Share

Capítulo 5

Author: Siyi Café
Camila se apoyaba en él, con mirada fría y burlona.

Los brazos de ambos casi se tocaban, y los rizos de Camila incluso caían sobre él, estaban en una intimidad indecible.

Un hombre guapo y una mujer bella.

Era una pareja perfecta.

Al ver a Sebastián, los curiosos se dispersaron rápidamente y volvieron a sus tareas.

Sebastián apretó los labios y su mirada rozó el rostro de Lucía:

—¡Pide disculpas!

Daniela se puso las manos en la cintura y apoyó de inmediato:

—¡Sí, pide disculpas!

Paula explicó en voz alta:

—Fue Daniela quien dijo que el puesto de la gerente se consiguió por los hombres, y por eso Lucía...

Sebastián seguía mirando solo a Lucía, sin intención de retractarse.

Lucía apretó los puños una vez más.

Sebastián siempre había despreciado a la madre de Daniela.

¡Lo único que le importaba era Camila!

Y Lucía habló de Camila.

Así que, aunque fuera verdad, aunque la hubiera insultado primero, tenía que disculparse.

Sintió un dolor en el corazón.

Pero, ¿por qué tenía que aguantar esa humillación?

Lucía guardó silencio un momento y de repente sonrió:

—Bueno, lo siento.

Daniela se quedó atónita, no esperaba que Lucía se rindiera tan rápido.

En cambio, Camila se rio con un significado especial.

Lucía llevaba mucho tiempo aferrada a Sebastián sin vergüenza.

¡Seguro que estaría dispuesta a hacer cualquier cosa!

La humillaban y ella sonreía.

¡Qué patética!

Paula sabía que si intervenía en ese momento solo haría que Lucía se sintiera más avergonzada.

Le dolía por ella, pero no le quedó más que retirarse.

Lucía respiró hondo y se acercó a Camila.

—Lo siento, Srta. Valdés.

—Hace un momento, delante de tanta gente, dije que ascendiste por los hombres.

—Decir la verdad es mi culpa, ¡merezco morir!

Camila y Daniela quedaron en silencio.

Sebastián frunció el ceño con fuerza, y una luz afilada brotó de sus ojos.

Como si quisiera matarla con la mirada.

Lucía no se escondió, lo miró directamente:

—¿No es suficiente?

—¿Quieres que grabe esto en video y me disculpe por todo el mundo?

Dicho esto, sin importarle las expresiones de los tres, se dio la vuelta y se fue.

Lo primero que hizo Lucía al salir de la oficina fue renunciar.

Su motivo de renuncia era:

"Mi esposo murió, vuelvo a casa a dar pésame."

Al salir del Grupo Nueve, el sol brillaba espléndido.

Lucía exhaló suavemente un aliento turbio.

En sus ojos no había decepción ni tristeza.

Cuando entró al Grupo Nueve, era para estar más cerca de Sebastián y reparar la relación.

Después de tener a la niña y volver, le faltaba mucho dinero.

Justo conoció a un hombre de familia adinerada dispuesto a comprarle instrumentos.

Es cierto que pudo conseguir tantas ventas gracias a sus contactos.

Pero eran todos contactos de ese hombre.

Luego él se convirtió en su socio y juntos, fundaron una empresa de drones.

En esos años, el negocio creció cada vez más.

Sin darse cuenta, se convirtió en líder del sector.

Ya no dependía de las ventas para mantener a Valentina.

Había otra razón para no irse en estos años.

El médico le había dado dos opciones para la enfermedad de Valentina.

Una de ellas requería la médula ósea de Sebastián.

Aunque era solo una alternativa, no se atrevía a descuidarla.

Más que cuidar a Sebastián estos años, cuidaba su médula ósea.

Ahora Valentina estaba curada, la médula de Sebastián no era más que basura.

Camila le puso a Daniela para fastidiarla, y ella no tenía obligación de quedarse esperando a que la maltrataran.

Lucía llamó a ese hombre:

—Ya renuncié.

—¡Genial!

La persona al otro lado estaba muy emocionada.

—¡Nuestra empresa es cada vez más grande, y hace tiempo que esperamos que la jefa salga a mandar!

Lucía habló un rato con él y acordaron una fecha para verse.

Al colgar, Paula llamó:

—Lucía, el presidente acaba de revisar mis resultados y me devolvió el puesto de directora.

Sebastián nunca había sido un tonto, solo que consentía demasiado a Camila.

Sin ella, Sebastián no haría difícil la vida a los demás.

La animó Lucía:

—¡Ánimo!

Paula dudó un poco:

—¿Dicen que renunciaste? ¿Tu esposo de verdad se murió?

—Sí, mi esposo está bien muerto.

—Por eso tengo que volver rápido.

Lucía miró de reojo y vio a Sebastián de pie no muy lejos con el rostro sombrío.

Antes, con que él frunciera un poco el ceño, ella se ponía nerviosa.

Corría a su lado a halagarlo y disculparse de todas las formas.

Pero ahora, hasta mirarlo un segundo más le parecía una pérdida de tiempo.

Ella colgó.

Pidió un taxi y se fue sin mirar atrás.

***

—Luci, felicidades.

—Igualmente.

Renata arrastró a Lucía a un restaurante con la excusa de celebrar.

—Valentina por fin ha superado lo peor, y podremos verla todos los días.

Renata estaba muy feliz de que Valentina se hubiera curado.

Y Lucía fue más feliz.

Chocaron las copas.

Lucía dijo sinceramente:

—Gracias a tu tío.

—¡Si vas a dar las gracias, dáselas en persona!

Al oír a Renata, Lucía frunció ligeramente el ceño.

Debía agradecérselo en persona.

Pero con solo pensar en la cara de extrema abstinencia de su tío y su frialdad solitaria, Lucía no podía evitar estremecerse.

Desde pequeña no se atrevía a acercarse a ese hombre.

Renata no pudo evitar alabarlo:

—Mi tío es guapísimo, ¡incluso más que Sebastián!!

Lucía no se atrevía a mencionar al tío de Renata y menos quería oír el nombre de Sebastián.

Levantó la copa y bebió de un trago:

—¡A beber!

Un sonido discordante se clavó de repente:

—¡Vaya!

Diego Fuentes, con los brazos cruzados, bajaba las escaleras con una sonrisa burlona.

—¿No decía que era muy digna?

—¡Difamaste a alguien en público y presentaste tu renuncia!

—¿Qué? ¿Tan rápido volviste a arrastrarte?

Diego era amigo de Sebastián y Andrés.

Siempre había despreciado a Lucía y protegido a Camila.

Miraba a Lucía con profundo desprecio en los ojos:

—¿Estás aquí fingiendo ahogar tus penas en alcohol, dando lástima?

—¿De verdad crees que a Sebastián le vas a doler?

Diego señaló hacia arriba:

—Si no me crees, pruébalo.

—Aunque te mueras bebiendo, Sebastián no le vas a importar nada.

Lucía siguió su mirada.

Su vista se topó sin querer con otra mirada fría.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Ella parió sola, tú sin heredero   Capítulo 30

    Al verlo claro, Renata no sabía si reír o llorar.—¡Esta prueba es buenísima!La pulsera tardaría un buen rato en repararse, así que Lucía tuvo que irse por el momento.Originalmente iba a buscar a Hugo para discutir sus ideas, pero con todo este escándalo se le había ido el tiempo y Hugo ya estaba de viaje de negocios.Lucía tuvo que llamarlo por videollamada.—Lucía, tu planteamiento es excelente —dijo Hugo con los ojos brillantes después de escucharla.—Si logramos implementar esta idea, el Grupo Extenso dará un salto a un nuevo nivel.Aunque Lucía sabía que su idea era buena, dijo:—Por precaución, prefiero que el maestro la revise antes.—Tienes razón —respondió Hugo—. Mañana vuelvo y vamos juntos a ver al maestro.—De acuerdo.—Oye, la empresa está expandiéndose y contratando.—Los cazatalentos han recomendado a varios candidatos, pero hay uno sobre el que quiero que tú tomes la decisión.La contratación de talento siempre había sido responsabilidad de Hugo.Si él quería que ella

  • Ella parió sola, tú sin heredero   Capítulo 29

    Lucía apenas probó un par de bocados y apartó la comida.—¿Qué pasa?Se habían criado juntas y eran mejores amigas. Lucía notaba que Renata quería decirle algo.Renata soltó al fin, estaba indignada:—Esa maldita Daniela anda por ahí diciendo que le robaste la herencia de su madre y que le pegaste.—Ya varias personas me han preguntado qué pasó.Lucía ya se lo esperaba, no le sorprendió.—Iba a salir a defenderte, pero Noelia salió en público a disculparse con Daniela.—Dijo que ella había fracasado como madre.—Con esa disculpa, confirmó todo lo que Daniela inventó.Renata se enfurecía más mientras hablaba:—Lucía, voy a buscar a alguien para que les haga una prueba de ADN a esas dos en secreto. —¡Que toda la ciudad sepa que son madre e hija de verdad!—¡Voy a sacar toda la mugre de los Herrera a la luz!—No servirá de nada —negó Lucía con la cabeza.Su abuela ya lo había intentado en su momento, pero los implicados se negaron a reconocerlo.Los Herrera insistieron en que su abuela

  • Ella parió sola, tú sin heredero   Capítulo 28

    Sebastián se volvió hacia el policía:—Soy el esposo de Lucía, acepto la conciliación.—¡Sebastián Duarte! —lo llamó Lucía con voz cortante.Sin dudarlo ni un segundo, Sebastián tomó la pluma y firmó el documento de conciliación.Escribió su nombre con firmeza. La pluma raspaba el papel, pero cada trazo parecía clavarse en el corazón de Lucía.Cuando Sebastián terminó de firmar, el dolor en el corazón de Lucía era tan intenso que sentía que se le partía en mil pedazos.Ella había visto la pulsera que Sebastián guardaba en su armario, la que usó Valentina al nacer.En el fondo, ella creía que él sentía cierto remordimiento por Valentina.¡Pero ese pequeño remordimiento no valía nada frente a Camila y su hija!Lucía podía imaginar que, incluso si le dijera a Sebastián que Valentina seguía viva, él tomaría la misma decisión.Cada vez que Lucía pensaba que Sebastián ya había tocado fondo, él encontraba la manera de ser aún más cruel.Lucía cerró los ojos y gritó con todas sus fuerzas:—¡S

  • Ella parió sola, tú sin heredero   Capítulo 27

    Unos quince minutos después, se oyeron pasos apresurados desde el pasillo afuera de la oficina.Al segundo siguiente, la puerta de la comisaría se abrió de golpe.—¡Camila, me duele mucho! —gimió Daniela apenas vio aparecer a Camila, y se lanzó a sus brazos llorando.Sebastián entró un paso detrás.Lo primero que vio fueron los rasguños en la cara de Daniela, estaban hechos por los fragmentos de la pulsera.No eran heridas profundas, pero sí muchas, y la dejaban con un aspecto lamentable.Y su mirada se desvió hacia Lucía, que estaba más adentro.Ella permanecía sentada en una silla, con la mirada perdida y la expresión ausente.Desde que él entró, ella no le había prestado ninguna atención, como si todos allí fueran invisibles.Camila tocó con ternura el rostro de Daniela:—¿Cómo pasó esto?—¡Fue ella! —señaló Daniela a Lucía.—¡Me pegó, me empujó al suelo y quiso arruinarme la cara!—Srta. Herrera, eres demasiado —dijo Camila, de repente estaba furiosa.—Hace unos días agrediste a la

  • Ella parió sola, tú sin heredero   Capítulo 26

    Al fin y al cabo, no tenía legitimidad ni razón de peso.Aunque Daniela se hubiera criado bajo el título de señorita de los Herrera, cada vez que se paraba frente a Lucía, no podía evitar sentir una profunda inseguridad.Solo podía disipar ese complejo pisoteando a Lucía sin piedad, demostrando así que ella era la superior.Lucía no se movió. La observó con frialdad, como miró a un insecto haciendo el ridículo.Le recordó con tono neutro:—Sea como sea, sigo siendo la esposa legal de Sebastián.—Si te atreves a usar la pulsera para amenazarme, lo estarás insultando a él, y él no lo va a permitir.Por más que Sebastián favoreciera a Camila, sabía distinguir lo que importaba de lo que no.Además, conocía muy bien todas las porquerías que habían hecho Juan y Noelia.Al oír eso, la arrogancia de Daniela se desinfló un poco.Sus dedos, que sostenían la pulsera, se aflojaron.Pero si dejaba ir a Lucía así nomás, se sentiría humillada.Danuela sintió incómoda, no tuvo más remedio que llamar

  • Ella parió sola, tú sin heredero   Capítulo 25

    Lucía era una persona ingrata.Desde que se casó con los Duarte, nunca le había traído ningún beneficio a Juan. En cambio, si Camila se casaba con Sebastián, él sacaría mucho más provecho.Juan estaba seguro de que sus cuentas eran correctas.Daniela agitó la pulsera en el aire:—Esta pulsera barata te la pedí una vez y no quisiste dármela. —Mira, ahora está en mis manos.—Lucía, si piensas obedecer a papá, arrástrate en el suelo para rogar, tal vez, te la devuelva.Lucía apretó los puños.La que ella consideraba como un tesoro invaluable, Daniela la manoseaba como si nada, y Juan ni siquiera la detenía.Peor aún, Daniela la humillaba a propósito, y Juan se quedaba ahí, como un muerto, sin reaccionar.Todo lo que Juan había logrado en la vida se lo debía a Yara.Cuando él estaba en la ruina, a punto de morirse de hambre, Yara le dio de comer y beber.Después, ella pidió dinero a su propia familia para ayudarlo a emprender y le consiguió contactos.Mientras disfrutaba del dinero y los

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status