Share

Capitulo 4

Author: Monn Star
last update publish date: 2026-09-15 22:12:30

Faith Scott salió de la tienda como si las paredes ardieran tras ella. No caminaba, huía. Un pánico irracional, una urgencia primitiva, aceleraba sus pasos y le hacía el corazón golpear contra las costillas. No sabía exactamente por qué, pero algo dentro de ella gritaba que se alejara.

Temblaba, y no por el frío nocturno del aparcamiento, sino por una anticipación visceral que le erizaba la piel. Sacudió la cabeza, tratando de despejar el caos de su mente mientras sus ojos escudriñaban la oscuridad buscando su destartalado coche. Pero no podía borrar la imagen que se le había grabado a fuego: Él.

Ojos de un azul zafiro que parecían perforarla. Pelo negro como la noche, cortado con una elegancia rebelde que encajaba a la perfección con un rostro esculpido por los dioses. Y ese cuerpo… ancho, poderoso, hecho para el pecado y para dominar cualquier espacio. Vestido con un traje impecable (aunque sin corbata, un detalle de rebelde descuido que resultaba absurdamente atractivo) había sido… impactante. Esa era la palabra. Y su propia reacción ante él había sido un terremoto de sensaciones intensas y confusas.

Pero no fue solo su apariencia de modelo-salvaje-de-portada lo que la había dejado sin aliento. Había algo más. Algo profundo, magnético, que resonó en un lugar oculto dentro de ella, despertando instintos que ni siquiera sabía que tenía. Un llamado silencioso y potente que hizo que cada célula de su cuerpo se pusiera en alerta máxima.

—¿En serio, Faith? —se dijo a sí misma, con una amargura que le quemaba la garganta—. ¿Ya olvidaste en qué charco de miseria te metió el último hombre "impresionante"?

Su último… ¿novio? (si se podía llamar así a un par de semanas de compañía) debería haberla curado de hombres atractivos de por vida. Ahora estaba arruinada, sin trabajo y sin futuro. Todo por un rostro hermoso y una sonrisa encantadora que resultaron ser la envoltura de una serpiente. Y hoy, el golpe final: descubrir que Jan, ese desgraciado, no solo había robado su tesis doctoral, sino que ¡había conseguido el trabajo con el que ella soñaba! La posición en la reserva natural, el fruto de cuatro años de sacrificio en la tundra, ahora llevaba su nombre.

—Cuatro años —murmuró, con los ojos brillantes por las lágrimas contenidas—. Cuatro malditos años. Y él se lleva todo el crédito. Todo.

Las lágrimas nublaron su visión mientras por fin localizaba su coche, un vehículo pequeño y cansado que reflejaba su situación. Apretó con fuerza la bolsa barata que contenía el equipo que tan urgentemente necesitaba, tratando de aferrarse a ese pequeño triunfo en medio del desastre.

Cuatro años. Cuatro años de su vida tirados por el desagüe, robados por un sinvergüenza sin escrúpulos.

Esos años los había pasado como una nómada, siguiendo las huellas del oso grizzly y del lobo gris en Alaska. Grabando comportamientos, analizando interacciones, volcando su alma y su ciencia en esa tesis. Conoció a Jan durante su última expedición. ¿Por qué no había sospechado? ¿Cuándo en su vida un hombre tan deslumbrante se había fijado en la "rata de biblioteca" que era ella?

Era… normal. Unos kilos de más en caderas y trasero que no lograba dominar, unas gafas gruesas que no mejoraban su apariencia, y unos ojos grises que parecían empeñados en mimetizarse con el paisaje. Sin embargo, Jan se le acercó con una seguridad arrolladora, enganchándola con palabras dulces y fingiendo ser un apasionado estudiante de biología de la fauna salvaje. Pasaron semanas juntos en la inmensidad blanca, con él siguiéndola como un cachorro entusiasta, haciéndola sentir vista, por primera vez, por algo más que sus notas.

—Eres increíble, Faith —le había dicho Jan una noche, mientras el fuego crepitaba en la cabaña—. Nunca conocí a alguien tan dedicada. Tan… apasionada.

Ella había sonreído, tontamente, creyendo cada palabra.

—Es solo mi trabajo —había respondido, con las mejillas sonrojadas—. Los osos, los lobos… son mi vida.

—Y yo quiero ser parte de esa vida —había susurrado él, acercándose.

Mentiras. Todo había sido mentiras.

Luego, en su último día, regresó a su rústica cabaña para grabar los hallazgos finales… y encontró el vacío. Su portátil, sus cuadernos de campo, las copias en bruto… todo había desaparecido. Y Jan también. Se había esfumado como el viento entre los pinos, dejando solo un profundo y gélido engaño.

Probablemente estaba demasiado ocupado corriendo de vuelta a la civilización con su botín, ansioso por reclamar el puesto que ella había anhelado. Descubrió después, demasiado tarde, que él también era un estudiante de doctorado, desesperado por esa posición y no dispuesto a sudar cuatro años para conseguirla.

—Debería haberme hecho copias —se reprendió mentalmente, una y otra vez—. Debería haber guardado algo en la nube, algo, cualquier cosa para probar que era mía…

Pero no lo hizo. Y ahora estaba pagando el precio. ¿Quién iba a imaginar que alguien sería lo suficientemente ruin y astuto como para robar una tesis en medio de la nada alaskiana? Su cuenta bancaria se desangraba. Había calculado sus ahorros al milímetro para cubrir los dos años sabáticos que se tomó, contando con ese trabajo al final del túnel. Ahora, el túnel se había derrumbado.

Con un último temblor, Faith abrió la puerta de su coche y se coló dentro, echando el cerrojo con un clic que sonó ridículamente frágil. Respiró hondo, el aire viciado del interior mezclándose con el recuerdo persistente de aquella mirada azul y posesiva. No era solo miedo lo que sentía. Era algo más profundo, más inquietante. Como si, al escapar de él, estuviera corriendo en la dirección equivocada.

—Estás loca, Faith —se dijo, apretando el volante con fuerza—. Completamente loca. Un hombre te mira y ya estás imaginando… ¿qué? ¿Que es tu destino? ¿Tu alma gemela? Por favor. Eso solo pasa en las novelas.

M****a. En este momento, aceptaría cualquier trabajo. Cualquier cosa para detener la hemorragia de sus ahorros, que desaparecían con una velocidad aterradora. Vivía en un apartamento que era poco más que un cuchitril en la parte más fea de la ciudad, enviando solicitudes a diestro y siniestro: puestos temporales, envolver regalos en el centro comercial, lo que fuera. Hasta ahora, solo había cosechado silencio.

—Por favor, Santa —susurró al vacío, mientras las primeras lágrimas cálidas le surcaban las mejillas heladas—. Necesito… un milagro. Un verdadero milagro de Navidad. No un hombre guapo. No un príncipe azul. Solo… algo. Una oportunidad. Una señal. Lo que sea.

Al llegar a su coche, rebuscó con manos temblorosas en el fondo de su bolsa, buscando las llaves. Tendría que empezar de cero. Otro proyecto, otra tesis, otro camino hacia el título de Dra. Faith Scott.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • El Regalo que no Pedi. El Aroma de un Milagro   Capitulo 6

    CarterEl olor a limpieza industrial y miedo humano de la oficina del gerente aún le colgaba de la ropa, pero debajo, persistente como un latido fiel, estaba su aroma. El de ella. Un hilo dorado en la oscuridad del aparcamiento, una sinfonía de vainilla silvestre, lluvia en tierra seca y algo único, inconfundiblemente suyo, que le llamaba con una fuerza que le hacía temblar los músculos.Caster caminaba con movimientos fluidos y silenciosos, una sombra entre los coches, siguiendo ese rastro. No debería estar haciendo esto. Cada paso era una traición a la promesa que se hizo a sí mismo hacía décadas. No quería una compañera. No quería ese dolor desgarrador, esa vulnerabilidad que te ataba el alma a otra persona solo para que pudieran romperla.Su mente intentó, como siempre, sepultar esos recuerdos. Los había empujado a lo más profundo y oscuro de su psique, a una bóveda sellada donde ni siquiera su hermano Liam, ni su mejor amigo Ethan, habían podido llegar. Eran suyos. Su cruz, su ci

  • El Regalo que no Pedi. El Aroma de un Milagro   Capitulo 5

    Y lo haría. Después de recoger los pedazos de su futuro, cuidadosamente planeado y brutalmente destrozado.—No me rendiré —murmuró, con una determinación que nacía de la pura desesperación—. No voy a dejar que él gane. No voy a dejar que ningún hombre vuelva a destruirme.Pero eso significaba cuatro años más. Dos de investigación, dos de escritura. Y mientras tanto, algún hijo de puta estaría disfrutando del trabajo que era suyo por derecho, del futuro que le había robado.Con un suspiro que salió como un gemido, Faith sacó por fin las llaves. La oscuridad del aparcamiento las hacía invisibles, y maldijo en silencio. Haber perdido ese ordenador era un golpe brutal. No solo lo quería; lo necesitaba con una urgencia que le dolía en el pecho. Para buscar trabajo, para escribir, para reconstruir su vida desde los cimientos. La oferta del Black Friday había sido su única tabla de salvación. Y se le había escurrido entre los dedos.—¡Maldita sea! —masculló, golpeando el techo del coche con

  • El Regalo que no Pedi. El Aroma de un Milagro   Capitulo 4

    Faith Scott salió de la tienda como si las paredes ardieran tras ella. No caminaba, huía. Un pánico irracional, una urgencia primitiva, aceleraba sus pasos y le hacía el corazón golpear contra las costillas. No sabía exactamente por qué, pero algo dentro de ella gritaba que se alejara.Temblaba, y no por el frío nocturno del aparcamiento, sino por una anticipación visceral que le erizaba la piel. Sacudió la cabeza, tratando de despejar el caos de su mente mientras sus ojos escudriñaban la oscuridad buscando su destartalado coche. Pero no podía borrar la imagen que se le había grabado a fuego: Él.Ojos de un azul zafiro que parecían perforarla. Pelo negro como la noche, cortado con una elegancia rebelde que encajaba a la perfección con un rostro esculpido por los dioses. Y ese cuerpo… ancho, poderoso, hecho para el pecado y para dominar cualquier espacio. Vestido con un traje impecable (aunque sin corbata, un detalle de rebelde descuido que resultaba absurdamente atractivo) había sido…

  • El Regalo que no Pedi. El Aroma de un Milagro   Capitulo 3

    Caster lo miró con desdén.—¿Compensarme? —repitió, con un tono gélido—. ¿Puede usted devolverme el tiempo que he perdido? ¿Puede devolverme el momento en que esa mujer me miró con miedo y huyó de mí como si fuera un monstruo?El gerente tragó saliva.—¿Una... una mujer?—Sí, una mujer —gruñó Caster, pasándose una mano por el cabello— La mujer más importante que he conocido en toda mi maldita existencia. Y usted me tuvo aquí, encerrado en esta caja de cartón, mientras ella desaparecía. Así que no, no puede compensarme. Nadie puede.Los diez minutos siguientes fueron un ejercicio de tortura para Caster. Su lobo arañaba por dentro, aullando por salir a rastrear. Cada segundo era una eternidad. El gerente intentó balbucear más disculpas, ofrecerle agua, café, lo que fuera, pero un gruñido sordo de Caster lo silenció de inmediato.A los nueve minutos y cuarenta y cinco segundos, la puerta se abrió de golpe. El director regional, un hombre joven y pulcro, entraba secándose el sudor de la f

  • El Regalo que no Pedi. El Aroma de un Milagro   Capitulo 2

    Ceder fue una agonía. Permitió que los guardias lo llevaran de vuelta al local, retrocediendo paso a paso, cada uno una derrota. Pero no podía apartar la mirada del punto donde ella había desaparecido. Necesitó emplear toda su fuerza, cada gramo de voluntad, para no soltarse y salir corriendo tras ella, para no tomarla, morderla y marcar su piel hasta que nadie dudara quién era su dueño.Un temblor violento lo recorrió, causado por la distancia física que se abría como un abismo entre ellos. Respiró hondo, y su aroma aún impregnaba el aire a su alrededor, persistiendo en su piel, consumiéndolo. Sabía, por experiencia amarga, que esa locura no lo abandonaría. Era peor esta vez. Más intensa, más visceral.Las únicas cosas que lo retenían eran su humanidad y una emoción igual de poderosa: el miedo. El miedo era un gran motivador. El problema era que no solo su lobo la deseaba. Él, Caster, cada célula de su cuerpo de hombre, la anhelaba, dolía por ella. Y no estaba seguro de que solo el m

  • El Regalo que no Pedi. El Aroma de un Milagro   Capitulo 1

    Caster odiaba la Navidad.No era un simple desagrado por la temporada, ni siquiera esa ambivalencia cortés que mostraban algunos. No. Era una aversión total, una repugnancia absoluta hacia todo lo rojo, verde o con forma de muérdago. Si dependiera de él, hibernaría desde finales de octubre hasta que el calendario confirmara, con alivio, que era 2 de enero. Gracias a Dios, después del primero, el mundo volvía a su gloriosa normalidad: gente egoísta, calculadora y grosera, tal y como la prefería. Nada de sonrisas falsas ni villancicos por doquier.Sus hermanos y su mejor amigo, Ethan, lo llamaban "el Grinch" o "el Oso Gruñón" durante estas fechas. Él no quería amargarles la fiesta (bueno, no mucho); solo deseaba que terminara. Por desgracia, apenas era noviembre, el día después de Acción de Gracias. Black Friday. El día en que esa misma gente, "llena del espíritu navideño", se pisotaba por un televisor con descuento. ¿Qué demonios tenía de especial esa tortura anual? Jamás lo entendería

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status