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5

Author: G.o
last update publish date: 2026-10-12 21:11:15

CAPÍTULO 5

MI SOSPECHOSO JEFE

AYRA

La pistola era pequeña, pero el cañón oscuro apuntándome bastaba para dejarme paralizada.

Entonces, la habitación pareció desaparecer.

Paredes blancas. El olor penetrante del antiséptico. Una voz baja y urgente que pronunciaba palabras que no conseguía distinguir.

Un destello de metal.

El cañón de una pistola apuntando a mi rostro ensangrentado.

Las imágenes desaparecieron tan rápido como habían aparecido, dejándome sin aliento. Me llevé una mano al pecho, como si pudiera mantenerme entera sujetándome físicamente.

Silas me observó, entrecerrando los ojos. Durante varios segundos, mantuvo la pistola apuntándome. Después, lentamente, la bajó.

Me obligué a llenar los pulmones de aire hasta que la habitación dejó de dar vueltas.

Guardó el arma en la funda y se acercó a mí. Se detuvo a mi lado, miró la carpeta y me la quitó de las manos temblorosas.

—¿Cuánto has leído? —preguntó.

Tragué saliva con dificultad.

—Solo parte de la información sobre mi accidente y el tratamiento de mi hermana.

Apretó la mandíbula.

—Había vuelto para buscar un documento que faltaba —expliqué rápidamente—. Vi mi nombre en la carpeta y quise entender por qué…

—Deberías haberte marchado.

Su tono brutal me interrumpió a mitad de la frase.

—Esa carpeta contiene información confidencial. No tenías derecho a abrirla.

La ira comenzó a abrirse paso bajo mi miedo.

—Contiene información personal sobre mí. ¿Por qué tiene el señor Thorne un expediente tan detallado sobre mi vida?

Silas se acercó más. Alcancé a notar el tejido cicatricial a lo largo de su mandíbula y la frialdad de sus ojos justo antes de que sus dedos se cerraran alrededor de mi brazo.

Inspiré bruscamente.

—El expediente no es asunto tuyo.

—¡Se trata de mí! —protesté—. Contiene información sobre mi accidente y mi hermana. ¿Cómo puedes esperar que lo ignore?

Su agarre se intensificó brevemente antes de soltarme.

—Porque hay cosas que es mejor no leer, señorita Lane.

—Eso no es una respuesta.

—No. —Su expresión se endureció—. Es una advertencia.

Me froté el brazo, intentando que no notara cuánto me temblaban las manos.

—Mantente alejada de los asuntos del señor Thorne.

Sus ojos sostuvieron los míos.

—Tienes un trabajo aquí y una hermana que te necesita. No le des a ninguna de las dos cosas un motivo para desaparecer.

El miedo que se escondía bajo mi ira era imposible de ignorar.

—Lo entiendo —dije.

Permanecí sentada en mi escritorio durante mucho tiempo, sin moverme.

Tenía las manos sobre el teclado, pero no conseguía concentrarme. La advertencia de Silas no dejaba de repetirse en mi cabeza, especialmente la parte sobre mi hermana.

¿Por qué estaba investigándome Kaelen?

Durante tres años, había aceptado que mi pérdida de memoria era una consecuencia desafortunada del accidente. Había creído que la vida que había vivido antes ya no importaba porque no podía recordarla.

Ahora ya no estaba tan segura.

Los cincuenta mil dólares. El expediente confidencial. La fotografía del automóvil calcinado.

Nada de aquello parecía accidental.

Saqué el teléfono y abrí la aplicación de notas. Debajo de la fecha de mi accidente, escribí una sola palabra.

Registros.

Si Kaelen había estado investigando mi pasado, yo también podía empezar a buscar respuestas por mi cuenta.

No sabía adónde me llevaría la investigación, pero tenía algo claro: no podía seguir dependiendo de otras personas para que me dijeran quién era.

El baño estaba vacío cuando entré. Me apoyé contra el lavabo y contemplé mi reflejo.

¿Quién eres?

La mujer que me devolvía la mirada no tenía respuestas.

Estaba a punto de salir cuando la puerta se abrió de golpe y entraron dos mujeres hablando en voz baja. Me metí en uno de los cubículos antes de que me vieran.

—¿Así que ella es la nueva asistente? —preguntó una—. ¿La que trabaja justo delante de la oficina del señor Thorne?

—Esa misma. Por lo visto, llegó a través de una agencia de empleo temporal.

—Entonces, ¿cómo terminó en la planta ejecutiva? Él no suele permitir que el personal temporal se acerque siquiera a su oficina.

—Exactamente. Llevo tres años trabajando aquí y nunca lo había visto solicitar personalmente a alguien del grupo de empleados temporales.

Se produjo una pausa.

—¿Crees que hay algo entre ellos?

—No lo sé. Pero la pidió específicamente a ella. Eso ya es bastante extraño.

La conversación cambió de tema y, poco después, sus pasos se desvanecieron por el pasillo.

Me quedé en el cubículo, mirando la puerta.

¿Kaelen me había solicitado personalmente?

Ya sabía que había organizado mi traslado a la planta ejecutiva. Pero escuchar que nunca había hecho algo parecido antes hacía que su decisión pareciera todavía menos inocente.

¿Por qué yo?

¿Y qué esperaba descubrir?

Más tarde, Kaelen me pidió que preparara una serie de documentos para una próxima reunión. Completé la tarea y llevé los papeles a su oficina.

Les echó un vistazo antes de levantar la mirada.

—¿Cómo se está adaptando a sus responsabilidades, señorita Lane? ¿Tiene alguna pregunta?

La carpeta confidencial apareció de inmediato en mi mente. También la pistola de Silas y su advertencia sobre Vera.

Tenía una docena de preguntas. Simplemente, no era tan insensata como para hacerlas todavía.

—Todo está claro, señor Thorne.

Sus ojos permanecieron fijos en los míos.

—¿Está segura?

Por un instante, me pregunté si sabía lo de mi encuentro con Silas. Si estaba esperando que mencionara la carpeta.

Mantuve una expresión neutral.

—Sí, señor.

Me estudió durante un segundo más antes de volver a sus documentos.

Salí de su oficina preguntándome si lo había convencido o si simplemente le había dado otro motivo para vigilarme.

La jornada laboral avanzó lentamente hacia su final. Empecé a organizar mi escritorio, lista para marcharme, cuando me di cuenta de que había olvidado el cargador del teléfono en la pequeña sala de reuniones cerca de la oficina de Kaelen.

Fui a buscarlo y regresé hacia mi puesto de trabajo. Al acercarme a la suite ejecutiva, unas voces llegaron desde una de las salas de reuniones.

Reconocí la voz grave de Kaelen, seguida de la de Silas.

No tenía ninguna intención de escuchar a escondidas. Entonces oí mi nombre.

—¿Va a convertirse en un problema? —preguntó Silas.

Siguió un breve silencio.

—No se suponía que lo encontrara —respondió Kaelen.

Mis dedos se apretaron alrededor del cargador.

—¿Qué hacemos si empieza a hacer preguntas?

—Ya está haciendo preguntas.

—Entonces tenemos que ocuparnos de ella.

—No puede descubrirlo todo antes de que la situación esté bajo control —dijo Kaelen—. Todavía no.

—¿Y si sigue investigando?

Silencio.

Cuando Kaelen volvió a hablar, su voz era más fría de lo que jamás la había escuchado.

—Si se convierte en un riesgo, nos ocuparemos de ella de la misma manera que nos ocupamos de todos los demás.

Mi corazón dio un vuelco.

El cargador se me resbaló de los dedos y golpeó el suelo con un estrépito seco.

Las voces se interrumpieron.

Se oyeron pasos acercándose a la puerta.

No podía moverme. Apenas conseguía respirar.

La puerta se abrió de golpe y Kaelen apareció frente a mí, con sus ojos azul hielo clavados en mi rostro.

Su mirada descendió hasta el cargador a mis pies antes de volver a posarse sobre mí.

—¿Cuánto has oído, Ayra?

Se me cerró la garganta.

Podía mentir.

Pero, mientras permanecía allí, bajo su mirada implacable, tuve la aterradora sensación de que Kaelen Thorne ya estaba intentando decidir si yo merecía el esfuerzo de mantenerme con vida.

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