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Capítulo 6

Author: Lia Maxwell
last update publish date: 2026-09-30 06:05:41
POV de Hazel

Odette me condujo al pequeño saloncito junto a la cocina, uno que no había visto antes, escondido detrás de una puerta que yo había asumido que era una despensa. Dentro era más pequeño y más cálido que el resto de la posada: un fuego ya encendido aunque yo no había notado a nadie atendiendo, dos sillones gastados frente a frente a través de una mesita baja, una única ventana que daba a un tramo de jardín salvaje de otoño. Se sentía como una habitación construida exactamente para est
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  • El último huésped de la posada maldita    Capítulo 9

    POV de HazelLlegó justo después del anochecer, mientras yo todavía daba vueltas a las páginas arrancadas del libro de cuentas en la mente, medio convencida de que me había imaginado toda la conversación con Odette hasta que oí abrirse la puerta principal abajo.No esperaba a nadie. Por lo que entendía de la extraña aritmética de la posada, los huéspedes no llegaban aquí simplemente de la forma en que podrían hacerlo en cualquier establecimiento ordinario: eran atraídos, tirados, marcados antes incluso de comprender lo que les estaba ocurriendo. Así que cuando bajé las escaleras y encontré a un desconocido de pie en el vestíbulo, la lluvia oscureciendo los hombros de su abrigo, sentí que algo se desplazaba en el aire de la casa misma, una especie de atención que se reunía y que no habría sabido explicar aunque lo intentara.Era alto, lo bastante ancho de hombros como para llenar el umbral a sus espaldas, el cabello oscuro húmedo y peinado hacia atrás, y cuando levantó la vista y me vi

  • El último huésped de la posada maldita    Capítulo 8

    POV de HazelPasé la mayor parte de aquella tarde revisando la habitación de mi abuela como es debido, ya no contenta con dejar el libro de cuentas a medio leer sobre el escritorio mientras esperaba a que otras personas decidieran cuánta verdad yo podía soportar.La habitación no había entregado mucho en mi primer paseo: un chal, un libro sin terminar, los objetos ordinarios de una vida vivida en silencio en un solo lugar durante décadas. Pero no había mirado debajo de las cosas antes. No había abierto el armario, no había comprobado debajo de la tabla del suelo suelta que solo encontré porque pisé mal y sentí que cedía ligeramente bajo mi peso.Debajo de la tabla había una pequeña caja de madera, la tapa pegada por la edad, y dentro de ella, envuelto en un cuadrado de tela desteñida, había un segundo libro de cuentas.Este era más antiguo que el primero, la cubierta de cuero agrietada y suave por el manejo, las páginas del interior llenas de una letra que no era en absoluto la de mi

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    POV de HazelMe quedé dormida en el escritorio pasado medianoche, con la mejilla apoyada sobre una página abierta del libro de cuentas, y me desperté con un tortícolis y la lámpara todavía encendida, el aceite bajo, la llama parpadeando débilmente contra la luz del amanecer que empezaba a filtrarse por las cortinas.El libro de cuentas me dijo menos de lo que esperaba y más de lo que anticipaba. Nombres, fechas, breves anotaciones en una letra que ahora reconocía como la de mi abuela, pequeña e inclinada y presionada con tanta fuerza sobre la página que podía sentir la marca con la yema del dedo. La mayoría de las entradas eran mundanas: números de habitación, preferencias de comida, la contabilidad ordinaria de dirigir una posada. Pero esparcidas entre ellas había otras, marcadas con un pequeño símbolo que no reconocía, un círculo con una línea atravesándolo, siempre junto a un nombre, siempre seguido de una fecha que no aparecía en ningún otro lugar de las demás entradas de aquel hu

  • El último huésped de la posada maldita    Capítulo 6

    POV de HazelOdette me condujo al pequeño saloncito junto a la cocina, uno que no había visto antes, escondido detrás de una puerta que yo había asumido que era una despensa. Dentro era más pequeño y más cálido que el resto de la posada: un fuego ya encendido aunque yo no había notado a nadie atendiendo, dos sillones gastados frente a frente a través de una mesita baja, una única ventana que daba a un tramo de jardín salvaje de otoño. Se sentía como una habitación construida exactamente para este tipo de conversación: el tipo que necesita privacidad, un fuego y algo sólido a lo que aferrarse mientras el suelo se mueve debajo de ti.—Siéntate —dijo, y lo hice, sobre todo porque las piernas ya no se sentían del todo de fiar.No se sentó de inmediato. Se quedó de pie junto al fuego un momento, las manos envueltas la una en la otra, eligiendo las palabras con el mismo cuidado que había usado en cada evasiva desde que llegué, excepto que esta vez, comprendí, el cuidado no estaba destinado a

  • El último huésped de la posada maldita    Capítulo 5

    POV de HazelDecidí conducir hasta el pueblo en mi cuarta mañana, sobre todo para demostrarme a mí misma que todavía podía.No era un recado complicado. Necesitaba compras que Odette no había abastecido, algunas cosas propias en lugar de las extrañas y atentas comidas que seguían apareciendo independientemente de lo que pidiera, y más que eso, necesitaba una hora lejos de los silencios cuidadosos y las frases a medias de la posada. Necesitaba sentarme en mi coche con la radio puesta y no pensar en cláusulas de residencia, ni en los ojos cansados de Warren, ni en la forma en que Owen me había mirado como si yo fuera un fantasma llevando la cara de otra persona.La mañana estaba despejada por primera vez desde que llegué; la niebla se había adelgazado hasta convertirse en una bruma pálida que se pegaba baja a la línea de árboles en lugar de tragar toda la propiedad de golpe. Lo tomé como una buena señal, de forma necia, y salí del camino de grava con algo parecido al alivio.El camino h

  • El último huésped de la posada maldita    Capítulo 4

    POV de HazelLa cena de aquella noche fue la más completa que había tenido la mesa desde que llegué.Odette había puesto seis cubiertos en lugar de tres, y para cuando bajé, la mayoría ya estaban ocupados. Warren me asintió desde su sitio habitual. Mara se sentaba dos sillas más abajo, más callada que nunca, picoteando la comida más que comiéndola. Frente a ellos se sentaban dos personas a las que todavía no había conocido: una mujer de ojos afilados y cansados y un hombre a su lado que no dejaba de mirarla como si esperara permiso para hablar.—Hazel —dijo Odette, dejando un bol delante de mí—, estos son Marguerite y Owen.—Eres la nieta. —Marguerite lo dijo de forma plana, más observación que saludo, su mirada recorriéndome con el tipo de evaluación que se sentía como ser catalogada—. Te pareces a ella. Alrededor de los ojos.—¿Conocías a mi abuela?—Todo el mundo aquí conocía a tu abuela —dijo Marguerite, como alguien que menciona el tiempo, algo corriente, esperado—. Algunos de no

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