LOGINNickSin esperar a que enciendan el motor, me giro y camino a grandes zancadas hacia la cabaña. Cruzo el umbral de la puerta principal preparado para encontrarla encerrada en su habitación, llorando a solas con su orgullo herido y su rabia incontenible.Pero al entrar a la sala de estar, me detengo en seco.Lyra no está arriba. Está sentada allí mismo, en el borde del sofá principal, con las manos entrelazadas sobre su regazo y la espalda recta. No sé si se quedó allí porque el cuerpo le fallaba por el agotamiento y no pudo llegar a las escaleras, o si lo hizo porque su fino oído captó cada una de las palabras de nuestra discusión y necesitaba escuchar el final de la historia.—Puedes ahorrarte las palabras, Nick —dice ella de inmediato, anticipándose a mi llegada, con la voz dura, fría y temblorosa—. Y dile de mi parte a mi hermano que se ahorre sus malditas disculpas. No las quiero.Cierro la puerta con suavidad y camino despacio hasta situarme a un par de metros de ella.—Él no que
NickEl portazo con el que Lyra se despidió de nosotros resuena todavía en las paredes de los pinos, un eco seco y violento que deja el ambiente cargado de una tensión irrespirable.La veo perderse a tientas por el sendero hacia la cabaña, con los hombros rígidos y la espalda encorvada bajo el peso invisible de la humillación. Aunque su fachada grita rabia pura, conozco lo suficientemente bien a la mujer que se esconde detrás de esa armadura como para saber que, por dentro, está profundamente dolida, quebrada y aterrada.Giro lentamente el rostro hacia Kaelen. Mi alfa, mi amigo de toda la vida, da un paso al frente con la intención evidente de seguirla para intentar arreglar el desastre que acaba de provocar con su imprudencia diplomática.—No —le digo con voz baja, cortante y letal, interponiéndome en su camino y bloqueando el sendero con todo mi cuerpo.Kaelen se detiene de golpe. Me mira con los ojos dorados muy abiertos, parpadeando con una mezcla de desconcierto y una profunda in
LyraLa tensión ahora es palpable.Al otro lado de mí, escucho a Nick moverse con brusquedad.—¿Qué tipo de propuesta? —pregunta Nick con la voz dura, fría y cortante como el filo de una daga.Kaelen deja escapar un suspiro largo, pesado y cargado de una profunda exasperación antes de soltar la bomba:—Él tiene un hijo... un heredero de la edad de Lyra. Y ha propuesto sellar el tratado y la alianza definitiva entre nuestras manadas a través de... un matrimonio.El tiempo se detiene.Las palabras de mi hermano retumban en mis oídos como el estallido de un trueno a quemarropa. El mundo a mi alrededor, que ya de por sí era una negrura absoluta, se desvanece por completo, dejándome suspendida en un vacío helado y sin aire.—¿Qué...? —la palabra se me escapa de los labios en un susurro patético, ahogado, mientras siento que el pecho se me contrae de forma dolorosa—. ¿De qué estás hablando, Kaelen? Yo... yo tengo una discapacidad. ¡No soy apta para ser la luna de nadie, mucho menos de un Al
LyraEl sonido del motor se apaga de golpe, cortando el aire de la montaña con un crujido metálico que resuena entre los pinos de la explanada. Al instante, percibo el inconfundible crujir de las botas sobre la gravilla y, por encima de todo, el aroma inconfundible que se mezcla con el viento: sándalo, tierra húmeda y la dulzura inconfundible de la sangre pura de Elena, acompañadas por la presencia imponente, pesada y autoritaria de mi hermano.Kaelen y Elena han llegado.Mi cuerpo entero se tensa como una cuerda de acero a punto de romperse. El sudor frío del entrenamiento se me congela de inmediato en la piel. Me quedo inmóvil, con los brazos rígidos a los costados, sintiendo cómo el pánico me araña las entrañas. Me van a descubrir. En cuanto Kaelen me mire a los ojos, sabrá que no veo absolutamente nada. Sabrá que he fracasado.—¡Kaelen! ¡Elena! —la voz de Nick suena a mi lado, perfectamente tranquila, controlada y carente de cualquier atisbo de nerviosismo.Giro ligeramente la cab
Lyra—¿Y cómo piensas hacer eso si estoy completamente a ciegas? —replico con sarcasmo, sintiendo una chispa de inseguridad que me quemo por dentro.—Confiando en tus otros sentidos. Tu oído y tu olfato están diez veces más desarrollados que los míos, Lyra, pero confías tanto en el pánico que te niegas a usarlos —explica Nick, dando un rodeo a mi alrededor—. Primera regla: deja el maldito bastón. Aquí no te va a servir de nada.—¿Estás loco? ¡Sin el bastón voy a tropezarme con la primera piedra que encuentre! —protesto, aferrándome al trozo de madera como si fuera un salvavidas.—Hazlo —ordena él, y su voz adquiere un matiz de mando absoluto que me paraliza por un segundo.Con el orgullo herido y el corazón latiéndome a toda velocidad, suelto el bastón. Lo escucho caer pesadamente sobre la hierba. Me quedo de pie en medio de la explanada, sintiéndome completamente expuesta, desnuda y vulnerable ante la inmensidad del bosque que me rodea.—Bien. Ahora vamos a empezar con algo sencillo
LyraLa oscuridad de la madrugada es un peso denso sobre mis párpados. En mi mente, el sueño vuelve a repetirse de forma fragmentada: el lobo blanco de pelaje impecable corre entre los árboles, cruzando la frontera de mi negrura con sus ojos dorados fijos en mí, indicándome un camino que ya conozco demasiado bien. Me agito en la cama, sudorosa, sintiendo que las sábanas se enredan en mis piernas mientras mi loba interior rasguña las paredes de mi conciencia, inquieta y alerta.Pero esta vez no tengo tiempo de despertar a medias.¡BZZZZZZ!Un sonido estridente, metálico y ensordecedor explota justo al lado de mi oreja izquierda. Doy un respingo tan violento que choco contra la cabecera de la cama, lanzando un grito ahogado de puro pánico. Mis manos se agitan en el aire, buscando defenderme de un enemigo invisible, mientras el corazón se me dispara a mil por hora.Abro los ojos de par en par, aunque sé perfectamente lo que voy a encontrar: nada. Solo una negrura tan espesa y compacta qu







