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Capítulo 45 primera parte

Autor: Ranacien
last update Fecha de publicación: 2022-04-06 12:00:00

George entró en su oficina con las manos en su cintura, casi espetando la puerta contra la pared, seguido por Maximiliano y Peter. Este último cerró la puerta tras de sí.

El abogado dio varios pasos en círculo, miró a través de la ventana, muy disgustado, intentando calmarse porque pensaba que en cualquier momento colapsaría.

—Tienes que calmarte…

—¡Y una m****a, Max! Lenis me miró a los ojos y me aseguró que le marcaría a Peter y que dejaría la llamada abierta para que… —Se interrumpió a sí mismo al caminar de súbito hacia su escritorio y apretar (casi golpear) un botón en su teléfono fijo—. ¡Maggie, mantenme informado cuando la señorita Evans salga de la sala de juntas! —comandó aquella orden casi en grito, no podía calmarse.

Peter resopló ya sentado en una de las dos sillas frente al escritorio. Max estaba acomodado en la otra. Había tensión en el ambiente, pero nada como el desorden que llevaba George encima.

—Miller, pareces un asolescente hormonal, ¿qué te pasa? —le dijo Peter, hablándole al abogado como aquel lo haría de ser al revés la situación. George se había girado de nuevo para intentar concentrarse en algún punto del paisaje que regalaba la ciudad a través de la ventana de su despacho—. Esa lacra sabe lo que hace, sabe dónde está parado. Es evidente que quería encontrarse con Lenis en otro lugar, pero ella demostró ser inteligente y citarlo acá, con todos nosotros aquí…

—Pondré cámaras en esa sala de pacotilla, pondré cámaras mañana mismo, esto no puede estar pasando —decía George, como si no estuviese escuchando las palabras de su amigo.

Peter y Max se miraron.

—Él no le hará nada…

—Eso no lo sabes tú, Max. ¿Cómo puedes asegurar algo así? Es que… —George bufó, caminó hasta su silla y se dejó caer en ella. La angustia le estaba cansando—. Sé de primera mano que Smith no solo maltrataba a Lenis de manera física, lo hacía mental. Su matrimonio no terminó hace años, solo han pasado doce meses desde que ella logró escabullirse, ¿cómo sabemos que ella no tiene… no tiene alguna dependencia, algún trauma psicológico arraigado? ¡Yo qué sé! Nosotros sabemos de «esto» —hizo círculos con su dedo— no es la primera vez que lo vemos, sabemos lo que sucede en estos casos. Por algo ella aceptó, la va a manipular, algo me dice que es así.

El resto de los jefes identificaron cuál era el verdadero problema de George. Más allá de sentirse celoso por aquel encuentro entre Lenis y Jefferson, algo que ambos pensaron desde un principio, era la malísima experiencia con su madre, sobre todo el no haber podido hacer más; era la culpa lo que cargaba desesperado y muy desconfiado al abogado.

—Mira, George —intervino Peter—. Entiendo por lo que estás pensando, yo también lo pienso, pero no sucederá nada malo. Además, Jefferson se irá mañana a la capital…

—¿Cómo sabes eso? —interrumpió George.

—Porque sé que compró boleto. Puede que en este momento no sepamos qué esté haciendo, pero lo tengo vigilado, sé qué planes tiene próximo a salir de aquí. Sé que se encontrará con la hija del contratista en el hotel, de seguro se “despedirá” de ella, ya que se va. Mira… —tragó grueso, se acercó al escritorio colocando los codos sobre la mensa y gesticulando con las manos—, ¿lenis logró contarte cómo fue el matrimonio entre ellos dos?

—¿Qué? ¿Qué coño estás preguntando? —habló George, desconcertado por lo que Peter acababa de decir.

Maximiliano también lo miraba, extrañado.

—¿Te contó los detalles o no? —reiteró el agente.

George se irguió en su silla con cara de pocos amigos. Estuvo a punto de responder que no hacía falta saber los detalles, pero recordó la cicatriz que ella tenía en la parte baja de su glúteo y supo de lo que Peter hablaba.

El agente vio el cambio en la expresión de George, pudo constatar por las muecas, que la respuesta era negativa: Lenis no le había contado nada al respecto a cómo fue específicamente la convivencia entre ella y Smith.

—Tal vez esto suene tétrico; de hecho, sé que no te va a gustar, pero tiene lógica. Mira… Jefferson y Lisa estuvieron casados por un año. Casados. Fue una relación tóxica a todas luces, pero no sabemos nada más, no podemos asegurar hasta dónde llegó la falacia de aquella unión…

—Ella fue ofrecida a él como carnero, Peter —interrumpio George—. No me importan un diablo los detalles, solo sé todo lo que ella sufrió ¡y que ahora está encerrada con ese canalla en una oficina de este edificio! —apostilló, con una voz en grito.

Max alzó las cejas y miró para ningún punto en específico del despacho.

—Puedes alterarte todo lo que quieras, pero en mi profesión como policía, he visto muchos casos donde siempre vuelven…

—¡Ni te atrevas a terminar de decir algo así! —ladró George con los dientes apretados y levantándose de la silla para irse hacia su pequeño bar, servirse un trago y bebérselo de tajo.

El celular de Peter sonó mientras George se tomaba la bebida.

El agente vio la pantalla de su celular y entró en estado de alerta.

—¡Shhhh! —mandó a callar a todos, aunque nadie estuviese hablando en ese momento.

George lo miró con el ceño fruncido y se acercó a Peter luego de haber colocado el vaso de cristal sobre la corta encimera del bar.

El agente alzó el dispositivo móvil y le mostró al abogado de quién se trataba. Contestó de inmediato y activó la grabación de llamada, colocando el aparato sobre el escritorio luego de desbloquear el altavoz.

Max se inclinó sobre la mesa y corroboró lo que pensaba, al ver la llamada que ya había sido contestada.

Desde el aparato, comenzó a emanar una conversación, colocando a todos los presentes en esa oficina en un estado de alta tensión.

***

Lenis guardó su teléfono celular dentro de su cluth y colocó el bolso sobre la mesa de aquella oficina que George había prestado para esa reunión.

Lenis tenía los sentimientos a flor de piel, pero el más acuciante, el que quemaba su epidermis, era el de saberse por fin divorciada.

La secretaria de Maximiliano no quería salir a celebrar en una fiesta con comida y licor, con viajes y desenfreno, aquella pauta de su destino. Tampoco deseaba ponerse a llorar por todos los rincones, a pesar de que el nudo en su garganta parecía querer entrangularla. Ella quería verle la cara a su ex marido, enfrentarlo y ver de cerca sus expresiones, disfrutar de una manera un poco mórbida, cómo él intentaba no expresar lo que estaba sintiendo, esa lucha interna consigo mismo por el simple hecho de no tener poder sobre ella.

El policía había llegado preparado con los documentos para formalizar la denunica de ella hacia él, poniendo todo en tensión al saber que, la persona denunciada, se encontraba en el mismo lugar.

Peter conocía al oficial y fue genial para Lenis (algo que no admitiría todavía) cómo logró que el policía invitado alcanzara entregarle formalmente a Jefferson, una citación de comparecencia en la ciudad.

Coney mostró entonces su cara como defensor de alguien como Smith. Al ver que su cliente tendría que viajar de vuelta para cumplir con dicha orden, el abogado realizó un par de llamadas y logró cambiar el lugar de la presentación: la cita podía efectuarse en la capital sin problema alguno y todos tan tranquilos, como si aquello se tratase de una reunión familiar, en vez de una asistencia ante una denuncia por acoso.

Ella jamás había visto algo así, no sabía que podían lograrse tales cosas. Gracias a estar primero concentrada en preservar su vida, huyendo e intentando mantenerse firme siendo otra mujer, no se dedicó a investigar de lleno los pasos a seguir o lo que podía esperarse al ella denunciar.

George le había hablado de algunas cosas, pero él mismo le aseguró que todo iría sobre rieles, que sería fácil y que se encargaría de que Smith pagara, con justicia, el daño que le había hecho.

Nada debía sorprenderle, ninguna artimaña de ese hombre malvado debía sorprenderle a ella. Lenis había visto poco estando casada, él solía esconderle siempre los negocios y la foma cómo los llevaba, pero desde la primera vez que la encontró, aquella terrible noche donde Carl la arratró de nuevo al apartamento y la misma noche donde nació su cicatriz, Lisa supo que su esposo tenía mucha más influencia de lo que ella pensaba.

La oficina donde se encontraban, se trataba de un despacho adjunto a la sala de reuniones, la misma donde se celebró la audiciencia, por lo que dicho espacio era pequeño, incluso, mucho más chico que la propia oficina de Miller. Por lo que ella solo tenía la opción de sentarse en alguna de las tres únicas sillas existentes en aquel espacio. Lenis decidió sentarse en una de las dos frente al escritorio. Jefferson hizo lo mismo.

Así que Smith y Lisa estaban sentados frente a frente, más cerca de lo que ella desearía y demasiado lejos para él.

La conversación comenzó con ironías por parte de Smith. La había felicitado por haber logrado la hazaña de denunciarle estando ella camuflada con otra identidad, pero cuando su ex esposo comenzó a hablar sobre los jefes, ella decidió fingir que su móvil vibraba y fue cuando activó la llamada de Peter. Sus sentimientos estaban revueltos, desordenados y bailando a sus anchas como en un carnaval lleno de fuego. Lenis no era vengativa, pero todo lo que le habían hecho los tres jefes le había revuelto la vida un poco más, así lo sentía, sacando partes de sí un tanto desconocidas, como un viejo hartazgo haciendo estragos dentro de sí. Lenis quería vengar de alguna manera la mentira y los engaños a su alrededor, y estar frente a Jefferson le evalentonaba a usar la osadía como nunca.

—Me alegra mucho que hayas encontrado ayuda profesional —dijo Smith, continuando con todas las ironías que le hicieran permanecer mayor tiempo con ella mientras Donald, su mano derecha, llegaba hasta ellos.

—Jefferson, eres muy talentoso para irte por las ramas. Convertiste una simple petición en un circo. Lo mejor para los dos es que llegues al grano.

Smith se quedó mirándola por unos segundos.

—¿Qué nos pasó a los dos? —Lenis lanzó una ligera risotada sin nada de gracia, al escucharle—. Todo iba tan bien con nosotros… Eras apasionada, y sé muy en el fondo que te gustaba todo lo que te hacía…

 —¿Tú lo crees?

Jefferson mordió su labio inferior y colocó un codo sobre la mesa, sosteniendo su cabeza con tres de sus dedos, admirando la belleza que tenía de frente.

—Te vez mayor —comentó él—. En el buen sentido de la palabra. A parte de lo hermosa que estás, pareces más… salvaje, no sé, tú dime.

—Jefferson…, ¿cuánto tiempo tardaste en darte cuenta que mi estatus actual es la clara explicación de que no te quiero? Dime de una vez qué quieres, ¿necesitas que yo retire la denuncia en tu contra? ¿Es eso?

Smith se acomodó en su silla y chasqueó con la lengua.

—Si supieras que la denuncia no me molesta. No es la primera vez que lo haces y esta no será la última vez que me desato. —Lenis evitó mostrar cualquier signo de nervios o estupor ante las palabras del rubio—. Te cité acá por dos razones. La primera, aunque no lo creas, para verte, para que conversáramos como dos adultos, porque desde que te encontré, supe que hablar contigo no sería tan fácil. —El rubio se inclinó hacia adelante, provocando que Lenis se tensara por la cercanía—. La segunda razón, es para preguntarte una sola cosa: ¿desde cuándo sabías que esos tres sujetos también eran hijastros de tu padrastro querido?

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