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Capítulo 8

Auteur: Noorie
Ethan permaneció inmóvil mientras las palabras de la doctora como doce semanas, pequeño milagro, resonaban en las profundidades de su ser. En su afán por hallar algún vínculo con ella, Ethan comenzó a registrar el cuarto. Pasó por alto los armarios vacíos y el tocador estéril hasta que sus ojos se posaron en el bote de basura de metal.

Entre los desperdicios quedaban un diario a medio quemar y una fotografía de bodas destrozada por completo. Sus dedos temblaron al sacar el cuaderno y abrirlo. L
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  • Fugitiva con el hijo del magnate   Capítulo 10

    Ethan no se molestó en enviar una citación legal ni una invitación cortés. Mandó a tres hombres en una camioneta negra para arrastrar a Maya desde su penthouse, envuelta en su bata de seda, y llevarla al único lugar que ella siempre soñó con gobernar: la villa Morgan.En cuanto entró, ella se lanzó sobre Ethan, que estaba sentado en el sofá. Tras acariciar sus brazos con aire seductor, ronroneó:—Sabía que me llamarías. La noche que pasamos juntos y las promesas que hiciste no pueden olvidarse. A fin de cuentas, en mi vientre está tu sangre, tu heredero, Ethan. Es algo que tu esposa nunca pudo darte. Pero, cariño... tus hombres fueron muy rudos. ¿Qué está pasando? Por favor, despídelos a todos. Yo asignaré nuevos empleados que sean más delicados. ¿Te parece?Ethan no se limitó a responder. La empujó del sofá sin piedad y provocó que cayera sobre su vientre. Ni siquiera le importó el bebé que, según ella, era suyo. Maya solo pudo sisear de dolor, pues no se atrevió a decir nada. El a

  • Fugitiva con el hijo del magnate   Capítulo 9

    El imperio Morgan seguía generando miles de millones, pero su rey se pudría por dentro.Apenas transcurrieron seis meses y la majestuosa propiedad de Westchester pasó de ser un símbolo de estatus a convertirse en una tumba. Ethan Morgan ya no lucía los trajes italianos a medida que solían definir su silueta. Ahora, recorría los pasillos oscuros con la camisa desaliñada, los ojos inyectados en sangre y hundidos. Su voluntad era impulsada solo por un café negro y el remordimiento maníaco y agonizante que lo consumía.Cada superficie de su despacho estaba cubierta de capturas de vigilancia borrosas, informes de investigadores privados y mapas del área triestatal.—¿Otro callejón sin salida? —La voz de Ethan era un áspero carraspeo mientras miraba con furia a Marcus.—Señor, el auto que la recogió en el hotel era un alquiler pagado con una tarjeta desechable. Le seguimos el rastro hasta un desguace en Nueva Jersey. Lo compactaron hace tres días. No... no queda rastro alguno.Ethan bar

  • Fugitiva con el hijo del magnate   Capítulo 8

    Ethan permaneció inmóvil mientras las palabras de la doctora como doce semanas, pequeño milagro, resonaban en las profundidades de su ser. En su afán por hallar algún vínculo con ella, Ethan comenzó a registrar el cuarto. Pasó por alto los armarios vacíos y el tocador estéril hasta que sus ojos se posaron en el bote de basura de metal.Entre los desperdicios quedaban un diario a medio quemar y una fotografía de bodas destrozada por completo. Sus dedos temblaron al sacar el cuaderno y abrirlo. Las primeras páginas rebosaban una luz que le abrasó los ojos. Los trazos de Elena eran circulares, casi jadeantes.«14 de mayo: Lo conocí hoy. Ethan Morgan. Es como una tormenta: aterrador y brillante. Cuando me miró, sentí que era la única persona en la habitación. Dijo que quería construir un mundo conmigo. Creo que lo seguiría hasta el abismo solo por verlo sonreír».Pasó las páginas. Las anotaciones se volvían más breves, la caligrafía más contenida. El «nosotros» comenzó a transformarse e

  • Fugitiva con el hijo del magnate   Capítulo 7

    El vuelo de regreso a Nueva York representó las diez horas más largas en la vida de Ethan Morgan. Cada vez que cerraba los ojos, veía la sonrisa triunfal y maliciosa de Maya, seguida de la imagen del penthouse vacío y gélido en París.El silencio de aquella suite le asestó un impacto físico, pero él se aferró a un único y desesperado hilo de lógica: Elena era una mujer de costumbres. Era dulce, leal y amaba el hogar que construyeron juntos. Estaría allí. Tenía que estar.Ethan no esperó a que su chofer le abriera la puerta. Saltó del auto antes de que se detuviera por completo en la entrada de su propiedad en Westchester. No usó la llave. Golpeó la puerta hasta que el ama de llaves, la señora Gable, abrió con un grito ahogado de sorpresa.—¿Dónde está? —exigió Ethan, mientras pasaba a su lado hacia el gran vestíbulo.—¿Señor Morgan? No lo esperábamos hasta...—¡Elena! ¿Está arriba? —No esperó respuesta. Sus botas tronaron contra el mármol mientras subía los escalones de dos en dos

  • Fugitiva con el hijo del magnate   Capítulo 6

    Los pasos de Ethan se detuvieron en seco. Se volteó para mirar a Maya. Los labios de ella formaban una sonrisa, con los ojos rebosantes de esperanza y malicia. Era una expresión que delataba una victoria premeditada.—Sí, lo estoy. Tu esposa... Ella no pudo darte un heredero aún, pero yo... yo cumplo tu sueño. Estoy embarazada y llevo tu heredero. Iba a sorprenderte en la cena —reveló—. ¿Podrías quedarte conmigo una noche más? —suplicó ella con dulzura.Él cruzó la distancia que los separaba en solo dos zancadas y Maya creyó que ya había vencido a Elena. Le rodeó el cuello con las manos y se puso de puntillas para besarle las mejillas. Pero se quedó atónita cuando Ethan la apartó de un empujón. La fuerza fue tan bestial que a duras penas evitó caer al suelo. Alzó la vista, asustada.—¿Acaso no tomaste las pastillas? —gruñó él.—Lo... lo olvidé... Solo una vez —masculló ella, todavía conmocionada.Pensó que sería su jugada maestra para conquistarlo. Jamás imaginó en sus sueños más

  • Fugitiva con el hijo del magnate   Capítulo 5

    Narración en tercera persona.La reunión de emergencia que Ethan anunció con tanto dramatismo era, en realidad, una suite que se ubicaba a tres pisos por debajo del penthouse.En cuanto la puerta se cerró a sus espaldas, la fachada del esposo devoto y cariñoso se desvaneció, reemplazada por una impaciencia voraz e imprudente. Maya lo esperaba, envuelta en una seda que costaba más que un auto semideportivo, un regalo financiado por la cuenta corporativa de Ethan.—Te tomaste tu tiempo —ronroneó ella, mientras enlazaba los brazos alrededor de su cuello—. Pensé que de verdad ibas a pasar la noche con ella.Ethan profirió una risa áspera y arrojó el saco sobre una silla.—¿Cómo crees? He preparado un sinfín de cosas para disfrutar este momento contigo, nena —exclamó él.—No hablemos más de ella. Solo tú me importas.No pensó en el rostro pálido de Elena ni en la forma en que ella acarició su vientre. Solo le importaba la adrenalina del secreto. Pasó la noche inmerso en la piel de Ma

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