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Capítulo 5

작가: Echo
Al día siguiente de regresar del hospital, Donatello me encontró en la oficina.

—Déjame llevarte de vacaciones —dijo—. Un crucero por el Mediterráneo. Podemos… recuperar el tiempo que perdimos. Tener por fin esa luna de miel.

Sabía que era su manera de disculparse por no haberme ido a buscar al hospital.

Ya me había acostumbrado a sus promesas incumplidas, así que ya no me dolía.

Sin embargo, al pensar en una luna de miel, apreté con más fuerza el bolígrafo.

Como nuestro matrimonio era un secreto, nunca celebramos una boda. Él había prometido que viajaríamos más adelante, pero esos tres años solo trajeron indiferencia.

Hace apenas un mes, esas palabras me habrían hecho llorar de felicidad. Ahora solo lo miré en silencio.

—Está bien —alcancé a decir.

De todos modos, sería la última vez.

Sería un cierre digno para un matrimonio que nunca lo fue.

Cuando llegó el día de partir, el yate nos esperaba en un muelle privado. Al subir a bordo con mi maleta, la primera persona que vi fue Angelina.

Llevaba un vestido blanco de lino y el viento le revolvía el cabello mientras reía con su hermano, Marcus.

Mis nudillos se pusieron blancos al apretar el asa de mi valija.

Donatello se acercó por detrás y me susurró al oído:

—Angelina se enteró de que saldríamos a navegar y comentó que siempre había querido hacer un crucero… Marcus se preocupó y prefirió acompañarla. No te preocupes, esto no va a arruinar nuestros planes.

¿De verdad no los arruinaría?

Esbocé una risa silenciosa. Nuestra luna de miel había dejado de serlo desde el primer segundo.

Cuando Angelina me vio, se quedó inmóvil por un instante antes de acercarse.

—Donatello, ¿por qué trajiste a tu abogada? ¿Hay algo importante que atender?

Antes de que pudiera responder, sentí la mirada de Donatello sobre mí, tensa y cortante.

Bajé los ojos y le ofrecí una sonrisa amable.

—Señorita Bianchi, en realidad estoy tramitando mi propio divorcio. El señor Vexille se enteró de que estábamos en una situación parecida y pensó que tal vez nos haría bien… charlar un poco.

Angelina pareció sorprendida y luego sus ojos reflejaron compasión. Me tomó la mano con pesar.

—Señorita Merouin, siento mucho oír eso..

A mis espaldas, Donatello dejó escapar un suspiro de alivio casi imperceptible.

Al atardecer, me encontraba sola en cubierta cuando Angelina se acercó.

—Señorita Merouin… ¿por qué quiere divorciarse?

Sus ojos claros me miraban con sincera compasión. Me tomé un momento antes de responder.

—Mi esposo está enamorado de otra persona.

A Angelina le temblaron las pestañas. Apretó la copa entre los dedos y sus ojos se llenaron de lágrimas.

—¿Cómo pudo…? —susurró, indignada—. No se preocupe, Donatello la ayudará. Detesta a los hombres así.

Sonreí en silencio.

—¿Cómo va tu divorcio? —pregunté, cambiando de tema.

Un intenso rubor cubrió sus pálidas mejillas.

—Donatello… asignó cuatro guardaespaldas para que estuvieran conmigo las veinticuatro horas —admitió, bajando la mirada—. Cuando mi exmarido llegó a su peor momento, mandó a sus hombres a llevárselo. Ni siquiera sé dónde está ahora… Me prometió que nunca más tendría que sentir miedo.

Mientras hablaba, sus ojos brillaban.

Di un sorbo de champaña. El líquido frío me recorrió la garganta, pero poco después una amarga sensación de calor se extendió por mi pecho.

Finalmente, le hice la pregunta que llevaba tiempo rondándome la cabeza.

—Angelina… ¿estás enamorada de él?

Su rostro se encendió de inmediato.

—Yo… —Se mordió el labio—. Siempre lo vi como un hermano mayor. Cuando era niña, los chicos de la escuela se metían conmigo y él llevaba a sus hombres para darles una lección. Cuando crecí, una pandilla comenzó a acosar a mi familia… y él los hizo desaparecer en apenas una semana.

Sus ojos se iluminaron al recordarlo, pero enseguida se apagaron.

—Siempre creí que me veía como una hermana menor, hasta que me divorcié y mi hermano me dijo la verdad: Donatello lleva años enamorado de mí.

La brisa marina se volvió helada en ese instante.

La realidad me golpeó de lleno.

No era que no supiera amar ni que hubiera nacido sin corazón. Simplemente, no me amaba a mí.

La revelación fue como una aguja afilada que se hundía lentamente en lo más profundo de mi pecho.

—¿Señorita Merouin? —Angelina me miró preocupada—. Está pálida…

—Estoy bien —alcancé a decir, forzando una sonrisa—. Solo tengo un poco de frío.

Ella apretó mi mano con gratitud, como si hubiera encontrado en mí a su única confidente.

—Señorita Merouin… ¿y usted? ¿Qué piensa… de Donatello?

La miré a los ojos, tan ingenuos, y sentí una extraña mezcla de ironía y tristeza.

—Yo solo soy su empleada —respondí suavemente—. En realidad, no lo conozco.

Hice una pausa antes de añadir:

—Pero sé lo suficiente para darme cuenta de que te ama desde hace mucho tiempo.

Angelina bajó la mirada, con el rostro completamente sonrojado.

Durante la cena, Donatello ocupó la cabecera de la larga y elegante mesa. Sus ojos apenas se apartaron de Angelina en toda la velada.

—Sé que no te gusta la carne poco hecha, así que pedí que prepararan tu filete a término medio.

—Le pedí que quitaran las avellanas del postre. Eres alérgica.

—Cambié el vino por un Barolo. Recuerdo que dijiste que te encantaba cuando lo probamos en casa de Marcus.

Yo solo observaba en silencio, como un fantasma en medio del banquete.

Después de cenar, Donatello me acompañó de regreso al camarote. Yo caminaba algo mareada por el vino. Las luces del pasillo estaban tenues y él me sostenía del brazo mientras hablaba con un tono inusualmente suave.

—Avril… gracias por comprender la situación tan bien esta noche. Angelina… no está pasando por un buen momento. Necesita un poco más de atención.

—Lo entiendo.

Hizo una pausa, como si buscara las palabras adecuadas.

—En la reunión de la familia del próximo año…

Me miró con una seriedad que jamás le había visto.

—Voy a anunciar nuestro matrimonio.

El próximo año.

Me giré y contemplé el mar sin decir palabra.

Ya no quería esperar más.

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