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Author: G.o
last update publish date: 2026-10-12 21:10:54

CAPÍTULO 2

MISTERIO EN FORMA HUMANA

AYRA

Dormir es un lujo que no puedo permitirme.

Pasé casi toda la noche mirando el techo, incapaz de dejar de pensar en el sobre que guardaba dentro de mi bolso.

Cincuenta mil dólares… La cifra no dejaba de repetirse en mi cabeza.

Debí de quedarme dormida en algún momento, porque lo siguiente que recuerdo es mi alarma chillando mientras la pálida luz de la mañana se filtra por las cortinas delgadas.

Una hora después, estoy frente a Apex Innovations, con el corazón atascado en algún lugar de mi garganta.

El edificio es una imponente estructura de cristal y acero. Los empleados entran en tropel por las puertas giratorias, vestidos con trajes caros y con el aspecto de pertenecer a ese lugar.

Ellos sí pertenecen aquí. Yo no.

Me aliso la blusa por décima vez, ajusto la correa del bolso y me obligo a avanzar.

La recepción es exactamente como la imaginaba: suelos de mármol pulido, muebles costosos y una enorme pantalla que muestra los últimos logros de Apex Innovations.

Me acerco al mostrador, con los tacones repiqueteando contra el suelo en un ritmo que suena mucho más seguro de lo que me siento.

—Ayra Lane —digo con voz firme—. Vengo a incorporarme al puesto administrativo temporal.

La joven que está detrás del mostrador sonríe y teclea algo en su ordenador. Sus dedos se detienen y frunce el ceño.

—Un momento, por favor.

Levanta el teléfono y habla en voz baja con alguien al otro lado de la línea. No consigo distinguir las palabras, pero las miradas ocasionales que me lanza hacen que se me tense el estómago.

Cuando cuelga, su expresión ha cambiado.

—Señorita Lane, su asignación ha sido modificada.

Las palabras me golpean como un chorro de agua helada.

—¿Modificada?

—La han reasignado a la planta ejecutiva. Trabajará directamente con el director ejecutivo.

Por un instante, olvido cómo respirar.

—Debe de haber un error —digo, intentando mantener el pánico fuera de mi voz—. Solicité un puesto dentro del grupo administrativo. No tengo experiencia como asistente ejecutiva.

Su sonrisa sigue siendo cortés.

—La instrucción llegó directamente de la oficina ejecutiva.

Dios mío.

Mis pensamientos regresan de inmediato al sobre que llevo dentro del bolso.

—¿Debería hablar con alguien al respecto? —Trago saliva con dificultad—. Tiene que haber alguna explicación.

—Señorita Lane —dice, con un tono ligeramente más cortante—, el director ejecutivo la solicitó específicamente. Si prefiere rechazar la asignación, puedo dejar constancia de ello en el sistema.

Necesito este trabajo.

—No —respondo en voz baja—. No será necesario.

Me entrega mi credencial.

—Tome el ascensor hasta la planta cuarenta y dos. Alguien la estará esperando allí.

El trayecto en ascensor parece interminable. Observo cómo los números van aumentando y, con cada planta que dejamos atrás, el nudo de mi estómago se aprieta un poco más.

Cuando las puertas finalmente se abren, entro en otro mundo.

La planta ejecutiva es silenciosa, elegante e intimidante. Todo parece cuidadosamente dispuesto, desde los muebles pulidos hasta las paredes de cristal que separan unas oficinas de otras.

Una mujer con un traje gris carbón se acerca a mí.

—¿Señorita Lane? Soy Diane, coordinadora ejecutiva del señor Thorne. Por favor, sígame.

Me guía por un laberinto de pasillos hasta que nos detenemos frente a una oficina con paredes de cristal al final del corredor.

Diane señala la puerta.

—La está esperando.

Respiro hondo por última vez antes de abrirla.

Kaelen Thorne está de pie detrás de su escritorio, con un documento en las manos. No levanta la mirada de inmediato, pero cuando finalmente lo hace, sus ojos se encuentran con los míos.

Durante un breve instante, vuelvo a estar en aquella habitación privada, atrapada bajo el peso de su mirada.

Me obligo a apartar el recuerdo y adopto una expresión neutral.

—Señor Thorne —digo, manteniendo la voz firme—. Soy Ayra Lane. Me han asignado para asistir en su oficina.

Sus ojos mantienen los míos durante un segundo demasiado largo antes de que deje el documento sobre el escritorio.

—Señorita Lane. Bienvenida a Apex.

Sus palabras son educadas, casi impersonales. Se comporta como si nunca nos hubiéramos conocido, como si anoche no me hubiera entregado cincuenta mil dólares ni me hubiera preguntado por un incendio que apenas consigo recordar.

—Esta asignación es inusual —digo—. Solicité un puesto en el grupo administrativo, no uno como asistente ejecutiva. Y, después de lo que ocurrió anoche, creo que merezco saber por qué me solicitó específicamente a mí.

—La oficina ejecutiva tiene necesidades diferentes.

Señala la silla situada frente a su escritorio.

—Siéntese.

Permanezco de pie un momento más.

—¿Este puesto tiene algo que ver con los cincuenta mil dólares que me dio?

Su expresión no cambia.

—Si cree que le ofrecieron este puesto por caridad, es libre de renunciar.

Aprieto la mandíbula.

—Eso no es una respuesta.

—Es la única que va a obtener.

Quiero exigirle una explicación. Quiero preguntarle qué sabe sobre el incendio, por qué me dio tanto dinero y por qué me mira como si estuviera esperando que recuerde algo.

En cambio, miro la silla.

Necesito este trabajo. Sean cuales sean las intenciones de Kaelen Thorne, no puedo permitirme renunciar a esta oportunidad.

Tomo asiento en el lugar que me ha indicado.

Me explica mis responsabilidades con una voz distante, como si estuviera leyendo un guion. Cuando termina, desliza una pila de documentos hacia mí.

—Familiarícese con estos. Espero que los haya revisado antes de que termine el día.

Recojo los documentos y me pongo de pie.

—Me pondré manos a la obra.

Kaelen asiente brevemente y vuelve a su trabajo, como si nuestra conversación ya hubiera quedado olvidada.

Al salir de su oficina, descubro que mi escritorio está situado justo delante de su pared de cristal. No hay ningún lugar donde pueda sentarme sin que me vea desde el interior.

Una pecera. Eso es lo que es este lugar.

Me acomodo en la silla y comienzo a revisar los documentos, decidida a demostrar que merezco el puesto. Pero cada vez que levanto la vista, recuerdo que Kaelen está a solo unos pasos de distancia.

No consigo quitarme de la cabeza la sensación de que poder verme es precisamente la razón por la que quiso que colocaran mi escritorio aquí.

Estoy completamente concentrada en mi trabajo cuando Kaelen me pide que le lleve un expediente.

Lo recojo y entro en su oficina, extendiéndoselo. Cuando lo toma, sus dedos rozan los míos.

Un extraño escalofrío me recorre el brazo y retiro la mano de inmediato.

—Gracias —dice.

Asiento y me vuelvo hacia la puerta.

—¿Has estado durmiendo mejor últimamente?

Me detengo.

Lentamente, me vuelvo hacia él. Ya está mirando el expediente, con una expresión indescifrable.

—¿Perdón?

Levanta los ojos hacia mí.

—Tu sueño. ¿Ha mejorado?

¿De qué está hablando?

—Duermo lo suficientemente bien —respondo, manteniendo la voz tensa.

Me observa durante un momento antes de volver a prestar atención al expediente.

—Entonces, ya no tienes pesadillas —murmura.

Las palabras son suaves, casi casuales, pero me golpean como un tren de mercancías.

El fuego. El humo. Los fragmentos de un recuerdo que desaparecen cada vez que intento aferrarme a ellos.

Nunca le he hablado de mis pesadillas. Apenas consigo comprenderlas yo misma.

¿Cómo lo sabe?

Mis pies permanecen clavados al suelo. Antes de poder contenerme, la pregunta se me escapa de los labios.

—Señor Thorne, ¿puedo preguntarle algo?

Levanta la mirada.

—Por supuesto.

Vacilo, repentinamente asustada por la respuesta.

—¿Nos conocemos de antes?

Por primera vez desde que entré en este edificio, Kaelen Thorne deja de hacer lo que está haciendo.

Deja la pluma sobre el escritorio y se recuesta en su silla, con los ojos fijos en los míos.

No sé qué espero que diga.

Pero no es esto.

—De verdad no te acuerdas de mí, ¿verdad?

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