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CAPÍTULO 25

Autor: Sasa Roand
last update Data de publicação: 2021-06-22 11:11:29

―Pero si ella no lo sabe ¿cómo lo has sabido tú? ―Patrick se muestra curioso, pregunta y pregunta como un niño. Detesto a los niños

―Ya había notado unas actitudes medio extrañas en ella antes; se supone que odiaba las fiestas, pero iba a muchas, a demasiadas diría yo. A veces no recordaba haber hablado de ciertos temas. Pero la noche en que pasó de ser violada a violar a un pobre infeliz que entró borracho a la habitación ―Patrick se sonroja. Sigo pensando que es un capullo, aunque de momento nos estemos llevando bien―, esa noche el asunto pasó a ser extraño a ser perturbador. Empecé a hacerle  seguimiento

 No sigo hablando, lo dejo hasta ahí y Patrick deja de preguntar, permanece abstraído, debe estar analizando toda esta novedad. No es para menos, yo mismo quedé en shock cuando conocí a Sofi hace unos cuatro años. Aparte del trauma de saber que otra persona vivía dentro del cuerpo de mi mejor amiga, Sofi es insufrible, es desagradable solo porque quiere serlo, es desagradable no solo con Mérida, Dante, Anya y Coral sino con todo aquel que tenga la mala suerte de interactuar con ella. ¡Joder! Me ha disparado, así de desagradable es.

Un día como tantos llegué a la habitación de Mérida en la residencia de la Universidad. No la había visto en todo el día, no había ido a clases así que me preocupé

―¡Maldita sea! ¡Déjame en paz! ―gritaron desde adentro la tercera vez que toqué la puerta.

Yo tenía una copia de la llave, así que entré y ahí estaba ella, metida en la cama debajo de las sábanas. Encendí las luces y gimió como un vampiro siendo expuesto al sol. En ese momento temí un poco

―¡Mérida! ¿Eres tú? ―pregunté intimidado por el bulto que vociferaba y maldecía debajo de las sábanas.

―¡Mérida, Mérida, Mérida! ―Dijo con tono burlón― ¡Maldita Mérida! ―replicó con un grito gutural y yo di un ligero brinco involuntario.

Levanté la sábana de golpe pensando que alguna psicópata se había metido en la habitación y se había, no sé, ¿comido a Mérida? Pero para mi sorpresa el bulto debajo de la sábana era Mérida, se sostenía el vientre de forma exagerada, como si algo quisiera escapar de ahí.

―No los dejaré en paz, esto ha sido culpa de Anya; no puede mantener las piernas cerradas y por supuesto, de Mérida; no puede cuidarse sola ―señalaba su vientre ―Coral está aterrada, piensa que puede salir a la luz cuando toque parir esta cosa. Pero seré yo, estaré despierta y cerraré las piernas, tan fuerte como pueda y no saldrá.

Contemplé a Mérida un rato y comprendí que por alguna razón pensaba que era otra persona. Decidí seguirle la corriente.

―Disculpa, soy Johnny, buscaba a Mérida ¿Tú quién eres? ―le dije y su rostro se deformó como si tuviese estreñimiento grave.

―¿No piensas que soy Mérida? ―aplacó el tono, pero su expresión seguía siendo tosca

―Evidentemente no lo eres. Pareces una chica que se sabe cuidar sola y sabemos que Mérida no es así―Se le notó en la cara que le había gustado el elogio. Cuando recuerdo esto pienso que me equivoqué de carrera, la psicología se me hubiese dado perfecto, pero es que, tengo tantas habilidades…

―Soy Sofi. Vete―Se cubrió con las sábanas.

No le obedecí, me quedé  un buen rato rebuscando todo, y al llegar al baño conseguí un rectángulo de plástico que a simple vista me pareció un termómetro, no de los de mercurio, sino más bien de esos digitales. Lo tomé y al ver dos rayitas rojas lo comprendí…bueno no lo comprendí todo, lo único que supe en ese momento es que Mérida estaba embarazada y que era muy probable que también estuviera loca, eso o tenía una hermana gemela bastante trastornada llamada Sofi, de la que nunca supe nada.

Salí del baño con la intención de interrogar a Sofi, pero vi que el bulto debajo de la sábana estaba inmóvil. Levanté la sábana con cautela y Mérida dormía. Me quedé un rato contemplándola y me lamentaba al pensar que mi amiga había enloquecido. Me marché. Esa escena rebasó los límites de lo que consideraba algo extraño y en ese entonces no sabía que la cosa se iba a poner peor.

El día siguiente tampoco vi a Mérida, faltó a clases otra vez. Fui de nuevo a su residencia temiendo encontrarla en el mismo estado que la última vez. Llamé a la puerta y esta se abrió a medias, el rostro de Mérida se asomó, sus mejillas estaban enrojecidas y sus ojos vidriosos.

―¿Qué ha pasado? ―estando todavía fuera de la habitación

―Estoy jodida Johnny ―terminó de abrir la puerta y se hizo a un lado para que yo entrara

―¿Qué pasa Mérida? ―me alegré de haber encontrado a Mérida y no a Sofi.

 ―Es que, estoy embarazada. Esa noche en la fiesta, Carl y sus amigos me… ―no terminó la frase y empezó a llorar.

―Sí lo sé, estuve ahí después de que pasó ¿lo recuerdas? ―No era una pregunta de verdad, era más bien capciosa, obvio que debía recordarlo.

―No, no estuviste. Desperté sola en la habitación de Carl.

―Mérida, yo estuve ahí cuando despertaste, quise ponerte a salvo, pero me echaste, me pediste que me marchara, la verdad no me lo pediste, fue más bien una orden.

―¡Joder! Johnny ¿no crees que recordaría algo así?

―¡Joder! Mérida ¿crees que invitaría  algo así? ―le repliqué e hizo una mueca de confusión

―Tienes razón, debí estar muy ebria o en shock, no lo sé ―bajó la mirada, la percibí avergonzada.

No habíamos hablado de este asunto. Después de la fiesta en la que Mérida fue violada por lo animales de la fraternidad, tanto ella como yo sepultamos el tema, no lo mencionamos, habían pasado ya dos meses y medio de aquello y ninguno de los dos había dicho nada al respecto. Yo pensaba que ella no había dicho nada porque sentía vergüenza y por respeto, yo no sería quien sacara el tema a relucir, pero ella no recordaba que yo había estado ahí, no recordaba que Patrick había estado ahí.

―Vine a verte ayer ―le dije para tantear su respuesta

―Oh, seguro me quedé dormida y no he escuchado cuando has llamado a la puerta ―tampoco recordaba que había hablado conmigo el día anterior creyéndose una tal Sofi.

En la cabeza de Mérida estaba pasando algo increíble, pero ella era ajena a todo ello. Sofi era agresiva y arisca, no la imaginaba interesada en tener sexo con un desconocido, ni siquiera la imaginaba interesada en vivir en un mundo civilizado. Podía articular palabras, pero del resto, me pareció una cavernícola. Si Mérida era Mérida: mi amiga del alma y Sofi era una desadaptada, la chica que se acostó con Patrick tenía que ser otra distinta y estaba a punto de conocerla

―Mérida, he entrado con mi llave, hemos hablado, bueno intenté hablar contigo pero… ―las pupilas de Mérida empezaron a moverse erráticas de izquierda a derecha y viceversa, daban la impresión de que estaba leyendo a gran velocidad.

―¿Qué es lo que intentas hacer cariño? ―dijo Mérida con voz suave cuando sus ojos se calmaron― Mérida todavía no es consciente del resto y no sabemos si puede manejarlo― me quedé estupefacto

―¿Del resto de qué? ―le pregunté, pero parecía más interesada en mi cuerpo que en  mis palabras, me miró de arriba abajo.

― ¡Guao! No recordaba lo alto que eres ¿cuánto mides? ― La voz que hablaba ahora sonaba calmada, segura de sí misma, tenía incluso un aire seductor. No era la primera vez que hablábamos, esa voz la había escuchado antes.

― ¡Ehh! ―solo balbucee, no pude hablar ―se me acercó y me plantó un beso en la mejilla

―Soy Anya

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