เข้าสู่ระบบDespués de despedir a un muy ofendido Vittorio, Luciano e Isabella se retiraron a su habitación. Isabella se encontraba frente al espejo, quitándose lentamente los pendientes, cuando vió el reflejo de su esposo acercándose. Luciano había dejado el saco sobre él reposabrazos de un sofá. Se había desabrochado los primeros botones de la camisa y caminaba hacia ella con esa mirada que Isabella conocía perfectamente bien. —¿Qué haces? —preguntó ella, divertida. Luciano se detuvo detrás de su mujer. —Estoy mirando a mi esposa. —Eso lo haces todos los días. —No de esta manera. Isabella sonrió. Luciano rodeó suavemente su cintura. —Hoy por fin estoy en la villa, en mi habitación, con mi esposa. Ella apoyó las manos sobre las de él. — Yo descubrí que mi padre casi provoca una crisis familiar por haberse enterado de último que será abuelo. Luciano soltó una pequeña risa. —Se lo merecía, no creas que me olvido de cómo me drogó aquella noche. Isabella giró para
El suegro del CEO, explicó que visitando amigos en el extranjero, se enteró de que Rafael Rivera, se mudaría en Italia, para estar cerca de su hijo. Todos ellos sabía que lo que en realidad pretendía era destruirlo y quedarse con él imperio Salvatore. Además dió a Luciano, una nueva información, había un chico, un hijo de su padre que mantenía oculto y protegido de posibles replesarías de sus enemigos. — ¿Con que tienes otro hijo, padre?... — Lo tiene, se dice que lo protege de todo y de todos, que es su único heredero, y vaya que si imperio ilícito es mucho para contar, no creo que ese chico se acabe la fortuna de Rafael, no en cien vidas. — ¿Sabes dónde está ese chico? El presidente preguntaba a su no confiable suegro. — Por casualidad si, lo sé, está más cerca de lo que te imaginas. Estudia en una exclusivo y prestigioso colegio que es solamente para gente con un alto estatus social. En el no pueden entrar solamente millonarios, pues se necesitan cartas de recomendación
Durante los días siguientes, Luciano permaneció bajo vigilancia médica estricta. Isabella no lo dejaba mover ni un solo dedo, ella se encargaba de acercarle todo lo que necesitaba, incluso algunas veces lo alimentaba como a un niño pequeño, lo que arrancaba gruñidos del CEO. Los enfermeros acudían diariamente a la villa para limpiar y revisar la herida que se le había abierto durante el enfrentamiento con Pietro. Aunque la recuperación avanzaba favorablemente, la lesión todavía necesitaba tiempo. Cada movimiento brusco le provocaba una punzada y los médicos habían sido claros: Nada de esfuerzos, nada de peleas y, sobre todo, nada de hacerse el invencible. Luciano, por supuesto, odiaba cada una de esas instrucciones. El presidente estaba acostumbrado a hacer su voluntad, pero ahora mismo tenía sobre él la mirada ámbar de su esposa. —No necesito que me vigilen como si fuera un niño —gruñó una mañana mientras el enfermero cambiaba el vendaje. Isabella, sentada a unos metr
La habitación VIP del hospital había quedado en relativa calma. Amelia, esposa de Eliester, se encontraba indispuesta y había tenido que recostarse un momento. Mientras el pakhan decidió salir del hospital para ir a ver a Elizabeth, su esposa, quien estaba embarazada de su primer hijo. Sus guardaespaldas subieron a los coches oscuros, para trasladar a su jefe a la lujosa villa en una apartada zona residencial. Antes de marcharse, el hombre dejó instrucciones claras de que no quería que hicieran nada impulsivo o arriesgado. Isabella había decidido regresar a la mansión Salvatore, Ella todavía seguía con el vestido de novia puesto. —Necesito una ducha y cambiarme de ropa —había dicho, mirando a Luciano— No tardaré demasiado. Luciano había asentido con expresión seria. —Ve. Nosotros nos encargaremos de Angelic. Amelia Ivanko, había enviado a su pequeña hija con su padre, pues ella estaba indispuesta y la niña no dejaba de llorar porque quería que el CEO la arrullara.
El Pakhan, acostumbrado a enfrentar guerras sangrientas, era la primera vez que veía enfrentarse a muerte a un padre y a un hijo de una forma tan letal. Aunque había presenciado muchas disputas familiares, siempre procuraban dejarse una salida. Pero Rafael Rivera, no tenía la más mínima intención de concederle ese pequeño regalo a su hijo. Al parecer si odio era bastante profundo. —No hagas nada de lo que espera que harás, esa es mi sugerencia. Juega tus cartas muy a lo contrario de lo que espera de ti. — Luciano frunció el ceño. ¿Quieres que no le responda los ataques? —¡Carajo, no! Si no le respondes los ataques, en a lo mucho dos días lo vas a tener sentado en la silla de presidencia. —Explicate mejor. El Pakhan sacó una pequeña carpeta negra que había dejado sobre una mesa. La abrió sin prisa, era lo que sus hombres habían recabado para él, para comenzar la guerra. Dentro había fotografías, documentos y nombres. —Tu padre no está financiando a Pietro únicamente
Isabella apretó la mano de su marido, quería que sintiera su apoyo en estos momentos difíciles. Pero antes de que alguien pudiera hablar, el teléfono de Eliester volvió a vibrar. Esta vez no era una fotografía. Era un mensaje. El CEO ruso lo leyó. Y su expresión cambió por completo. —Luciano... —¿Qué ocurre? Eliester levantó lentamente los ojos. —Tu padre sabe que descubrimos que sigue vivo. Luciano permaneció inmóvil. No esperaba que se enterara tan pronto. —¿Cómo lo supo? Eliester respiró profundamente. —No lo sé, pero acaba de enviar un mensaje. Isabella sintió que el corazón se le aceleraba. —¿Qué dice? Es el padre de Luciano, ¿De verdad quieres perjudicarlo? Eliester mostró la pantalla. Solo había una frase: «Hijo, ha llegado el momento de que conozcas al hombre en el que me convertí.» Luciano sostuvo la mirada sobre aquellas palabras. Y entonces llegó otro mensaje. Esta vez acompañado de una fotografía. Era Isabella. Caminando por







