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Capítulo 145: Secretos de hermanos

last update Veröffentlichungsdatum: 03.11.2026 23:05:41

La tarde había caído sobre la mansión, y el sol se filtraba por los ventanales del salón, tiñendo las paredes de tonos dorados y rosados. Mateo estaba en el suelo, con Leo encima de su espalda, fingiendo ser un caballo desbocado que galopaba por las llanuras de un reino imaginario. Leo reía a carcajadas, con las manos aferradas al cuello de su padre y las piernas alrededor de su cintura.

—¡Más rápido, papá! ¡Más rápido! ¡El dragón nos persigue!

Mateo aceleró el paso, y Leo soltó un grito de ale
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  • Usada por el CEO: Ahora él ruega mi perdón.   Capítulo 147: Un lugar en el mundo

    Cuando terminaron, Victoria se dejó caer sobre su pecho. Ambos estaban sudorosos y sin aliento. Mateo la abrazó con una fuerza que casi dolía. Le acarició la espalda con movimientos lentos, como si estuviera calmando a un animal asustado. Victoria cerró los ojos. Podía oír el corazón de Mateo latiendo contra su oído. Estaba acelerado. Poco a poco, se fue calmando.—¿Estás bien? —preguntó él.—Sí. Mejor que bien.Mateo rió. Fue una risa baja, cansada.—Creo que esta vez hemos hecho más ruido del necesario.Victoria se incorporó lo justo para mirarlo.—¿Crees que Marta haya escuchado?—Marta tiene el sueño pesado. Y Leo duerme como un tronco. Y Álex... bueno, Álex ya es mayor.Victoria se dejó caer de nuevo sobre su pecho.—Qué vergüenza.Se quedaron así, en silencio, hasta que la respiración de ambos se volvió lenta y pesada. La luna se asomó por la ventana y dibujó una línea de luz sobre la cama. Victoria cerró los ojos. Por primera vez en mucho tiempo, no sintió la necesidad de vigil

  • Usada por el CEO: Ahora él ruega mi perdón.   Capítulo 146: Un nuevo comienzo

    La noche cayó sobre la mansión y el silencio se instaló en los pasillos. Las lámparas de luz tenue dibujaban sombras alargadas en las paredes. Olía a jazmín y a madera vieja. Leo se frotaba los ojos con sueño mientras Victoria lo llevaba de la mano hacia su habitación.—Mamá —dijo el niño, con la voz arrastrada—. ¿El tío Álex se queda a dormir?—Sí, mi amor. Esta noche y muchas más.—¿Y mañana puedo jugar con él otra vez?Victoria sonrió y le acarició el pelo.—Mañana, y pasado mañana, y todos los días que quieras. Ahora duerme. Que ya es tarde.Lo acostó con cuidado. Le puso la manta hasta el pecho. Le dio un beso en la frente y se quedó un momento mirándolo. El niño cerró los ojos y su respiración se volvió lenta. Victoria salió de la habitación sin hacer ruido.En el pasillo se encontró con Mateo. Venía de mostrarle a Álex su nuevo cuarto. La habitación estaba en el ala oeste. Era amplia, con una cama grande y un armario de madera oscura. Había una ventana que daba al jardín y un e

  • Usada por el CEO: Ahora él ruega mi perdón.   Capítulo 145: Secretos de hermanos

    La tarde había caído sobre la mansión, y el sol se filtraba por los ventanales del salón, tiñendo las paredes de tonos dorados y rosados. Mateo estaba en el suelo, con Leo encima de su espalda, fingiendo ser un caballo desbocado que galopaba por las llanuras de un reino imaginario. Leo reía a carcajadas, con las manos aferradas al cuello de su padre y las piernas alrededor de su cintura.—¡Más rápido, papá! ¡Más rápido! ¡El dragón nos persigue!Mateo aceleró el paso, y Leo soltó un grito de alegría que resonó en toda la casa. Victoria los observaba desde el sofá, con una sonrisa en los labios y una taza de té entre las manos. Álex estaba sentado a su lado, con una expresión de asombro que no podía ocultar.—Es increíble —dijo Álex, con voz suave—. Nunca lo había visto así. Tan... feliz.—Mateo es un buen padre —respondió Victoria, con una sonrisa—. Y Leo lo adora. No hay nada que lo haga más feliz que pasar tiempo con él.—Se nota. Y tú... tú también te ves feliz. Diferente. Más tranq

  • Usada por el CEO: Ahora él ruega mi perdón.   Capítulo 144: Sorpresa para el alma

    La mañana amaneció con un cielo despejado y un sol que prometía un día largo. Mateo abrió los ojos lentamente, sintiendo que el sueño se desvanecía como una niebla. Por un momento, no recordó dónde estaba. Solo sentía el calor de unas sábanas limpias, el aroma a café recién hecho y el silencio tranquilo de un apartamento que no era el suyo. Giró la cabeza y vio a Álex, que ya estaba despierto, sentado en el borde de la cama con una taza de café entre las manos y la mirada perdida en la ventana.—Buenos días —dijo Mateo, con voz ronca.Álex se giró, y una sonrisa nerviosa se dibujó en sus labios.—Buenos días. ¿Dormiste bien?—Mejor que en el hotel. Este apartamento es muy cómodo. —Es gracias a ti. Tú lo elegiste. Tú lo pagaste. Todo es gracias a ti.Mateo se incorporó y se estiró, sintiendo que los músculos le dolían ligeramente por la noche en un colchón distinto. Se levantó, caminó hacia la cocina y se sirvió una taza de café. El apartamento era luminoso y acogedor, con ventanales

  • Usada por el CEO: Ahora él ruega mi perdón.   Capítulo 144: El secreto mejor guardado

    La mañana en el hotel amaneció con un cielo gris y una lluvia fina que golpeaba suavemente los ventanales. Mateo se levantó temprano, se duchó con agua fría y se vistió con ropa cómoda, sin traje, sin corbata. No era un día para negocios. Era un día para la familia. Guardó sus cosas en la maleta, tomó el teléfono y se dirigió hacia la puerta. Pero antes de que pudiera abrirla, escuchó un golpe suave.Se detuvo, y una sombra de fastidio cruzó su rostro. Sabía quién era. Lo sabía antes de abrir. Y cuando la puerta se abrió, allí estaba Angela, con un vestido de viaje impecable y una sonrisa que pretendía ser encantadora.—Buenos días, Mateo —dijo, con voz suave—. ¿Listo para volver a casa?—Buenos días —respondió él, con voz fría—. Sí. Pero no voy a volar aún. Tengo algo pendiente.Angela arqueó una ceja, y en sus ojos verdes brilló una chispa de curiosidad.—¿Algo pendiente? ¿Qué clase de algo pendiente?—Es personal. No te incumbe.—Vamos, Mateo. No seas así. Después de todo lo que he

  • Usada por el CEO: Ahora él ruega mi perdón.   Capítulo 143: La venganza de una mujer despechada

    Angela cerró la puerta de su habitación con un golpe tan fuerte que el eco resonó en todo el pasillo. Su rostro, normalmente calculador y sereno, estaba enrojecido por la rabia. Sus manos temblaban mientras se quitaba el vestido y lo lanzaba contra la pared. Nadie la había rechazado nunca. Nadie había tenido el descaro de mirarla con frialdad y decirle que no. Ni siquiera los hombres más poderosos, los más ricos, los más guapos, se habían resistido a sus encantos. Pero Mateo Beltrán lo había hecho. Y eso, para Angela, era una afrenta imperdonable.—¿Quién se cree que es? —murmuró, caminando de un lado a otro de la habitación—. ¿Quién se cree que es para rechazarme a mí? ¿A mí?Se detuvo frente al espejo y se miró. Su cuerpo era perfecto. Su rostro era hermoso. Su cabello era sedoso. Tenía todo lo que un hombre podía desear. Y sin embargo, Mateo la había mirado como si no valiera nada. Como si no fuera más que un insecto. Como si su belleza no significara nada para él.—Me las va a pag

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