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Capítulo 02

Autor: Leydis Ochoa
last update Data de publicação: 2026-10-27 16:05:59

EL PRESENTE: LA AZOTEA

Liam subió las escaleras hacia la azotea del edificio de la facultad con pasos rápidos. El episodio de estrés postraumático lo estaba golpeando con la fuerza de un huracán. Los pasillos de la universidad se habían vuelto blancos, las voces de los estudiantes se habían convertido en el zumbido de las máquinas de laboratorio.

"Sujeto 1, reporte a la mesa de operaciones".

—Cállate, cállate, cállate —susurró Liam, golpeando la puerta de la azotea y saliendo al aire libre.

El viento frío de la tarde lo golpeó, pero no fue suficiente. Sentía que su piel le quedaba pequeña, como si el suero que aún corría por sus venas estuviera tratando de expandirse, de romperlo desde adentro. Sus dedos temblaban violentamente.

Se acercó a la barandilla de piedra. El abismo lo llamaba. No quería saltar para morir, quería saltar para sentir que se rompía y que, por un momento, el dolor físico fuera más real que el vacío mental.

Metió la mano en el bolsillo oculto de su chaqueta de diseñador y sacó un cuchillo táctico de hoja negra. Era un regalo de Dante, diseñado para la defensa personal. Liam lo usaba para su propia terapia.

Se subió la manga de la camisa blanca, revelando un antebrazo que, ante los ojos de cualquiera, era perfecto. Se presionó el filo contra la piel.

—Uno... dos... tres —contó en voz baja.

Hizo un corte largo y profundo. El dolor fue un destello de luz blanca que despejó la niebla de su mente. La sangre roja carmesí brotó con fuerza, manchando el suelo de la azotea. Liam cerró los ojos y suspiró, sintiendo cómo su ritmo cardíaco se estabilizaba.

Miró la herida. Ya estaba empezando a cerrarse. Las fibras de carne se buscaban unas a otras, tejiendo la mentira de su integridad. En dos minutos, no habría nada.

—Es una habilidad fascinante —dijo una voz profunda y fría detrás de él.

Liam se tensó. En un movimiento fluido, bajó la manga de su camisa y ocultó el cuchillo, girándose hacia la fuente de la voz. Su máscara de "Liam, el omega sonriente" se activó instantáneamente, pero su corazón dio un vuelco que no pudo controlar.

Allí, apoyado contra la salida de la azotea, estaba Damien.

Damien era el heredero de la familia mafiosa rival, los Petrov. Era un alfa que exudaba una violencia contenida, un hombre cuyos ojos ámbar parecían ver a través de las paredes y las almas. Se decía que a los diez años ya había ejecutado a su primer hombre por orden de su padre. Se decía que su alma estaba hecha de ceniza.

Pero lo que nadie sabía era que Damien también tenía cicatrices, aunque las suyas no se borraban.

Damien caminó hacia adelante, saliendo de las sombras. Su presencia era abrumadora, el aroma de sándalo y tormenta de un alfa dominante llenó el espacio de Liam, haciendo que sus instintos de omega gritaran. Pero no era un grito de miedo común. Era algo más... una conexión eléctrica, un tirón en las profundidades de su biología.

Destinados.

La palabra cruzó la mente de Liam como una maldición.

Damien se detuvo a pocos pasos, sus ojos fijos en el antebrazo de Liam, donde una mancha de sangre comenzaba a traspasar la tela blanca de la camisa.

—¿Qué quieres, Petrov? —preguntó Liam. Su voz era firme, pero la dulzura fingida había desaparecido, dejando paso a una frialdad cortante.

—Te vi —dijo Damien. No había emoción en su rostro, solo una curiosidad letal—. Vi el corte. Vi cómo se cerraba.

Liam soltó una risa seca, una que nunca dejaba que sus hermanos escucharan.

—¿Y qué vas a hacer? ¿Ir con el Consejo de Mafias y decirles que el pequeño omega de los Vancourt es un fenómeno de circo?

Damien dio un paso más, invadiendo el espacio personal de Liam. Era mucho más alto, una sombra imponente que bloqueaba el sol. Levantó una mano y, antes de que Liam pudiera retroceder, atrapó su muñeca herida con una fuerza de hierro.

Liam siseó, pero no intentó soltarse. Sus ojos azul hielo chocaron con los ámbar de Damien. En ese momento, el mundo alrededor de ellos desapareció.

—No —susurró Damien, acercando la muñeca de Liam a su rostro para oler la sangre fresca. Su expresión se volvió más oscura, casi hambrienta—. No voy a decir nada. Porque los monstruos como nosotros sabemos guardar secretos, Vancourt.

Liam sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el viento.

—Yo no soy un monstruo —mintió Liam, aunque su mirada decía lo contrario.

—Mientes muy bien —replicó Damien, su pulgar acariciando la tela manchada sobre la herida que ya no existía—. Sonríes para el mundo, pero aquí arriba, cuando crees que nadie te ve, buscas el dolor para sentirte vivo. Tu familia te protege como si fueras cristal, pero tú estás hecho de algo mucho más peligroso.

Damien soltó su muñeca bruscamente.

—¿Por qué me lo dices? —preguntó Liam, tratando de recuperar su compostura.

—Porque me aburro, Liam. En esta universidad de herederos estúpidos, eres el único que tiene algo real en su mirada. Aunque sea un abismo.

Damien se dio la vuelta para irse, pero se detuvo en la puerta.

—Límpiate la sangre antes de bajar. Tus hermanos matarían a media ciudad si ven que te has hecho un rasguño. Y sería una pena que alguien interrumpiera nuestro juego antes de que empiece.

Cuando Damien desapareció, Liam se quedó solo en la azotea. Se miró el brazo. La camisa estaba arruinada, pero debajo, su piel estaba tan perfecta y lisa como la de un muñeco.

Se tocó el pecho, justo sobre el corazón. Latía con una furia que no había sentido en años. Odiaba a Damien Petrov. Lo odiaba porque lo había visto. Había visto al Sujeto 1 a través de la máscara de Liam.

Y lo peor de todo... es que una parte de él, la parte que todavía estaba atada a la camilla de metal en la oscuridad, se sentía reconocida.

Liam sacó su teléfono y vio un mensaje de Lucian: "¿Dónde estás, pequeño? El coche te espera abajo. Papá quiere cenar con todos antes de la gala".

Liam suspiró, se limpió los restos de sangre con un pañuelo de seda y se colocó la chaqueta para ocultar la mancha. Se miró en el reflejo de la pantalla del teléfono y practicó su sonrisa.

Una curva perfecta. Unos ojos brillantes. Una mentira impecable.

—Aquí voy, hermanos —susurró para sí mismo—. El pequeño y perfecto Liam está de vuelta.

Pero mientras bajaba las escaleras, la mirada ámbar de Damien seguía grabada en su mente, como un fuego que amenazaba con quemar todo el bosque de secretos que había construido a su alrededor. El juego había comenzado, y Liam no sabía si su capacidad de regeneración sería suficiente para sobrevivir a lo que venía.

Porque la venganza que planeaba contra los que lo crearon era una llama oscura, pero Damien... Damien era el incendio que podía consumirlo todo.

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