ANMELDENLyraCasi como si mi voz hubiera convocado su presencia, un par de segundos después percibimos el inconfundible ronquido de un motor de coche deteniéndose frente a la cabaña. El olor a sándalo y tierra mojada impregna el porche antes de que siquiera suenen los nudillos contra la madera.—¿Está todo listo en la cocina? —le pregunto a Nick en un susurro rápido, con los nervios a flor de piel.—Todo listo —confirma él con calma, dándome un suave apretón en el hombro antes de abrir la puerta principal.El aroma de Kaelen y Elena inunda la estancia de inmediato. Escucho los pasos apresurados de mi cuñada y la pisada pesada y firme de mi hermano al cruzar el umbral. Antes de que pueda dar un paso para recibir a distancia, siento que unos brazos fuertes y familiares me envuelven con fuerza.Es Kaelen. Mi hermano me atrae hacia su pecho en un abrazo apretado, protector, cargado de un arrepentimiento genuino que puedo percibir claramente en su aroma y en la forma en que su cuerpo se relaja con
LyraEl reloj invisible de la cabaña parece avanzar con una lentitud desesperante. Las horas que separan la conversación de anoche de la cena de esta tarde se han convertido en un supositorio de plomo que me oprime el pecho. Apenas faltan diez minutos para que Kaelen y Elena crucen el umbral de la puerta, y los nervios me están devorando viva.Me encuentro de pie frente al espejo de la sala, aunque no veo más que una silueta borrosa y grisácea de mí misma. Mis manos tiemblan descontroladamente mientras intento alisar la tela de mi vestido.—Esto es una pésima idea, Nick —le digo con la voz rota por el pánico, girándome hacia la zona donde sé que está parado apoyado contra la pared—. Nos van a descubrir. En cuanto Kaelen y Elena entren y me miren a los ojos, se darán cuenta de que la cura ha fallado por completo. ¡No puedo fingir que veo! Además... ¿qué voy a hacer con Elena? ¡Se supone que hoy me toca la siguiente aplicación de su sangre! ¿Cómo diablos le explico que sigo ciega si sup
LyraSiento un nudo amargo en la garganta al darme cuenta de lo que acabo de hacer. He vendido mi libertad por una mentira más grande, cambiando una jaula por otra.—Muy bien... —mascullo, cruzando los brazos mientras me recargo contra el respaldo del sofá—. Supongo que, si vamos a hacer esto, tendremos que empezar a prepararnos mentalmente para cuando se lo vayamos a decir a Kaelen. Más vale ir ensayando la historia.Escucho cómo Nick se mueve con pesadez en su sitio, y el silencio que se prolonga tras su silencio me eriza la piel de una manera extraña.—Sobre eso... —comienza diciendo él, con un tono extrañamente cauteloso.Resoplo con fastidio, rodando los ojos hacia la oscuridad.—¿Qué pasa ahora? Con suerte, Kaelen tardará al menos un par de semanas en volver a aparecer por aquí a molestarnos.—De hecho... va a ser mucho más temprano que tarde —suelta Nick sin rodeos—. Me pidió que te informara antes de irse... que viene mañana a cenar.El mundo a mi alrededor se detiene de golpe
LyraLas palabras de Nick flotan en la penumbra de la sala, pesadas, absurdas y completamente fuera de lugar. Mi cerebro tarda varios segundos en procesar lo que acaba de decir. ¿Prometida con él? ¿De qué maldita locura está hablando?El pánico inicial se transforma de golpe en una oleada de orgullo embravecido. Doy un paso al frente, con los puños cerrados a los costados, y lo aparto de un empujón seco, despojando sus manos de mi rostro.—¿Te has vuelto completamente loco, Nick? —le espeto con la voz temblando de furia, apuntando con un dedo hacia la zona donde sé que está parado—. ¿Qué clase de estupidez es esa de que estoy prometida contigo? ¡No soy una maldita propiedad que puedas reclamar como si fuera un trofeo para sacarte de un apuro político!Nick no se inmuta ante mi arranque. Se queda allí, plantado en la oscuridad, con los brazos cruzados y la mandíbula tensa.—No te estoy reclamando como una propiedad, Lyra —responde con su voz grave, cortante, manteniendo un tono estrict
NickSin esperar a que enciendan el motor, me giro y camino a grandes zancadas hacia la cabaña. Cruzo el umbral de la puerta principal preparado para encontrarla encerrada en su habitación, llorando a solas con su orgullo herido y su rabia incontenible.Pero al entrar a la sala de estar, me detengo en seco.Lyra no está arriba. Está sentada allí mismo, en el borde del sofá principal, con las manos entrelazadas sobre su regazo y la espalda recta. No sé si se quedó allí porque el cuerpo le fallaba por el agotamiento y no pudo llegar a las escaleras, o si lo hizo porque su fino oído captó cada una de las palabras de nuestra discusión y necesitaba escuchar el final de la historia.—Puedes ahorrarte las palabras, Nick —dice ella de inmediato, anticipándose a mi llegada, con la voz dura, fría y temblorosa—. Y dile de mi parte a mi hermano que se ahorre sus malditas disculpas. No las quiero.Cierro la puerta con suavidad y camino despacio hasta situarme a un par de metros de ella.—Él no que
NickEl portazo con el que Lyra se despidió de nosotros resuena todavía en las paredes de los pinos, un eco seco y violento que deja el ambiente cargado de una tensión irrespirable.La veo perderse a tientas por el sendero hacia la cabaña, con los hombros rígidos y la espalda encorvada bajo el peso invisible de la humillación. Aunque su fachada grita rabia pura, conozco lo suficientemente bien a la mujer que se esconde detrás de esa armadura como para saber que, por dentro, está profundamente dolida, quebrada y aterrada.Giro lentamente el rostro hacia Kaelen. Mi alfa, mi amigo de toda la vida, da un paso al frente con la intención evidente de seguirla para intentar arreglar el desastre que acaba de provocar con su imprudencia diplomática.—No —le digo con voz baja, cortante y letal, interponiéndome en su camino y bloqueando el sendero con todo mi cuerpo.Kaelen se detiene de golpe. Me mira con los ojos dorados muy abiertos, parpadeando con una mezcla de desconcierto y una profunda in







