LOGIN- Rachel, esa foto… pero... ¿Qué demonios?¿Por qué están ustedes dos tan juntos? -Lucía me miraba como si hubiera traicionado a nuestra causa.
- No es lo que parece. -me apresuré a contestar. -bueno sí, pero no de la forma en que te lo imaginas.
- Déjame adivinar…-dijo poniendo las manos sobre su cadera con una actitud que me recordaba a mi madre cuando se enojaba. -No pretendías enamorarte, pero aquí estamos y ahora tienes dudas.
- Para nada, de hecho, todo esto es parte del plan, ¡si no estuviera con él nunca me habrían invitado a la fiesta de compromiso! ¿crees que invitan a las secretarias a esa clase de eventos?
Lucía retrocedió un par de pasos, me miraba con una desconfianza que usualmente estaba reservada para otras personas. Odié que me mirara de esa forma, me costó mucho trabajo tener su confianza y ahora la había perdido es cuestión de segundos.
- Supongamos que te creo, y no digo que lo haga... -dijo tras varios minutos de insoportable silencio. -Pero cuando el momento llegue, ¿esto será un problema?
- No. -respondí, aunque en el fondo esa misma pregunta carcomía mi determinación. -Sabes que para mí no hay nada más importante en el mundo que vengar a mi padre y a Antonio. Es mi única meta.
- Bien, entonces continuaremos, pero si en algún momento pienso que podrías traicionarme seguiré por mi cuenta…
- Jamás lo haría. ¿Lo sabes, ¿verdad?
Sin hablar nos alejamos del lugar, era demasiado tarde para encontrar transporte así que caminamos de regreso a mi casa por las oscuras calles de la ciudad, Lucía era una de las pocas personas a quienes les permitía entrar ahí, a mi único refugio. Al entrar miré el reloj en el horno de microondas, apenas iba a dar la medianoche. En automático nos sentamos a la mesa, preparé dos tazas de café, no me molesté en sacar la leche o el azúcar. Bebimos en silencio, entonces dejó la taza sobre la mesa.
-Imaginé muchas posibilidades para el día de hoy, pero ni siquiera yo pude prever que estarías en una relación con Christian Daleman.
- Si te ayuda en algo… es opuesto a su padre, es amable, honesto y…
- Y a pesar de todo él sigue siendo un Daleman, no tienes forma de saber de qué está enterado o si está involucrado en las actividades de su padre. -me interrumpió sin levantar la mirada del mantel de plástico blanco con florecitas amarillas que sí, ya estaba ahí cuando me mudé. - No deberías confiar en él.
- Tu no lo conoces.
- Ni me interesa hacerlo.
- Entonces no tienes derecho a juzgarlo.
- Quizás, pero hay una de dos opciones con él. -dijo, yo odiaba cuando era brutalmente honesta. - O es demasiado ciego para ver lo que hace su padre, o está involucrado. Considera que en el mejor de los casos su inacción permite al señor Daleman seguir igual. Pero al final del día es tu vida, si piensas que esta relación es buena para ti por cualquier razón, lo respetaré…
- Gracias, Lucía.
Asintió, seguimos hablando por un par de horas, era raro poder solo sentarnos a platicar, siempre había algo pendiente o algún plan que requería nuestra atención. A pesar de que nos conocíamos desde hacía al menos dos años en realidad nunca tuvimos la oportunidad de conocernos, además de que entre más supiéramos de la otra más información teníamos en caso de que todo saliera mal.
Esa noche descubrí que ella comenzó a investigar al señor Daleman después de notar las sospechosas desapariciones de sus rivales comerciales y después descubrió que los mismo sucedía con quien se negara a doblegarse ante su voluntad. En ese entonces aún trabajaba con la policía y esperaba conseguir justicia, pero sus jefes le ordenaron que dejara el asunto de lado, le cubrían las espaldas a Daleman y ella no pensaba hacerlo. Lucía creía en la justicia, aunque tuviera que apartarse de sus sueños para conseguirla.
- Debería irme. -se excusó a la una de la madrugada. -no quiero que mi esposo se preocupe, toda esta situación con Daleman le parece una muy mala idea.
- Si quieres puedo…
- No, será mejor que me vaya ahora. Te contactaré pronto, cuando estes segura mándame la dirección de Daleman, debemos asegurarnos de que todo esté en orden para la fiesta.
Ella se fue y comenzaba a alistarme para dormir cuando me llegó un mensaje de Christian.
“Fuguémonos del trabajo mañana, si todo falla nos quedan dos meses de libertad, ¿Qué dices?”
“¿A dónde iremos?” respondí, quería fingir que nuestra relación no afectaba mis planes, pero justo en ese momento estaba dispuesta a dejarlo todo con tal de pasar más tiempo a su lado.
“¿Qué prefieres, ciudad, campo o playa?”
“Bosque” respondí sin dudar.
“Mi padrino tiene una casa rumbo a Toluca, podemos ir ahí. Te espero mañana a las ocho y media enfrente de la cafetería, no le cuentes a nadie de la oficina.”
Miré el último mensaje por tanto tiempo que la pantalla se oscureció. El amor no pide permiso, no pregunta si interrumpe tus planes o si es un inconveniente. El amor persiste y entre más intentas evitarlo más fuerte parece volverse. Era más sencillo dejar de pelear y rendirme ante esos sentimientos.
A las ocho y media, ni un minuto más, estuve afuera de la cafetería, un vaso portátil de café en mi mano y luciendo un vestido azul marino con un estampado de flores blancas. Tenía al brazo una bolsa que esperaba bastara porque no sabía si pasaríamos la noche allá. Su auto se detuvo ante mí, a diferencia de otros días no iba su chofer, Christian mismo manejaba. En verdad sería una auténtica escapada lejos de todos y de todo.
Subí al auto, apenas cerré la puerta se quedó afuera el ruido de la calle y las demás preocupaciones que pudiera tener respecto al viaje.
- Hola, Rachel. ¿estás lista?
- Hola, ehm, eso espero.
- Prometo que vamos a ser solo nosotros el día de hoy.
- Excelente.
Condujo hacia la autopista rumbo a Toluca, de camino hicimos dos pausas, una para comprar comida y la otra para cargar gasolina. Recordaba mi primer viaje con Antonio, los dos planeamos hasta el menor detalle de la salida, celebrábamos nuestra graduación de la Universidad y fuimos durante una semana a Acapulco, nuestra cuidadosa planeación se fue al carajo cuando llovió casi cada día, aun así, disfrutamos el viaje, porque cuando estaba a su lado no necesitaba nada más para ser feliz.
- Te quedaste muy callada, ¿en qué piensas?
- Que es nuestro primer viaje juntos. -respondí volteándolo a ver con una sonrisa.
- No es cierto, ya hemos viajado antes…
- Eso fue por trabajo, no porque quisiéramos hacerlo. Aunque fue un gusto estar ahí contigo… cuando Luisa no estaba cerca.
- Jaja es cierto, mi tío no sabe en qué se mete. ¿Crees que vaya a invitarnos?
- A mi no, sabes que me odia. -y a veces sentía que el odio no comenzaba a describir la forma en que me miraba. -Quizás a ti si te invite, después de todo eres de la familia.
Tras esa conversación decidimos encender la radio, la música lograba volver el trayecto más llevadero mientras que los cortes comerciales tenían el efecto opuesto. Yo no lograba borrar la sonrisa de mi rostro.
- Este será un día para nosotros solos, ¿de acuerdo? Tengo varias ideas…-dijo cuando estacionó el auto ante una casa de aspecto rústico en el bosque cerca de la ciudad de Toluca. El ambiente era más frío y altos árboles de espeso follaje rodeaban la casa en todas direcciones. - ¿Qué quieres hacer primero?
No me molesté en contestar, solo besé sus labios, pegando mi cuerpo contra el suyo, sentía su deseo despertar de la misma manera en que sentí sus manos acariciar mi espalda.
- ¿Estás segura? -susurró apenas apartando sus labios, su aliento caliente en contraste con el aire. -Quizás deberíamos entrar…
- Si, estoy segura…
Corrimos a la puerta con las manos y corazones entrelazados, felices como nunca.
- Te amo, Rachel. -musitó momentos después, cuando la pasión era demasiada para ser prolongada.
- Y yo te amo a ti, Christian.
Miré el pasillo, las sillas vacías acomodadas a cada lado y el altar al otro lado. Todo estaba listo para la boda, adentro de la cabaña se preparaba la comida para la fiesta y Christian se arreglaba, sería la boda perfecta, de eso no tenía la mejor duda. - ¿Estas lista?- Le pregunté a Luisa, ella esperaba cerca, una bata larga cubría su vestido blanco. Nunca esperé que una noche de copas después de aventarle huevos a la casa de su ex fuera a convertirnos en buenas amigas, o que después de eso él le suplicaría que regresaran o que ella aceptaría gustosa. Mi vida cambió radicalmente mientras esperaba a que Christian saliera del hospital y cuando al fin lo hizo pude estar a su lado durante su recuperación, conciente de que cada instante de su sufrimiento pudo ser evitado si tan solo hubiera confiado un poco más en él. Cuando lo vi salir del hospital, pálido y con una mueca de dolor en sus delgados labios, me prometí que nunca volvería a verlo lastimado por mi causa. - Así es, nunca pe
Decir que me sorprendió ver a mi madre sería restarle importancia al suceso. No la había visto desde el funeral… nuestra última reunión fue hostil y yo decidí no buscarla cuando decidió irse a la ciudad a perseguir su olvidado sueño de ser actriz. Las dos dijimos, más bien gritamos, cosas terribles que probablemente ninguna había olvidado o perdonado, palabras dichas con la única intención de lastimar. Nunca fui muy cercana a ella, mucho menos después de la muerte de mi padre. Su muerte también fue la de nuestra familia como la conocíamos. No había cambiado mucho desde la última vez que la vi, solo lucía más arreglada. Ahora llevaba el cabello rizado y teñido de un color cobrizo. Llevaba un abrigo negro, zapatos de tacón alto, labios pintados de rojo... nunca la había visto lucir tan bien. Una parte de mi ser la odiaba por eso. Quizás nunca podría mirarla tan feliz sin recordar el pasado, cuando le dio la espalda a todos. - ¿Podemos hablar? Hay una cafetería cerca de aq
El momento pareció congelarse, con nosotros tres ahí, en la encrucijada al final del camino. Era el problema final… Sentía mi respiración demasiado fuerte y tanto Christian como Antonio parecían dos gatos a punto de destrozarse con colmillos y garras. Por lo menos Antonio tendría que decidir a quién intentaría matar primero, eso considerando, claro está, que estuviera solo.-Vete, Daleman. - Solo me iré si ella me lo pide. -respondió él con mirada desafiante.- Si quieres que siga con vida… deberías pedirle que se vaya. Ahora. - Advirtió Antonio.- Christian…-comencé a decir, no estaba muy segura de qué palabras usar para decirle lo mucho que lamentaba toda la situación, nunca debí involucrarlo, nunca debí dejarlo sin una explicación, nunca debí enamorarme de él, sin embargo, ahí estábamos, los dos en el claro del bosque donde mi vida se hizo pedazos.- No.- Aún no digo nada…- La respuesta es no. Sé que quieres protegerme de todo esto, pero no lo necesito y yo decidí buscarte y dec
Si pensábamos que tendríamos tiempo para prepararnos antes de tener que confrontar Antonio, estábamos completamente equivocados. No nos permitimos ni una noche de libertad, sabíamos que debíamos aparentar normalidad y tranquilidad mientras en realidad nos encontrábamos planeando una salida a la situación.- Antonio no es tan impulsivo como mi padre, pero no va a desperdiciar el tiempo.- Eso no puedo asegurarlo. - respondí recordando cómo Antonio solía ser conocido por su espontaneidad y por saltar antes de mirar abajo. - Ahora me confunde mucho… siento que en realidad nunca lo conocí.- Debió ser toda una sorpresa para ti. -Christian tomó mis manos entre las suyas, estábamos sentados en la sala de su apartamento.- Solo un poco… digo, sí me sorprendió, pero Lucía me lo advirtió justo a tiempo. Si no, ¿Quién sabe si lo habría creído?- Me gusta pensar que habrías visto la verdad. Quizás no al inicio, pero eventualmente.Miré sus manos, dobladas sobre su regazo. Me sentía tan cobarde,
Al día siguiente Christian me despertó con el sonido de sus pasos de un lado al otro de la casa. Solo caminaba así cuando se sentía increíblemente ansioso. En contadas ocasiones lo había visto tan preocupado, y eso incluía varias reuniones con su padre. Debería levantarme del sillón y buscarlo, ¿cómo llegué al sillón? Lo último que recordaba era caer de rodillas en el suelo de madera, incapaz de contener las lágrimas y dos fuertes brazos rodeándome en un cálido abrazo.Mis sueños estuvieron plagados de una mezcla entre recuerdos del pasado y del día anterior. Veía a Antonio, joven, lleno de sueños recostado a mi lado sobre el césped, antes mirábamos las estrellas con los corazones llenos de esperanza… lo veía en el sótano, con el estómago pesado por la culpa y después nos encontrábamos en aquel claro del bosque, bajo un cielo sin estrellas. El olor a pólvora me asfixiaba. Él me miraba, los ojos vacíos de toda emoción… Despertar fue un verdadero alivio.La conversación con Antonio fue
Tras dos semanas de encierro en la cabaña todos comenzábamos a volvernos un poquito locos. Christian pasaba casi toda la noche despierto haciendo llamadas e investigando, mientras que el ruido despertaba a Antonio y lo hacía pasar el día de mal humor. Sus pesadillas aún lo atormentaban de noche, aunque no eran tan terribles como las de aquel primer día en la cabaña. Yo intentaba mantener la cordura aun cuando escuchaba a uno quejarse del otro a cada oportunidad posible.- No lo soporto. ¿Sabes que es un maldito egoísta? Siempre se acaba el agua caliente y claro, no puedo decir nada porque es su casa… pero también se toma la última taza de café todos los días…-se quejaba Antonio cuando estábamos solos.Christian era menos vocal en su desagrado, solo se apresuraba a salir de cualquier habitación donde estuviera Antonio. “Va a ser imposible que se lleven bien” pensé. Eran peor que perros y gatos, con uno gritando y quejándose como niño chiquito y el otro haciendo lo mejor para manteners







