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Chapter 3

作者: Nikky blaze
last update 公開日: 2026-11-02 18:13:03

—Ariella, querida. Tengo toda la fe en ti. No me decepciones. —Alaric sostuvo sus delicados dedos lechosos, frotándolos suavemente. Ella sintió una oleada de asco y estuvo a punto de apartarse cuando por fin la soltó.

—Pueden retirarse todas —ordenó Alaric con voz severa mientras las veía marcharse. Una vez a solas, se llevó a la nariz la mano con la que la había tocado, inhalando su aroma único a lirios con una sonrisa pervertida.

Guiada por su bastón y por las auras de las flores, Ariella volvió a sus aposentos. Al entrar, llamó a su sirvienta personal: —¡Tráeme dos tazones de agua, rápido!

En pocos minutos, los tazones fueron colocados frente a ella. Tomó rápidamente su jabón y metió las manos en el agua tibia, frotándose cada dedo a fondo hasta que se pusieron rojos.

—Tira esto y prepárame un baño —instruyó—. Luego ve a los aposentos de Lady Mary a buscar las cosas que compré. —Se desató el encaje que le cubría los ojos, con sus vacíos ojos azul gélido fijos al frente.

Mientras esperaba que su baño estuviera listo, sintió la presencia de White; él le ladró y se restregó juguetón contra sus piernas.

Una sonrisa se dibujó en sus labios; se inclinó y pasó las manos por su pelaje. —Qué buen chico. ¿Tienes hambre? —lo elogió y acarició su pelaje.

Miró en dirección al perro y deseó poder llevárselo con ella mañana.

Sus manos, que recorrían el pelaje del perro, se detuvieron. Recordó a su socio comercial y se levantó.

Moviéndose con familiaridad hacia su cama, tanteó debajo y sacó una caja.

Sus manos fueron a su cuello y sacó un llavero. Buscó el agujero a tientas y encajó la llave en la cerradura, abriéndola.

Una luz dorada brilló por la habitación; la caja estaba llena de monedas frías y un cuerno con forma de concha.

Tomó el cuerno y metió el dedo en su hueco, sintiendo la piedra de maná incrustada. Frotó la concha y esta resplandeció.

—Partiré mañana y no podré hacer negocios. Por la confianza que me has demostrado todos estos años trabajando juntos, te dejaré dos fórmulas de mi bálsamo, mi jabón y mis aceites esenciales. Si no puedo llevarme a mi perro, ayúdame a cuidarlo. Adiós. —Metió las fórmulas en el cuerno, lo frotó y las luces se atenuaron.

El cuerno con forma de concha había sido obtenido de una bestia abisal caída; su función, cuando se le colocan piedras de maná, es grabar las palabras que se pronuncian en él.

—White, ven, muchacho. —Llamó al perro, metió la concha en una bolsita, se la ató al cuello y le palmeó el cuerpo para que entregara el mensaje.

White ya conocía la ruta, pues lo había hecho varias veces. Salió corriendo de la mansión hacia la noche para entregar el mensaje.

Ella ordenó todo y se sentó de nuevo, recordando que le había pedido a la sirvienta que trajera el agua de su baño hacía treinta minutos.

Frunció el ceño preguntándose qué la retenía. Solo podía sentarse y esperar.

Mientras tanto, la sirvienta había sido detenida por Liora. La sirvienta se arrodilló en el suelo y miró a la hija del Duque con miedo y confusión por haber sido llamada allí.

Liora sorbió su té sin prisa y observó a la sirvienta en el suelo, temblando patéticamente.

—Mi señora, ¿en qué puedo ayudarla? Tengo que preparar el agua del baño de Lady Ariella —balbuceó la criada, con la voz temerosa.

—¿Eh? Eres muy dedicada a servirla. Partiremos mañana y te quedarás sin trabajo. ¿Qué dirías si te dijera que puedo cambiarte la vida para siempre, con más riqueza de la que jamás hayas soñado? Eso, si haces una pequeña cosa por mí. ¿Qué dices? —Su tono suave susurró como el susurro de un demonio, tentando a la mujer a caer.

La mujer quedó aturdida por sus palabras, dándose cuenta apenas de que se quedaría sin trabajo si Lady Ariella se iba; ¿cómo ahorraría dinero para el matrimonio de su hija o la educación de su hijo?

Las palabras «riqueza para vivir toda tu vida» aparecieron en su mente, y un destello de codicia brilló en su corazón. «Es solo una cosa pequeña, no tengo por qué preocuparme demasiado».

Su mirada se volvió firme y miró a Liora. —Mi señora, ¿qué debo hacer por usted? —preguntó en tono de aceptación.

Una oscura sonrisa se extendió por los labios de Liora, poniéndole la piel de gallina a la mujer arrodillada.

—Muy bien. No es gran cosa. —Liora le dijo a la mujer lo que debía hacer, y los ojos de la mujer se abrieron de par en par; el miedo creció en su corazón mientras miraba a la hermosa mujer frente a ella.

Le entregaron un frasco lleno de un líquido negro. Liora vio marcharse a la mujer y llamó a su guardia. —Síguela, y cuando termine la tarea, ya sabes qué hacer. —Su tono era gélido mientras le hacía señas para que le cortara el cuello.

La sirvienta tenía la ilusión de que podría disfrutar de la riqueza; «qué gusano iluso».

El guardia hizo una reverencia y se desvaneció en el aire. Liora tomó su té y una sonrisa satisfecha cruzó sus labios.

La mujer regresó con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho; la mano que sostenía el frasco temblaba, pero la sujetó con firmeza. «Mi señora, no me culpe; tengo que alimentar a mi familia». Con estos pensamientos, sus pasos se volvieron firmes.

—¿Qué te retrasó? —preguntó Ariella con calma, sin dejar que su enojo saliera a la superficie, pero la mujer se sintió incómoda por su pregunta.

—Mi señora, la cocina me retrasó para conseguir agua caliente. —Mintió, con el tono temblándole ligeramente, pero Ariella lo captó de inmediato.

Miró fijamente el aura de la mujer y vio que el azul que la rodeaba tenía un tenue tinte rojo. Su corazón se hundió ante este descubrimiento, y sus manos se tensaron sobre su bastón.

—Mi señora, iré a prepararle un baño. —Dijo la mujer y se fue rápidamente, sintiéndose incómoda bajo la mirada vacía de Ariella.

Sintió de forma subconsciente que sus oscuros pensamientos habían quedado expuestos ante Ariella, sin saber cuán ciertos eran.

«¿Por qué mi sirvienta tiene malas intenciones hacia mí?», pensó, sintiéndose confundida y decepcionada. Quería recompensar a esta mujer por todo el tiempo que la había servido. ¿Por qué no había aguantado lo suficiente?

«Humanos». Un triste suspiro salió de sus labios, pero su corazón destelló con frialdad.

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