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Capítulo 3

last update Data de publicação: 2021-07-12 06:40:23

   Regina

  Eran pasadas las cuatro de la madrugada cuando aún estaba dando vueltas en mi cama, pensando en las palabras de Liam Foster. 

—Foster. —susurré con irritación ese apellido, me prometí a no seguir pensando en él, en su prometida, la cual parece ser una...me niego a seguir pensando en ellos. —Tienes que...—entonces la imagen del rostro de Adolfo Villanueva aparece, suelto una pequeña risa al ver el rostro que puso al verme con él, — ¡Pues, Regina! Saca a ese hombre de tu cabeza, de tu vida. — Me vuelvo a mover, no en sé en qué momento me pierdo entre los brazos de Morfeo. 

Por la mañana enciendo el televisor que se encuentra frente a mi cama, entro al baño, me doy una ducha, me pongo algo cómodo, empieza el fin de semana y mis planes es descansar lo más que pudiese. 

—"...Hemos visto cada detalle del gran evento de Textilería Montenegro"...—me detengo cuando tengo toda la intención de ir a buscar algo que desayunar en cama. Me giro lentamente hacia el televisor y mis ojos se abren un poco más al verme bajar de la camioneta, mi corazón se agita con emoción, me siento en la orilla de la cama y estoy como una tonta con la boca casi cayendo en el suelo al ver videos e imágenes del evento, alcanzo a ver a Liam del brazo de Rachel, la chica sí que es una hija de...—..."Quien se iba a imaginar que el atractivo empresario extranjero, Liam Foster, ya estuviese comprometido con esta hermosa mujer, —interrumpe una conductora a la otra—"Me gustaba para que tuviera a su lado a Regina, hacen tan hermosa pareja, por cierto, ¿Has notado el parecido entre las dos mujeres?"—apago el televisor, mi humor se ha vuelto rabioso, tengo que comer algo. Bajo las escaleras y me encuentro con una visita.

—Aquí tienes el cereal, pero deberías de comer algo más nutritivo...—la señora que viene a limpiar y a cocinar en la semana, se llama Elena, sus dos hijos viven en Estados Unidos, ella tiene este tipo de trabajo, limpia casas y es cocinera, está acostumbrada a trabajar, cuando sus hijos encontraron un buen trabajo, le pidieron que dejara de trabajar y descansara, muy buenos hijos, pero Elena insiste en que tiene salud y se siente aun fuerte y puede seguir trabajando. Me siento en el banquillo de la barra y miro el plato de cereal. La miro y ella arquea la ceja. — ¿No tienes ganas de cereal? —niego.

—Unos huevos estrellados con tocino y fruta picada, ¿Eso es nutritivo? —ella suelta una carcajada que me contagia. 

—Ay, chamaca, bueno, pensaba hacerte unas tortillas doradas con la salsa que me queda de rechupete, ¿Quieres? ¿Con queso fresco? ¿Lechuga picada y crema?

El estómago toma su decisión al gruñir.

—Me parece perfecto, pero siempre y cuando me acompañes a desayunar, así que has para tres.

— ¿Tanta hambre traes? —asiento con una sonrisa.

Elena comienza a hacer el desayuno, pongo música y me regreso por mi celular que tengo cargando en la mesa de noche de mi habitación. Lo tengo apagado, así que lo enciendo, en lo que empieza a arrancar su sistema, bajo los escalones, escucho la música de Lana del Rey, regreso al banquillo de la isla de granito, veo como Elena cocina concentrada, las notificaciones de mi celular comienzan a sonar, puedo imaginar quienes han mandado mensaje, cuando deja de sonar, veo muchos correos, mensajes, W******p, llamadas pérdidas y mensajes de buzón. La chicharra del intercomunicador suena, Elena me mira extrañada, yo igual.

— ¿Tienes visitas? —niego, me levanto de mi banquillo pensando quien será a esta hora de un sábado tan temprano. Presiono el botón.

— ¿Sí? —se escucha por un momento un silencio. — ¿Quién es?

—Soy yo—suelto el botón como si me quemara. De nuevo la chicharra, suena de nuevo, dudo en presionarlo, pero al final lo hago. 

— ¿Qué quieres? —no dice nada, presiono el botón. — ¿Qué es lo que quieres, Foster?

— ¿Podemos hablar? —pregunta en voz baja. 

— ¿De qué? —cuando presiona el botón para hablar, no dice nada, pero escucho el ruido de los autos, el claxon, lo suelta. —Sube. —digo finalmente, para no poder hablar, debe de ser importante, conocí demasiado bien a Liam, cuando algo le preocupaba, se volvía muy serio, regreso al banquillo esperando a que llegue, se escucha el timbre, grito de que pase, la puerta se abre y se asoma. 

— ¿Regina? —llama Liam.

—Pasa, estoy en la cocina. —pongo mis ojos en blanco cuando Elena sonríe pícaramente. —No es nada de lo que te he contado, —detengo mis palabras cuando me vuelvo hacia a él en el mismo banquillo. — ¿Qué pasa? Debe de ser importante para que estés un sábado tan temprano. 

—Tenemos que hablar. —arqueo una ceja. 

—Hablar. ¿De qué? —él se tensa.

— ¿Has escuchado las noticias de esta mañana? —asiento. 

Tuerzo mis labios. 

—Bueno, una parte, creo que apagué el televisor cuando dijeron que teníamos similitudes tu prometida y yo...—se tensa más, pone sus manos en su cintura y toma aire, lo suelta lentamente. Mira hacia detrás de mí.

— ¿Podríamos hablar en privado? —me vuelvo hacia Elena, le hago señas y ella se retira. —Quisiera saber si podemos hacer un tipo de aclaración, no quiero que piensen que...

Lo interrumpo.

— ¿Lo dices por las noticias de esta mañana? —él se queda serio. — ¿Es en serio? ¡Son chismes! ¡El chisme es lo que ellos venden!

—Pero Rachel piensa que tú y yo...—me bajo del banquillo o levanto las palmas para que se detenga.

—Wow, Wow, Wow...espera. —Intento aclararle, pero primero tomo aire y lo suelto—una cosa es que tengamos un pasado, pero no quiere decir absolutamente nada, espero le hayas aclarado que tú y yo, nada que ver, ni sé por qué están en la ciudad de México, para empezar. ¿Están de vacaciones?

Liam arruga su ceño.

— ¿No lo sabes? —me tenso, ¿Ahora de que me he perdido?

— ¿Qué cosa? —cierra sus ojos y se aprieta el puente de su nariz, cuando deja de hacerlo, me mira.

—Me voy a casar aquí, en México.  

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