ログインLos carruajes que llevaban a las mujeres avanzaron con rapidez hacia el castillo, y el trueno de los cascos de los caballos resonaba mientras galopaban hacia su destino.
Al llegar, los carruajes fueron estacionados, y las mujeres bajaron y fueron conducidas rápidamente al interior del castillo, donde los dragones las esperaban. La tensión, los nervios y el miedo llenaban el aire mientras las damas enfrentaban un futuro incierto, susurrando mientras les pedían que esperaran. Más de doscientas mujeres estaban reunidas; las damas guardaron silencio cuando vieron que su princesa también se unía a la fila. —Ella, estoy tan nerviosa —susurró Mary al oído de Ariella, con la voz temblándole ligeramente. Siempre había esperado este día, pero ahora que había llegado, se ponía más nerviosa y temerosa de lo desconocido. Ariella no ofreció palabras para calmar el miedo de Mary; ella también estaba insegura sobre su futuro, aunque, con su aire de otro mundo, conservaba su calma habitual. Liora se fue de inmediato a reunirse con sus amigas de alta cuna; entre la multitud había una sutil diferencia de clases. Los nobles se quedaron en un lado, y los mercaderes y plebeyas, en otro grupo. De repente, los susurros cesaron, y Ariella pudo ver tres auras ardientes; tenían tal intensidad que le salió sudor frío. Las demás solo podían ver a tres hombres altos y apuestos. Se sonrojaron al ver sus torsos desnudos; caminaban con el poder silencioso de depredadores peligrosos. Las auras de los tres hombres se suavizaron, pues no querían asustar a las novias. En su reino, valoraban a las mujeres; ningún dragón, fuera noble o común, faltaría el respeto a una mujer. Ellos eran la cabeza de la familia de cada tríada de dragones. —Novias, a nuestra tríada nos llaman Hunter, Grey y Damien. Somos su escolta hacia el reino de los dragones —se presentó el hombre de ojos grises, y presentó a su tríada. Su voz profunda y serena resonó por la sala, haciendo sonrojar a algunas chicas y provocándoles un hormigueo que les recorría la espalda. —Pero primero, tenemos que pasar por la prueba de nuevo. Disculpen. Antes de que las damas pudieran entender a qué se refería, los tres dragones liberaron su aliento de dragón, cubriendo la sala con una energía potente que zumbaba en el aire. Si hubiera estado aquí cualquier hombre o mujer sin resistencia a la energía de los Dragones, habrían sangrado profusamente por todos sus sentidos y, en el peor de los casos, habrían muerto. Ariella vio sus auras tomando forma de enormes bestias que lo cubrían todo, y frunció el ceño, confundida por lo que significaban sus acciones; al instante, en cuanto el aura fue liberada, se retrajo. El aire se volvió más ligero, y los tres hombres se alegraron al ver que ninguna de las novias reaccionó a su aliento de dragón. —Todas aprobaron; nos marcharemos ahora; el viaje es largo —informó Grey, el jefe de su tríada, a las novias. Les indicó con un gesto que lo siguieran afuera. Ariella agradeció haber entregado a su perro en el último momento, o este podría haber muerto. Su bastón negro de ciega golpeteaba el suelo mientras seguía a la multitud. Hunter notó que era ciega y se mantuvo a unos pasos de ella para ayudarla en caso de que lo necesitara. Mary había olvidado a su amiga; arrastrada por la multitud de damas que salían, Ariella tuvo que ir la última, sin querer quedar atrapada entre la gente. Cuando salió, sintió que el aire se congelaba y vio hilos de miedo en las auras de las mujeres, y se sintió confundida hasta que sus ojos se posaron en la enorme aura que tenía la forma de un monstruo con garras. Gritos de miedo escaparon de los labios de algunas mujeres; no podían creer que tendrían que subirse al lomo de esta bestia para ir al reino de los dragones. Algunas exageraron y cayeron desmayadas. —Disculpen, novias. Juramos por el corazón de nuestro dragón que no les haremos daño ni en un cabello. Esta es nuestra verdadera forma —dijo Hunter en tono suave, intentando aplacar sus miedos, lo cual funcionó con algunas, aunque sus cuerpos seguían temblando cuando las ayudaron a subir a la forma de dragón de Grey. Algunas audaces, con curiosidad, rozaron las escamas con las manos y las retiraron de inmediato al sentir su frialdad. Otras cerraron los ojos con fuerza, y a las desmayadas las recostaron con delicadeza. El dragón era tan enorme que cabían doscientas mujeres, con espacio de sobra. Grey exhaló por la boca una potente energía de dragón invisible que cubrió a las mujeres sobre su lomo y formó una cúpula invisible a su alrededor, protegiéndolas con seguridad del viento y de las criaturas voladoras. Sobre el lomo del dragón de Damien colocaron sus pertenencias. Solo el de Hunter iba sin nada. Batieron las alas, cubriéndolo todo de arena y polvo; los tres dragones se elevaron al cielo, y algunas mujeres se movieron, se asomaron y vieron su reino volverse pequeño desde semejante altura. Mary por fin había visto a Ariella y se movió temerosa hacia ella; el corazón de Mary latía con fuerza en su pecho y su imaginación se desbocaba. Imaginándolas a todas cayendo del cielo en picada, negó con la cabeza y cerró rápidamente los ojos para sacarse esos horribles pensamientos de la mente. —Ella, en este momento te envidio —comentó Mary sin pensar, creyendo que su amiga no podía ver un dragón enorme ni una altura tan aterradora. Sin saber que el corazón de Ariella estaba empapado de felicidad al ver de cerca el aura de las nubes; podía ver humo azul flotando, y lo observaba contenta, con las manos extendidas para tocar una de ellas, pero no pudo, porque estaban lejos aunque parecieran cercanas, y además la cúpula a su alrededor lo hacía imposible. Retiró las manos con decepción antes de volverse hacia Mary. —¿Cómo será el reino de los dragones? Mary hizo un sonido pensativo por lo bajo antes de continuar soltándole a Ariella su absurda idea: —Quizá viven en las nubes, imagina todo cubierto de blanco, o viven en el mar... Ariella suspiró con impotencia: —Deja tus pensamientos desbocados; cuando lleguemos, lo descubrirás. —No pudo evitar interrumpir a Mary antes de que dijera que vivían en la luna. Selina, la tercera princesa del reino de Elyndor, miró a sus competidoras que viajaban con ella y no se sintió presionada en lo más mínimo. Las que más presión le darían eran las otras princesas de otros reinos. Su padre había obtenido información de primera mano de los Dragones: sus reyes estaban eligiendo novia este año. «Debo convertirme en su reina», pensó, con los ojos llenos de ambición y determinación. —Alteza, ¿tiene idea de adónde vamos? —preguntó en voz baja una mujer de cabello castaño, esperando que la princesa tuviera información. Selina se volvió hacia la mujer con una sonrisa serena y gentil: —Yo tampoco lo sé. Estoy tan perdida como ustedes. —Su voz gentil flotó hasta los oídos de otras que escuchaban a escondidas.Ariella frunció el ceño en sueños por los rugidos; abrió los ojos con modorra por un segundo, antes de cerrarlos. Volvió a dormirse, sintiendo que el alboroto no estaba a su lado. Solo los dragones estaban despiertos, mirando con miedo y curiosidad en dirección al sonido; querían presenciar su batalla y aprender algo, pero no se atrevían. Leo pidió una segunda ronda. Los dolorosos rugidos de Xavier llenaron el cielo, mientras el cuerpo sangrante de Jasper sanaba solo para ser desgarrado una y otra vez. Cuando llegó el amanecer, Leo ya se había saciado de impartirles sabiduría y lecciones de combate. Volvieron a su cueva y, tras transformarse a su forma humana, estaban cubiertos de moretones azules y negros; su piel trigueña tenía marcas de garras, y el rostro de Xavier estaba hinchado y amarillento. Las heridas de Jasper sanaron más rápido, pues su fuego tenía una naturaleza curativa. Los ignoró a ambos y caminó hacia su cueva para dormir. Leo tuvo presente despertarlo más tarde
—Gracias por la comida; estuvo deliciosa —dijo Ariella, elogiando la cocina de Kalian mientras se levantaba. —Me retiro. Buenas noches —añadió, aunque el sol acababa de ponerse. —Buenas noches, señorita Ella. Si necesita algo, llame. Siempre la oiremos —respondió Kalian, entendiendo su necesidad de descanso tras el largo viaje. Los demás le desearon buenas noches. Ariella asintió y el golpeteo de su bastón se desvaneció al alejarse de su presencia. Arriba, en su habitación, se movió hacia la cama con la ayuda de las flores que había colocado sobre el tocador. Un bostezo escapó de sus labios, y se le juntaron lágrimas en el borde de los ojos mientras parpadeaba contra el pesado tirón del sueño. Se prometió bañarse mañana mientras se deslizaba entre las cobijas, y en cuanto su cabeza tocó la almohada, se quedó dormida. En una cueva misteriosa y distante, los dragones adoptaron sus formas humanas. Los hombres altos y de hombros anchos estaban de pie, con sus ojos dorados mirándose
—¿Tú eres quien va a cocinar? —preguntó Ariella, sorprendida por dentro. Ariella había pensado que ella sería quien cocinaría. —Sí, señorita Ella. Nos han entrenado para servir a las novias en todo. Y yo soy el mejor cocinero de mi tríada —dijo Kalian, con un tono lleno de orgullo en su última frase. —Muy bien, cocina tu mejor comida, ponle suficiente chile —respondió Ariella con tono ligero. —Señorita Ella, puede mordisquear esto mientras espera que la comida esté lista. Conseguí esta fruta cuando estaba cortando la flor de enredadera —intervino Asher, sosteniendo en las manos un racimo de uvas moradas. Al ver las manos extendidas de Ariella, se las puso con suavidad sobre los dedos. —No sé el nombre de la fruta, pero es dulce y no es venenosa —explicó Asher, viendo sus manos tantear las frutas. —Esto se llama uvas. Gracias por recogerlas. Si ven otras frutas que no sean venenosas, tráiganmelas y haré un postre para los tres —dijo Ariella, sorprendida por dentro de volver a ver
—Me llamo Ariella —dijo Ariella, dando su nombre.—Señorita Ariella, la llevaremos a su casa —intervino Asher, más callado que los otros dos. La guiaron, con Aiden explicándole todo por el camino.—Esta ciudad se llama Pueblo Girasol, una de las noventa y dos ciudades repartidas por el reino. Las imponentes montañas esparcidas alrededor son donde viven las tríadas con sus esposas. La ciudad es principalmente de negocios y reuniones para damas —Asher hizo una pausa, y Kalian continuó.—Puede pedir una tienda si quiere iniciar un negocio, y también hay muchas cosas que comprar en la ciudad.Ariella escuchó con interés y no pudo evitar preguntar: —¿Somos el único grupo de novias?—No, hay muchos otros repartidos por las ciudades —respondió Asher cuando llegaron al nuevo hogar de Ariella.Tuvo la fortuna de recibir un bungalow rodeado de flores y un poco apartado del ruido de la ciudad. Aunque no podía ver el edificio, percibió los colores de las auras de las flores a su alrededor, y el a
Las otras damas suspiraron por dentro con decepción y solo pudieron esperar con paciencia. Pasaron las horas, cruzando vastos océanos y paisajes; en algún momento, algunas mujeres disfrutaron la vista y otras se durmieron por aburrimiento.Ariella disfrutaba de los colores a su alrededor; se recostó contra las escamas del dragón, recorriendo con los dedos su superficie lisa y cálida, y su mente armaba una imagen de los colores de su aura más que de su forma física. Se quedó tan quieta que Grey apenas notó que se movía.De pronto, un rugido profundo rompió el silencio, y todas se incorporaron, mirando a su alrededor con ansiedad. Un momento después, se inclinaron hacia un lado, atravesando lo que parecía una puerta de aspecto membranoso.Al cruzar, los dragones se enderezaron, y exclamaciones de asombro llenaron el aire mientras se desplegaban ante ellas vistas impresionantes que les hicieron olvidar su miedo anterior.Podían ver enormes montañas esparcidas por el reino y un vasto bosq
Los carruajes que llevaban a las mujeres avanzaron con rapidez hacia el castillo, y el trueno de los cascos de los caballos resonaba mientras galopaban hacia su destino.Al llegar, los carruajes fueron estacionados, y las mujeres bajaron y fueron conducidas rápidamente al interior del castillo, donde los dragones las esperaban.La tensión, los nervios y el miedo llenaban el aire mientras las damas enfrentaban un futuro incierto, susurrando mientras les pedían que esperaran.Más de doscientas mujeres estaban reunidas; las damas guardaron silencio cuando vieron que su princesa también se unía a la fila.—Ella, estoy tan nerviosa —susurró Mary al oído de Ariella, con la voz temblándole ligeramente. Siempre había esperado este día, pero ahora que había llegado, se ponía más nerviosa y temerosa de lo desconocido.Ariella no ofreció palabras para calmar el miedo de Mary; ella también estaba insegura sobre su futuro, aunque, con su aire de otro mundo, conservaba su calma habitual.Liora se f







