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Capítulo 3

ผู้เขียน: Jasmine Flower
POV: Aria

A la mañana siguiente, cuando ya eran las siete, regresé a la Academia Blood Moon para recoger los últimos documentos de mi graduación. Pero apenas entré al edificio de archivos, escuché unas risas detrás de mí.

—Miren quién llegó: Aria, la mejor estudiante de toda la promoción —se burló una loba a mis espaldas.

Me volteé y vi a varias lobas bloqueando la escalera. Delante de todas estaba una de las nuevas amigas de Lyra. Me examinó de pies a cabeza y alargó una mano hacia la cámara que colgaba de mi cuello.

—¿Así que esta es la cámara con la que grabaste los recuerdos de esa infancia tan preciosa que compartiste con ellos? —preguntó con una sonrisa burlona.

Mi padre me la había regalado cuando cumplí diez años. Con ella había grabado nuestra primera transformación en grupo, la primera carrera que compartimos por el bosque y todos los cumpleaños que celebramos desde entonces. Los videos que Asher había guardado en el disco duro eran copias de esas grabaciones.

La loba sujetó la correa, pero le agarré la muñeca antes de que pudiera quitarme la cámara.

—Suéltala —le ordené sin aflojar la mano.

—¿A qué viene esa actitud? —replicó. Luego alzó la voz para que todos en el piso la oyeran—. Tuviste la suerte de crecer con los cuatro herederos de la manada. ¿De verdad empezaste a creerte la futura Luna de Blood Moon?

Las demás se echaron a reír.

—Qué lástima que ahora hayan elegido a Lyra —se mofó una de ellas.

—Damian aceptó salir con Aria ayer y hoy ya la dejó —añadió otra entre risas—. Si me pasara algo así, me daría tanta vergüenza que me iría de la manada.

Cada vez más estudiantes se detenían para ver lo que ocurría. Alcé la vista hacia el otro extremo del pasillo. Rowan llevaba los documentos de graduación de Lyra; Julian revisaba sus formularios de inscripción para Moonvale; Asher sostenía el desayuno de ella y Damian estaba en medio de los tres.

Como futuro Alfa de Blood Moon, Damian habría podido dispersar a las lobas que me rodeaban con una sola palabra. No lo hizo. Ni siquiera se acercó.

Tiempo atrás, alguien había difundido el rumor de que yo solo conseguía destacar porque los cuatro herederos me ayudaban. En aquella ocasión, Damian obligó al responsable a disculparse delante de toda la academia y me prometió que jamás volvería a permitir que alguien me humillara. Esta vez se quedó al otro extremo del pasillo y observó en silencio.

Lyra se acercó con prisa.

—¡Ya basta! Aria solo está molesta conmigo —intervino al detenerse cerca de nosotras.

La loba seguía sujetando la correa de mi cámara y se rio por lo bajo.

—Eres demasiado buena, Lyra. Asher solo le pidió que editara un video para tu cumpleaños y ella actuó como si quisieras robarle toda su vida —se burló.

Lyra bajó la cabeza y sus ojos se llenaron de lágrimas. Eso consiguió que Damian se moviera. Se acercó a nosotras, pero lo primero que hizo fue colocar a Lyra detrás de él.

—Aria, si estás enojada, desquítate con nosotros —me advirtió sin apartarse de ella—. No te desquites con Lyra.

Yo ni siquiera había hablado con Lyra, pero no pensaba perder el tiempo explicándome. Dentro de unas horas abandonaría para siempre la manada Blood Moon y no iba a desperdiciar mi última mañana en un juicio disciplinario dirigido por el futuro Alfa.

—Vuelve a casa y cámbiate. Deja de causar problemas en la academia —ordenó Damian después de verme de arriba abajo.

Le aparté la mano de la correa a la loba, acomodé la cámara sobre mi pecho y me marché.

Media hora más tarde, acababa de cambiarme cuando golpearon con fuerza la puerta de mi casa. Al abrir, Damian y los otros tres entraron sin esperar a que los invitara. Lyra pasó detrás de ellos.

—¿Dónde está el colgante de piedra lunar? —exigió Rowan cuando puso un pie dentro—. Lyra notó que le faltaba después de salir de la academia.

Me adelanté y les cerré el paso antes de que llegaran a las habitaciones.

—Esta es mi casa. No tienen derecho a registrarla sin mi permiso —les advertí sin quitarme de en medio.

Asher entrecerró los ojos.

—Lo perdió después del enfrentamiento contigo. ¿Quién más se lo habría llevado a propósito? —me acusó.

—Váyanse —les ordené mientras señalaba la puerta.

Ninguno me obedeció. Asher me rodeó, entró en mi dormitorio y abrió uno de los cajones. Los demás empezaron a revisar el armario y el escritorio.

Para cualquier lobo, el dormitorio era la parte más privada de su territorio. Durante dieciocho años, los cuatro habían entrado en el mío sin tocar la puerta. Antes había confundido esa falta total de límites con confianza. Ahora entendía que nunca habían creído que un "no" de mi parte mereciera respeto.

Rowan abrió las puertas del armario y miró la poca ropa que quedaba dentro.

—¿Por qué empacaste todas tus cosas? —preguntó mientras apartaba unas perchas.

Julian vio la maleta apoyada contra la pared y respondió por mí con su calma habitual:

—Quiere hacernos creer que de verdad se va.

Asher resopló con desdén.

—Aria, ya eres adulta. ¿En serio sigues jugando a escaparte de casa? —se burló.

Damian se fijó en la portada de mi contrato de ingreso anticipado a Frostland.

—Las clases en Frostland no empiezan hasta el otoño —comentó mientras leía el título. Luego alzó la vista hacia mí—. ¿Qué piensas hacer? ¿Desaparecer hoy de Blood Moon?

Mientras Damian hablaba, vi que Lyra sacaba el colgante de piedra lunar de su manga. Lo metió en el estrecho espacio entre el escritorio y la pared y se agachó para recogerlo.

—Lo encontré —anunció. Se incorporó con el colgante en la mano y me miró con los ojos enrojecidos antes de reprocharme—: Aria, si te arrepentiste de dármelo, solo tenías que decírmelo. Te lo habría devuelto. No necesitabas robarlo y hacernos registrar toda la casa.

—Tú acabas de ponerlo ahí —la acusé mientras señalaba el espacio junto al escritorio.

Las lágrimas se deslizaron por sus mejillas. Damian se interpuso entre las dos antes de que pudiera decir algo más. Ni siquiera miró el hueco donde Lyra había escondido el colgante ni le pidió una explicación. No tenía la menor intención de preguntarse si yo decía la verdad.

Estaba a punto de ordenarles otra vez que se fueran cuando Lyra miró por encima del hombro de Damian hacia mi computadora. El disco duro de Asher seguía conectado y en la pantalla aparecían dieciocho años de recuerdos compartidos.

—¿Puedo usar esas grabaciones para el video de mis dieciocho años? —preguntó Lyra sin apartar los ojos de la pantalla.

—No —respondí mientras cerraba la laptop.

Rowan se puso delante de mí.

—Asher ya te entregó el disco duro —protestó, como si eso le diera derecho a decidir qué debía hacer con los archivos.

Lyra bajó la cabeza.

—Olvídenlo. No quiero que vuelvan a discutir por mi culpa —murmuró antes de dar un paso hacia la puerta, como si fuera a marcharse.

Damian me miró con fastidio, volvió a abrir la computadora y me arrebató el ratón.

—Si no quieres aparecer en el video, bórrate —ordenó mientras llevaba el cursor hasta los archivos.

—No toques mis cosas —le advertí al extender la mano para recuperar el ratón.

Damian ni siquiera respondió. Seleccionó todos los videos en los que yo aparecía y presionó la tecla para eliminarlos. Intenté detenerlo, pero Asher me sujetó del brazo.

—Solo son unos cuantos videos. No nos obligues a hacerlo por la fuerza —me advirtió sin soltarme—. A partir de ahora, no aparecerás en ninguno de los videos conmemorativos de Blood Moon.

Damian desconectó el disco duro y me lo lanzó.

—Termina el resto esta noche —ordenó mientras se dirigía hacia la puerta.

Salió del dormitorio con Lyra y los otros tres fueron detrás de ellos. Damian creía que aquella amenaza iba a asustarme. Dentro de una hora se convertiría en realidad.

Cuando la puerta se cerró tras ellos, el teléfono vibró dentro de mi bolsillo. Miré el mensaje:

"El vehículo de traslado de la Academia Frostland llegará dentro de una hora".

Apreté el asa de mi maleta. Los cuatro lobos que creían conocerme mejor que nadie acababan de marcharse y ni siquiera se habían dado cuenta de que llevaba días despidiéndome de ellos.

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