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Un sueño maravilloso

Author: Jeanne H.A
last update publish date: 2022-01-20 15:57:27

Sebastien:

La había ayudado durante todo el trayecto, el camino era seguro, sin embargo, las sandalias que traía no le ayudaban mucho, y a pesar de ese pequeño detalle, ella estaba muy emocionada, así que no había podido evitar el contagiarme de su buen humor.

El camino era corto, si acaso nos tomaría llegar unos 5 minutos, pero por las sandalias de Agnes, tardamos un poco más, algo que no notamos ya que íbamos hablando y riendo, era fácil estar con ella, quizás porque su padre tenía mucho dinero, siendo eso lo último que le podía interesar de mí, era alguien sencilla, amable y desinteresada que disfrutaba de las cosas sencillas de la vida, justo como yo.

- No te burles –dice ella apenada, me acababa de confesar que nunca antes se había metido a un lago, además de que jamás había ido de campamento–, mi padre temía que algún animal me picará, me raspará o me ahogara, era comprensible –dice sonrojándose un poco mientras se encoge de hombros, los dioses no quisieran que esa preciosa criatura sufriera de algún modo–, después de todo, de niños solemos ser más descuidados –dice apenada, seguro había tenido muchos pequeños descuidos de niña, imaginarla así me había causado mucha ternura.

- Bueno, será un placer ayudarte con todas las primeras veces –le dedico una pequeña sonrisa, puedo ver como se sonroja por completo.

- Que hermoso –dice nada más llegar al lago, por la hora, el sol se reflejaba en la superficie, dándole un toque mágico.

- Sí, y aprovechando que todavía hay sol, el agua no te resultará tan fría –le guiño un ojo bromista, ella ríe negando.

Comienzo a quitarme la camisa, quedando sólo en bermudas, era lo que usaría de traje de baño. Me acerco a la orilla dándole privacidad, escucho como se acerca y al girarme, noto que no trae la camiseta.

Era imposible no verla, el color contrastaba contra su piel trigueña clara, su cabello estaba sujeto en una coleta baja, ella veía al lago, sin embargo, notaba que estaba nerviosa.

- Se siente muy cálido –dice extendiendo su mano hacia el sol, un malvado plan se forma en mi cabeza.

- Lo es –digo de acuerdo, en un rápido movimiento la cargo cual princesa, chilla por la sorpresa y después por el agua fría que envuelve nuestros cuerpos cuando nos arrojó al agua. Ella se sujeta con fuerza de mi cuello, y mentiría si dijera que esa cercanía no me había afectado, a pesar de lo frío del agua, podía sentir su calidez.

- Eres un... un... –dice nada más salir a la superficie, intentaba retirar el cabello de su cara, así como eliminar el agua de su rostro–, un salvaje, un maleducado, un –su frase es interrumpida cuando la beso, verla así había despertado algo en mí que jamás había sentido, no la había besado porque quería que guardara silencio, la había besado porque al verla así, me había parecido la criatura más hermosa, y lo único que podía pensar era en cómo se sentiría ser besado por ella, y al final, cualquier cosa que hubiese imaginado o pensado, no se acercaba nada a la realidad.

Con suavidad rodeo su cintura, ella corresponde de manera torpe al inicio, pero poco a poco nuestros labios encuentran armonía. En ese beso había sentido lo que nunca antes, era como si besara por primera vez, y sé que a ella le pasaba lo mismo, podía sentir la enorme conexión entre nosotros.

Sus pequeñas manos se aferraban a mis hombros mientras su cuerpo se pegaba más al mío.

La falta de aire nos hizo separarnos, algo que me gustaría que no pasará. Sin más, vuelvo a besarla, ella me corresponde de nuevo.

Podía sonar cursi o poco original, pero besarla era similar a alguien que muere de sed y al encontrar agua, no puede dejar de beber, así me ocurría a mí, yo era un hombre muerto de sed y ella era un manantial de agua fresca.

- No voy a disculparme –digo tras el beso, nuestras frentes estaban juntas, ambas respiraciones eran entrecortadas.

- Y no quiero que lo hagas –dice bajo, podía ver sus ojos cerrados al igual que una pequeña pero feliz sonrisa en esos pequeños e hinchados labios.

- Vamos –me separo de ella de mala gana, tomo suave su mano y la llevo a una zona segura, así no estaría preocupado por su seguridad.

Pasamos gran parte o lo que quedaba de la tarde en aquel lugar, habíamos conversado de todo y de nada, nos habíamos vuelto a besar un par de veces más, sin duda, sería un fin de semana que nadie olvidaría.

Agnes:

El camino de regreso a la cabaña había sido maravilloso, aún no me creía lo que había pasado, ¡nos habíamos besado! No recordaba haberme sentido tan feliz nunca, sentía que flotaba, Sebastien era un hombre maravilloso, no podía imaginar a nadie más.

- Agnes –dice deteniéndose de repente un poco antes de llegar al a cabaña, me giro para verlo mejor.

- ¿Sí? –pregunto algo extrañada, lucía serio de repente, por lo que había comenzado a pensar que tal vez quisiera retractarse o al final, pedirme perdón.

- He meditado un poco las cosas en este pequeño trayecto –froto mis palmas contra la camiseta, contenía la respiración–, y he llegado a la conclusión que me gustas, y que no quiero que seamos amigos, quiero que seas mi novia, ¿qué dices? –me mira atento mientras una pequeña sonrisa se extiende por rostro.

Dejo salir el aire, no puedo evitar sonreír.

- Claro que sí –me acerco a él y lo abrazo emocionada, rodea mi cintura y deposita un casto beso en mis labios, en sus ojos sólo podía ver amor y ternura, y por primera vez en toda mi vida, me sentía especial, pero sobre todo, viva.

- Tenía miedo de que me dijeras que no –dice con algo de timidez, eso era algo que me gustaba de él, no tenía miedo de mostrar sus sentimientos–, después de todo, no tenemos mucho de conocernos.

- El tiempo no importa –digo mirándolo a los ojos–, porque muchas veces, hay algo dentro de ti que te empuja al camino correcto, y creo que tú eres el mío –me sonríe mientras acaricia mi mejilla.

- Que bello camino –dice antes de volver a besarme–. Vamos, ya casi llegamos, debes bañarte para después, poder alimentarte –me guiña un ojo bromista, río negando.

- Esta bien, pero cocino yo, ¿lo olvidas? –lo miro atenta, él asiente en respuesta.

- Deliciosa comida proveniente de estas hermosas manos –dice tomándolas con suavidad, deposita un casto beso en el dorso de ambas manos.

- Vamos, o no vamos a cenar jamás –río bajito, él asiente y retomamos la marcha. Al llegar, me baño con rapidez para que él también pueda bañarse, y así poder hacer la cena para sorprenderlo.

- Huele muy bien –dice entrando en la cocina, casi terminaba, era algo sencillo pero que podría disfrutar.

- Gracias, me bañe hace poco –le guiño un ojo y él ríe, se acerca a mí y rodea mi cintura, esa mi cabeza.

- Esto es todo lo que podría pedirle a la vida –dice suave–, una mujer hermosa, por dentro y fuera, una vida tranquila y una cena deliciosa –sonrío como idiota, besa la comisura de mis labios y suspiro feliz.

Cuando termino de preparar la cena, me ayuda a poner la mesa y colocar los platos.

Hablamos de todo un poco, casi no quería irme a dormir, pero la verdad es que estaba muy cansada, así que lo necesitaba.

- Descansa preciosa –dice besándome de manera casta, sabía que si permitíamos que se profundizara, no nos detendríamos, y hoy había sido un día largo.

- También descansa –acaricio su mejilla, beso la comisura de sus labios antes de meterme en mi cuarto, me dejo caer en la cama y sonrío como idiota, esto era un sueño maravilloso, del que no deseaba despertar.

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