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39. Otro enemigo.

Author: Nocturnal
last update publish date: 2022-07-11 13:21:23

Me refugié en una panadería en lo que pasaba la lluvia, al menos podía fingir que el temblor de mis manos era producto del frío y no por haber descubierto que un loco quería asesinarme, a mí y a varias personar cercanas. No sabía qué tan lejos estaría dispuesta a llegar esa persona. ¿y si lastimaba a alguien más? Cuando al fin regresé a casa estaba empapada. Me detuve en seco ante la puerta abierta de par en par.

- Ay Rachel, al fin llegaste. -dijo la vecina del apartamento ubicado en frente del mío, la conocía solo porque tenía pájaros que no dejaban de hacer ruido durante la noche. -Entraron unos señores, iba a llamar a la policía, pero ¿y si revisaban mi apartamento?

Tampoco era un secreto que tenía varias plantas de cierta hierba, según ella “para uso medicinal”

- Hicieron un desastre y luego se fueron. Eran muchos, al menos seis…

- Gracias por informarme. Veré que se puede salvar…

- ¡No puedes dormir ahí! Mira, puedes quedarte conmigo por hoy, ya mañana te preocupas por arreglar la puerta. Si quieres entra por algo de ropa.

- ¿No será mucha molestia?

- Para nada, a mis gatos les encanta conocer a nuevas personas.

- ¿Tiene gatos? ¿No se comen a los pájaros?

- Oh, al inicio lo intentaron, pero todo es cosa de equilibrio…

Ella regresó a su apartamento de dejarme listo el sofá, mientras tanto entré a mi casa, todo estaba movido, lo que se podía romper estaba roto y lo que no quedó fuera de lugar. Afortunadamente había movido mi investigación sobre el señor Daleman a la bodega de mi padre y estaba a salvo lejos de cualquier loco decidido a destruirme. Solo Lucía tenía acceso a esos papeles, los cambié antes de la fiesta y no había tenido tiempo de recuperar nada. 

Al menos la ropa se salvó de la destrucción, quizás no les dio tiempo de rasgar prenda por prenda y dejaron todo en una enorme pila al centro del cuarto. Tras mirar el lugar determiné que el plan era incendiar el lugar. Tendría que mudarme, mis vecinos eran inocentes y no tenían por qué pagar por mis acciones. Daleman quizás fue capaz de planear todo en caso de fallecer, pero tenía un presentimiento, alguien mas estaba tras esas personas. Daleman podía ser un asesino, sin embargo siempre fue más sutil en su forma de actuar. Era una araña capaz de tejer su red de engaños y esperar a que su víctima cayera en ella.  Podía esperar por años. Esto se sentía diferente, apresurado y movido por la ira, sin el usual juego de gato y ratón típico del señor Daleman. Lo suyo era el chantaje, las amenazas, los juegos de poder y el secuestro y homicidio como últimos recursos.

- Le agradezco mucho su ayuda. -le dije a mi vecina, de quien ni siquiera conocía su nombre y aun así tenía la amabilidad de apoyarme en uno de los peores días de mi vida.

- Ay, no, no tienes que agradecerme, tengo una hija que vive en otra ciudad, siempre trato a los demás como me gustaría que la trataran a ella. Extrañar a alguien y preocuparte… pone las cosas en perspectiva.

- Debe ser difícil. - respondí pensando en mi madre a quien no había visto en años.

- Un poco, aunque ella está estudiando en la universidad de sus sueños y yo no puedo impedirle estudiar lo que quiere. Si tiene la oportunidad de volar, no debo cortarle sus alas.

Después de esa breve conversación me dejo sola en la sala, dos gatos me miraban desde un rincón, sus ojos verdosos llenos de curiosidad. Apagué la luz y me acosté en el sillón, necesitaba encontrar la manera de llegar a Christian y a Ricardo antes que el asesino. En un desesperado intento por no esperar le mandé una foto de la lista a Aliado Anónimo. El flash iluminó brevemente la estancia, pero no hizo que mi vecina saliera de su cuarto. Esperaba que vieran el mensaje a tiempo, nunca me lo perdonaría si algo llevaba a pasarles…

A la mañana siguiente me fui antes de que mi vecina despertara. Le dejé una nota de agradecimiento encima de las cobijas dobladas en el sillón. No importa lo cómodo que luzca un sillón, siempre terminaba con un dolor de cuello y espalda tras dormir en uno. Afuera del edificio me esperaba un auto conocido, el chofer de Christian me saludó. No llevaba a nadie más y me hizo señales para que subiera. ¿Seria una trampa? No era posible que Christian tuviera un plan y estuviera de regreso en la Ciudad de México en tan poco tiempo. Al verme dudar marcó un número en su teléfono, dijo un par de frases apresuradas antes de pasármelo por la ventanilla abierta.

- ¿Bueno?

- Rachel, todo está bien. -su voz sonaba rara, como si intentara contener una emoción demasiado fuerte quizás miedo o enojo. -Debes subir al coche, necesitamos hablar en persona.

- ¿Seguro de que estás bien?

- Si, es solo que… ehm… Adriana escapó.

El uso de mi verdadero nombre me confirmo mi sospecha: algo malo había pasado. Tenía que llegar a su lado, estaba en problemas, pero no podía ir así.

- Entonces te veré en un momento. -Confirmé. -Solo necesito arreglar algo con mi vecina ¿de acuerdo? Olvidé que tengo su llave y debería regresársela…

- Si puedes huye. -dijo, seguido de un golpe y un quejido. - ¡Te amo!

- Escúchame, perra, si te importa la vida de este miserable vas a subirte al maldito coche en este instante o le volaré la cabeza. -exigió otra voz, me resultaba familiar, demasiado familiar. ¿Dónde lo había escuchado antes?

- Dame cinco minutos, le daré su llave a mi vecina y entonces estaré lista para ir. -prometí, esperaba que mi voz no le revelara mi mentira.

Cinco minutos después ya estaba sentada en el asiento trasero, con mi pistola de repuesto cargada y escondida en una abultada chamarra y tras llamarle a Lucía mientras subía las escaleras de regreso a mi apartamento, rogando en mi mente que los intrusos no se hubieran molestado en revisar si los cajones tenían doble fondo. “Espero llegar a tiempo” pensé después de que arrancó el coche. No había tráfico, algo inusual en la ciudad. En las calles reinaba una calma traicionera.

- Lo lamento, secretaria Guerra. -dijo el chofer mirándome por el espejo retrovisor. Ahora que lo veía con detenimiento notaba las oscuras ojeras alrededor de sus ojos y la manera en que parecía a punto de saltar a la menor provocacion. -ellos amenazaron a mi familia… no podía…

- No se preocupe, lo entiendo.

- Aun así, debe pensar que soy un cobarde.

- De ninguna manera, creo que es valiente. Hace lo necesario por su familia. Nunca podría culparlo por eso, lo prometo.

Llegamos a la casa del señor Daleman, me sorprendió un poco ver que no estaban ocultando sus intenciones. La puerta de la cochera se abrió sola cuando nos acercamos, el chofer metió el coche y se detuvo.

- Buena suerte, secretaria Guerra. -susurró el chofer. Una persona con el rostro cubierto por un pasamontaña negro esperaba junto a la puerta. -Espero que usted y el señor Christian puedan salir de aquí…

- Gracias, haré todo lo posible por salvarlo, lo prometo.

La persona no se molestó en registrarme, se limito a guiarme a través de varias puertas. Cada ciertos pasos veía a un guardia cuidando una puerta o ventana. La casa del señor Daleman lucía deshabitada, una fina capa de polvo cubría los lujosos muebles y el suelo de madera que antes se lucía bien pulida. Alguien había cubierto los cuadros y comenzado a guardar las cosas en cajas que ahora estaban abandonadas por media casa. Nos detuvimos en el sótano, la única parte del lugar donde nunca había estado.

- ¿Rachel? Debiste escapar mientras podías…-dijo Christian, estaba atado a una silla en medio del cuarto de paredes metálicas.

La persona que me llevó se fue, dejándonos solos en la oscuridad. La escasa luz provenía del espacio entre la puerta y el suelo.

- ¿Esperabas que te dejara?

- Una parte de mí prefería que lo hicieras. -escuchar su voz sin ver su rostro me impedía saber si sus ojos me miraban llenos de preocupación. -Prefería saber que estabas a salvo, aunque estuvieras lejos y nunca volviera a verte…

- Eso no… porque yo también te amo. No pudimos hablar bien después de la fiesta. - “Y después de que maté a tu padre”. -Quizás no es la situación ideal, pero al menos estamos juntos.

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