ANMELDENMateo había sentido algo por Valeria antes de que Nicolás Ferrer apareciera en su vida.Nunca lo había dicho en voz alta. Durante años tampoco tuvo necesidad de nombrarlo. Habían trabajado juntos, discutido proyectos, compartido cafés demasiado tarde y alguna cena de equipo. Valeria tenía veintiuno, luego veintidós. Mateo veinticinco, veintiséis. Ella era brillante, impaciente y peligrosamente determinada a demostrar que merecía cada espacio que ocupaba.A Mateo le gustaba.No hizo nada.No porque hubiera una tragedia secreta ni porque Esteban se opusiera. En ese momento Valeria estaba construyendo una carrera dentro de Sanz, él trabajaba con varios grupos y la mezcla le parecía innecesariamente complicada. Después apareció Nicolás. Valeria eligió y Mateo respetó esa elección con tanta eficacia que terminó convenciéndose de que aquella atracción había sido una curiosidad menor.Aurora estaba desmontando esa versión cómoda del pasado.Sentado frente a unos números, la directora de inve
Nicolás descubrió que los celos eran mucho más difíciles de manejar cuando el otro hombre no hacía nada reprochable. Mateo no tocaba a Valeria en reuniones. No utilizaba confianza personal para imponer condiciones. No interrumpía cuando ella hablaba y, lo que resultaba más irritante, tampoco fingía deferencia.La contradecía, y Valeria parecía disfrutarlo.Durante la sesión de financiamiento de Aurora, Arce presentó una posible estructura para Sanz. Ferrer estaba allí porque el operador había pedido conocer alternativas de capital de los equipos preseleccionados. Mateo explicó su propuesta con claridad y luego Valeria desmontó una cláusula frente a todos.—No aceptamos veto sobre presupuesto operativo ordinario.—No es ordinario si supera el umbral.—Tu umbral es demasiado bajo.—El tuyo permite que el proyecto cambie de naturaleza antes de que podamos intervenir.—Entonces cambia la definición de naturaleza, no me pidas permiso para comprar sábanas.Varias personas rieron.Mateo tamb
La primera vez que Nicolás intentó anticiparse a Valeria en Aurora, ella lo detuvo con una mirada.—No.Nicolás se quedó con la carpeta a medio abrir.—Ni siquiera he hablado.—Ibas a pedir que cambien el orden de la visita porque sabes que odio revisar habitaciones antes de áreas de servicio.Él la observó.—Es más eficiente.—Para mí.—Sí.Valeria tomó el itinerario de la coordinadora del operador internacional.—Entonces déjalo.La mujer que organizaba la visita miró de uno a otro, confundida.Nicolás cerró la carpeta.—De acuerdo.Era el segundo recorrido técnico de Aurora y, por una decisión logística que Valeria sospechaba diseñada para ahorrar tiempo, Ferrer y Sanz compartirían parte de la agenda. Dos meses atrás, Nicolás habría cambiado el orden sin pensar. Durante años, ella habría aceptado y agradecido que él recordara su preferencia.Ahora la misma acción tenía otro peso.—No es que no quiera que recuerdes cosas —dijo Valeria mientras caminaban hacia el ala de servicio.—En
Valeria debería haber pensado en el acceso vial de Aurora.Pensó en la mano de Nicolás sosteniendo su casco.La irritó de inmediato.No porque el gesto hubiera sido íntimo. Precisamente porque no lo fue. Había durado segundos, había tenido una explicación práctica y ninguno de los dos había hecho nada con él. Aun así, su cuerpo había reconocido la cercanía antes de que su mente pudiera etiquetarla como irrelevante.Nueve años de memoria no desaparecían con una firma.A las siete y media de la mañana estaba en una sala de Sanz revisando el informe técnico. Gabriel hablaba de la carretera provisional. Lucía cuestionaba cómo el paseo costero podía mantener identidad local si el operador internacional imponía una estética estándar. Valeria escuchaba, tomaba notas y seguía viendo por momentos los dedos de Nicolás alrededor del casco blanco.—¿Estás conmigo? —preguntó Lucía.—Sí.—Entonces dime qué acabo de decir.Valeria cerró el bolígrafo.—Que si aceptamos el manual internacional sin exc
Nicolás llegó al terreno costero de Aurora convencido de que la visita sería técnica. A las once de la mañana estaba sosteniendo el casco de Valeria mientras ella se ajustaba una correa rota y comprendió que su capacidad de autoengaño seguía siendo considerable.—Puedo sostenerlo yo —dijo ella.—Tienes las dos manos ocupadas.—Eso nunca te detuvo para asumir que podía hacer tres cosas a la vez.Nicolás la miró. Valeria levantó una ceja.—Era un chiste.—Estoy recalibrando.—Se nota.Le devolvió el casco cuando terminó. El contacto de sus dedos fue mínimo. Bastó para que Nicolás recordara demasiadas cosas al mismo tiempo: manos buscando las suyas debajo de una mesa, Valeria ajustándole la corbata antes de una cena, noches en que ella dormía con la palma abi
La primera pregunta del comité de Aurora fue directamente al punto débil de Sanz.—Su modelo asume una ocupación estabilizada superior a la media regional. ¿Por qué deberíamos creerla?Valeria no miró la diapositiva. Conocía el número.—No deberían creerla porque está en una presentación. Deberían creer el escenario conservador, que es el que usamos para decidir si entramos.Cambió a la siguiente lámina. La ocupación bajó seis puntos y la rentabilidad seguía sobre el mínimo exigido por el directorio.—El escenario alto explica potencial. Este explica por qué no necesitamos que todo salga perfecto.Uno de los representantes del operador internacional asintió. Al fondo de la sala, Nicolás tomó una nota. La sesión conjunta reunía a los tres grupos presele







