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Negocios..

ผู้เขียน: Berenice
last update วันที่เผยแพร่: 2026-07-17 16:46:02

Liliana caminaba por la calle principal, con los brazos cruzados y la cabeza baja, pensando en su próxima reunión de trabajo. Su vida había cambiado tanto en dos años; había aprendido a valerse por sí misma, a levantarse de cada caída, a enfrentar cada día con determinación. Pero algo en el aire, una presión invisible, le decía que aquel día no sería como los demás.

Dominic apareció como siempre: sin previo aviso, elegante, calculador, inamovible. Su chaqueta oscura le sentaba perfecta, los zapatos brillaban, y cada movimiento que hacía parecía medido y deliberado. Había algo en su porte que imponía respeto y tensión, incluso miedo. Porque Dominic no era un hombre fácil de tratar, y ahora había venido con un propósito específico: obtener lo que quería, sin rodeos, como en un negocio.

Liliana lo vio desde lejos y su corazón se detuvo por un instante. No por amor, ni por nostalgia… sino por la carga emocional que siempre traía su presencia. Era como si cada palabra, cada mirada, cada gesto suyo despertara recuerdos de cinco años de matrimonio vacío, mezclados con la tensión que habían acumulado en los últimos encuentros.

—Liliana —dijo Dominic al acercarse, su voz grave y firme, dejando entrever que hoy no había lugar para juegos—. Necesito hablar contigo.

Ella levantó la mirada, evaluando cada detalle de su expresión. Dominic nunca era casual; nunca venía sin un plan.

—¿Sobre qué? —preguntó, manteniendo la voz serena, aunque su cuerpo se tensaba.

Dominic sacó de su maletín un sobre grueso, elegante, con el sello de su despacho. Lo puso sobre la mesa del café donde habían decidido encontrarse, con la precisión de alguien que manejaba cada detalle como un tablero de ajedrez.

—Esto es un contrato —dijo Dominic—. De matrimonio.

Las palabras cayeron como un balde de agua fría sobre Liliana. Sus ojos se abrieron, y por un instante el mundo pareció detenerse. No entendía cómo podía ser tan frío, tan calculador, tan… empresario incluso con algo que para cualquier persona era profundamente personal.

—¿Qué… qué es esto? —preguntó con la voz temblorosa, tratando de mantener la compostura.

—Un acuerdo —replicó Dominic, sin levantar la voz—. Yo necesito una esposa, Liliana. Y tú eres la única que puede cumplir con lo que necesito.

Liliana sintió un nudo en el estómago. Sus manos temblaban ligeramente, pero intentó controlarse. Sus pensamientos se agolpaban: ¿Cómo podía alguien hablar de matrimonio como si fuera un contrato de negocios? ¿Qué significaba para ella? ¿Para él?

—No entiendo —dijo finalmente, con voz baja—. ¿Quieres que me case contigo… como si fuera un negocio?

Dominic la miró, directo, sin parpadear. Su frialdad era absoluta, pero había un filo en su mirada que Liliana no podía ignorar.

—Exactamente —dijo—. No hay romance, no hay amor por ahora. Solo un acuerdo. Por conveniencia. Por respeto a la familia. Por necesidades mutuas.

Liliana retrocedió un paso, su corazón latiendo con fuerza. Sentía una mezcla de incredulidad, rabia y confusión. Cada palabra de Dominic era como un golpe directo a su orgullo, a sus recuerdos, a su vida entera.

—¿Y crees que puedo aceptar algo así? —preguntó, su voz temblando de emoción contenida—. ¿Crees que soy… un objeto que puede firmar papeles y cumplir tus necesidades?

Dominic suspiró suavemente, un gesto que no mostraba ni un ápice de arrepentimiento.

—No es un juego, Liliana. —Se inclinó ligeramente hacia ella, con la mirada intensa—. Esto es lo que necesito. Tú eres la única que puede hacerlo bien. No habrá nadie más.

Liliana lo observó. Cada músculo de su cuerpo estaba tenso. Cada recuerdo de su matrimonio con Miguel, cada año de silencios y desprecios, se mezclaba con el dolor que Dominic parecía provocarle sin siquiera tocarla. Su orgullo gritaba que rechazara todo de inmediato. Pero algo dentro de ella también sentía… una curiosidad peligrosa, un deseo de entender cómo este hombre, que siempre la había irritado, podía ser tan directo y dominante.

—No puedo creer que esto esté pasando —dijo finalmente, con un hilo de voz—. ¿Piensas que yo podría… simplemente firmar esto y aceptar tu frialdad?

Dominic sonrió levemente, aunque su sonrisa no era cálida; era calculadora, empresarial.

—No espero que firmes nada hoy —dijo—. Solo quería que lo supieras. Que entiendas lo que estoy buscando y quién eres tú para mí.

Liliana se sentó, tomando un momento para respirar. Su mente corría a mil por hora. Cada palabra de Dominic parecía tallada en acero, firme, implacable. Pero también había una emoción que no podía nombrar: la tensión entre ellos, el roce invisible de lo que podría ser… algo más que un acuerdo.

Por primera vez en años, Liliana se permitió observarlo. Los años de desprecio, los gestos duros, la frialdad absoluta… todo eso aún estaba allí. Pero también había un resquicio de respeto, una sensación de que Dominic la consideraba capaz, importante, necesaria. Y eso era un arma de doble filo, porque le despertaba emociones que no quería aceptar.

—Dominic —dijo finalmente—. Necesito tiempo. —Su voz se volvió más firme, más segura—. No soy tu objeto. No firmaré nada sin pensar en mi vida, en mi libertad, en lo que quiero.

Él asintió, como si esperara esa respuesta.

—Lo sé —dijo—. Y lo respeto. Pero también debes entender algo: no busco romance, no busco sentimientos… solo un acuerdo que nos proteja a ambos. Tú eres inteligente, fuerte… y eso me conviene.

Liliana lo miró, y en ese momento entendió que Dominic siempre había sido así: un hombre de negocios incluso en asuntos personales. Nada era emocional para él; todo era calculado, estratégico. Y sin embargo, eso no impedía que su presencia la hiciera sentir pequeña, vulnerable y… rara vez deseada, de una manera que no podía controlar.

—Entonces esto es… —susurró—… un matrimonio sin amor.

—Por ahora —dijo Dominic, levantándose—. Todo lo demás lo veremos después.

Liliana sintió que un escalofrío le recorría la espalda. Cada palabra, cada gesto, cada silencio de Dominic estaba cargado de poder, de control, de tensión. Y aunque quería resistirse, había algo en su mente que no podía ignorar: la atracción peligrosa de un hombre que nunca le agradó, pero que ahora le mostraba otra faceta, más compleja, más intensa, más dominante.

Cuando Dominic salió del café, dejando el contrato sobre la mesa, Liliana quedó paralizada. Sus pensamientos se arremolinaban: rabia, incredulidad, curiosidad, miedo, y algo más profundo que aún no podía nombrar… la sensación de que su vida estaba a punto de cambiar de manera irreversible.

Mientras observaba cómo él desaparecía en la bruma de la mañana, Liliana respiró hondo. Por primera vez desde que dejó la mansión Torres, sintió que el destino la estaba desafiando. Y aunque no sabía cómo, ni cuándo, ni con qué consecuencias, también sabía que no podría escapar de Dominic Torres, ni de sus propios sentimientos.

La ciudad seguía envuelta en esa bruma ligera, como si contuviera la respiración. Liliana la miró y supo que algo iba a estallar. Algo que cambiaría todo. Y en su corazón, una chispa de emoción, miedo y expectativa comenzó a arder con fuerza.

Porque Dominic Torres no había venido a pedirle amor.

Había venido a reclamar lo que necesitaba.

Y ella… tendría que decidir si resistirse, luchar o ceder.

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