no eres el único culpable, quizás si hubiese hablado, si hubiese tenido el valor de enfrentarlo, esto no habría sucedido, creo que nos hubiésemos ahorrado mucho sufrimiento innecesario –la escucho suspirar, la separo suave de mi cuerpo, sus ojos están rojos, verla así me rompe el corazón, me había cansado de mentirme y de mentirle. - No creo que tengas la culpa de nada, a pesar de mis pensamientos idiotas, jamás has tenido la culpa, no pediste nacer ni ser amada por ese monstruo –eso era lo más que podía contenerme, el odio y la rabia que sentía hacia él era mucha. - Sebastien, mi querido Sebastien, ¿de verdad crees que un ser cómo él es capaz de amar a alguien? –pregunta con ironía, algo que me sorprende. - Todo el mundo ha sido testigo del amor desmedido que tiene por ti –digo frunciendo el ceño, comienza a reír y niega. - Ese hombre no ama a nadie, salvo a él mismo –sonríe de lado con ironía–. Alexander St. Vincent se ha encargado de crear la imagen perfec







