Share

Capitulo 3

Author: Monn Star
last update publish date: 2026-09-15 22:11:44

Caster lo miró con desdén.

—¿Compensarme? —repitió, con un tono gélido—. ¿Puede usted devolverme el tiempo que he perdido? ¿Puede devolverme el momento en que esa mujer me miró con miedo y huyó de mí como si fuera un monstruo?

El gerente tragó saliva.

—¿Una... una mujer?

—Sí, una mujer —gruñó Caster, pasándose una mano por el cabello— La mujer más importante que he conocido en toda mi maldita existencia. Y usted me tuvo aquí, encerrado en esta caja de cartón, mientras ella desaparecía. Así que no, no puede compensarme. Nadie puede.

Los diez minutos siguientes fueron un ejercicio de tortura para Caster. Su lobo arañaba por dentro, aullando por salir a rastrear. Cada segundo era una eternidad. El gerente intentó balbucear más disculpas, ofrecerle agua, café, lo que fuera, pero un gruñido sordo de Caster lo silenció de inmediato.

A los nueve minutos y cuarenta y cinco segundos, la puerta se abrió de golpe. El director regional, un hombre joven y pulcro, entraba secándose el sudor de la frente con un pañuelo.

—Señor Thorne, es un honor, una disculpa inmensa por este... malentendido —farfulló, lanzando una mirada asesina al gerente—. No sabe cuánto lamentamos esta situación. Por favor, acepte nuestras más sinceras disculpas.

—¿Sinceras? —Caster arqueó una ceja—. ¿Sabe lo que es sincero? El miedo que huelo en usted ahora mismo. Eso es sincero. La hipocresía, en cambio, tiene un aroma muy distinto.

El director palideció aún más, si eso era posible.

—Señor Thorne, le aseguro que tomaremos medidas. Lo que usted diga. El gerente será sancionado, por supuesto.

—No me interesan sus sanciones —Caster se levantó, ignorando por completo al director—. Solo quiero irme.

Tomó la caja del portátil de las manos temblorosas del gerente.

—¿Ya puedo irme? —preguntó, su voz un susurro peligroso—. Tengo cosas mejores que hacer.

—¡Por supuesto! Por favor, no se preocupe por nada. Esto no volverá a suceder —aseguró el director, haciéndose a un lado como si Caster fuera un rey.

—Más les vale —murmuró Caster, caminando hacia la puerta.

Antes de salir, se detuvo y miró por encima del hombro al gerente, que parecía a punto de desmayarse.

—Una última cosa —dijo, con una calma helada—. La próxima vez que alguien salga corriendo de su tienda, tal vez debería preguntarse por qué antes de asumir lo peor. A veces, las personas no huyen porque hayan hecho algo malo. Huyen porque tienen miedo. Y el miedo, amigo mío, es el peor de los ladrones. Roba más que cualquier portátil.

Salió de la oficina sin mirar atrás, pero la victoria era ceniza en su boca. Había perdido un tiempo precioso. El rastro de ella estaría casi frío. La furia, contenida y perfectamente cocinada a fuego lento durante todo el suplicio, bullía dentro de él. Necesitaba descargarla.

Sacó el teléfono y marcó otro número. Sonó dos veces antes de que una voz alegre y despreocupada contestara.

—¡Hermano! ¿Conseguiste el portátil de mi preciosa esposa? Te debo una.

—Liam —la voz de Caster era un trueno contenido—. Si tu mujer quiere un maldito portátil, puedes venir tú mismo a comprarlo. Y mientras estés aquí, puedes explicarle al nuevo gerente por qué es una pésima idea acusar a uno de los dueños de robar en su propia tienda.

—Oh, vaya. ¿Pasó algo? —la voz de Liam perdió un ápice de su alegría, volviéndose más cautelosa—. ¿Estás bien?

—¿Pasar algo? —Caster soltó un bufido, caminando a grandes zancadas por el aparcamiento ya más vacío, la caja bajo el brazo—. Pasar algo es quedarme sin vino. Esto fue una humillación grotesca e innecesaria. No entiendo por qué tenemos que pasar por estas... experiencias humanas de m****a, siendo quienes somos. Tenemos empleados para esto. Ejecutivos. ¡Gente a la que pagamos para que sude en los Black Fridays!

Al otro lado de la línea, Liam suspiró, un sonido que Caster conocía demasiado bien: era el suspiro del "tengo que ser el hermano razonable".

—Ya sabes por qué, Caster. Zoey... ella quiere que experimentemos. Que no nos perdamos en la burbuja del dinero y el poder. Que comprendamos la vida de los humanos con los que convivimos.

Esa fue la chispa que incendió la pradera. Caster se detuvo en seco, y su voz bajó a un tono grave y peligroso, cargado de una verdad que rara vez verbalizaban.

—Liam, escúchame bien. Somos cambiaformas. Nuestra sangre es antigua, nuestra naturaleza es otra. Zoey puede ser tu compañera, puede ser humana, y la protegeremos con nuestra vida. Pero debe entender, y tú debes recordarlo, que por mucho que convivamos, por mucho que nos disfracemos de hombres de negocio en trajes caros... no somos humanos. Nuestras reglas son diferentes. Nuestros instintos son más fuertes. Y lo que para ella es una «experiencia», para mí hoy fue un obstáculo que pudo costarme algo... algo irreemplazable.

El silencio al otro lado fue pesado. Finalmente, Liam habló, su voz ahora seria, reconociendo la gravedad bajo la furia de su hermano.

—Lo sé, Caster. Lo sé. ¿Y... pasó algo más? Suenas... alterado. Más de lo normal.

Caster apretó el teléfono con tanta fuerza que la carcasa crujió. El recuerdo de unos ojos aterrorizados detrás de unas gafas, de un aroma que lo poseía, le quemó la garganta.

—Sí —admitió, la palabra saliendo como un rugido ahogado—. Pasó algo. Encontré a alguien. Mi compañera. Estaba allí, en medio de esa maldita multitud, y yo... yo la asusté. Salió corriendo de mí, Liam. Corrió como si yo fuera un monstruo.

—¿Tu compañera? —la voz de Liam se elevó, sorprendida—. ¿Estás seguro? ¿Cómo...?

—La olí —lo interrumpió Caster, con una mezcla de reverencia y desesperación en la voz—. La olí y supe que era ella. No hay duda. Pero ahora no sé dónde está. No sé su nombre. No sé nada, excepto que la perdí por culpa de un gerente con complejo de autoridad y una alarma de seguridad.

—Joder, Caster... —Liam soltó un silbido—. Eso es... eso es mucho. ¿Qué vas a hacer?

—Encontrarla —dijo Caster, con una determinación férrea—. Voy a encontrarla. Y necesito resolverlo. Ahora. Cuida de tu mujer, Liam. Y hazme el favor de recordarle nuestro lugar en este mundo, antes de que su próximo capricho «humano» le cueste a alguien más que un momento de incomodidad.

—Caster, espera—

Cortó la llamada. Se quedó solo en la fría noche del aparcamiento, el olor a asfalto y gasolina reemplazando al dulce aroma que anhelaba. Su lobo, ahora en calma pero no satisfecho, observaba. Caster alzó la nariz al viento, desesperado por captar una última nota, un hilo que seguir.

—¿Dónde estás? —susurró al viento, como si la noche pudiera responderle— ¿Quién eres?

Había perdido tiempo. Había tenido que rebajarse. Había tenido que recordarle a su propio hermano quiénes eran en realidad.

Pero una cosa era clara: la caza, la verdadera, apenas acababa de comenzar.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • El Regalo que no Pedi. El Aroma de un Milagro   Capitulo 6

    CarterEl olor a limpieza industrial y miedo humano de la oficina del gerente aún le colgaba de la ropa, pero debajo, persistente como un latido fiel, estaba su aroma. El de ella. Un hilo dorado en la oscuridad del aparcamiento, una sinfonía de vainilla silvestre, lluvia en tierra seca y algo único, inconfundiblemente suyo, que le llamaba con una fuerza que le hacía temblar los músculos.Caster caminaba con movimientos fluidos y silenciosos, una sombra entre los coches, siguiendo ese rastro. No debería estar haciendo esto. Cada paso era una traición a la promesa que se hizo a sí mismo hacía décadas. No quería una compañera. No quería ese dolor desgarrador, esa vulnerabilidad que te ataba el alma a otra persona solo para que pudieran romperla.Su mente intentó, como siempre, sepultar esos recuerdos. Los había empujado a lo más profundo y oscuro de su psique, a una bóveda sellada donde ni siquiera su hermano Liam, ni su mejor amigo Ethan, habían podido llegar. Eran suyos. Su cruz, su ci

  • El Regalo que no Pedi. El Aroma de un Milagro   Capitulo 5

    Y lo haría. Después de recoger los pedazos de su futuro, cuidadosamente planeado y brutalmente destrozado.—No me rendiré —murmuró, con una determinación que nacía de la pura desesperación—. No voy a dejar que él gane. No voy a dejar que ningún hombre vuelva a destruirme.Pero eso significaba cuatro años más. Dos de investigación, dos de escritura. Y mientras tanto, algún hijo de puta estaría disfrutando del trabajo que era suyo por derecho, del futuro que le había robado.Con un suspiro que salió como un gemido, Faith sacó por fin las llaves. La oscuridad del aparcamiento las hacía invisibles, y maldijo en silencio. Haber perdido ese ordenador era un golpe brutal. No solo lo quería; lo necesitaba con una urgencia que le dolía en el pecho. Para buscar trabajo, para escribir, para reconstruir su vida desde los cimientos. La oferta del Black Friday había sido su única tabla de salvación. Y se le había escurrido entre los dedos.—¡Maldita sea! —masculló, golpeando el techo del coche con

  • El Regalo que no Pedi. El Aroma de un Milagro   Capitulo 4

    Faith Scott salió de la tienda como si las paredes ardieran tras ella. No caminaba, huía. Un pánico irracional, una urgencia primitiva, aceleraba sus pasos y le hacía el corazón golpear contra las costillas. No sabía exactamente por qué, pero algo dentro de ella gritaba que se alejara.Temblaba, y no por el frío nocturno del aparcamiento, sino por una anticipación visceral que le erizaba la piel. Sacudió la cabeza, tratando de despejar el caos de su mente mientras sus ojos escudriñaban la oscuridad buscando su destartalado coche. Pero no podía borrar la imagen que se le había grabado a fuego: Él.Ojos de un azul zafiro que parecían perforarla. Pelo negro como la noche, cortado con una elegancia rebelde que encajaba a la perfección con un rostro esculpido por los dioses. Y ese cuerpo… ancho, poderoso, hecho para el pecado y para dominar cualquier espacio. Vestido con un traje impecable (aunque sin corbata, un detalle de rebelde descuido que resultaba absurdamente atractivo) había sido…

  • El Regalo que no Pedi. El Aroma de un Milagro   Capitulo 3

    Caster lo miró con desdén.—¿Compensarme? —repitió, con un tono gélido—. ¿Puede usted devolverme el tiempo que he perdido? ¿Puede devolverme el momento en que esa mujer me miró con miedo y huyó de mí como si fuera un monstruo?El gerente tragó saliva.—¿Una... una mujer?—Sí, una mujer —gruñó Caster, pasándose una mano por el cabello— La mujer más importante que he conocido en toda mi maldita existencia. Y usted me tuvo aquí, encerrado en esta caja de cartón, mientras ella desaparecía. Así que no, no puede compensarme. Nadie puede.Los diez minutos siguientes fueron un ejercicio de tortura para Caster. Su lobo arañaba por dentro, aullando por salir a rastrear. Cada segundo era una eternidad. El gerente intentó balbucear más disculpas, ofrecerle agua, café, lo que fuera, pero un gruñido sordo de Caster lo silenció de inmediato.A los nueve minutos y cuarenta y cinco segundos, la puerta se abrió de golpe. El director regional, un hombre joven y pulcro, entraba secándose el sudor de la f

  • El Regalo que no Pedi. El Aroma de un Milagro   Capitulo 2

    Ceder fue una agonía. Permitió que los guardias lo llevaran de vuelta al local, retrocediendo paso a paso, cada uno una derrota. Pero no podía apartar la mirada del punto donde ella había desaparecido. Necesitó emplear toda su fuerza, cada gramo de voluntad, para no soltarse y salir corriendo tras ella, para no tomarla, morderla y marcar su piel hasta que nadie dudara quién era su dueño.Un temblor violento lo recorrió, causado por la distancia física que se abría como un abismo entre ellos. Respiró hondo, y su aroma aún impregnaba el aire a su alrededor, persistiendo en su piel, consumiéndolo. Sabía, por experiencia amarga, que esa locura no lo abandonaría. Era peor esta vez. Más intensa, más visceral.Las únicas cosas que lo retenían eran su humanidad y una emoción igual de poderosa: el miedo. El miedo era un gran motivador. El problema era que no solo su lobo la deseaba. Él, Caster, cada célula de su cuerpo de hombre, la anhelaba, dolía por ella. Y no estaba seguro de que solo el m

  • El Regalo que no Pedi. El Aroma de un Milagro   Capitulo 1

    Caster odiaba la Navidad.No era un simple desagrado por la temporada, ni siquiera esa ambivalencia cortés que mostraban algunos. No. Era una aversión total, una repugnancia absoluta hacia todo lo rojo, verde o con forma de muérdago. Si dependiera de él, hibernaría desde finales de octubre hasta que el calendario confirmara, con alivio, que era 2 de enero. Gracias a Dios, después del primero, el mundo volvía a su gloriosa normalidad: gente egoísta, calculadora y grosera, tal y como la prefería. Nada de sonrisas falsas ni villancicos por doquier.Sus hermanos y su mejor amigo, Ethan, lo llamaban "el Grinch" o "el Oso Gruñón" durante estas fechas. Él no quería amargarles la fiesta (bueno, no mucho); solo deseaba que terminara. Por desgracia, apenas era noviembre, el día después de Acción de Gracias. Black Friday. El día en que esa misma gente, "llena del espíritu navideño", se pisotaba por un televisor con descuento. ¿Qué demonios tenía de especial esa tortura anual? Jamás lo entendería

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status