LOGINDespués de publicar el video desde una cuenta anónima pude al fin descansar un par de horas. A la mañana siguiente ni todo el café del mundo habría bastado para hacerme sentir despierta, con ese cansancio que se sentía pesado como una manta de plomo, fui al trabajo, logré mantenerme despierta mientras arreglaba la agenda de Christian, un trabajo aún más complicado ya que el señor Daleman demandaba verlo involucrado en ciertos eventos y caridades previo al anuncio público del compromiso. Esto solo significaba que debíamos cambiar la agenda para los próximos dos meses, pero Christian se negaba a desatender a sus clientes o sus proyectos, varios días tendría que hacer inspecciones, juntas y en la noche dirigirse a una gala a la cual preferiría no tener que asistir, me sorprendía lo mucho que le importaban sus obligaciones.
Lo único que podía hacer, mientras lo veía trabajar más que nunca y preocuparse por su futuro era asegurarme de estar a su lado, él no lo sabía, pero dos meses eran todo el tiempo que teníamos para estar juntos y pensaba aprovecharlos al máximo.
Ese día llegó tarde y no por mi culpa. Vi marcadas ojeras alrededor de sus claros ojos, parecía haber tenido una noche tan mala, si no es que peor que la mía. Entendía su desagrado por un compromiso por conveniencia ¿acaso era la edad media cuando uno no podía decidir con quién casarse? ¿no tenía el derecho a elegir su propia familia, su propia felicidad?
- Buenos días, Rachel. -me saludó, apenas dejó su portafolios sobre la esquina más alejada de su escritorio entró el detective Olmos.- Detective, no esperaba verlo tan pronto…
- Era necesario, es un asunto que no puede esperar. -el detective sonaba alarmado, su voz temblaba y hablaba de manera apresurada, fusionando una palabra con la siguiente. -Yo… necesito hablar con usted en privado, señor Daleman.
-Cualquier cosa que necesite decirme, pueda hacerlo enfrente de la secretaria Guerra.
- Su padre me pidió en persona…
- Y yo le digo que puede hablar aquí o agendar una cita en dos meses. -lo interrumpió el joven Daleman, probablemente harto de su padre y sus planes.
El detective me miró, sus ojos oscuros fijos en los míos, como si así pudiera saber si tenía intenciones ocultas. Asintió con la cabeza antes de dejarse caer sobre una silla ante el escritorio de Christian, este sacó de un cajón una botella de agua que le pasó. Olmos bebió un sorbo con manos temblorosas antes de comenzar a hablar.
- Su padre me contactó esta semana, dijo que debía acercarme a usted en cuento regresara de su viaje y si se negaba al compromiso decía fabricar evidencia en su contra que lo inculpara por la muerte del señor Cruzz… el problema es que cada vez estoy más convencido de su inocencia, además su padre, digo, el señor Daleman espera recibir protección policial en su domicilio las veinticuatro horas al día, una medida exagerada cuando no nos damos abasto protegiendo a la ciudad.-Hizo una leve pausa, los dos permanecimos en silencio, esperando.- No vine a amenazarlo, como me pidieron, sino a decirle que creo en su inocencia y creo que ya sé quién fue el verdadero asesino, pero necesito su ayuda para atraparlo.
- Imagino que ahora sospecha del señor Daleman. -dije, sabiendo que esa era la verdad.
- Así es, aunque no he informado al respecto a mis superiores. ¿Se imagina su reacción? ¡No me creerán sin evidencia!
- Mi padre no es un asesino. -aseguró Christian, sus palabras me hicieron estremecerme.
- No creo que su padre haya, directamente asesinado al señor Cruzz, pero definitivamente estuvo involucrado.
- Por favor, retírese. -Le pidió él.
- Bien, pero regresaré y la próxima vez será con pruebas. Espero no tener que volver a investigarlo a usted.
- Detective, lo acompañaré a la salida. -ofrecí, notando las mil formas en que esa conversación podría empeorar si continuaba.
Me siguió por el pasillo de regreso a la entrada, saludé al guardia de seguridad antes de acompañarlo hasta su auto, a media cuadra de distancia.
- Usted me cree, ¿verdad? -dijo antes de subir a su vehículo.
- Mi opinión no tiene importancia.
- Al contrario, hay algo sobre usted que llama mi atención, quizás es la forma en que llegó directo a la misma conclusión hace un momento sobre el señor Daleman o quizás es algo más, de cualquier forma, tengo el presentimiento de que sabe más que ninguno de nosotros ¿no es raro?
- Es raro, soy una simple secretaria, ¿cómo sabría más que un empresario de renombre y un detective?
- Usted parece muchas cosas, señorita Guerra, menos una simple secretaria.
Con esas enigmáticas palabras se fue, su auto de última generación se perdió de vista al dar la vuelta en la esquina. Regresé al interior, por un lado toda la situación con el detective Olmos podía ser una trampa del señor Daleman para desenmascarar al culpable del robo, por el oro podría ser un valioso aliado. No tuve tiempo de seguir considerando las posibilidades, teníamos una reunión del otro lado de la ciudad y tras pasar la tarde primero atrapados en el tráfico y luego en una aburrida reunión con unos potenciales clientes. “Son importantes, se acercaron a nosotros para construir tres centros comerciales en la ciudad, por eso nadie más puede encargarse de la reunión” me había explicado Christian de camino, saberlo no atenuaba el aburrimiento que me invadía mientras revisaban los planos por décima vez y hablaban de seguir repasando el contrato.
Iba a excusarme un momento para lavarme la cara y despertar cuando recibí un mensaje de Lucía, el primero desde mi regreso a la ciudad de México. Lo leí discretamente, sin levantar el teléfono de mi regazo. “Estoy bien, necesitaré tu apoyo en la noche. Vamos a hacer ruido.” Miré el mensaje, en realidad no decía gran cosa, pero llevaba una dirección que pude reconocer como una ubicación relacionada con la empresa que algún día Dalia esperaba heredar. Una serie de bodegas que la mitad eran rentadas mientras la otra mitad era usada por la compañía. ¿Creería Lucía que la familia de Dalia estaba implicada?
- Secretaria Rachel, ¿podría salir un momento? -preguntó Christian. -necesito hablar con usted.
- Claro.
Una vez en el largo pasillo de paredes blancas nos detuvimos.
- Te noto distraída, ¿está todo bien? -preguntó. -sé que han sido días muy pesados… si quieres puedes retirarte, no les veo intenciones de firmar el contrato hoy. Puedo continuar solo.
¿Tan obvia fui? ¿Me había vuelto tan transparente? ¿Acaso Christian podía leerme como a un libro abierto?
- Puedo quedarme. -aseguré.
- Mejor regresa a casa y descansa, aunque sea un poco. Mañana tenemos un día ocupado, tengo que ir a comprar un traje para la fiesta de compromiso, lo cual no sería un problema si mi padre no hubiera invitado a Dalia en mi nombre, te necesitaré a mi lado.
- De acuerdo, estaré ahí.
Christian me besó en los labios, un beso tan breve pero tan dulce que minutos después me llevaría la mano a los labios, sonrojada como una adolescente enamorada. Una vez más logró que mi corazón se saltara un latido. Desearía permanecer por siempre en ese instante, un deseo imposible.
Regresé a mi casa, aún era temprano y Lucía me esperaba hasta después del anochecer, en parte me preocupaba qué era para lo que necesitaba mi ayuda y el manto de la noche, una preocupación menor cuando el cansancio del día me hizo tomar una siesta. No acostumbraba a dormir durante la tarde y desperté varias horas después, desconcertada gracias a la oscuridad afuera combinada con la sensación de haber dormido varias horas. Miré la hora en mi teléfono, el brillo de la pantalla iluminó brevemente la habitación revelando que eran las 20:32, me levanté y me vestí con ropa negra, un pants ajustado y una sudadera con gorra. Salí corriendo, no quería ser vista por mis vecinos saliendo tarde en la noche vestida como para asaltar un banco.
- Te tardaste un poco. -Advirtió Lucía cuando llegué a la ubicación señalada. Es vez llevaba una nariz falsa, peluca de cabello negro azulado y ropa semejante a la mía. -Aquí hay dos bodegas a nombre de industrias Daleman.
- Lucía… ¿vas a decirme en dónde estuviste?
- Aún no, aunque me entere del compromiso… ¿Piensas hacerlo antes o vas a aprovechar la fiesta?
- Recibí una invitación… Pienso hacerlo ese día.
- Bien, entonces aún tenemos tiempo para prepararnos.
- Deberíamos darle la evidencia del caso Cruzz al detective Olmos.-Mire alrededor, notando el enrejado edificio blanco ante nosotras.-¿Qué hacemos aquí?
- Como te dije, dos bodegas son rentadas por Industrias Daleman, pero la bodega a cada lado está vacía desde hace años, tengo razones para sospechar que ocultan algo ahí. Algo importante.
- Bien, entonces te sigo. -respondí.
Ambas rodeamos la propiedad, en la parte de atrás en vez de haber una reja como adelante, había un seto de metro y medio de altura, este casi ocultaba el alto edificio de paredes blancas, sin ventanas visibles. Lucía quitó una especie de bolsa de la parte inferior del arbusto, revelando un espacio entre las raíces y las ramas más bajas.
- Yo entraré primero, si cualquier cosa llega a pasar debes irte, recuerda que depende de ti matar a Daleman y eso es lo más importante.
- No voy a dejarte sola con ellos.
- Espero que no sea necesario, no debes preocuparte por mí, sé cuidarme. -intentó tranquilizarme, aunque sus palabras solo lograron lo contrario. -Bien, vamos.
Pasamos bajo las ramas, arrastrándonos sobre el suelo como salamandras. Del otro lado no se veía nadie, de seguro debido a la hora. Quizás había un guardia en la entrada porque no veía a ningún guardia haciendo rondas o vigilando el terreno. Llegamos a una puerta de servicio que Lucía abrió con la ayuda de dos pasadores y entramos a un largo pasillo con numerosas puertas de garaje en cada lado. A diferencia de la otra bodega, estas eran más pequeñas, de las que rentan las personas cuando les sobran las cosas y el dinero. Lucía nos guio, después me contó que le pagó generosamente al guardia para que se olvidara de hacer sus rondas justo cuando estábamos ahí, al parecer no le pagaban lo suficiente como para preocuparse por objetos de perfectos desconocidos.
Tal y como abrió la puerta la vi abrir el candado de una de las puertas, no tenía idea de cómo las distinguía si todas eran iguales. Le ayudé a levantar la puerta, en el interior la luz se encendió de forma automática. El lugar estaba vacío a excepción de un sobre. Lo recogí y sin ver qué contenía nos fuimos. Una vez en la calle lo abrimos, contenía una serie de fotografías de personas en la ciudad, las revisé pasándolas con rapidez, al llegar a la última se me heló la sangre, era una foto donde estábamos juntos Christian y yo en el bosque de Chapultepec, en nuestra cita...
Miré el pasillo, las sillas vacías acomodadas a cada lado y el altar al otro lado. Todo estaba listo para la boda, adentro de la cabaña se preparaba la comida para la fiesta y Christian se arreglaba, sería la boda perfecta, de eso no tenía la mejor duda. - ¿Estas lista?- Le pregunté a Luisa, ella esperaba cerca, una bata larga cubría su vestido blanco. Nunca esperé que una noche de copas después de aventarle huevos a la casa de su ex fuera a convertirnos en buenas amigas, o que después de eso él le suplicaría que regresaran o que ella aceptaría gustosa. Mi vida cambió radicalmente mientras esperaba a que Christian saliera del hospital y cuando al fin lo hizo pude estar a su lado durante su recuperación, conciente de que cada instante de su sufrimiento pudo ser evitado si tan solo hubiera confiado un poco más en él. Cuando lo vi salir del hospital, pálido y con una mueca de dolor en sus delgados labios, me prometí que nunca volvería a verlo lastimado por mi causa. - Así es, nunca pe
Decir que me sorprendió ver a mi madre sería restarle importancia al suceso. No la había visto desde el funeral… nuestra última reunión fue hostil y yo decidí no buscarla cuando decidió irse a la ciudad a perseguir su olvidado sueño de ser actriz. Las dos dijimos, más bien gritamos, cosas terribles que probablemente ninguna había olvidado o perdonado, palabras dichas con la única intención de lastimar. Nunca fui muy cercana a ella, mucho menos después de la muerte de mi padre. Su muerte también fue la de nuestra familia como la conocíamos. No había cambiado mucho desde la última vez que la vi, solo lucía más arreglada. Ahora llevaba el cabello rizado y teñido de un color cobrizo. Llevaba un abrigo negro, zapatos de tacón alto, labios pintados de rojo... nunca la había visto lucir tan bien. Una parte de mi ser la odiaba por eso. Quizás nunca podría mirarla tan feliz sin recordar el pasado, cuando le dio la espalda a todos. - ¿Podemos hablar? Hay una cafetería cerca de aq
El momento pareció congelarse, con nosotros tres ahí, en la encrucijada al final del camino. Era el problema final… Sentía mi respiración demasiado fuerte y tanto Christian como Antonio parecían dos gatos a punto de destrozarse con colmillos y garras. Por lo menos Antonio tendría que decidir a quién intentaría matar primero, eso considerando, claro está, que estuviera solo.-Vete, Daleman. - Solo me iré si ella me lo pide. -respondió él con mirada desafiante.- Si quieres que siga con vida… deberías pedirle que se vaya. Ahora. - Advirtió Antonio.- Christian…-comencé a decir, no estaba muy segura de qué palabras usar para decirle lo mucho que lamentaba toda la situación, nunca debí involucrarlo, nunca debí dejarlo sin una explicación, nunca debí enamorarme de él, sin embargo, ahí estábamos, los dos en el claro del bosque donde mi vida se hizo pedazos.- No.- Aún no digo nada…- La respuesta es no. Sé que quieres protegerme de todo esto, pero no lo necesito y yo decidí buscarte y dec
Si pensábamos que tendríamos tiempo para prepararnos antes de tener que confrontar Antonio, estábamos completamente equivocados. No nos permitimos ni una noche de libertad, sabíamos que debíamos aparentar normalidad y tranquilidad mientras en realidad nos encontrábamos planeando una salida a la situación.- Antonio no es tan impulsivo como mi padre, pero no va a desperdiciar el tiempo.- Eso no puedo asegurarlo. - respondí recordando cómo Antonio solía ser conocido por su espontaneidad y por saltar antes de mirar abajo. - Ahora me confunde mucho… siento que en realidad nunca lo conocí.- Debió ser toda una sorpresa para ti. -Christian tomó mis manos entre las suyas, estábamos sentados en la sala de su apartamento.- Solo un poco… digo, sí me sorprendió, pero Lucía me lo advirtió justo a tiempo. Si no, ¿Quién sabe si lo habría creído?- Me gusta pensar que habrías visto la verdad. Quizás no al inicio, pero eventualmente.Miré sus manos, dobladas sobre su regazo. Me sentía tan cobarde,
Al día siguiente Christian me despertó con el sonido de sus pasos de un lado al otro de la casa. Solo caminaba así cuando se sentía increíblemente ansioso. En contadas ocasiones lo había visto tan preocupado, y eso incluía varias reuniones con su padre. Debería levantarme del sillón y buscarlo, ¿cómo llegué al sillón? Lo último que recordaba era caer de rodillas en el suelo de madera, incapaz de contener las lágrimas y dos fuertes brazos rodeándome en un cálido abrazo.Mis sueños estuvieron plagados de una mezcla entre recuerdos del pasado y del día anterior. Veía a Antonio, joven, lleno de sueños recostado a mi lado sobre el césped, antes mirábamos las estrellas con los corazones llenos de esperanza… lo veía en el sótano, con el estómago pesado por la culpa y después nos encontrábamos en aquel claro del bosque, bajo un cielo sin estrellas. El olor a pólvora me asfixiaba. Él me miraba, los ojos vacíos de toda emoción… Despertar fue un verdadero alivio.La conversación con Antonio fue
Tras dos semanas de encierro en la cabaña todos comenzábamos a volvernos un poquito locos. Christian pasaba casi toda la noche despierto haciendo llamadas e investigando, mientras que el ruido despertaba a Antonio y lo hacía pasar el día de mal humor. Sus pesadillas aún lo atormentaban de noche, aunque no eran tan terribles como las de aquel primer día en la cabaña. Yo intentaba mantener la cordura aun cuando escuchaba a uno quejarse del otro a cada oportunidad posible.- No lo soporto. ¿Sabes que es un maldito egoísta? Siempre se acaba el agua caliente y claro, no puedo decir nada porque es su casa… pero también se toma la última taza de café todos los días…-se quejaba Antonio cuando estábamos solos.Christian era menos vocal en su desagrado, solo se apresuraba a salir de cualquier habitación donde estuviera Antonio. “Va a ser imposible que se lleven bien” pensé. Eran peor que perros y gatos, con uno gritando y quejándose como niño chiquito y el otro haciendo lo mejor para manteners







