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Una joven pálida yacía inquieta en la cama, con el rostro crispado por el dolor mientras destellos de sangre, cuchillos y un auto a toda velocidad inundaban su mente.
Sus ojos se abrieron de golpe y jadeó en busca de aire, con la respiración áspera. Sus ojos de un azul gélido, ahora grisáceos y sin luz, miraban hacia la nada. El sudor le había pegado a la piel su cabello blanco y negro. Ariella se frotó la frente y suspiró. Esos destellos de su vida pasada iban y venían, y de vez en cuando volvían en sueños. Podía recordar cuando llegó a este mundo: una bebé ciega e indefensa, abandonada en el bosque abisal y dejada a merced de los monstruos abisales que acechan este mundo. Avernon: un mundo donde coexisten bestias abisales, Dragones y humanos. —¡Ariella! Levántate, es hora de la prueba —llamó una voz desde fuera de la puerta. Las orejas de Ariella se movieron hacia el sonido. A través de su visión única, vio una silueta de energía con forma humana parada al otro lado de la puerta. Al ver el aura, lo único que podía percibir con sus ojos, respondió con calma, ya acostumbrada a la naturaleza apresurada de su amiga. —No hay prisa. Aunque lleguemos a tiempo, las chicas nobles pasarán primero —dijo Ariella mientras se levantaba, buscando su bastón a tientas. Encontró su ropa y sus pálidos dedos recorrieron los botones mientras se abrochaba la blusa. Sus pasos eran seguros al salir de la habitación, pues conocía a la perfección la distribución del orfanato. Vio que el aura verdosa de forma humana se avivaba y supo que Mary estaba emocionada por el gran día. Para Ariella, era un día más. Esperaba que su vida tranquila no cambiara. Se había prometido a sí misma, tras sobrevivir al accidente de la bomba en su vida pasada, que nunca volvería a su antigua profesión de asesina. Estaba muy agradecida con los poderes, fueran cuales fueran, que lo hicieron posible. —Yo guiaré. Tenemos que darnos prisa —dijo Mary con ansiedad, claramente preocupada de que, si Ariella no caminaba más rápido, se perderían el evento. Mary estaba desesperada por ser seleccionada por su resistencia a la energía de los Dragones. La alternativa, unirse a los soldados en la guerra contra las bestias, la aterraba. Ella esperaba ser elegida por su resistencia a la energía de los Dragones. No quería unirse a los soldados en la guerra contra las bestias abisales. El sonido de los cascos de los caballos y los fuertes regateos de los vendedores llenaba el aire, y sonidos y olores de todas direcciones inundaban la mente de Ariella. Podía sentir la vitalidad en el ambiente. Auras de distintos colores revoloteaban por todas partes. Incluso la hierba bajo sus pies emitía una. No le molestaba su ceguera; la vista que había tenido antes solo le había traído dolor e indiferencia. Mientras hubiera vida en algo, podía ver su aura, fuera buena o mala. La arrastraron hasta la plaza, donde había chicas de distintos cuerpos, tamaños y edades. Reunidas en fila, cada una mostraba distintos grados de emoción y nerviosismo. Hoy era un punto de inflexión para unas y una decepción para otras. Frente a la reina habían colocado un gran cristal gris; un guardia del castillo estaba de pie junto al cristal y pedía a las chicas que colocaran sus manos. —¡El siguiente! —gritó el guardia llamando a la siguiente persona cuando el cristal no reaccionó. La chica suplicó otro intento, pero la sacaron a la fuerza de la plaza. El proceso continuó, y al llegar su turno, las manos de Mary se humedecieron de sudor; Ariella lo notó y le dio unas palmaditas en las manos para reconfortarla. —Somos las siguientes —el tono de Mary sonó como un susurro, mientras sostenía con fuerza la mano de Ariella. —Ella, tengo miedo, ¿y si...? —la voz temblorosa de Mary se cortó en seco por la mirada del guardia. Con manos temblorosas, la colocó sobre el cristal y lo vio temblar y zumbar de energía. —Aprobada. Muévete a la izquierda —el tono plano del hombre sobresaltó a Mary y la despertó de golpe; sus ojos se abrieron aturdidos mientras se movía hacia la izquierda. Su corazón se estremeció de emoción y casi gritó, pero al recordar la ocasión se contuvo, mirando con ansiedad a Ella. Ella, con la mente en calma, puso su mano, sintiendo que no sería elegida, pero, para su sorpresa, el cristal vibró y la dejó paralizada en su sitio. —Aprobada. Muévete a la izquierda —repitió el hombre sus palabras con tono robótico, ajeno al corazón caótico de Ella. Ella siguió el color del aura de Mary y se dirigió hacia ella. —Pasamos. Dios mío. Este es un momento que cambiará nuestras vidas —susurró Mary con entusiasmo y abrazó con fuerza a la atónita Ella. Ella pudo sentir que su vida tranquila había terminado en ese momento. Seis años después. En una mansión de la capital de Elyndor. Una mujer de cabello blanco y negro blandía su bastón de ciega. Estaba cubierta de sudor mientras lo blandía, y la fuerza hacía que cortara el aire con un silbido. Ariella practicó durante una hora, con el cuerpo empapado de sudor, antes de llamar a la criada para que trajera el agua de su baño. Sumergida en el agua, recordó cómo ella y Mary fueron llevadas a toda prisa por un noble bajo el pretexto de la adopción. A los catorce años, cuando ambas aprobaron la prueba de resistencia a la energía de los Dragones. Fue entonces cuando las arrojaron al mundo de los nobles y supieron la verdad. Iban a ser enviadas al reino de los Dragones como novias. A cambio, los Dragones les darían piedras de maná para luchar contra las bestias abisales. Una transacción clara entre humanos y dragones. —Espero poder forjarme la vida tranquila que quiero —pensó en voz alta, con un tono esperanzado. —¡Ella! ¿Ya terminaste? Voy a entrar —la voz elegante de Mary, que había cambiado con el paso del tiempo, resonó por la habitación. Ariella salió de sus pensamientos de recuerdo. —Espera un momento —su tono calmado llegó a oídos de Mary, quien frunció el ceño por tener que esperar. Sus ojos se desviaron hacia el perro-lobo, la mascota y guía de Ella. White miró al humano frente a él y bostezó, mostrando sus afilados colmillos, lo que hizo que Mary retrocediera de miedo. Odiaba venir aquí cuando este perro estaba presente. —Ella. Date prisa o tu perro me va a comer —su tono de pánico salió de sus labios, y tanto ella como el perro giraron la mirada. Al ver salir a Ella, se quedó atónita por un segundo ante el hermoso y sereno rostro de su amiga. Su cabello blanco y negro le daba un aspecto único, con la gasa que le cubría los ojos. Aunque Mary veía a Ella todos los santos días, seguía conmovida por su belleza de otro mundo y su calma elegante. Salió de su ensimismamiento y agarró la mano de Ella bajo el gruñido bajo de White. —Tenemos cosas que comprar, sabes que mañana es el día en que partimos al reino de los Dragones —parloteó sin parar mientras enumeraba las cosas por comprar. Ella solo pudo sonreír y seguirla, sintiéndose ya agotada mentalmente antes de las compras.Ariella frunció el ceño en sueños por los rugidos; abrió los ojos con modorra por un segundo, antes de cerrarlos. Volvió a dormirse, sintiendo que el alboroto no estaba a su lado. Solo los dragones estaban despiertos, mirando con miedo y curiosidad en dirección al sonido; querían presenciar su batalla y aprender algo, pero no se atrevían. Leo pidió una segunda ronda. Los dolorosos rugidos de Xavier llenaron el cielo, mientras el cuerpo sangrante de Jasper sanaba solo para ser desgarrado una y otra vez. Cuando llegó el amanecer, Leo ya se había saciado de impartirles sabiduría y lecciones de combate. Volvieron a su cueva y, tras transformarse a su forma humana, estaban cubiertos de moretones azules y negros; su piel trigueña tenía marcas de garras, y el rostro de Xavier estaba hinchado y amarillento. Las heridas de Jasper sanaron más rápido, pues su fuego tenía una naturaleza curativa. Los ignoró a ambos y caminó hacia su cueva para dormir. Leo tuvo presente despertarlo más tarde
—Gracias por la comida; estuvo deliciosa —dijo Ariella, elogiando la cocina de Kalian mientras se levantaba. —Me retiro. Buenas noches —añadió, aunque el sol acababa de ponerse. —Buenas noches, señorita Ella. Si necesita algo, llame. Siempre la oiremos —respondió Kalian, entendiendo su necesidad de descanso tras el largo viaje. Los demás le desearon buenas noches. Ariella asintió y el golpeteo de su bastón se desvaneció al alejarse de su presencia. Arriba, en su habitación, se movió hacia la cama con la ayuda de las flores que había colocado sobre el tocador. Un bostezo escapó de sus labios, y se le juntaron lágrimas en el borde de los ojos mientras parpadeaba contra el pesado tirón del sueño. Se prometió bañarse mañana mientras se deslizaba entre las cobijas, y en cuanto su cabeza tocó la almohada, se quedó dormida. En una cueva misteriosa y distante, los dragones adoptaron sus formas humanas. Los hombres altos y de hombros anchos estaban de pie, con sus ojos dorados mirándose
—¿Tú eres quien va a cocinar? —preguntó Ariella, sorprendida por dentro. Ariella había pensado que ella sería quien cocinaría. —Sí, señorita Ella. Nos han entrenado para servir a las novias en todo. Y yo soy el mejor cocinero de mi tríada —dijo Kalian, con un tono lleno de orgullo en su última frase. —Muy bien, cocina tu mejor comida, ponle suficiente chile —respondió Ariella con tono ligero. —Señorita Ella, puede mordisquear esto mientras espera que la comida esté lista. Conseguí esta fruta cuando estaba cortando la flor de enredadera —intervino Asher, sosteniendo en las manos un racimo de uvas moradas. Al ver las manos extendidas de Ariella, se las puso con suavidad sobre los dedos. —No sé el nombre de la fruta, pero es dulce y no es venenosa —explicó Asher, viendo sus manos tantear las frutas. —Esto se llama uvas. Gracias por recogerlas. Si ven otras frutas que no sean venenosas, tráiganmelas y haré un postre para los tres —dijo Ariella, sorprendida por dentro de volver a ver
—Me llamo Ariella —dijo Ariella, dando su nombre.—Señorita Ariella, la llevaremos a su casa —intervino Asher, más callado que los otros dos. La guiaron, con Aiden explicándole todo por el camino.—Esta ciudad se llama Pueblo Girasol, una de las noventa y dos ciudades repartidas por el reino. Las imponentes montañas esparcidas alrededor son donde viven las tríadas con sus esposas. La ciudad es principalmente de negocios y reuniones para damas —Asher hizo una pausa, y Kalian continuó.—Puede pedir una tienda si quiere iniciar un negocio, y también hay muchas cosas que comprar en la ciudad.Ariella escuchó con interés y no pudo evitar preguntar: —¿Somos el único grupo de novias?—No, hay muchos otros repartidos por las ciudades —respondió Asher cuando llegaron al nuevo hogar de Ariella.Tuvo la fortuna de recibir un bungalow rodeado de flores y un poco apartado del ruido de la ciudad. Aunque no podía ver el edificio, percibió los colores de las auras de las flores a su alrededor, y el a
Las otras damas suspiraron por dentro con decepción y solo pudieron esperar con paciencia. Pasaron las horas, cruzando vastos océanos y paisajes; en algún momento, algunas mujeres disfrutaron la vista y otras se durmieron por aburrimiento.Ariella disfrutaba de los colores a su alrededor; se recostó contra las escamas del dragón, recorriendo con los dedos su superficie lisa y cálida, y su mente armaba una imagen de los colores de su aura más que de su forma física. Se quedó tan quieta que Grey apenas notó que se movía.De pronto, un rugido profundo rompió el silencio, y todas se incorporaron, mirando a su alrededor con ansiedad. Un momento después, se inclinaron hacia un lado, atravesando lo que parecía una puerta de aspecto membranoso.Al cruzar, los dragones se enderezaron, y exclamaciones de asombro llenaron el aire mientras se desplegaban ante ellas vistas impresionantes que les hicieron olvidar su miedo anterior.Podían ver enormes montañas esparcidas por el reino y un vasto bosq
Los carruajes que llevaban a las mujeres avanzaron con rapidez hacia el castillo, y el trueno de los cascos de los caballos resonaba mientras galopaban hacia su destino.Al llegar, los carruajes fueron estacionados, y las mujeres bajaron y fueron conducidas rápidamente al interior del castillo, donde los dragones las esperaban.La tensión, los nervios y el miedo llenaban el aire mientras las damas enfrentaban un futuro incierto, susurrando mientras les pedían que esperaran.Más de doscientas mujeres estaban reunidas; las damas guardaron silencio cuando vieron que su princesa también se unía a la fila.—Ella, estoy tan nerviosa —susurró Mary al oído de Ariella, con la voz temblándole ligeramente. Siempre había esperado este día, pero ahora que había llegado, se ponía más nerviosa y temerosa de lo desconocido.Ariella no ofreció palabras para calmar el miedo de Mary; ella también estaba insegura sobre su futuro, aunque, con su aire de otro mundo, conservaba su calma habitual.Liora se f







