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Capítulo 383

مؤلف: Ámbar O.
—Pero Bianca, me duele mucho, siento que me voy a morir.

Vanessa lloraba con un dolor desgarrado, y entre sollozos roncos preguntó:

—Si yo no hice nada malo, ¿por qué todos me tratan así? ¿Por qué?

Sentía como si le estuvieran desgarrando el corazón. La sensación de entumecimiento se había ido, y esos dolores mordían ahora como fieras cada rincón de su cuerpo.

A Bianca se le partía el alma y al mismo tiempo tenía miedo, miedo de que no aguantara.

—Están ciegos, no es culpa tuya.

Bianca trataba d
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  • El Arquitecto De Mi Refugio   Capítulo 410

    Rafael llevaba el saco colgado del brazo, vestido solo con pantalón negro y camisa blanca. Esa cara, mirara cuanto la mirara, seguía siendo igual de apuesta y arrebatadora.Hasta su porte conservaba esa distinción afable y elegante, como una brisa despejada bajo la luna.Pero Vanessa ya no era capaz de seguir admirándolo.Lo único que quería era alejarse lo más posible.—No tengo hambre.—¿No tienes hambre?Vanessa le clavó una mirada despectiva.—Así es. Con verte se me quitó el apetito.Lo rodeó y se fue.Rafael se giró y contempló como su figura se desdibujaba en la distancia. De sus labios escapó una media sonrisa.Daniel y Ricardo llegaron al mismo tiempo.Ricardo vio a Vanessa salir sola y, tras un instante de estupefacción, se apresuró a saludarla.—Señora...Vanessa quiso corregirlo, pero él pasó veloz al lado de Rafael.—Señorita León, ¿qué tal todo? —preguntó Daniel, y lanzó una mirada a Rafael que estaba detrás de ella, como diciéndole sin palabras: “No te hizo nada, ¿verdad

  • El Arquitecto De Mi Refugio   Capítulo 409

    Al verlos, Vanessa sintió una íntima satisfacción.El sentido de ocupar un puesto alto era poder hacer justicia por ellos, y resolver las injusticias que padecían.En ese momento, su determinación por mantener el control del Grupo León se afianzó todavía más.Rafael, parado a un costado, observó aquella mujer firme y segura de sí misma. Sus labios mostraron una sonrisa suave y un destello de alivio cruzó por sus ojos sombríos.Al poco rato, los policías se llevaron a los obreros.Daniel se acercó de prisa, abriéndose paso contra la corriente de gente hasta llegar frente a Vanessa.—Señorita, ¿está bien? En serio que casi me mata del susto. —Daniel no podía con los nervios y la examinaba de arriba a abajo.Vanessa sonrió y negó con la cabeza; dijo que no era nada, solo un raspón en el codo.Rafael, al verla sonreírle a otro, apretó la mandíbula.Se plantó delante de Vanessa y le dijo con voz suave:—Vamos, te llevo al hospital.Vanessa lo miró sin interés y rechazó el ofrecimiento de ta

  • El Arquitecto De Mi Refugio   Capítulo 408

    Daniel, que mantenía el orden abajo, al ver la escena casi se desmayó.—Señorita...Los reporteros apuntaron sus cámaras hacia aquella escena. Sin importar si Vanessa caía o no, sería una noticia explosiva.—¡Vanessa!Rafael reforzó el agarre y la sujetó con toda su fuerza. Por primera vez, el terror asomó al fondo de sus ojos. Esa reacción no se le escapó a Vanessa.Pero su cuerpo se deslizaba sin control hacia abajo. Desde un piso treinta, una caída significaba hacerse pedazos.Aun así, por mucho que tuviera miedo por dentro, Vanessa mantuvo la calma.—Agárrate fuerte. No voy a dejar que te pase nada.Rafael tenía la cara enrojecida y las venas del cuello palpitándole. Giró la cabeza y les gritó a los demás:—¡Vengan a ayudar!Los obreros bloqueaban el paso de los otros y por un momento nadie pudo acercarse. Por suerte, la policía los sometió enseguida; el capitán y Ricardo se abrieron paso entre la multitud y llegaron a tiempo para ayudar a Rafael a jalar a Vanessa hacia arriba.Ell

  • El Arquitecto De Mi Refugio   Capítulo 407

    —¡A esos ricachones no les importa un comino si vivimos o morimos! ¡Son unos empresarios sin escrúpulos! ¡Empújenla! ¡Arriesguémoslo todo contra ellos!A Vanessa le corría un sudor por la espalda. Ese tipo tenía malas intenciones.Pero en ese momento no podía detenerse en eso; solo le quedaba hacer todo lo posible por calmar a los obreros.En eso llegaron Ricardo y Rafael.Apenas bajaron del auto, la prensa se abalanzó hacia él y apuntó las cámaras en su dirección.—¿Un asunto del Grupo León? ¿Qué lo trae aquí, señor Cisneros?—Señor Cisneros, ¿vino en cuanto se enteró por las noticias?—Señor Cisneros, el Grupo León y el Grupo Firax siempre han trabajado juntos, ¿este incidente podría afectar gravemente a Firax?—¿Seguirán cooperando?Los reporteros le acercaban micrófonos y lo acribillaban a preguntas.Rafael mantuvo el semblante sombrío y paseó su mirada sobre ellos.—Si algo llega a pasarle, ustedes serán los asesinos.Tras decirlo, alzó la mirada.Vio a Vanessa retenida por los ob

  • El Arquitecto De Mi Refugio   Capítulo 406

    —¡Así es, hoy nos tienen que pagar! No nos importa lo bonito que hablen. Si hoy no nos dan nuestro sueldo, ¡esto no se acaba aquí!La situación volvió a descontrolarse y resonaron otra vez los gritos ensordecedores de los trabajadores.Mientras tanto.Rafael estaba a punto de llegar a la obra de construcción.Desde el auto, no soltaba el celular: miraba la transmisión en vivo, atento a cada detalle.—¡Más rápido!Rafael apretaba los puños sobre las rodillas, con la mirada clavada en la pantalla y el corazón en vilo. Al ver a Vanessa enfrentando a esa multitud de trabajadores con aspecto tan frágil, sintió un dolor en el pecho que casi le cortaba la respiración.—Dije que más rápido, ¿me escuchas? —Las venas de su cuello se marcaban; la desesperación lo carcomía.Quien manejaba era Ricardo. Apretaba el volante, vigilaba el camino y pisaba el acelerador sin pausa.“¡Por Dios santo!”Ya iba rapidísimo. Venían volando por el camino, quién sabe cuántos semáforos en rojo se habían saltado; p

  • El Arquitecto De Mi Refugio   Capítulo 405

    —Señor, la señora tiene un problema.Rafael levantó la mirada.—¿Qué pasó?Ricardo le explicó entonces con todo detalle el alboroto de los trabajadores y colocó el celular con la transmisión en vivo frente a Rafael.En la transmisión, Vanessa subía sin vacilar hacia la azotea.Rafael puso una expresión tensa, se levantó y salió a toda prisa de la oficina.Ricardo no se atrevió a demorarse y lo siguió hacia la obra de construcción.Del otro lado, Vanessa subió a la azotea acompañada por el capitán de policía y varios de sus hombres.En la azotea había decenas de trabajadores, cada uno sosteniendo una pancarta, con los ánimos encendidos.Al ver aparecer a Vanessa, empezaron a insultarla al tiempo.—¿Por fin te dignas a aparecer? ¡Queremos el dinero de nuestro trabajo! ¿Pueden dormir tranquilos quedándose con lo que es nuestro?—¡Ustedes no son ni personas! ¡Páguennos ya, páguennos!Los trabajadores gritaban sus consignas uno tras otro, con la furia desbordada, como si en cualquier moment

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