로그인CAPÍTULO 77: Confesiones a ciegasVALENTINAEl reloj digital sobre mi escritorio marcaba las nueve y cuarenta y cinco de la mañana. Me resultaba muy raro, por no decir completamente alarmante, que Laura no hubiera llegado a la oficina hoy.Estaba a punto de levantar el auricular del teléfono para intentar nuevamente contactarla, cuando escuché dos golpes firmes y secos en la puerta de madera.Solté un suspiro de alivio absoluto.—¡Adelante! —dije en voz alta, acomodándome en el sillón ejecutivo, preparándome para soltarle un sermón sobre la importancia de avisar cuando se llega tarde.La puerta se abrió lentamente, pero no fue el repiqueteo de los tacones de mi asistente lo que resonó sobre el suelo de porcelanato. —Germán —lo saludé, ocultando mi decepción—. ¿A qué debo el honor de tu visita hoy? Pensé que estarías lidiando con la junta directiva y los inversores asiáticos.Él no sonrió ante mi broma. Se acercó a paso lento hasta detenerse frente a mi escritorio. Plantó ambas manos
CAPÍTULO 76: Puertas que no se cierranVALENTINA—Me di cuenta a tiempo que no íbamos a funcionar —me dijo con soberbia.Sus palabras fueron directas. No hubo titubeos. Lo dijo con la arrogancia de quien toma una decisión y no mira atrás. Y no necesita validación de nadie. Bajé la vista hacia mi pequeña taza de cerámica.—Ojalá me hubiese dado cuenta de eso mismo yo también —le respondí, con la voz apenas por encima de un susurro, arrastrando las palabras cargadas de una melancolía que no pude disfrazar.Pensé en Miguel. Pensé en los años de matrimonio. Pensé en las alertas que ignoré, en la forma en que permití que mi propia voz se apagara. Lucas descruzó los brazos y se inclinó hacia mí. Extendió la mano sobre la mesa y tomó la pequeña jarra de sake tibio, sirviendo un poco más en mi taza y luego en la suya.Levantó su bebida, buscando mis ojos en la penumbra del restaurante.—Por los nuevos comienzos, Valentina —brindó, con una voz profunda que vibró en el aire—. Al fin y al cabo
CAPÍTULO 75: El primer acercamientoLUCASFinalmente, el teléfono vibró en mi mano.«Aún no lo sé. Quiero que cenemos juntos esta noche.»Valentina no estaba jugando conmigo; simplemente estaba siendo honesta.«Está bien, quiero esperarte», tecleé con rapidez, sintiendo que un peso inmenso se desprendía de mi pecho. «¿A las 7:30 en el pasillo?»«Perfecto», fue su única respuesta.A las 7:25 ya estaba listo, caminando de un lado a otro en mi sala. A las 7:27, la impaciencia me ganó. Caminé hacia la puerta y la abrí.En el exacto milísegundo en que mi puerta se abrió hacia el pasillo, escuché el clic de la cerradura electrónica de enfrente. Valentina estaba abriendo su puerta al mismo tiempo.Nuestras miradas se cruzaron en medio de la luz cálida del pasillo y el tiempo pareció detenerse.Estaba arreglada para la ocasión, y decir que iba hermosa sería un insulto a la realidad. —Sincronización perfecta —murmuré, incapaz de apartar la vista de ella mientras cerraba la puerta de mi depart
CAPÍTULO 74: Cuál es el plan?VALENTINA—Cancelaste el juego por mi culpa —murmuré, sintiendo que un nuevo nudo se formaba en mi estómago—. Era un juego de fútbol, ¿verdad? Germán odia que le cancelen a última hora. El equipo va a quedar incompleto y se va a pasar toda la semana de un humor de perros.Lucas se apoyó cómodamente contra el marco de la puerta, cruzando los tobillos y metiendo las manos en los bolsillos de sus pantalones. Me observó durante un largo momento, dejando que el silencio se estirara, deleitándose un poco con mi estado de nerviosismo absoluto. No me respondió de inmediato, lo que solo aumentó mi ansiedad.—No —respondió al fin, con una calma exasperante—. Íbamos a jugar al pádel, Valentina. Es un deporte de a dos o de a cuatro, no un equipo de once. Y conociendo a tu hermano, seguro encontrará otro compañero o compañera en el club para descargar su furia golpeando la pelota contra la pared. No te preocupes por Germán, su ego se recuperará.Solté un suspiro de al
CAPÍTULO 73: Un juego canceladoLUCAS—No, no, no. Lucas, escúchame bien —murmuró, moviendo las manos con una desesperación contenida, señalando frenéticamente hacia el pasillo—. Ni se te ocurra mover un solo músculo. Pidiéndote, exigiéndote que no abras esa puerta por nada del mundo.La observé con una mezcla de fascinación y absoluta diversión. Su cabello seguía ligeramente alborotado por la noche de tragos, y el contraste entre su ropa de diseñador arrugada y su evidente pánico fraternal resultaba extrañamente adorable.—Valentina, tranquila, respira —le respondí, manteniendo mi tono de voz normal, lo que provocó que ella me lanzara una mirada fulminante y me hiciera un gesto universal con el dedo índice sobre los labios para que me callara—. Somos grandes. Los dos somos adultos con vidas independientes. Tu hermano no es tu tutor legal. Solo dile la verdad: que tuviste un problema ayer por la noche, que el sistema de seguridad bloqueó tu cerradura y que, como cualquier persona sens
CAPÍTULO 72: Resaca, bloqueos y el reloj implacableVALENTINAEstoy soñando plácidamente. No logro distinguir con exactitud los detalles del paisaje que me rodea, pero la brisa es cálida y hay una sensación de ligereza en mi pecho que no había experimentado en años. Sé, con la certeza que solo los sueños otorgan, que es un momento inmensamente feliz. No hay demandas, no hay exmaridos resentidos, no hay holdings corporativos que salvar. Solo paz.Hasta que, de manera abrupta, una luz intensa y dorada se filtra a través de mis párpados cerrados, apuñalando mis retinas y dejándome virtualmente ciega.Abro los ojos de repente, soltando un quejido ronco mientras levanto una mano para protegerme del sol inclemente. Mi cabeza palpita al ritmo de un tambor tribal, un latido sordo y constante justo detrás de mis sienes. Parpadeo varias veces, intentando que mis ojos se adapten a la luminosidad de la habitación.Dejo caer la mano sobre el colchón y mis dedos se hunden en unas sábanas de algodón







