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Capítulo 6: El Peso de Ser Útil

Penulis: SoulStory
last update Tanggal publikasi: 2026-09-04 02:29:37

—Lo estás haciendo otra vez.

Kael había venido a visitarla tres veces más en los días desde la inspección de la Inquisidora, siempre breves, siempre cálidas, y hoy la había sorprendido mirándolo del modo en que ella misma se había sorprendido haciéndolo más de una vez, catalogando pequeñas señales que no había querido nombrar. La palidez. El leve temblor en las manos cuando creía que nadie lo miraba. La forma en que a veces se apretaba dos dedos contra la sien, a mitad de una frase, como quien sostiene algo que se le escurrió.

—¿Haciendo qué? —preguntó ella.

—Mirándome como si fuera un rompecabezas que estás tratando de resolver. —Lo dijo con ligereza, pero sus ojos no le hacían juego a esa ligereza—. Te prometo que sólo estoy cansado. La comunión de anteanoche se extendió más de la cuenta.

—Kael. Te sangró la nariz durante las oraciones vespertinas. Vi a los acólitos tratando de ocultártelo.

Su sonrisa flaqueó, apenas, lo suficiente como para que ella viera lo que había debajo. —Pasa a veces. La Madre dice que significa que el vínculo se está profundizando. Que me estoy volviendo un mejor vaso para ella. —Se encogió de hombros, un gesto fácil, practicado—. No es nada por lo que preocuparse.

—Suena exactamente como el tipo de cosa por la que preocuparse.

—Seren. —Su voz se suavizó, y se agachó cerca del borde del foso para quedar más a su altura—. Llevas cinco días con una criatura a la que todo el templo te enseñó a temer, y has decidido que es a él a quien están perjudicando. Entiendo por qué. De verdad. Pero no todo dios que le pide algo a su Guardián es cruel por pedirlo. Algunos de nosotros damos con gusto. —Miró hacia el lobo, que todavía observaba desde las sombras—. No creo que estés equivocada sobre él, necesariamente. Yo mismo he sentido cosas a través de mi propio vínculo que no coinciden con lo que nos enseñan tampoco. Pero cuídate de no empezar a ver cada costo como una crueldad. Algunos costos son simplemente el precio de ser amado por algo más grande que uno mismo.

Ella no tuvo una respuesta para eso, al menos no una que no sonara como una acusación, así que dejó que quedara flotando entre los dos, y Kael, después de un momento, se puso de pie y se despidió con su calidez habitual, dejándola sola con el pensamiento de que acababa de defender lo mismo que lo estaba matando, y no parecía haberse dado cuenta de lo que había hecho.

Esa noche, el nuevo guardia apostado dentro de la puerta del foso vigilaba cada uno de sus movimientos con abierta sospecha, y las protecciones a lo largo de las paredes zumbaban con un filo nuevo, más agudo, que hacía que el aire del foso se sintiera más delgado que antes. Seren se sentó en su lugar de siempre, más cerca del lobo de lo que claramente le gustaba al guardia, y de todos modos desenvolvió el pan que había pasado de contrabando.

—Ahora vigilan todo —dijo en voz baja, partiendo el pan por la mitad—. Hasta esto.

El lobo tomó su porción con cuidado, sin que los dientes le rozaran los dedos, y a través del hilo ella sintió algo que se había ido aclarando con los días, ya no sólo emoción cruda sino algo más cercano a la intención, una voluntad presionando contra los bordes de lo que él podía hacerle sentir.

Cuidado, decía el hilo, no exactamente en palabras, pero ya lo bastante cerca como para que ella lo entendiera como una. Cuidado. Peligro.

—Lo sé —murmuró—. Estoy siendo cuidadosa.

No tú, corrigió el hilo, y por primera vez llevaba algo lo bastante afilado como para sentirse casi como frustración. Él.

Ella siguió la dirección de su mirada, y encontró al guardia observándolos a los dos con una expresión que había cambiado, en el último minuto, de la sospecha a algo más frío. No la miraba a ella. Miraba al lobo, y alargaba la mano, muy despacio, hacia algo en su cinturón.

—No —dijo Seren, poniéndose de pie tan rápido que la capa le chasqueó contra los tobillos—. Sea lo que sea lo que estás por hacer, no lo hagas.

—Disciplina estándar, Guardiana. La bestia muestra señales de agitación. El protocolo exige que un guardia administre una protección correctiva cuando eso ocurre. —La mano del hombre se cerró alrededor de una pequeña vara de hierro en su cadera, grabada con símbolos que zumbaban tenuemente incluso desde el otro lado del foso, y Seren sintió, a través del hilo, todo el cuerpo del lobo ponerse rígido con un miedo tan viejo y tan profundo que no le encontró fondo.

—No está agitado. Está protegiendo. Hay una diferencia.

—Eso no le corresponde determinarlo a usted.

—Me corresponde exactamente a mí determinarlo. Soy su Guardiana. —Se interpuso entre el guardia y el lobo antes de terminar de decidirlo del todo, lo bastante cerca ahora como para ver los símbolos de la protección correctiva brillando tenues y hambrientos en la luz débil—. Tóquelo con eso y voy a reportarle personalmente al Hierofante que un guardia golpeó a un dios vinculado sin causa, frente a su Guardiana, cinco días después de que la Sodalidad advirtiera específicamente a este templo que lo tratara con moderación.

La mano del guardia titubeó sobre la vara.

—Adelante —dijo Seren, más bajo ahora, más firme de lo que se sentía—. Explíquele a Aldric por qué le pareció sensato.

La mandíbula del hombre trabajó, algún cálculo privado desarrollándose detrás de sus ojos, y después de un momento largo dejó caer la mano por completo y retrocedió hacia la puerta sin decir una palabra más, aunque la mirada que le dejó prometía que el asunto no estaba terminado.

Detrás de ella, la respiración del lobo se fue calmando poco a poco, y a través del hilo ella sintió algo nuevo asentarse sobre el miedo que había estado ahí un momento antes. No exactamente alivio. Algo más cercano a la incredulidad, la incredulidad de una criatura que acababa de ver a alguien elegir interponerse entre él y el daño, y todavía no tenía un marco para entender lo que eso significaba.

—Te lo dije —dijo Seren en voz baja, sin darse vuelta—. No me voy a ir.

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