LOGINPunto de vista de Natalie
¿Quién se cree que es para mandarme? Puse la caja a un lado y me quedé ahí un rato… entonces oí un fuerte golpe en mi puerta que me sacó del trance. —Natalie, ¿ya estás vestida? —preguntó con tono enfadado. —No, y no voy a ninguna fiesta contigo —grité lo suficientemente alto para que me oyera. Pude oír sus pasos alejándose unos minutos después, por fin aliviada. Pero mi tranquilidad se cortó cuando la puerta voló abierta. Estaba segura de que la había cerrado con llave desde dentro… ¿cómo demonios entró? —No acepto un no por respuesta, Natalie, así que te sugiero que dejes de probar mi paciencia y vístete para la gala. Es una gala con máscaras, ahí conoceré a algunos colegas de trabajo. —¿Y eso es problema mío? —espeté. Me incorporé en la cama mirándolo con furia. No me respondió, solo caminó hacia mí, sacó el tacón del zapato de la caja y se arrodilló frente a mí. Cuando se lo deslizó en el pie, su toque fue frío pero gentil. Cualquier cosa que estaba haciendo hacía que mi sangre hirviera. No era gentil a menos que significara algo para él. ¿Qué juego estaba jugando ahora? Retiré el pie bruscamente, pero él apretó más el agarre en mi tobillo. Luego se levantó cuando el tacón quedó lo suficientemente apretado. —Vístete —dijo antes de clavar la mirada en mí—. ¡Ahora! —Vete al infierno —escupí. Me jaló hacia adelante obligándome a tropezar y caer sobre él. Su aliento rozó mi piel y me puso de repente helada. Me apretó la cintura tan fuerte que apenas podía respirar antes de decir: —No me gusta repetirme, Natalie. Lo que pasó en el estudio el otro día pasó por mi memoria… el látigo, el tortura, todo. —Sácala —logré jadear—. Así puedo cambiarme. Sus ojos buscaron los míos un segundo de más. Luego me soltó y retrocedió. —La puerta se queda abierta, por si intentas algo tonto. Se quedó afuera de la puerta, golpeando el zapato lentamente. El vestido era esmeralda verde. Por supuesto. Y me recordó mucho la forma en que él me miraba. Cuando abrí la puerta, solo llegué a mitad antes de que su brazo se disparara, bloqueándome. —Algo te falta —se encogió de hombros. Volvió a entrar en la habitación. Cuando regresó, sostenía dos cosas: el collar de diamantes que me había dado como regalo de cumpleaños y una máscara de encaje. La máscara primero. Me la ató firmemente sobre los ojos. Luego el collar. Sus dedos estaban calientes mientras lo cerraba, pero cuando terminó, le dio un último tirón. —Perfecto —murmuró contra mi oído—. Ahora podemos irnos. Cerró la puerta detrás de mí. Su mano se posó en mi cintura, guiándome mientras me llevaba escaleras abajo. El auto ya esperaba afuera, motor encendido. Abrió la puerta del auto y me deslizé en el asiento trasero porque pelear con él en público no valía los moretones. Antes de que pudiera alcanzar la puerta, él agarró el cinturón de seguridad y lo cerró con un clic sobre mis piernas. Le dio un tirón extra, apretándolo contra mi estómago. Sus nudillos rozaron conmigo. Fríos y posesivos. —No puedo permitir que vuelvas a huir —dijo antes de sentarse en su lado del asiento. Giré el rostro hacia la ventana. Minutos después, el auto se detuvo. La gala ya había comenzado y todos estaban siendo guiados al edificio. Personal con uniformes negros nos guio por una entrada lateral, lejos de las cámaras. Llegamos al salón principal y un guardaespaldas dio un paso adelante. Joven, bien peinado, profesional. Extendió la mano hacia mí cortésmente. —Señorita, este camino— Lucien se movió más rápido de lo esperado. Su mano saltó por encima del guarda y atrapó la mía, los dedos apretando mi palma antes de que yo pudiera retirar la mano. —No la toques —murmuró. Intenté liberarme pero era demasiado fuerte. —No pedí que— Me arrastró hacia adelante, mirándolo con furia hasta que el hombre bajó los ojos y retrocedió. Nos detuvimos en la barra. Un taburete largo de obsidiana en la esquina. Lucien presionó la mano en mi cintura obligándome a sentarme. —Espera aquí —dijo con tono frío, luego desapareció entre la multitud. Llevaba sola diez minutos cuando un viejo amigo de Lucien se acercó a mí en la barra. Malachi. —Pobrecita pájarita —murmuró, apareciendo a mi lado. El mejor amigo de Lucien. Su mayor enemigo. Se veía exactamente como el pecado… traje oscuro, sonrisa más oscura. —¿Él te mantiene en cadena cuando no hay cámaras? —preguntó burlonamente, ofreciendo su mano. —Baila conmigo. ¿O estás esperando permiso? Sabía lo que estaba haciendo. Sabía por quién. Tomé su mano de todos modos. La pista de baile estaba llena. Malachi no me llevó a la multitud. Me jaló hacia él, una mano en mi cintura y la otra en mi cadera. Estábamos pecho con pecho. Demasiado cerca. Su mirada se deslizó por encima de mí y se fijó en Lucien en la barra. Lucien tenía un vaso en la mano. No estaba bebiendo; estaba mirando. Cuando el pulgar de Malachi subió por mi costado, Lucien frunció el ceño y luego aplastó el vaso de whisky en su mano. Whisky y sangre golpearon la barra. La gente cerca de él jadeó y retrocedió. Dejó el vaso destrozado, sangre corriendo entre sus dedos, y empezó a caminar hacia nosotros con miradas de muerte en los ojos. Malachi rio contra mi oído. —Y ahí está. Lucien llegó a nosotros y no se detuvo. Un brazo me rodeó la cintura y me jaló hacia él. Fui arrancada de Malachi y golpeada contra el pecho de Lucien en segundos. Su sangre manchó mi vestido. —Tócala de nuevo —rugió Lucien… —y te daré tus dedos de comer. Malachi solo sonrió. —Ella vino a mí a voluntad. Tal vez está cansada del collar. —Lucien, déjame ir —espeté, empujando su brazo. Respondió jalándome más cerca. Me giró, me inclinó, su cuerpo obligando al mío donde quería. Cuando me levantó, su mano subió por mi muslo, las yemas de los dedos clavándose en mi piel. —Mantente alejada de él —susurró, mientras sus labios rozaban la curva de mi cuello—. No estoy pidiendo, Natalie. —No te pertenezco! Su risa fue burlona antes de responder. —Miente mejor a ti misma. Empujé su mano hacia atrás, más fuerte esta vez. Él la soltó. Tropecé hacia atrás, inhalé aire y hice lo único que sabía que le dolería su ego inflado. Caminé directo hacia Malachi. Tomé su cuello de la camisa y me presioné contra él, moviéndome al ritmo de la música. Lento y seductor. Lucien estaba en el borde de la pista, sangre goteando de su puño al suelo, mientras nos miraba bailar con furia. Podía sentir que hervía por dentro. Su expresión estaba en blanco. Eso era peor que la rabia. Miró por encima de nosotros, al balcón de la mezzanina, y se quedó paralizado como si acabara de ver algo extraño. Cruzó la distancia que nos separaba en dos latidos del corazón sin aviso. En un segundo, estaba en los brazos de Malachi. En el siguiente, el brazo de Lucien me rodeaba la cintura. Entonces lo oí: el sonido de un disparo atravesando a Malachi. Se atragantó con sangre y se tambaleó hasta el suelo. La música se detuvo de inmediato. La gente gritó. Los brazos de Lucien me rodeaban, pero ya no podía sentirlos. La habitación giró. Los gritos se duplicaron. La sangre en el suelo seguía extendiéndose, llegando a mis pies. Mis rodillas fallaron y lo último que vi fue la cara de Lucien sobre mí, luego me desmayé.Punto de vista de Natalie¿Quién se cree que es para mandarme? Puse la caja a un lado y me quedé ahí un rato… entonces oí un fuerte golpe en mi puerta que me sacó del trance.—Natalie, ¿ya estás vestida? —preguntó con tono enfadado.—No, y no voy a ninguna fiesta contigo —grité lo suficientemente alto para que me oyera.Pude oír sus pasos alejándose unos minutos después, por fin aliviada. Pero mi tranquilidad se cortó cuando la puerta voló abierta. Estaba segura de que la había cerrado con llave desde dentro… ¿cómo demonios entró?—No acepto un no por respuesta, Natalie, así que te sugiero que dejes de probar mi paciencia y vístete para la gala. Es una gala con máscaras, ahí conoceré a algunos colegas de trabajo.—¿Y eso es problema mío? —espeté.Me incorporé en la cama mirándolo con furia. No me respondió, solo caminó hacia mí, sacó el tacón del zapato de la caja y se arrodilló frente a mí. Cuando se lo deslizó en el pie, su toque fue frío pero gentil.Cualquier cosa que estaba hacie
Punto de vista de NatalieNunca pensé que este día llegaría jamás. Un día en el que Lucien estaba tan cerca de mí y incluso en la misma cama que yo. La doncella dejó después de entregar el mensaje y solté un suspiro de relief mientras asomaba por debajo de mi edredón…—¡Lárgate de una puta vez, Lucien! ¿Qué coño estabas pensando? —Él salió lentamente de las sábanas y me miró fijamente antes de hablar—. Si querías que me fuera, solo habrías tenido que decírmelo, pero en vez de eso aquí estás, acomodando la idea de que yo esté bajo tus sábanas.Lo miré con furia y respondí:—No me importa ninguna idea de mierda que tengas en la cabeza, pero mejor empiezas a marcharte antes de que grite.Él se quedó sentado mirándome. Yo solo rogué que no hubiera oído que lo llamaba cinco minutos antes; eso inflaría su ego estúpido.—¿Gritar? Pero pensé que había oído lo contrario hace unos minutos —dijo, levantando una ceja—. Mierda. Lo había oído. Solo actuaría como si no hubiera escuchado nada, buena
Punto de vista de NatalieNo había forma de esquivar ni esconderme porque él ya estaba lo suficientemente cerca. Podía oír mi respiración volverse pesada, mi corazón martilleando en el pecho mientras permanecía inmóvil, pensando en qué excusa decirle.—Natalie, ¿por qué estás revolviendo mis cosas?—Perdón, no vi nada, saldré ahora mismo —grité al final antes de salir corriendo de la habitación.—¿Por qué entraste ahí, Natty? —preguntó mirándome con furia—. No sabía qué responder; estaba atrapada y no creía que creyera nada de lo que le dijera.—Se me cayó el pendiente y rodó hasta ahí, fui a recogerlo —rogué a los dioses que estuvieran escuchando que me creyera. Me miró durante un largo momento antes de responder.—Está bien.Gracias a Dios no sospechó nada. Caminó lentamente detrás de mí, luego cerró la puerta de la habitación oculta con suavidad.—Tu habitación ha sido limpiada. Llamaré a alguien más tarde para arreglar la ventana. Puedes volver a tu habitación.—¿Estás seguro de q
****Natalie’s POV—¿Mamá? —corrí hacia la puerta justo cuando la vi pasar. Seguía soñando con ella, el mismo sueño que nunca lograba superar del todo. Probablemente una pesadilla, pero todavía no había visto sangre.Abrí la puerta para comprobar que mamá estuviera bien; estaba justo delante, a mi alcance. Extendí la mano hacia adelante solo para ser arrastrada de vuelta a mi habitación. Entonces escuché disparos múltiples.Desperté con un golpe violento. Mi corazón aún latía desbocado mientras abría los ojos, ligeramente aliviada de que todo hubiera sido un sueño. Llevaba soñando eso desde que mamá murió. Esperaba que se fuera, pero las pesadillas se habían quedado pegadas, siempre me arrastraban de vuelta y los disparos retumbaban afuera de la casa.Tomé el teléfono para ver si había llamadas y miré la hora. Eran las 4 a.m. y nadie había llamado. Me levanté de la cama, bajé a la cocina por un vaso de agua. La mansión entera seguía a media luz, apenas podía ver nada. Devolví el vaso
****Natalie’s POVEsto se sentía más que solo un castigo regular. Lo miré fijamente, sin poder creerlo. La oscuridad proyectaba su enorme sombra sobre mí…—¿No vas a irte o…?—Vete, creep —todavía temblaba, pero tenía que recomponerme. No pensé que él tomaría el castigo en serio cuando se trataba de un miembro de la familia, pero era igual de implacable con todos, familia o no… Caminé lentamente hacia la puerta.Casi salí, pero él estaba tan cerca de la puerta que era imposible abrirla sin chocar con él.—Perdón —murmuré cuando estuve lo suficientemente cerca para que me oyera. Él se apartó lentamente para que pudiera pasar, pero seguía con esa mirada fría e inhumana que me preocupaba. Sabía que más días como ese vendrían con él en mi vida.—No te metas de nuevo en mis malos lados, o será peor —no respondí, luego me agarró por la cintura y su agarre se apretó con cada segundo que pasaba—. ¿Entiendes, Natty?Dejó escapar un gruñido bajo y me sujetó la cintura con más fuerza. Al fin re
****Natalie’s POVEn realidad no sabía que él me castigaría en lugar de Damon. Después de todo, somos familia. Mis pensamientos estaban por todas partes mientras subía las escaleras hacia la puerta del estudio. Era el estudio de Lucien, pero ni siquiera su propio padre se atrevía a entrar allí.Si quería castigarme, ¿por qué hacerlo en ese lugar donde nunca dejaba entrar a nadie? Mi corazón latía tan fuerte que casi pensé que el sonido era lo suficientemente alto como para que el mundo exterior lo oyera.Abrí las enormes puertas y revelé una habitación apenas iluminada. Él estaba sentado en su silla al otro extremo de la enorme mesa que nos separaba, sin mirarme en dirección alguna, pero ya sabía que yo había entrado…—Siéntate, toma la venda, úsala para cubrirte los ojos. No debes ver nada, lo sabría si lo intentaras de otra forma.Dejé escapar un suspiro corto de relief antes de mirarlo de nuevo.—¿Debo usar la venda? —pregunté en voz baja—. Puedo cerrar los ojos en su lugar.—¿Te







