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ผู้เขียน: Sassenach W
last update วันที่เผยแพร่: 2026-03-25 07:52:38

Llevaba años perfeccionando el arte de mantener la compostura bajo presión. Pero Theo apenas llevaba dos semanas y ya estaba haciendo quebrar esa compostura. Decidió en ese mismo instante que le caía mal. Claramente no respetaba los límites y parecía juzgar a todo el mundo y a todo.

Apartando ese pensamiento, continuó con su trabajo y, minutos después, recogió los archivos de su escritorio; Sebastian se los había pedido antes. Respirando hondo para calmarse, se levantó y se dirigió a su despacho.

Camille llamó suavemente a la puerta antes de entrar.

Sebastian se recostó en su silla, con un aspecto tan relajado como siempre. Frente a él, Theo estaba sentado con los dedos ligeramente entrelazados, su postura controlada e indescifrable, y sus penetrantes ojos azules la observaron en cuanto entró.

Camille se obligó a concentrarse.

—Aquí están los documentos que querías —dijo, colocándolos delante de Sebastian.

—Perfecto —dijo él, con una sonrisa.  Sabía que podía contar contigo para terminar esto a tiempo.

Theo no dijo nada, pero Camille era dolorosamente consciente de su mirada.

Se giró para irse, pero la voz de Sebastián la detuvo. Camille gimió para sus adentros.

—¿Así que esperas con ansias el evento de esta noche?

—¡Ni hablar!, pensó Camille. Dudó un segundo de más. —No asistiré, señor —dijo, deseando que no hubiera sacado el tema ahora, en presencia de Theo. Después de su conversación con él, se sentía como una traidora.

Sebastian frunció el ceño. —Eso es ridículo. Por supuesto que asistirás. Puede que te necesite allí. Lo sabes.

Camille luchó por inventar una mentira adecuada. —Sebastian… —comenzó.

Theo arqueó una ceja al oír eso. ¿Sebastian? ¿Se tuteaban? ¿Qué tan cercanos eran?  Era muy consciente de la reputación de su hermano con las mujeres, y no pudo evitar preguntarse, pero permaneció en silencio, observando y escuchando su conversación con gran interés.

—No negociable —interrumpió Sebastián con un tono ligero pero firme. Luego se inclinó hacia adelante con una sonrisa burlona—. Tienes que venir, y puedes traer una acompañante si quieres. Yo traeré una.

A Camille se le revolvió el estómago al oír sus palabras.

Sabía que solo bromeaba; Sebastián siempre bromeaba. Cambiaba de citas como otros de reloj, con una mujer hermosa diferente del brazo para cada ocasión. Y no tenía derecho a que le importara.

Pero sí le importaba.

Esbozó una sonrisa cortés, sabiendo que sería inútil discutir, sobre todo con Theo sentado allí. —De acuerdo, si insistes. Iré.

—Bien —dijo Sebastián, con aire satisfecho.

 Se giró hacia la puerta, con el pulso acelerado, solo para encontrarse con Theo observándola con discreto interés. Su mirada penetrante iba de ella a su hermano, y en ese instante, ella lo supo: él había notado algo.

Se había delatado.

Su reacción, por pequeña que fuera, había sido suficiente para que Theo lo entendiera.

Camille se obligó a salir sin mirarla más, pero tenía la terrible sensación de que Theo Lawrence acababa de descubrir algo muy importante sobre ella, y conociéndolo, no lo dejaría pasar desapercibido.

__________

—Sigo sin entender por qué te vas —dijo Nicole, arrojando un vestido de lentejuelas sobre la cama de Camille con un suspiro dramático—. Si no quieres ir, no vayas.

Camille, de pie frente al espejo, se arregló el último rizo antes de volverse hacia su mejor amiga. —¿Crees que no lo intenté? —insistió Sebastian—. Al parecer, «podría ser necesaria». Puso los ojos en blanco. —Lo que sea que eso signifique.

Nicole resopló. —Claro. Como si tu presencia fuera crucial para algún evento de inversión importante. A ver si adivino: solo quiere una excusa para tenerte cerca.

Camille le lanzó una mirada de advertencia a su amiga mientras recogía un vestido de cóctel azul marino que colgaba de su silla. —No es así.

Nicole no parecía convencida. Arqueó una ceja perfectamente definida. —Cam, te conozco desde hace dos años. Me cuentas todo sobre él, además no pude evitar notar cómo lo mirabas aquella vez que te visité en tu oficina.

A Camille se le subió el calor por el cuello. ¿Era tan obvia? —No lo miro —negó, preguntándose por qué era tan mala mintiendo. 

Nicole sonrió con picardía. —Ajá. Claro. Y supongo que no te molestó en absoluto que dijera que traería una cita, ¿verdad?

A Camille se le revolvió el estómago al oír eso, pero mantuvo una expresión neutra. —¿Por qué me iba a molestar? No es asunto mío quién es él…

—Bla, bla, bla —la interrumpió Nicole, haciendo un gesto de desdén con la mano—. Ahórrate el discurso profesional, Evans. Ese tipo es un rompecorazones de primera, y lo sabes. Simplemente no quiero que te enfrasques en algo que nunca va a pasar.

Camille suspiró. —Lo sé. Solo que… lo admiro. Eso es todo.

Nicole la miró fijamente. —Admirar a alguien no te pone celosa cuando menciona a otra mujer.

Camille ignoró el comentario y se puso el vestido. Respiró hondo, alisando la tela ajustada con las manos antes de mirar a Nicole. —¿Qué tal me veo?

 Nicole la miró con aprobación. «Como alguien que está a punto de robarse el protagonismo en una sala llena de hombres de negocios sobrepagados».

Camille soltó una risita, pero se sonrojó y agradeció el halago.

Nicole se dejó caer sobre la cama. «¿Y qué hay del otro hermano?».

Camille se quedó paralizada. «¿Theo?».

«No, el otro hermano Lawrence que se esconde en el sótano. Sí, Theo».

Camille dudó un instante antes de aplicarse cuidadosamente el pintalabios. «¿Qué hay de él?».

Nicole se encogió de hombros. «Dime tú. Apenas lo has mencionado, salvo una o dos veces, y eso es raro. Es nuevo. Es poderoso. Es increíblemente guapo. Y, a diferencia de Sebastian, no tiene una sucesión interminable de mujeres. De hecho, parece… reservado».

A Camille le vino a la mente la forma en que Theo la había observado en la oficina ese mismo día; su mirada penetrante no se le escapaba nada.  ¿Se daría cuenta de que ella sentía algo por su hermano… igual que Nicole?

—Es intenso —admitió, apretando los labios para fijar el pintalabios—. E intimidante. No creo que le guste mucho.

Nicole dejó escapar un silbido. —O tal vez solo está intentando descifrarte.

Camille la miró fijamente. —¿Por qué haría eso?

Nicole sonrió con picardía. —Porque eres la asistente de Sebastián. Y porque, seamos sinceras, Theo desprende un aura de hermano mayor protector. Tal vez esté intentando ver si eres una de ellas, de las mujeres que caen rendidas ante el encanto de su hermano.

Camille resopló. —Pues entonces está perdiendo el tiempo.

Nicole sonrió. —¿Ah, sí?

Camille no respondió. Simplemente agarró su bolso de mano y exhaló. —Cállate. Ya es hora de terminar con esto.

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