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18. Más, papi

作者: H.Z
last update 公開日: 2026-10-16 16:25:34

Debería haber dicho que no. Debería habérmelo tomado a broma, haber puesto alguna excusa, haber subido corriendo a mi habitación y haberme muerto de vergüenza.

En cambio, me oí susurrar: «Más».

Su sonrisa fue lenta y peligrosa, y aceleró mi pulso. «Entonces sígueme. Y no hagas ni el maldito ruido».

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Me llevó al baño de la casa de la piscina: un espacio pequeño con encimeras de mármol y luces demasiado intensas, donde había estado mil veces para cambiarme antes de nadar.

Nunca imaginé que est
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  • LOS QUIERO, PAPIS   20. Follándome a los amigos de mi papi

    Debería haber dicho que no. Debería haberle dicho que estaba loco, que aquello no podía volver a ocurrir jamás, que había cometido un error terrible.En cambio, pasé toda la semana reviviendo aquel encuentro en el baño una y otra vez en mi cabeza. Tocándome mientras recordaba las manos rudas de Marcus, su ritmo salvaje y la forma en que me llamaba «su chica sucia». Imaginando cómo sería el próximo viernes con los cuatro.Imaginando el control de David. La intensidad de James. La degradación juguetona de Eric. Todos ellos usándome a la vez.Para el jueves, estaba tan excitada que apenas podía concentrarme en nada.El viernes se hizo eterno. Las clases parecían durar años. El almuerzo con mis amigos fue una tortura: no lograba prestar atención a lo que decían, demasiado ocupada contando las horas que faltaban. Cuando llegué a casa para cenar con papá, ya estaba húmeda, sintiendo un deseo doloroso y desesperada.—¿Estás bien, cariño? —preguntó papá mientras comía su lasaña—. Te noto dist

  • LOS QUIERO, PAPIS   19. Papi me folla como a una zorra.

    Habría gritado si su mano no me hubiera tapado la boca de nuevo. La sensación de estiramiento fue inmediata e intensa, rozando el límite de lo soportable; él era mucho más grande que los chicos de la universidad con los que me había acostado, lo suficientemente grueso como para que a mi cuerpo le costara acomodarlo.—Joder —gimió Marcus, con las caderas pegadas a mi trasero—. El coño más apretado que he sentido en años. ¿Lo sientes, pequeña? ¿Sientes lo profundo que está Papi?No podía responder. Apenas podía respirar. Solo podía mirar nuestro reflejo en el espejo: él completamente vestido, yo inclinada y totalmente expuesta, con su verga enterrada en mí hasta el fondo.—Voy a follarte ahora —dijo en tono casual, como si hablara del tiempo—. Y te vas a quedar callada por mucho placer que sientas. ¿Entendido?Asentí.Retrocedió hasta que solo la punta quedó dentro de mí. Luego volvió a embestir con fuerza.El ritmo que impuso fue brutal desde el principio. Sin calentamiento, sin prepar

  • LOS QUIERO, PAPIS   18. Más, papi

    Debería haber dicho que no. Debería habérmelo tomado a broma, haber puesto alguna excusa, haber subido corriendo a mi habitación y haberme muerto de vergüenza.En cambio, me oí susurrar: «Más».Su sonrisa fue lenta y peligrosa, y aceleró mi pulso. «Entonces sígueme. Y no hagas ni el maldito ruido».---Me llevó al baño de la casa de la piscina: un espacio pequeño con encimeras de mármol y luces demasiado intensas, donde había estado mil veces para cambiarme antes de nadar.Nunca imaginé que estaría allí para algo así.Marcus cerró la puerta con llave tras nosotros; aquel chasquido fue el sonido más fuerte que jamás había oído. Durante un segundo nos quedamos mirándonos y pude oírlo todo: mi propia respiración entrecortada, las voces amortiguadas de la partida de póquer que continuaba fuera, el estruendo de mi corazón latiendo en mis oídos.—Última oportunidad —dijo en voz baja—. Sales por esa puerta ahora mismo y fingimos que esto nunca sucedió. O te quedas, y voy a follarte exactamen

  • LOS QUIERO, PAPIS   17. Los amigos de mi papá me follaron.

    Tengo que contarte lo que he estado haciendo en la casa de la piscina de mi padre.Todos los viernes por la noche, durante los últimos tres meses, mientras mi padre juega al póquer con sus amigos y cree que estoy de fiesta en discotecas con gente de mi edad, yo estoy a apenas diez metros de distancia, dejando que esos mismos amigos me destrocen el coño.Cuatro hombres. Todos rondando los cincuenta años. Amigos de mi padre desde antes de que yo naciera. Todos absolutamente prohibidos en todos los sentidos posibles.Y todos ellos han metido sus pollas dentro de mí.Marcus tenía cuarenta y ocho años, dos divorcios a sus espaldas y estaba cubierto de tatuajes que desaparecían bajo el cuello de la camisa y reaparecían cuando se remangaba. Dueño de una empresa de construcción. Tenía unas manos rudas, acostumbradas a agarrar andamios, volantes y mis caderas con la fuerza suficiente para dejarme moratones que duraban días. Fue él quien empezó todo esto. Quien me pilló mirando y decidió darme

  • LOS QUIERO, PAPIS   16. Cosa hecha rápidamente

    No.Rotundamente no.Había demasiada gente. Demasiado riesgo. Aquello era una locura.Me levanté. «Al baño», murmuré sin dirigirme a nadie en concreto.Subí las escaleras.La puerta del baño estaba entreabierta. Me colé dentro.Maya estaba apoyada contra el lavabo, con el vestido ya subido hasta los muslos.—¿Estás loca? —siseé—. Hay cuarenta personas abajo...—Me da igual. —Cerró la puerta con llave tras de mí—. Te necesito. Ahora mismo.—Maya...Me besó. Con fuerza y desesperación. Se pegó a mí.Yo ya estaba duro. Lo había estado desde que la vi con aquel vestido.—Tenemos que darnos prisa —dije contra sus labios—. Y guardar silencio.—Entonces fóllame rápido y en silencio.La hice girar. La incliné sobre el lavabo. Le subí el vestido y le bajé las bragas.Ella ya estaba húmeda.—Has estado pensando en esto durante toda la cena, ¿verdad? —gruñí.—Sí. Sentada junto a mi madre, pensando en tu polla.Entré en ella. Se mordió la mano para ahogar el gemido.—Silencio —le recordé. Empecé

  • LOS QUIERO, PAPIS   15. Con las manos en la masa

    —Está aquí —dije—. Está subiendo ahora mismo.Por un segundo, ambos nos quedamos paralizados. Luego reaccionamos.Maya agarró su ropa y empezó a ponérsela frenéticamente. Yo me subí la cremallera de los vaqueros y me puse la camisa a toda prisa.—Al baño —siseé—. Ve. No hagas ruido.Ella corrió hacia el baño. Cerró la puerta justo cuando oí pasos en el pasillo, fuera de mi apartamento.Llamaron a la puerta.Miré a mi alrededor. Los cojines del sofá estaban descolocados. Había una mancha húmeda en el suelo. El sujetador de Maya estaba sobre la mesa de centro.Agarré el sujetador y lo metí debajo de un cojín del sofá. Acomodé los cojines.Volvieron a llamar. —¿David? ¿Estás ahí?—¡Sí! ¡Un segundo!Me alisé el pelo. Intenté parecer normal. Intenté no parecer alguien que acababa de estar metido hasta el fondo en su hija hacía cinco minutos.Abrí la puerta.Sarah estaba allí, sonriendo y con una carpeta de papeles en la mano. —¡Hola! Siento aparecer sin avisar. ¿Tienes un minuto?—Sí, clar

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