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Capítulo 5

Author: Liliana Pérez Quiroz
Esther me sostuvo la muñeca entre las manos y la examinó una y otra vez. Se veía muy satisfecha y dijo:

—Nada mal. Te queda perfecto. Se ve discreto, pero elegante.

Yo había visto ese reloj en una revista. Era el modelo más nuevo de este año y costaba varios cientos de miles de dólares.

Pero, antes de que pudiera apartar la mano, ella me lo quitó con toda naturalidad y empezó a limpiarlo cuidadosamente con un pañuelo.

Cuando lo guardó de nuevo en la caja, todavía murmuró:

—Menos mal que tú y Joel tienen casi la misma medida de muñeca. Si a ti te queda bien, seguro a él también le va a encantar.

No pude evitar sentir una amarga ironía.

A Joel era a quien de verdad le gustaban los relojes de lujo. ¿Cómo iba Esther a cambiar de parecer por mí?

Esther se puso el abrigo, tomó la caja y caminó a paso ligero hacia la salida.

Yo, en cambio, alargué el brazo para detenerla y saqué el documento que había impreso el día anterior.

—Fírmame esto.

Esther frunció el ceño. Sin siquiera levantar la vista, respondió con evidente impaciencia:

—Llévalo a la oficina y ahí te lo firmo.

Le acerqué más el documento.

—No es nada del trabajo. Es importante y no te va a quitar tiempo.

Esther soltó un suspiro, me arrancó el documento de la mano con gesto molesto y masculló:

—Siempre vienes a darme más problemas.

Su mirada cayó sobre el papel y, al segundo siguiente, sus dedos se tensaron.

Era un acuerdo de divorcio.

Esther se quedó helada por un instante y luego lo estampó con fuerza contra el mueble para zapatos.

Esbozó una sonrisa desdeñosa.

—Pensé que ibas a salir con algo nuevo, pero al final solo estás montando este numerito con el divorcio. A ver, ¿ya te sientes muy importante por haber sacado adelante un gran proyecto? Estoy muy ocupada. No tengo tiempo para aguantar tus berrinches.

Yo volví a ponerle el acuerdo de divorcio delante de los ojos y dije con calma:

—No es un berrinche. Te estoy dejando libre. Ya puedes casarte con Joel.

Pero Esther frunció el ceño de golpe. Me arrebató el acuerdo de divorcio, lo arrugó entre las manos y, como si eso no bastara, lo hizo pedazos, dejando caer los trozos sobre el suelo.

Luego me señaló con el dedo, con la mirada helada.

—Y todavía dices que no estás celoso. Te advierto que no me vuelvas a salir con lo del divorcio. Si cuido de Joel es solo porque me recuerda a cómo éramos nosotros antes. Lo valoro por su talento, no por una porquería como la que estás imaginando. ¡De hecho, ya estaba pensando en buscar el momento para hacer público lo nuestro, pero con esto me has decepcionado muchísimo!

Después de decir eso, ni siquiera esperó mi respuesta. Se dio la vuelta y salió furiosa, haciendo resonar los tacones contra el piso.

Yo ya me esperaba ese desenlace, así que no me afectó demasiado.

Como ya no era posible divorciarnos en buenos términos, le pedí a un abogado que me redactara una demanda de divorcio.

Además, envié mi renuncia a Recursos Humanos.

Muy pronto, Recursos Humanos me llamó para decirme que llevara mis papeles a la empresa y tramitara personalmente mi salida.

Pero apenas crucé la puerta, escuché de inmediato los halagos de mis compañeros.

—Joel, ese reloj nuevo que traes en la muñeca es el modelo de este año, ¿verdad? Esther sí que te consiente.

—Esther y tú hacen una pareja perfecta, tal para cual. Con ustedes dos al frente, la empresa seguro va a crecer todavía más.

Joel se pasó la mano por el cabello a propósito, dejando bien a la vista el reloj nuevo que llevaba en la muñeca.

En cuanto me vio, se acercó a grandes pasos, me tomó de la mano con entusiasmo y sonrió.

—Felipe, por fin llegaste. Esther dijo que, como de ahora en adelante yo me voy a encargar del proyecto, quiere invitarles un café a todos para que me sigan apoyando. Dime qué quieres tomar.

Me zafé de golpe.

Pero, antes de que pudiera decir nada, Esther, que todo ese tiempo me había estado observando con frialdad, dio un paso al frente y se puso delante de Joel.

—Llegaste tarde, ¿y todavía quieres café? Voy a pedirle a Recursos Humanos que te descuenten el bono. Además, alguien que ni siquiera puede llegar a tiempo, ¿cómo va a estar al frente del proyecto? Mejor deja de meter mano en los proyectos importantes de la empresa.
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