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La Bestia Ordenada A Embarazarme
La Bestia Ordenada A Embarazarme
Author: Leep

Capítulo 1

Author: Leep
Me llamo Raquel Valle y toda mi vida he sido como un ave encerrada en una jaula de oro.

Estudié danza desde niña. Soy flexible, soy muy seria con todos y, a ojos de los demás, parezco un hada inalcanzable y de fantasía.

Pero nadie sabe cuánto ansío que alguien encienda la mecha que oculto bajo esa apariencia fría.

Ese día se celebraba la fiesta de la empresa de mi esposo, Jefferson Trujillo, a bordo de un yate. Como anfitriona, llevaba un vestido largo de seda azul hielo con tirantes. El vestido tenía un escote tan pronunciado en la espalda que casi dejaba al descubierto hasta la rabadilla.

La tela era muy fina y esculpía mi cuerpo; realzaba mi trasero firme, moldeado por años de danza, y mis pechos generosos.

Para que el vestido se ajustara lo más posible, ni siquiera me puse sostén, solo dos pequeños cubrepezones.

La brisa marina agitaba el vestido, la seda fría me rozaba por adentro de los muslos y me provocaba un cosquilleo.

Caminé entre los invitados con una copa de champaña en la mano y una sonrisa discreta, aunque sentía un vacío. Jefferson conversaba animadamente con los socios comerciales y ni siquiera se molestaba en voltearme a ver. Llevábamos un año casados y nos tratamos con cortesía, pero sin intimidad ni pasión. Apenas me tocaba.

Creí que se debía al cansancio del trabajo hasta que, hace dos semanas, encontré por casualidad el informe médico que escondía.

Azoospermia. Ese diagnóstico me dejó aturdida. Más devastador aún fue saber que mi padre, Zaid Valle, obsesionado con controlarlo todo, también lo sabía.

Me llamó al despacho y deslizó un documento hacia mí.

—Raquel, Jefferson no puede darte un hijo, pero la familia Valle necesita un heredero.

La indiferencia de su voz me hirió.

—Este es el expediente de Dylan Valenzuela. Es mi mejor empleado. Es saludable y también es muy inteligente. Ya llegué a un acuerdo con él para que te ayude... a cumplir la misión de asegurar la descendencia.

Me quedé helada y miré a mi padre sin poder creerlo.

—¡Papá! ¡Estás loco! ¡No podemos hacer eso!

—Claro que podemos —me interrumpió—. Cuando todo termine, le daré suficiente dinero para que viva como rey y desaparecerá para siempre. Es la mejor solución para todos.

Dylan... Ya había oído ese nombre.

Era la temible mano derecha de mi padre. En pocos años, pasó de ocupar los puestos más bajos a ser un alto ejecutivo de la empresa gracias a sus métodos despiadados y su enorme ambición.

Lo vi algunas veces, siempre de lejos. Solo recordaba que era muy alto, tenía los hombros anchos y miraba a los demás con una intensidad depredadora.

No podía imaginarme con alguien así... Mientras me perdía en esos pensamientos, el yate se sacudió. Perdí el equilibrio y grité; estaba a punto de caer.

Unas manos fuertes me sujetaron a tiempo. Ardían como hierros al rojo vivo y me aferraron por la cintura a través de la fina seda. Alcé la cabeza, aún sorprendida, y me encontré con su mirada enigmática.

Era él. Dylan. Era más imponente de lo que imaginaba. El traje negro hecho a la medida le daba el aspecto de un leopardo al acecho.

Estaba tan cerca que me envolvía el aroma a tabaco de su cuerpo, mezclado con el intenso olor de su piel.

—Tenga cuidado.

Habló con voz ronca y provocadora mientras me miraba el pecho sin el menor disimulo. Me observaba con una intensidad posesiva, como si quisiera atravesar la fina tela con la mirada para verlo todo. Se me encendieron las mejillas e intenté apartarlo.

—Gracias, ya estoy bien.

Pero no retiró las manos. Me sujetaba con fuerza e incluso se tomó más libertades de la cuenta al rozar lentamente la piel suave de mi cintura.

Sentí la aspereza de sus dedos a través de la seda y una extraña descarga eléctrica me recorrió el cuerpo.

—El jefe me contó todo. —Se inclinó y su aliento ardiente me rozó la oreja—. Me habló de sus dificultades y de mi misión.

Sus palabras me aturdieron y me quedé en blanco.

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