เข้าสู่ระบบNo salí de la habitación durante dos días.No porque nadie me lo impidiera.Eso era importante.La puerta no estaba cerrada con llave.No había guardias delante.Nick no había dado ninguna orden.Podía levantarme, vestirme y atravesar los corredores cuando quisiera.Simplemente no quería.El mundo seguía funcionando al otro lado de las paredes y eso me parecía casi ofensivo.Escuchaba carros entrando al patio.Criadas hablando en el corredor.Campanas marcando comidas.Una vez oí reír a alguien.Aquello fue lo peor.No porque no tuvieran derecho.Porque me recordó que para todos los demás el día seguía teniendo mañana, tarde y noche.Para mí solo existía antes y después.Antes había dos latidos.Después no.Estaba sentada en la cama cuando llamaron.Tres golpes suaves.Sabía quién era.Nick siempre llamaba tres veces.—Puedes entrar.La puerta se abrió.Llevaba una bandeja.Lo miré.—Ariadne te ha enviado.—Sí.—Cobarde.—Dice que eres más difícil cuando tienes hambre.—No tengo hambr
Nick seguía fuera de la puerta cuando desperté.Lo sabía por el vínculo.No necesitaba abrir.Su dolor estaba allí.Apagado.Pesado.Constante.Yo llevaba horas tumbada sin saber si había dormido realmente.El cuerpo dolía.Pero era soportable.Lo insoportable era abrir los ojos y recordar.No había bebés.Cada vez ocurría de nuevo.Durante un segundo despertaba sin pensar.Después lo sabía.Otra vez.La puerta sonó suavemente.—Serafine.Ariadne.—Pasa.Entró con una bandeja.No tenía hambre.No dije nada.Ella tampoco me pidió que comiera.Dejó la bandeja.Se sentó.—¿Está fuera?—Sí.—¿Desde ayer?—Sí.Cerré los ojos.—Idiota.Ariadne sonrió con tristeza.—Bastante.—Debería dormir.—Probablemente.—¿Por qué no lo obligas?—Porque soy más pequeña que él.—Kael.—Kael lo intentó.Eso me hizo imaginarlo.Casi sonreí.No pude.Pasó un rato.—Quiero verlo.Ariadne asintió.—Bien.No preguntó si estaba segura.Solo fue a buscarlo.Nick tardó menos de cinco segundos.Entró.Se quedó junt
El amanecer llegó sin que hubiera dormido.La luz empezó a entrar por las cortinas mientras yo miraba el mismo punto del techo.Nick seguía sentado junto a la cama.No sé si había cerrado los ojos alguna vez.Elira había entrado tantas veces que perdí la cuenta.Cada vez escuchaba.Cada vez tardaba más.Cada vez su rostro era peor.El sangrado aumentó poco antes del amanecer.Lo noté antes de verla.La sensación húmeda.El calor.Después el miedo.—Nick.Se levantó.—¿Qué?—Creo que...No pude terminar.Miró la sábana.Su cara perdió color.—Elira.No gritó.No necesitó.La sanadora estaba en la habitación contigua.Entró.Me examinó.No habló.Yo observaba cada movimiento.—Dime algo.—Necesito comprobar.—Llevas toda la noche comprobando.Mi voz se quebró.Elira sacó el instrumento.Lo apoyó.Silencio.Movió.Más silencio.Mi mano encontró la de Nick.Él la apretó.—¿Uno?Pregunté.Elira no respondió.—¿El fuerte?Nada.—Elira.La mujer cerró los ojos.—No encuentro ninguno.La habi
El dolor volvió durante la cena.Esta vez no fue un tirón.Fue un calambre.Mi mano se cerró alrededor de la cuchara.Dejé de escuchar lo que decía Ariadne.Nick estaba hablando con Kael sobre los documentos de Alaric.Yo intenté respirar.Uno.Dos.Tres.Pasó.Bien.No era nada.Elira había dicho que podía ocurrir.Volví a comer.—¿Serafine?Levanté la cabeza.Nick me miraba.—¿Qué?—Has dejado de respirar.—No.—Sí.Ariadne también me observaba ahora.Maldición.—Solo me ha dado un pequeño tirón.Nick dejó los cubiertos.—¿Dónde?—Nick.—Serafine.Su voz no era controladora.Estaba asustado.Eso hizo que intentara suavizar la mía.—Aquí.Toqué la parte baja del vientre.Su rostro cambió.—¿Desde cuándo?—Antes de bajar sentí algo.—¿Y no me lo dijiste?—Porque duró un segundo.—¿Cuántas veces?—Dos.Otro dolor llegó.Más fuerte.Me incliné.El aire salió de golpe.—Serafine.Nick se levantó.Ariadne ya estaba a mi lado.—Respira.Lo hice.O intenté.El dolor se extendió hacia la esp
La nueva criada llevaba tres días en Sol del Oeste.Yo la había visto varias veces.Siempre de lejos.Cabello oscuro recogido con demasiada tirantez, pasos rápidos, mirada baja cuando cruzaba con alguien de rango. Parecía una muchacha cualquiera entre las muchas personas que trabajaban en la residencia.Eso fue precisamente lo que hizo que no la recordara.Aquella tarde estaba sentada cerca de los jardines intentando leer una carta de Mara.Intentando era la palabra adecuada.Había mejorado mucho, pero algunas líneas todavía me obligaban a volver atrás dos o tres veces.Mara escribía como hablaba.Rápido.Sin preocuparse demasiado por que las palabras quedaran bonitas.Sonreí al reconocerlo.Decía que Colmillo Plateado seguía igual de insoportable sin mí.Que el cocinero nuevo hacía el pan demasiado duro.Que una de las niñas de las cocinas había preguntado si yo de verdad vivía en un palacio y si los Reyes dormían con corona.Me reí sola.—Mi lady.Levanté la cabeza.La criada nueva
Nick no durmió.Lo supe porque yo tampoco.Estábamos en la misma cama.De espaldas.Sin estar enfadados exactamente.Eso era peor.El vínculo no permitía fingir.Sentía su culpa.Él sentía mi inquietud.Después de casi una hora me giré.Nick estaba mirando el techo.—¿Vas a dormir?—Probablemente no.—Yo tampoco.Silencio.—Bien.Fruncí el ceño.—¿Bien?Nick soltó aire.—No.Nada está bien.Me giré del todo hacia él.—Entonces habla.Tardó.—Cuando me comparaste con él...—No te comparé con él.—Sé que dijiste que comparabas la acción.Pero lo sentí igual.Su voz era baja.No acusadora.Herida.—Me asustó.Eso no lo esperaba.—¿Qué cosa?—Pensar que puedo convertirme en alguien que te haga sentir como él.Me acerqué un poco.—Nick...—Déjame terminar.Asentí.—Desde que te conozco he querido sacarte de todo lo que te hacía pequeña.Al principio creía que protegerte significaba ponerme delante.Resolver.Ordenar.—Lo sé.—Después aprendí que eso no siempre sirve.Sonrió sin humor.—O c







