로그인Al día siguiente, Elisa se despertó de manera pausada y notó que estaba en los brazos de Gael. Él aún tenía los ojos cerrados y la sostenía por la cintura, como si deseara mantenerla cerca incluso mientras dormía. Recordando la velada anterior, una sonrisa se dibujó en su rostro. Tras tantas discusiones, concluyó el día sintiéndose nuevamente querida y resguardada por el hombre con quien había optado por pasar su vida.—Deseo que todas nuestras reconciliaciones sean como la de anoche, ya que tengo que confesar que fue una de las mejores formas de cerrar una disputa. Aunque, en mi opinión, preferiría que no tuviésemos que reconciliarnos con frecuencia y que simplemente disfrutáramos siendo felices juntos —dijo Elisa, levantando la mirada hacia él.Gael abrió los ojos y sonrió al escucharla. Le apartó un mechón del rostro y le dio un beso en la frente antes de volver a abrazarla con fuerza. Le agradaba despertarse a su lado, oír su voz y darse cuenta de que, a pesar de las dificultad
Mientras el secreto de su identidad continuara, sus padres no sabrían dónde localizarla; si el mundo se enteraba de que era la pareja de Gael Beaumont, esa protección se evaporaría de inmediato. —No, Gael. No deseo que se sepa aún que estamos casados. Si mis padres logran descubrir mi paradero, vendrán a buscarme e intentarán retomar el control sobre mi vida, como lo hicieron anteriormente. Gael no pudo evitar mirarla con cierto asombro. Sabía que nadie e incluso él tenían el derecho de tomar decisiones por ella. —No estoy lista para volver a enfrentarme a ellos y necesito que aceptes mi decisión, porque hay aspectos de mi pasado que prefiero que permanezcan ocultos —dijo, tomando sus manos. Gael la miró en silencio durante un instante. Le resultaba complicado aceptar que Elisa continuara lidiando con ese miedo, pero entendía que exponer su matrimonio sin que ella lo quisiese solo complicaría las cosas. Si realmente deseaba demostrarle que podía confiar en él, era esencial que
Al llegar a la mansión, Elisa abrió la puerta antes de que Gael pudiera ayudarla y salió rápidamente del automóvil. Cruzó la entrada sin detenerse a saludar al personal y subió las escaleras con la intención de refugiarse en la habitación. Necesitaba alejarse de todo lo que le recordaba la fotografía, el hospital y la mujer que amenazaba con cambiar su vida.Gael la siguió hasta el dormitorio y cerró la puerta tras de sí. La encontró de pie junto a la cama, quitándose los zapatos con movimientos bruscos, como si cada pequeño gesto le permitiera descargar parte de la frustración que llevaba acumulada. La impotencia de no saber cómo acercarse a ella comenzó a transformarse nuevamente en irritación.—¿Vas a seguir comportándote así? Deja de actuar como una niña inmadura, Elisa. No podemos resolver nuestros problemas si cada vez que algo te duele decides marcharte y te niegas a escuchar lo que tengo que decirte —soltó Gael, aunque se arrepintió de sus palabras casi en el mismo instante
Gael avanzó un paso hacia adelante, posicionándose ante Thomas con un semblante serio, sin poder pasar por alto la cercanía con la que este se dirigía a su esposa. —Te estoy agradecido por haber estado al lado de Elisa en un momento difícil, pero ella es mi esposa y debe tratar sus asuntos conmigo. No me parece correcto que continúes hablándole como si tuvieras algún derecho sobre ella, porque nuestra relación no te concierne —expresó Gael, con un tono autoritario que hizo evidente su molestia. Thomas se mantuvo calmado ante aquella respuesta. Aunque era consciente de que Gael contaba con una influencia y autoridad que él no podría igualar, no iba a permitir que tratara a Elisa como si sus emociones fueran menos valiosas que el hecho de ser su esposa. —Ser tu esposa no te da la facultad de decidir por ella ni de esperar que te siga cuando está lastimada por tus elecciones. Elisa no está sola, Gael, y si necesita un sitio donde estar mientras considera lo que hacer con su matrimonio
Al anochecer, Elisa dejó su habitación y se encaminó al comedor de su apartamento. Al llegar, halló a Nora terminando de colocar la cena en la mesa, mientras Thomas la ayudaba en poner los platos y cubiertos. El delicioso olor de la comida le recordó lo necesario que era para ella encontrar un instante de paz, lejos de las inquietudes que la habían atormentado durante el día.—¡Ven, Elisa, siéntate! Ya está casi todo listo y no voy a dejar que me digas que no después de un día tan horrible como el que has tenido —dijo Nora con una sonrisa amable, mientras le hacía espacio en una silla a su amiga.Elisa correspondió con una sonrisa y se aproximó a la mesa, agradecida por aquel gesto de cariño. Finalmente, sintió que podía inhalar profundamente aire sin tener que simular que todo iba bien.—Te agradezco, amiga. En serio, eres increíble. No sé qué haría sin ti, porque siempre logras hacerme sentir un poco mejor cuando pienso que todo se derrumba a mi alrededor —contestó Elisa, dándole
Thomas puso su mano sobre la mesa y la cubrió con la suya, sin tratar de olvidar el pasado, sino reconociendo que ambos habían sido jóvenes lidiando con situaciones que no sabían afrontar.—Después de tantos años, al fin tengo claridad sobre lo que ocurrió y ya no tengo que seguir imaginando respuestas en mi mente —manifestó él con una sonrisa melancólica.Elisa sintió que se había quitado un peso enorme de encima. Por muchos años había cargado con la culpa, aunque nunca lo había expresado, sus padres no le dieron tiempo para pensar en ello.—No tengo la capacidad de cambiar lo que pasó, Elisa, pero puedo dejar de cuestionarme si cometí algún error o si hubo un momento en el que dejaste de quererme. Al menos ahora sé que nuestra historia tuvo significado para ti, aunque no concluyera como ambos lo habíamos deseado.Ella le respondió con una sonrisa y apretó su mano con ternura, agradecida por la empatía que él le ofrecía. Thomas siempre había estado dispuesto a escucharla, incluso e







