Partager

29. Miedo.

Auteur: Nocturnal
last update Date de publication: 2022-05-28 04:33:44

Mi definición del miedo cambió varias veces a lo largo de mi vida, cuando era pequeña mi mayor temor era la oscuridad, después, al entrar a la escuela se convirtió en no tener amigos y un temor a la soledad. Todos mis miedos se vieron superados cuando perdí a los dos seres más importantes de mi vida en una sola noche. Y sentí un nuevo y desconocido nivel de miedo cuando al regresar a la ciudad de México tras una semana en el extranjero recibí una invitación a la fiesta de compromiso de Christian Daleman. Este rompió la suya en pedazos pequeños ante la mirada atónita de todos en la oficina.

Temía perderlo y tener que apresurar todos mis planes. Era evidente que Daleman no respetó el trato que hizo con su hijo y tampoco tenía razones para respetar mi empleo más adelante, por no mencionar que yo nunca sería la tercera rueda en un matrimonio. Una infidelidad no era mi idea de una relación en la cual quisiera estar.

Me sorprendió mucho que el señor Daleman tampoco anunciara directamente el compromiso en ausencia de Christian, aunque esto podría ser por la decisión de convertir el anuncio en un enorme espectáculo televisivo. La fecha era en dos meses, en la invitación se especificaba que los invitados debían estar conformes con ser grabados como parte de la celebración. Nunca me había sentido tan incómoda como leyendo la lista de requisitos para asistir, uno se imaginaría que se comprometería alguien de la familia real o algo por el estilo.

Sentía un temor extraño, a fiesta de compromiso tendría lugar en la casa del señor Daleman, sería la mejor oportunidad para matarlo, aunque quizás no la más discreta posible. No me importaba mi destino, cuando decidí vengarme de él decidí que no me importaba morir en el intento o pasar el resto de mis días en prisión.

- Te prometo que puedo detener esto. -insistió Christian tomando mi mano.

- Christian, no veo como puedas cambiar las cosas. -respondí, por el rabillo del ojo vi entrar a Dalia. -Si me disculpa, señor, tengo que estar en otro lugar…

- Te amo, Rachel. Mi padre no puede hacer que me enamore de alguien más.

Dalia se detuvo a tan solo dos metros del nosotros.

- Christian, ¿ya recibiste tu invitación? ¿no estás emocionado? -por alguna extraña razón había teñido su cabello del mismo tono castaño que el mío y vestía un traje que fácilmente usaría cualquier secretaria de la ciudad. -No puedo esperar a que sea oficial y todos sepan que seremos una gran familia.

Carraspee antes de alejarme, desde el viaje a Argentina no había podido comunicarme con Lucía y comenzaba a preocuparme al no tener ninguna noticia de ella o de su esposo. Daleman era peligroso, si la descubría no mostraría la menor compasión.

Salí con la excusa de comprar tinta para la impresora y apenas me alejé un par de cuadras saqué mi teléfono y marqué su número de memoria. Sonó tres veces antes de mandarme a buzón de voz. Bueno, no estaba apagado, debía ser una buena señal, ¿verdad? Detestaba no saber si las cosas estaban bien, y aun más odiaba saber que no podía hacer nada a respecto. No sabía dónde estaba ni cuándo pretendía regresar.

- Carajo, Lucía. -resoplé desesperada cuando mi siguiente llamada llegó directo al buzón.

Una parte de mi esperaba que contestara y me diera mágicamente la solución a todos mis problemas, aunque siempre supe que en el momento de la verdad estaría sola. No podía sería tan cobarde como él, mis manos serían las únicas manchadas con su sangre. Quizás era el momento de comenzar la guerra contra el señor Daleman, aun sin su apoyo o el de Aliado Anónimo, gracias a mi padre tenía suficiente información para causarle un daño significativo a su imagen.

Con esa determinación compré la tinta de la impresora y regresé a la oficina temporal, era hora de que el mundo supiera la verdad detrás de la muerte del señor Cruzz…

Dalia seguía en la oficina cuando regresé, estaba sentada sobre el escritorio de Christian, quien tenia la misma expresión de un gato a punto de toser una bola de pelos. Ya que pensaba pronto destruir la vida y reputación de su padre, lo mínimo que podía hacer era librarlo de tan desagradable compañía.

- Señorita Dalia. -la saludé con una leve inclinación de cabeza. -El señor Christian debe prepararse para una importante reunión, espero que entienda que semejantes ocasiones no pueden echarse a perder. ¿Le parece regresar mañana?

- Lo disfrutas, ¿verdad? -murmuró mientras se levantaba, con sus tacones resultaba más alta que yo por al menos media cabeza. -Déjame decirte que no va a funcionar, al final del día ¿quién eres tú? Una simple secretaria, un nombre más en la nómina que desaparecerá en cuanto nos casemos.

- Nadie aquí va a casarse, Dalia. -reclamó Christian, sus mejillas un poco enrojecidas por el enojo. -Y te agradecería que dejes de molestar a la secretaria Guerra, ella solo hace su trabajo.

- Claro, su trabajo… En cuanto nos casemos tendré una plática contigo al respecto.

- No vamos a casarnos, ni tú ni mi padre tiene forma de forzarme. Cuando me case será porque amo a la persona a mi lado y deseo pasar junto a ella el resto de mi vida, no porque nuestros padres quieren ganar aún más dinero.

- Eso veremos, Christian.

Recogió sus cosas y salió de la oficina con una caminata digna de villana de telenovela, su ahora castaño cabello meciéndose de un lado al otro con cada paso, el fuerte sonido de sus tacones nos indicó cuando por fin se alejó lo suficiente. Solté una risita nerviosa.

- ¿Te parece gracioso? -mi querido jefe en realidad no sonaba molesto, más bien confundido.

- ¿Te fijaste en su cabello?

- Si, me pareció un poco perturbador. Se veía como si estuviera intentando verse igual a ti, ¿por qué haría eso?

- Celos, me imagino o quizás piensa que si se parece lo suficiente a mí bastará para que la quieras.

 Nos miramos con una sonrisa, esa calidez entre ambos no podía fingirse, contenerse o ignorarse.

- Y… ¿sobre esa reunión?

- Oh, no te preocupes, la inventé, aunque seguimos atrasados por culpa de estar lejos la última semana. Nos vendría bien una tarde de paz y tranquilidad ¿no lo crees?

- Definitivamente.

Volvimos a sonreír, esa tarde el trabajo no se sintió como una carga y nos quedamos aun después de ver a los demás retirarse. Ya había oscurecido cuando por fin nos fuimos, como siempre despedirnos fue una dulce tortura, llenas de promesas de un reencuentro y de tiempo para estar juntos. “Resolveré las cosas con Dalia” prometió antes de acercar mi rostro para besarme. Yo fingí creerle, era más fácil así. Él todavía tendría la opción de casarse con ella, lo nuestro nunca fue una opción. Fue un sueño y el despertar estaba cerca. Y me aterraba.

Esa noche no regresé a casa, fui directo a la bodega de mi padre, todo estaba tal y como lo había dejado, a excepción de una nota de Lucía, su letra cursiva de marcadas curvas siempre llamó mi atención.

 “Si me tardo no me busques” decía la breve misiva. La giré, no había nada en el reverso.

Pasé la noche entera organizando la información, lo más útil de momento eran una serie de videos del señor Daleman entregando sobornos a importantes figuras políticas, ni siquiera podía imaginas cómo llegaron a manos de mi padre, pero algo así podía comenzar a abrirle los ojos a las personas sobre su verdadera naturaleza. La verdad no cambiaría la opinión de sus aliados o de quienes le temían, pero harían que la gente común y corriente lo viera de distinta manera, quizás no haría una gran diferencia, pero la semilla de la duda debía plantarse y pronto.

Continuez à lire ce livre gratuitement
Scanner le code pour télécharger l'application

Dernier chapitre

  • Daños Colaterales   48. Dos meses después

    Miré el pasillo, las sillas vacías acomodadas a cada lado y el altar al otro lado. Todo estaba listo para la boda, adentro de la cabaña se preparaba la comida para la fiesta y Christian se arreglaba, sería la boda perfecta, de eso no tenía la mejor duda. - ¿Estas lista?- Le pregunté a Luisa, ella esperaba cerca, una bata larga cubría su vestido blanco. Nunca esperé que una noche de copas después de aventarle huevos a la casa de su ex fuera a convertirnos en buenas amigas, o que después de eso él le suplicaría que regresaran o que ella aceptaría gustosa. Mi vida cambió radicalmente mientras esperaba a que Christian saliera del hospital y cuando al fin lo hizo pude estar a su lado durante su recuperación, conciente de que cada instante de su sufrimiento pudo ser evitado si tan solo hubiera confiado un poco más en él. Cuando lo vi salir del hospital, pálido y con una mueca de dolor en sus delgados labios, me prometí que nunca volvería a verlo lastimado por mi causa. - Así es, nunca pe

  • Daños Colaterales   47. Reencuentros.

    Decir que me sorprendió ver a mi madre sería restarle importancia al suceso. No la había visto desde el funeral… nuestra última reunión fue hostil y yo decidí no buscarla cuando decidió irse a la ciudad a perseguir su olvidado sueño de ser actriz. Las dos dijimos, más bien gritamos, cosas terribles que probablemente ninguna había olvidado o perdonado, palabras dichas con la única intención de lastimar. Nunca fui muy cercana a ella, mucho menos después de la muerte de mi padre. Su muerte también fue la de nuestra familia como la conocíamos. No había cambiado mucho desde la última vez que la vi, solo lucía más arreglada. Ahora llevaba el cabello rizado y teñido de un color cobrizo. Llevaba un abrigo negro, zapatos de tacón alto, labios pintados de rojo... nunca la había visto lucir tan bien. Una parte de mi ser la odiaba por eso. Quizás nunca podría mirarla tan feliz sin recordar el pasado, cuando le dio la espalda a todos. - ¿Podemos hablar? Hay una cafetería cerca de aq

  • Daños Colaterales   46. Al final...

    El momento pareció congelarse, con nosotros tres ahí, en la encrucijada al final del camino. Era el problema final… Sentía mi respiración demasiado fuerte y tanto Christian como Antonio parecían dos gatos a punto de destrozarse con colmillos y garras. Por lo menos Antonio tendría que decidir a quién intentaría matar primero, eso considerando, claro está, que estuviera solo.-Vete, Daleman. - Solo me iré si ella me lo pide. -respondió él con mirada desafiante.- Si quieres que siga con vida… deberías pedirle que se vaya. Ahora. - Advirtió Antonio.- Christian…-comencé a decir, no estaba muy segura de qué palabras usar para decirle lo mucho que lamentaba toda la situación, nunca debí involucrarlo, nunca debí dejarlo sin una explicación, nunca debí enamorarme de él, sin embargo, ahí estábamos, los dos en el claro del bosque donde mi vida se hizo pedazos.- No.- Aún no digo nada…- La respuesta es no. Sé que quieres protegerme de todo esto, pero no lo necesito y yo decidí buscarte y dec

  • Daños Colaterales   45. De regreso al bosque.

    Si pensábamos que tendríamos tiempo para prepararnos antes de tener que confrontar Antonio, estábamos completamente equivocados. No nos permitimos ni una noche de libertad, sabíamos que debíamos aparentar normalidad y tranquilidad mientras en realidad nos encontrábamos planeando una salida a la situación.- Antonio no es tan impulsivo como mi padre, pero no va a desperdiciar el tiempo.- Eso no puedo asegurarlo. - respondí recordando cómo Antonio solía ser conocido por su espontaneidad y por saltar antes de mirar abajo. - Ahora me confunde mucho… siento que en realidad nunca lo conocí.- Debió ser toda una sorpresa para ti. -Christian tomó mis manos entre las suyas, estábamos sentados en la sala de su apartamento.- Solo un poco… digo, sí me sorprendió, pero Lucía me lo advirtió justo a tiempo. Si no, ¿Quién sabe si lo habría creído?- Me gusta pensar que habrías visto la verdad. Quizás no al inicio, pero eventualmente.Miré sus manos, dobladas sobre su regazo. Me sentía tan cobarde,

  • Daños Colaterales   44. Ahora estamos solos.

    Al día siguiente Christian me despertó con el sonido de sus pasos de un lado al otro de la casa. Solo caminaba así cuando se sentía increíblemente ansioso. En contadas ocasiones lo había visto tan preocupado, y eso incluía varias reuniones con su padre. Debería levantarme del sillón y buscarlo, ¿cómo llegué al sillón? Lo último que recordaba era caer de rodillas en el suelo de madera, incapaz de contener las lágrimas y dos fuertes brazos rodeándome en un cálido abrazo.Mis sueños estuvieron plagados de una mezcla entre recuerdos del pasado y del día anterior. Veía a Antonio, joven, lleno de sueños recostado a mi lado sobre el césped, antes mirábamos las estrellas con los corazones llenos de esperanza… lo veía en el sótano, con el estómago pesado por la culpa y después nos encontrábamos en aquel claro del bosque, bajo un cielo sin estrellas. El olor a pólvora me asfixiaba. Él me miraba, los ojos vacíos de toda emoción… Despertar fue un verdadero alivio.La conversación con Antonio fue

  • Daños Colaterales   43. El enemigo.

    Tras dos semanas de encierro en la cabaña todos comenzábamos a volvernos un poquito locos. Christian pasaba casi toda la noche despierto haciendo llamadas e investigando, mientras que el ruido despertaba a Antonio y lo hacía pasar el día de mal humor. Sus pesadillas aún lo atormentaban de noche, aunque no eran tan terribles como las de aquel primer día en la cabaña. Yo intentaba mantener la cordura aun cuando escuchaba a uno quejarse del otro a cada oportunidad posible.- No lo soporto. ¿Sabes que es un maldito egoísta? Siempre se acaba el agua caliente y claro, no puedo decir nada porque es su casa… pero también se toma la última taza de café todos los días…-se quejaba Antonio cuando estábamos solos.Christian era menos vocal en su desagrado, solo se apresuraba a salir de cualquier habitación donde estuviera Antonio. “Va a ser imposible que se lleven bien” pensé. Eran peor que perros y gatos, con uno gritando y quejándose como niño chiquito y el otro haciendo lo mejor para manteners

Plus de chapitres
Découvrez et lisez de bons romans gratuitement
Accédez gratuitement à un grand nombre de bons romans sur GoodNovel. Téléchargez les livres que vous aimez et lisez où et quand vous voulez.
Lisez des livres gratuitement sur l'APP
Scanner le code pour lire sur l'application
DMCA.com Protection Status