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40. La espera.

Author: Nocturnal
last update publish date: 2022-07-19 10:39:51

- Vine en cuanto recibí tu mensaje, fui un tonto. -contó. No había forma de saber si habían pasado minutos u horas. -Ellos me esperaban, ni siquiera tuve la oportunidad de verte y el tío Ricardo, dijeron que su seguridad y la tuya dependían de que yo fuera con ellos. No quise arriesgarlos, prometieron que ustedes estarían a salvo…

- Querido, nunca confíes en la palabra de un secuestrador. -dijo una voz desde la puerta. -Aunque es cierto, no pensamos hacerles daño por ahora.

- ¿Quién es? ¿Qué quiere de nosotros? -pregunté acercándome a la puerta.

- Destruirlos, claro está. Aunque no necesito una bala para hacerlo.

- ¿Qué quiere decir?

- Lo averiguaras pronto, Rachel Guerra, ¿o debería decir Adriana?

M****a, nuestro atacante conocía mi verdadera identidad. Eso solo empeoraba la situación. ¿Quién más lo sabía? Solo Christian, Lucía y quizás un par de personas muy cercanas al caso de mi padre y Antonio podían saberlo. Sentí un nuevo temor, el de que esa persona hubiera ubicado a mi familia o a mis conocidos, gente inocente que llevaba años sin siquiera verme.

- Rachel. -me llamó Christian. -creo que sé a qué se refiere. Debí decírtelo antes…

- ¿A qué te refieres?

- A que yo estuve ahí esa noche, cuando mi padre mandó a matar a dos hombres que lo investigaban… estuve ahí y no pude impedirlo. Quise hacerlo, de verdad… cada vida que destruyó mi padre pesa en mi consciencia. Lo sabía todo y nunca pude detenerlo.

- Yo tampoco pude impedirlo, de verdad no te culparía por eso. - le aseguré, el único culpable era el señor Daleman, ni siquiera culpaba a los pobres diablos a quienes les pagó por hacerlo. Señalé hacia la puerta con la cabeza - ¿Sabes quién es?

- No, no he podido verlos, aunque creo que son al menos dos personas y unos cuatro guardias.

Desde el inicio no me pareció el trabajo de una persona sola, la situación se sentía demasiado personal, no era la obra de un empleado sino alguien decidido o decidida a vengarse o a sacar a alguien del paso. Porque varias personas en la lista no eran culpables, solo eran cercanos al señor Daleman, quizás lo suficiente para aparecer un su testamento. Me gustaría saber a qué nos enfrentábamos en realidad. ¿Una venganza? ¿Un intento de deshacerse de los probables herederos de la fortuna Daleman? ¿Ambos o algo más?

Escuché pasos alejarse, entonces la persona planeaba prolongar nuestra incertidumbre un poco más. Mientras tanto decidí desatar a Christian, algo un poco complicado sin luz, pero no imposible. Él se quedó muy quieto al sentir mis manos en sus muñecas y luego en sus tobillos. Logré deshacer los nudos, él se frotó las manos y movió las piernas. Después de estar separados por tanto tiempo, sentía una extraña fascinación tan solo de tocar su mano donde la cuerda de seguro le había dejado una marca.

- Gracias.

- Es lo menos que podía hacer. -no podía negar mi culpa, por mí él estaba en ese oscuro cuarto. Intentó mantenerme a salvo...  -Christian, los últimos días quise decirte que… lo nuestro nunca fue parte de mi plan, nunca pretendí engañarte o usarte. Eso fue real… Cada momento entre nosotros fue real y no sé cómo demostrártelo.

- Lo sé, tampoco estaba en mis planes. Sin embargo, lo volvería a hacer. No me arrepiento de enamorarme de ti.

- Qué romántico…-dijo la voz desde la puerta. La persona tenía cuidado de no ser visible a través de la rendija que abrió para hablarnos. -Me pregunto si de verdad sobrevivirán a esto.

- ¿Qué quiere de nosotros? -en ese punto estaba dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de salir a salvo.

- Hmmm…-fingió considerar. -de momento nada, ahí están bien por ahora. ¿Por qué debería apresurar las cosas?

“Está jugando con nosotros, quiere mantenernos nerviosos” pensé, sin saber si era algo bueno o malo. Esta vez no lo escuché alejarse, cerró la puerta y permaneció del otro lado, una presencia invisible que nos intimidaba desde el pasillo. Nosotros por nuestra parte nos quedamos en silencio, escuchaba la respiración de Christian acelerarse, en la oscuridad encontré su mano y la tomé entre las mías. Quería decirle que no estaba solo, que estaría a su lado sin importar qué pasara a continuación, me detuvo un instante de duda, nuestro secuestrador parecía muy convencido de que no necesitaba lastimarnos físicamente para destruirnos y esa no era una confianza nacida de la vanidad, en su voz podía notar una clara amenaza. Nos conocía, quizás mejor de lo que pensábamos. No podíamos confiarnos.

A pesar de la tensión, con el tiempo comencé a sentirme cansada, no había manera de saber si ya era de noche, aunque también Christian intentaba contener un bostezo. El tiempo pasa de una forma distinta cuando no puedes medirlo.

-Deberías descansar un poco. -le sugerí. -yo puedo hacer guardia…

- ¿No estás cansada?

- No podría dormir aquí.

- ¿Y si yo tampoco puedo dormir aquí? Este lugar me recuerda mucho a la casa donde crecí…-hizo una pausa. En algún punto de la jornada nos habíamos sentado en la esquina más lejana a la puerta, uno al lado del otro, su costado pegado al mío y nuestras piernas y manos entrelazados. - Está demasiado oscuro…

- ¿Le tienes miedo a la oscuridad?

- No a la oscuridad en sí, le temo a quedarme encarrado en un lugar oscuro y que eventualmente los demás se olviden de mí y me dejen ahí para siempre.

Me preguntaba si había un sótano similar en su anterior casa, un cuarto sin ventanas y sin luz donde el señor Daleman podía dejar a su hijo cuando se portaba mal. Entre más escuchaba de él, más me alegraba haberlo matado. Muchas personas fueron vengadas ese día.

- ¿Es por algo que pasó cuando eras pequeño?

- Así es. Mi padre no era de los que golpean a su hijo, él… me encerraba en un cuarto pequeño y oscuro. Nunca en frente de mi madre. Tenía prohibido decírselo a ella, empeoró después de su muerte, nunca sabía cuánto tiempo estaba ahí, a veces horas, a veces día.

- Lo lamento, a veces desearía haberte conocido antes… mi padre te habría recibido con mucho gusto en nuestra casa. Siempre había visitantes y a todos los trataba como si fueran parte de la familia.

- Era un gran hombre. -comentó, recordándome que al ser Aliado Anónimo de seguro conoció a mi padre. -Nunca le revelé mi verdadera identidad.

No le contesté nada, su voz revelaba un gran arrepentimiento. Cada persona procesa la culpa de manera diferente, Christian seguía culpándose por algo que no podía cambiar, mientras que su padre nunca sintió un gramo de culpa por sus acciones. Por mi parte, yo no dejaba de ver la sangre en la calle, la muerte del detective Olmos me parecía tan innecesaria y no habría pasado si yo no le hubiera dado la información sobre el señor Daleman.

Siempre me preguntaba si los inocentes lastimados por mi venganza pesarían por siempre en mi conciencia y si era esa la única diferencia entre el señor Daleman y yo. El silencio y la oscuridad llevaban a mi mente a lugares desagradables, como aquella noche, cuando la luz de las estrellas quedó oculta por las copas de los árboles, cuando solo se escuchaba el sonido contundente de dos disparos y mi acelerada respiración mientras intentaba llegar a tiempo para impedir lo inevitable. Cerré mis ojos, apretando los parpados hasta que dolieron. “Es muy tarde para pensar en eso”.

Debería tener más miedo, pero mi principal temor era por nosotros y nuestro futuro como pareja. Nunca le temí a la muerte ni al dolor, solo le temía a la pérdida, ese vacío que queda cuando pierdes a la persona más importante de tu vida. No lo sobreviviría una segunda vez.

- Buenos días, tortolitos. -Dijo la voz, de nuevo se abrió una pequeña rendija luminosa en donde debía estar la puerta. La luz no era suficiente para ver bien en el interior, solo lograba dibujar los contornos del sótano y la silla que seguía en el centro. -Pueden salir.

- ¿Cómo sabemos que es seguro hacerlo? -pregunté, levantándome.

- Pues no lo saben, pero si no salen voluntariamente podemos sacarlos a la fuerza.

Me acerqué a la puerta, escuché los pasos de Christian al seguirme. Salimos al pasillo vacío, todas las puertas estaban cerradas excepto una y no se veía a ningún guardia cerca. Miré alrededor, ¿acaso se trataba de una prueba o una trampa? Caminamos despacio hacia esa otra puerta, la que llevaba a algo desconocido y solo verla me hacía sentir un nudo en el estómago.

- Quizás debería entrar primero. -dijo Christian, ahora en el pasillo notaba lo despeinado que lucía su cabello y nunca lo había visto con un traje tan arrugado y sin corbata.

Nunca esperó una respuesta, entró con pasos determinados que no dejaban ver lo nervioso que en verdad estaba. Una vez adentro se detuvo en seco.

- Adriana, tienes que ver esto.

Lo seguí, ahí, acostado en una esquina mal iluminada estaba la única persona que no esperaba encontrar ahí, era imposible y, aun así, ahí estaba…

- ¿Antonio?-pregunté con voz temblorosa.

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