ログインCaminaron por las calles concurridas, con carruajes y caballos pasando a toda velocidad, y el aire estaba lleno del olor a pan y pasteles recién horneados y del ruido de los transeúntes.
Las miradas de la gente se detenían en una hermosa joven de cabello blanco y negro, fijándose en el encaje envuelto alrededor de sus ojos y en el perro que la guiaba. Su expresión se llenaba de lástima por un instante. A Ariella no le molestaban las emociones que alcanzaba a vislumbrar en sus auras; respiró hondo, disfrutando de estar rodeada de sonidos y colores. —Ella, deberíamos comprar este bálsamo. Huele, ¿no huele a flores? —Mary llamó su atención, acercándose el bálsamo a la nariz para olerlo. Ariella lo olió y notó que la fragancia no era tan buena como las que ella hacía. —No podemos. Sabes que el Duque Alaric nos dio un presupuesto ajustado. Todavía no hemos comprado comida ni otras necesidades. —Sus calmadas palabras echaron agua fría sobre el ánimo de Mary. El ánimo de Mary decayó un poco, pero sabía que Ella tenía razón. Miró el bálsamo con anhelo y lo dejó, bajo la mirada de disgusto de la vendedora. La vendedora resopló en su mente; había visto a dos hermosas damas de alta cuna y pensó que tendría un negocio, sin saber que eran demasiado pobres hasta para comprar un bálsamo. Resopló con fuerza ante sus espaldas que se alejaban, haciendo que Mary se sonrojara de vergüenza. Ariella no reaccionó mucho a la grosería de la mujer y consoló a su amiga. —Puedo hacerte un bálsamo con mejor aroma que ese; solo tienes que traerme tus flores favoritas y decirme el tipo que quieres —sugirió Ariella con calidez, y Mary la miró con sospecha, sin creer que pudiera hacer el trabajo de una boticaria experta. —Olvídalo, sé que intentas consolarme. No te fuerces —dijo Mary con tono ligero, descartando su ofrecimiento con un gesto. —Vamos a comprar unos pantalones. Escuché en la conversación de la hija del Duque con la criada que el terreno es accidentado, con colinas y montañas. Así que tenemos que renunciar a nuestra forma habitual de vestir —dijo Mary con calma, pero su rostro era una máscara de dolor, al tener que dejar que todos sus vestidos se echaran a perder. Un suspiro deprimido salió de sus labios. Ariella casi sonrió de alegría mientras pensaba: «Por fin me libraré de este maldito vestido». Extrañaba los pantalones de su vida pasada; los vestidos de aquí eran tan restrictivos que caminar con normalidad resultaba agotador. —Vamos. —Su voz apenas ocultaba la alegría mientras apuraba a Mary a moverse más rápido. Recorrieron el mercado con las manos llenas de las cosas que compraron, y el sol se estaba poniendo cuando regresaron a la casa del Duque. Antes de que pudieran retirarse a sus aposentos, una criada las detuvo. —Su Excelencia solicita su presencia. —El tono de la criada era plano, sin ninguna forma de respeto. En su mente, eran callejeras recogidas para ayudar a Lady Liora en el reino de los Dragones. La expresión de Ariella se enfrió, pero por fuera se mantuvo serena. La siguió y pudo sentir a Mary tensarse ante la mención de ese señor pervertido. Si no fueran a ser enviadas como novias de un Dragón, el hombre las habría tenido a su merced desde los dieciocho. Pero eso no le impedía hacerles insinuaciones incómodas. Si hubiera sido su antigua yo, él habría encontrado su parte inferior cortada y servida ante él como un plato. Solo podía contener su ira; atacarlo sería desventajoso; sin poder alguno por su ceguera, sería difícil sobrevivir en este mundo con Mary a cuestas. Soltó al perro. Llegaron a un estudio; esta vez, Ariella vio otra aura junto a la de él y supo al instante de quién se trataba. —Se les han endurecido las alas para hacerme esperar. No castigaré su falta de respeto, estoy de muy buen humor. Siéntense. —Un tono severo y autoritario llenó la habitación, y Ariella tanteó en busca de la silla mientras Liora reía suavemente tras sus pálidos dedos. Había pedido a propósito a la criada que empujara la silla contra la pared; quería ver el chiste de Ariella. Pero perdió el interés cuando no vio a Ariella perder la compostura, sino que se mantuvo con un aire de otro mundo, haciéndole sentir que sus mezquinas acciones estaban por debajo de ella. Liora frunció el ceño; fulminó a Ariella con la mirada llena de celos y apartó la cabeza. Mary salió de su miedo y acercó la silla para que Ariella se sentara. Ariella le asintió con gratitud y se sentó despacio. La mirada de Aleric estaba sobre Ariella desde que entró en la habitación. Su mirada casi le desnudaba el vestido de seda; sacude la cabeza por dentro, arrepentido. Si ella no fuera una de las pocas elegidas, la habría reclamado, pues se sentía tentado, pero no se atrevía a atraer sobre sí la ira de los Dragones. Su expresión se volvió seria. —Partirán mañana hacia el reino de los Dragones. —Las miró a las tres, asegurándose de que se concentraran en sus palabras antes de continuar. —La casa Magsworth ha volcado recursos en su crianza todos estos años. Ahora les toca pagarlo. Cásense con un Señor Dragón de alto rango, si no con los reyes. Confío en que todas cumplirán. —Su mirada ambiciosa recorrió a las hermosas mujeres frente a él, y estaba seguro de su éxito. Se imaginó el ascenso de su riqueza y el poder que ganaría cuando cualquiera de ellas lo lograra. Ariella podía sentir su codicia goteando de su aura verde oscuro; era porque el dragón había impuesto una regla: los dragones que se casaran con una dama tendrían que pagar una enorme cantidad de su riqueza a la familia de ella. La riqueza de un dragón era un punto de deseo para los nobles de este reino y de más allá, porque lo que el dragón había acumulado durante toda su vida bastaba para comprar un país de alto nivel infinitas veces. Después de los recursos acordados que los dragones debían aportar, era lo siguiente que las familias de las elegidas esperaban con ansias, sin importarles si su hija sobreviviría el tiempo suficiente en un reino tan hostil. Ella asintió, pero en su mente pensaba lo contrario. En cuanto partiera hacia el reino de los dragones, cortaría todo lo que tuviera que ver con esta familia ducal. El cofre con todos sus ahorros de la venta de sus bálsamos podía pagar la deuda de crianza de ella y de Mary.Ariella frunció el ceño en sueños por los rugidos; abrió los ojos con modorra por un segundo, antes de cerrarlos. Volvió a dormirse, sintiendo que el alboroto no estaba a su lado. Solo los dragones estaban despiertos, mirando con miedo y curiosidad en dirección al sonido; querían presenciar su batalla y aprender algo, pero no se atrevían. Leo pidió una segunda ronda. Los dolorosos rugidos de Xavier llenaron el cielo, mientras el cuerpo sangrante de Jasper sanaba solo para ser desgarrado una y otra vez. Cuando llegó el amanecer, Leo ya se había saciado de impartirles sabiduría y lecciones de combate. Volvieron a su cueva y, tras transformarse a su forma humana, estaban cubiertos de moretones azules y negros; su piel trigueña tenía marcas de garras, y el rostro de Xavier estaba hinchado y amarillento. Las heridas de Jasper sanaron más rápido, pues su fuego tenía una naturaleza curativa. Los ignoró a ambos y caminó hacia su cueva para dormir. Leo tuvo presente despertarlo más tarde
—Gracias por la comida; estuvo deliciosa —dijo Ariella, elogiando la cocina de Kalian mientras se levantaba. —Me retiro. Buenas noches —añadió, aunque el sol acababa de ponerse. —Buenas noches, señorita Ella. Si necesita algo, llame. Siempre la oiremos —respondió Kalian, entendiendo su necesidad de descanso tras el largo viaje. Los demás le desearon buenas noches. Ariella asintió y el golpeteo de su bastón se desvaneció al alejarse de su presencia. Arriba, en su habitación, se movió hacia la cama con la ayuda de las flores que había colocado sobre el tocador. Un bostezo escapó de sus labios, y se le juntaron lágrimas en el borde de los ojos mientras parpadeaba contra el pesado tirón del sueño. Se prometió bañarse mañana mientras se deslizaba entre las cobijas, y en cuanto su cabeza tocó la almohada, se quedó dormida. En una cueva misteriosa y distante, los dragones adoptaron sus formas humanas. Los hombres altos y de hombros anchos estaban de pie, con sus ojos dorados mirándose
—¿Tú eres quien va a cocinar? —preguntó Ariella, sorprendida por dentro. Ariella había pensado que ella sería quien cocinaría. —Sí, señorita Ella. Nos han entrenado para servir a las novias en todo. Y yo soy el mejor cocinero de mi tríada —dijo Kalian, con un tono lleno de orgullo en su última frase. —Muy bien, cocina tu mejor comida, ponle suficiente chile —respondió Ariella con tono ligero. —Señorita Ella, puede mordisquear esto mientras espera que la comida esté lista. Conseguí esta fruta cuando estaba cortando la flor de enredadera —intervino Asher, sosteniendo en las manos un racimo de uvas moradas. Al ver las manos extendidas de Ariella, se las puso con suavidad sobre los dedos. —No sé el nombre de la fruta, pero es dulce y no es venenosa —explicó Asher, viendo sus manos tantear las frutas. —Esto se llama uvas. Gracias por recogerlas. Si ven otras frutas que no sean venenosas, tráiganmelas y haré un postre para los tres —dijo Ariella, sorprendida por dentro de volver a ver
—Me llamo Ariella —dijo Ariella, dando su nombre.—Señorita Ariella, la llevaremos a su casa —intervino Asher, más callado que los otros dos. La guiaron, con Aiden explicándole todo por el camino.—Esta ciudad se llama Pueblo Girasol, una de las noventa y dos ciudades repartidas por el reino. Las imponentes montañas esparcidas alrededor son donde viven las tríadas con sus esposas. La ciudad es principalmente de negocios y reuniones para damas —Asher hizo una pausa, y Kalian continuó.—Puede pedir una tienda si quiere iniciar un negocio, y también hay muchas cosas que comprar en la ciudad.Ariella escuchó con interés y no pudo evitar preguntar: —¿Somos el único grupo de novias?—No, hay muchos otros repartidos por las ciudades —respondió Asher cuando llegaron al nuevo hogar de Ariella.Tuvo la fortuna de recibir un bungalow rodeado de flores y un poco apartado del ruido de la ciudad. Aunque no podía ver el edificio, percibió los colores de las auras de las flores a su alrededor, y el a
Las otras damas suspiraron por dentro con decepción y solo pudieron esperar con paciencia. Pasaron las horas, cruzando vastos océanos y paisajes; en algún momento, algunas mujeres disfrutaron la vista y otras se durmieron por aburrimiento.Ariella disfrutaba de los colores a su alrededor; se recostó contra las escamas del dragón, recorriendo con los dedos su superficie lisa y cálida, y su mente armaba una imagen de los colores de su aura más que de su forma física. Se quedó tan quieta que Grey apenas notó que se movía.De pronto, un rugido profundo rompió el silencio, y todas se incorporaron, mirando a su alrededor con ansiedad. Un momento después, se inclinaron hacia un lado, atravesando lo que parecía una puerta de aspecto membranoso.Al cruzar, los dragones se enderezaron, y exclamaciones de asombro llenaron el aire mientras se desplegaban ante ellas vistas impresionantes que les hicieron olvidar su miedo anterior.Podían ver enormes montañas esparcidas por el reino y un vasto bosq
Los carruajes que llevaban a las mujeres avanzaron con rapidez hacia el castillo, y el trueno de los cascos de los caballos resonaba mientras galopaban hacia su destino.Al llegar, los carruajes fueron estacionados, y las mujeres bajaron y fueron conducidas rápidamente al interior del castillo, donde los dragones las esperaban.La tensión, los nervios y el miedo llenaban el aire mientras las damas enfrentaban un futuro incierto, susurrando mientras les pedían que esperaran.Más de doscientas mujeres estaban reunidas; las damas guardaron silencio cuando vieron que su princesa también se unía a la fila.—Ella, estoy tan nerviosa —susurró Mary al oído de Ariella, con la voz temblándole ligeramente. Siempre había esperado este día, pero ahora que había llegado, se ponía más nerviosa y temerosa de lo desconocido.Ariella no ofreció palabras para calmar el miedo de Mary; ella también estaba insegura sobre su futuro, aunque, con su aire de otro mundo, conservaba su calma habitual.Liora se f







