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CAPÍTULO 8

Autor: Sasa Roand
last update Fecha de publicación: 2021-05-09 04:28:23

Parte de un rectángulo verde con flores fucsia. Es el teléfono de Jada.

―No me toques ―grito mientras saco mi teléfono. No me toques o llamaré a la policía.

―Está bien Mérida, no voy a hacerte daño, jamás te haría daño.

Salgo corriendo. Estoy descalza, pero eso no me preocupa en absoluto. Llamo a un taxi, que llega   después de unos diez minutos.

―Tenías razón, no debí confiar en Patrick. ¿Voy camino a mi departamento, puedes ir? Necesito hablar de esto con alguien por favor.

Cuando llego al edificio donde vivo, Johnny está afuera esperándome. Entramos a mi departamento y hablamos por un par de horas, aunque me he desahogado no me siento mejor, tengo miedo, me siento usada, engañada.

Estoy sentada con Johnny en la cama de mi habitación, él se me acerca, y toma mis manos

―Todo va estar bien Mérida. Sabes que estoy aquí para protegerte ―dice mientras aparta un mechón de cabello de mi cara y lo pone detrás de mi oreja. Entonces mi teléfono empieza a vibrar.

―Es él.

―No estarás pensando en contestar ¿verdad?

Miro la pantalla por unos segundos. Johnny se queda a dormir en mi sofá.

Amanece y Johnny se marcha temprano, quiere quedarse, pero le insisto en que debe ir a trabajar. Yo no sé qué hacer. ¿Voy a la oficina como si nada ha pasado o me quedo en casa? ¿y si Eleonor decide ir hoy? se preguntará por qué no he ido. Creerá que me estoy tomando días libres solo porque salgo con su hijo, salía, corrijo a mis pensamientos.

 Decido ir a la oficina. Son las nueve y no llegan ni Patrick ni Eleonor.

De pronto abren la puerta, es Patrick, entra a la oficina acompañado con una chica más o menos como de mi edad, va muy bien vestida, con ropa de oficina.

―¿¡Mérida! ―dice sorprendido al verme―. Pensé que no vendrías hoy. Pensé que no vendrías más.

―Buenos días señor Patrick ―le digo cortante, miro a la mujer que lo acompaña.

―Señorita Jones, no la necesitaremos después de todo, lo siento mucho. Si se presenta otra oportunidad le avisaré.

La chica se retira.

―No quiero escucharte, por favor ―le digo a la defensiva antes de que pueda decir nada.

―Mérida, por favor escúchame, no es lo que piensas, ¡por Dios! ¿!Como puedes pensar eso de mí.?!

―Pues no te conozco, podría pensar cualquier cosa de ti.

―Mérida. Te lo explicaré todo, mira…

Unos golpes en la puerta interrumpen a Patrick. Él los ignora y sigue hablando

―las fotos en mi departamento, son para…

 ―¡Señor Strong, abra la puerta! ―gritan al otro lado de la puerta           

Patrick y yo nos miramos confusos.

―Adelante ―dice Patrick.

―¿Señor Patrick Stronge? Pregunta una mujer, lleva un traje de chaqueta gris, blusa azul y botas de tacón negras, la acompaña un tipo.

―Sí, soy yo, ¿puedo ayudarlos en algo?

―La verdad es que, si nos puede ayudar, vendrá con nosotros ―dice el otro sujeto mientras los dos le muestran sus placas.

Patrick fija su mirada sobre mis pupilas. Me mira por tan solo tres segundos, tres segundos que me parecen eternos, asfixiantes; su mirada es de sus ojos me reprochan, me recriminan. Siento la necesidad de explicarle

―Patrick yo no….

Comprendo que no es el momento.

No llamé a la policía, no le he dicho nada a nadie, excepto a Johnny. ¡Claro Johnny! fue él; él llamó a la policía. Por dios, ¿por qué lo hizo? la verdad es que una parte de mi sabe que eso era lo correcto, pero otra parte quería darle a Patrick el beneficio de la duda, dejarlo darme una explicación lo suficientemente convincente, creerle; dejar todo esto atrás, huir con él a Francia y vivir felices por siempre.

¿y si de verdad hay una explicación lógica para todo esto? ¡joder! claro que hay miles de explicaciones lógicas para lo que vi en esa habitación! La verdad es que no confío en Patrick y no me ha dado razones para no hacerlo, no he querido confiar en él, porque no confío en nadie. Cada que surge una pequeña duda me hago todo un lio en la cabeza para que el quede como el malo. Pero esto no es una pequeñez.

Llamo a Eleonor y le informo lo que ha pasado. Excepto la parte de la macabra habitación en el departamento de su hijo.

―Mérida. ¿Tú le has dicho a la policía de la habitación? ―pregunta Eleonor en tono de reproche.

―¡No Eleonor! no he dicho nada ―contesto algo sorprendida por el hecho de que Eleonor sepa de la habitación. ¿Cómo sabe de la habitación? ¿Cómo sabe que yo sé de la habitación?

Decido confiar en Patrick, esperaré que me lo explique todo. Lo apoyaré.

                                                         *******

―Se solicita que el acusado sea puesto en prisión preventiva sin opción a fianza. Ya que no tiene vínculos en la comunidad. Residente en Francia, donde posee propiedades. También tiene un hijo que reside en Francia y una esposa de nacionalidad francesa.

Abro los ojos como platos escuchando las palabras del abogado de la fiscalía. Patrick voltea a verme. Estoy en la corte de arraigo, haciendo mi papel de novia abnegada y de pronto me siento como una estúpida.

―Señoría, solicito la desestimación del caso: no hay motivos para retener a mi cliente. La evidencia que poseen es circunstancial, además, fue obtenida irrumpiendo en su morada  sin una orden judicial. Mi cliente piensa tomar acciones legales al respecto ―dijo con firmeza la abogada de Patrick.

―Los oficiales respondían a una llamada de emergencia. Se temía que hubiera otra víctima. ―refuta enseguida el abogado de la fiscalía

―¿La fiscalía presentará nuevas evidencias? ―pregunta el juez.

―No su señoría

―Se desestima el caso, el acusado puede retirarse con una disculpa de esta corte.

En cuanto el juez termina de decir estas palabras me levanto y salgo de la sala. Camino lo más rápido que puedo. Quería confiar en Patrick, pero ¡joder! esto no es cualquier cosa; está casado, tiene un hijo. Tienen una familia esperándolo en Francia.

*****

Paso tres días sin ir a la oficina. Patrick no me llama, no intenta comunicarse conmigo de ninguna forma.

Es viernes,  me levanto muy temprano y me voy a trabajar, ni siquiera sé si aún tengo empleo, pero pensé que solo me aparecería en la oficina, trataría a Patrick y a Eleonor como si las últimas dos semanas no hubiesen ocurrido y haría mi trabajo como siempre. En cuanto entro a la oficina Eleonor se levanta.

―Mérida. Lo siento yo…

―No pasa nada señora Eleonor ―le interrumpo―. Por favor hagamos de cuenta que no ha pasado nada. ―le digo con la voz temblorosa.

―Está bien. Solo quería darte esto. Me entrega un sobre.

―Gracias. Lo guardo en mi bolso y me pongo a preparar el café fingiendo desinterés cuando en realidad me corroen las ganas de abrir el sobre en este preciso instante.

Me siento frente a la laptop en mi escritorio y no consigo concentrarme. Eleonor no me pide nada en todo el día. Ella saca sus copias, envía sus correos, busca los folders que necesita en el archivador e incluso se para a servirse café un par de veces. No soporto que esté siendo tan condescendiente.

 El día se me ha hecho interminable. Al salir de la oficina me topo con Lisa.

―Hola Mérida. Me alegra verte. Pensé que no volverías. Espero que estés bien.

―¿y por qué no estaría bien? Como ves estoy de puta madre ―su cara de sorpresa me causa satisfacción

Al llegar a casa saco el sobre del bolso. Me quito los zapatos y me siento en el sofá. Suspiro.

«Lo siento Mérida. Te debo una explicación: El día que llegué de Francia, me había enterado de que mi hermana, Katty, tenía dos días desaparecida. Mi madre estaba desesperada, moviendo cielo y tierra para conseguirla, aunque seguro ni lo notaste porque es experta en disimular sus emociones. En cuanto me contó que no aparecía tomé el primer vuelo. Al día siguiente la encontraron muerta en un estacionamiento subterráneo de un viejo edificio, la habían violado y la habían apuñalado, fue el día siguiente de la noche en el club, cuando te pedí que fueras conmigo a Francia. Sentí que ya no tenía nada que hacer aquí, así que solo quería regresar. Pero no dejaba de pensar en ti, no quería irme, al menos no sin ti.

 El domingo fue el funeral de Katty, al día siguiente me enteré de lo de Jada. Ese día en tu departamento, mientras dormías entré en la habitación donde dibujas y encontré estas pinturas, en una de ellas estaba el rostro de mi hermana y después, cuando llegó Johnny me enteré que soñaste con ella y con jada, que las habías visto morir en tus sueños, entonces regresé a esa habitación y tomé fotos de los demás rostros en las pinturas. Moví algunos contactos y conseguí los expedientes de varias violaciones y homicidios sin resolver, todas las chicas de las pinturas, Katty, Jada, todas fueron violadas y asesinadas y no había ni una pista. Todas las chicas tenían algo en común; no tenían la mejor reputación, o bien eran prostitutas o andaban de fiesta con vestidod muy cortos, con altos niveles de alcohol o hasta drogas en la sangre, estos casos son archivados muy rápido, a nadie le importa averiguar los entresijos de la vida de alguna joven promiscua y fiestera como mi hermana o como las otras, pero estaba decidido a  conseguir al asesino, contrataría un investigador privado, conseguí todo lo que pude referente a los casos, fotografías, artículos de periódicos. Pensaba contarte lo de Katty y pedirte que me ayudaras en la investigación, tus sueños serían de mucha ayuda. Pero ese día entraste a la habitación, viste todo esto, el teléfono de Jada y pensaste lo peor.

Esa noche en el club Jada y Jacob discutieron, pero no fue cualquier discusión, él la empujó y ella cayó al suelo, se levantó y salió echa una furia, él se fue a bailar como si nada, yo salí a acompañarla, estuve con ella un rato fuera del club, intenté persuadirla de que tomara un taxi, le dije que la llevaría a su casa pero ella no quiso, en eso Jacob le timbró, ella miró la pantalla de su móvil contestó pero permaneció en silencio, luego me dio el teléfono y me dijo que me deshiciera de él que no quería recibir llamadas de Jacob. Luego tomó un taxi y se marchó, debí acompañarla. Pero tú aún estabas dentro del club y no podía dejarte ahí sola o peor, con Jacob   

Cuando te enteraste que tengo un hijo y que estoy casado, me sentí el ser más miserable. No debí dejar que te enteraras así, debí contártelo. Si. Tengo un hijo: Adrien; vive conmigo en Francia, es un niño brillante, no sabes cómo quisiera que algún día lo conocieras, se llevarían muy bien, es tan desordenado como tú, incluso un poco más y es de esas personas que por alguna razón que aun no entiendo, adoran la pizza hawaiana. Y si, también estoy casado, con Paulette, pero no es lo que piensas, en realidad las cosas entre ella y yo no funcionaron.  Pero seguimos siendo amigos, a veces me ayuda cuidando a Adrien. Nos casamos solo con la finalidad de obtener la nacionalidad francesa por matrimonio. Podré solicitarla el próximo año. También podré darle la nacionalidad a Adrien. Siento no haber sido franco desde el principio. Se que me crees y que me perdonarás, pero aún hay mucho que no sabes de mí y no estoy listo para contártelo porque temo que no estés lista para saberlo. Por eso es necesario que me aleje de ti Mérida. Necesito dejarte ir para no lastimarte más.»

                                                                                                                   Patrick

                                                              *******

Ha transcurrió algún tiempo y no he vuelto a saber de Patrick. No llamó, no envió un mensaje; simplemente salió de mi vida de forma repentina y fugaz, tal como había aparecido. Pero sacarlo de mis pensamientos no es igual de fácil. Aun así, he continuado con mi vida como si no hubiese pasado nada, quien me ve pensaría que todo va bien, pero por dentro estoy hecha pedazos, estoy rota hasta la médula y realmente duele.  

Todo me recuerda a él; Eleonor, la oficina, los trastes sucios en el lavadero de la cocina, los trozos de piña en la pizza, el trayecto de dos horas que recorro cada quince días para visitar a mi madre durante estos últimos meses.

Ella ha desmejorado mucho, está débil, cansada; aun así, me abraza fuertemente acaricia mi cabello cada vez que me encuentra mirando fijo al piso, con la respiración agitada y con las lágrimas cayendo por mis mejillas sin control. Pero estos episodios se han hecho cada vez más esporádicos, ya casi han desaparecido, igual que el dolor, los recuerdos, todo se ha ido haciendo borroso.

Hace un par de días llegó un sobre extraño en la correspondencia. En cuanto lo leí llamé a mi madre y le pedí explicaciones.

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