INICIAR SESIÓNSebelum kepergiannya, ayah Hanasta berpesan bahwa apa pun yang terjadi, gadis itu tidak akan pulang ke negaranya sebelum kuliahnya selesai. Hanasta menyanggupi itu, tapi pada suatu hari, melalui telepon, beberapa orang menyergap ayahnya dan memukulinya. Sejak saat itu, ia terputus hubungan dengan ayahnya. Bahkan, ketika pulang, ayahnya dinyatakan hilang. Sampai pada akhirnya, teman ayahnya mengabarkan bahwa ayahnya berada dalam penguasaan seorang bos jahat, Zan. Dengan segala cara Hanasta bertekad membebaskan ayahnya. Tapi, perlawanan Hanasta justru membuat Zan terpikat. Mampukah Hanasta menaklukan Zan?
Ver másLa última cosa que Emily Hunt recordaba con claridad era el olor a lluvia sobre el asfalto.
La tormenta había comenzado sin aviso, una lluvia fina y persistente que dejaba el aire impregnado de humedad y electricidad. Recordaba el brillo anaranjado de la farola frente a la clínica, el reflejo de su silueta en el pavimento mojado, la carpeta con los resultados apretada contra su pecho. Recordaba pensar que, por primera vez en años, estaba haciendo algo solo para ella. Luego, pasos detrás. Un dolor agudo y punzante en la nuca. Un paño áspero presionado contra su rostro. Un dulzor químico que invadió sus pulmones. Oscuridad. No fue un desmayo suave. Fue una caída abrupta, como si alguien hubiera cortado el hilo que la sostenía al mundo. El despertar fue peor. El dolor en sus sienes no era un simple martilleo; era un latido violento que parecía provenir de cada rincón de su cráneo. Sintió frío en la espalda. No el frío del asfalto mojado, sino uno seco, contenido. Frío artificial. Abrió los ojos con lentitud, como si temiera que el movimiento pudiera romper algo dentro de ella. Seda. Seda negra, lisa y helada bajo sus dedos. Parpadeó varias veces. El techo era alto, excesivamente alto, con molduras barrocas que se perdían en la penumbra. Una lámpara de cristal oscuro colgaba en el centro, proyectando destellos rojizos que daban a la habitación un aire casi ceremonial. No era su apartamento. No era un hospital. No era ningún lugar que conociera. Se incorporó con un gemido bajo. El mundo giró violentamente y tuvo que apoyar una mano en el colchón para no desplomarse. La habitación era enorme, lujosa en una forma que no invitaba al confort sino a la intimidación. Tonos de ébano, granate profundo y oro envejecido. Cortinas pesadas cubrían lo que deberían ser ventanas, pero no dejaban filtrar ni una sola línea de luz natural. No había ventanas visibles. Solo una puerta maciza de roble con herrajes de hierro oscuro. El silencio era denso. —Ya estás despierta. La voz rompió el aire como una grieta en el cristal. Grave. Controlada. Familiar. Emily giró la cabeza bruscamente, ignorando el dolor que le punzó la nuca. Su corazón golpeó sus costillas con violencia, como si quisiera escapar antes que ella. Allí, sentado en un sillón de cuero oscuro, con las piernas cruzadas y una copa de brandy descansando entre sus dedos, estaba él. Caleb Roosevelt. El tiempo no lo había suavizado. Lo había perfeccionado. Su cabello negro estaba peinado con precisión impecable. Su mandíbula, más definida que la última vez que lo vio. Los ojos… esos ojos del color del whisky añejo que alguna vez la habían mirado con deseo ardiente, ahora eran dos fragmentos de ámbar congelado. La elegante chaqueta de sport sobre un polo negro no lograba ocultar la potencia física que emanaba de él. No era solo su cuerpo; era su presencia. Llenaba el espacio. Lo reclamaba. —¿Caleb? —su voz salió rota, áspera—. ¿Qué… qué es esto? Él no respondió de inmediato. Le dio un sorbo lento al brandy. El sonido del líquido contra el cristal fue obscenamente claro en la quietud de la habitación. La observaba por encima del borde de la copa como si estuviera evaluando una adquisición. El silencio era más aterrador que un grito. —Dos años —dijo al fin, dejando la copa sobre la mesita con un golpe seco que resonó en el mármol del suelo—. Dos años desde que me hiciste el ridículo más grande de mi vida. Emily sintió que el recuerdo se abría paso contra su voluntad. El salón lleno de invitados. La prensa. Su propuesta. El anillo. Su negativa. —Dos años desde que rechazaste mi nombre, mi imperio… mi protección —continuó él, levantándose con una lentitud calculada—. Te fuiste con la cabeza alta, ¿recuerdas? Como si fueras moralmente superior. Emily tragó saliva. El miedo inicial comenzó a transformarse en algo más firme. Indignación. Rabia. —Me liberé —susurró, pero su voz ganó fuerza—. No quería esa vida. No quería vivir rodeada de hombres armados y secretos. No te quería a ti. La sonrisa que curvó los labios de Caleb no tenía humor. Era peligrosa. —Qué discurso tan noble. Siempre fuiste buena interpretando el papel de la heroína. Caminó hacia ella. Cada paso era deliberado. Seguro. El sonido de sus zapatos sobre el suelo marcaba un ritmo implacable. Emily retrocedió instintivamente sobre la cama. —Pero el universo —prosiguió él— tiene una forma curiosa de equilibrar las cosas. O tal vez no sea el universo. Tal vez solo sea yo. Se detuvo a pocos metros. —Porque ahora estás aquí. Y llevas algo mío. La frase no tuvo sentido al principio. La mente de ella aún estaba aturdida. —No entiendo de qué hablas. Los ojos de Caleb descendieron lentamente hacia su abdomen. Un gesto sutil. Suficiente. —La inseminación —dijo con frialdad quirúrgica. El aire se volvió irrespirable. —Hace tres meses. En esa clínica exclusiva donde decidiste que no necesitabas a ningún hombre para formar una familia. El donante anónimo perfecto. Saludable. Con un historial genético impecable. Coeficiente intelectual superior. Su sangre se congeló. —No… —Expediente D-7824 —continuó él—. Mi material genético. Comprado. Sustituido. Implantado. —Cada palabra era un golpe. —Sin tu preciado consentimiento. El mundo perdió estabilidad. —Eso es imposible —murmuró ella, sacudiendo la cabeza—. Eso es ilegal. —El mundo funciona de manera diferente cuando tienes suficiente dinero. Se acercó hasta el borde de la cama. Emily sintió su presencia como una sombra física. —Estás embarazada, Emily. —La sentencia cayó pesada, irrevocable. —De mi hijo. Un sonido desgarrado escapó de su garganta. —¡No! Retrocedió hasta chocar contra la cabecera de hierro forjado. Las náuseas la invadieron. No era el gas. No era el mareo, era horror. Recordó el retraso. El cansancio. La leve sospecha que había decidido ignorar hasta hacerse la prueba definitiva esa misma semana. —¡Es una mentira! Caleb la observó con una calma escalofriante. —Mañana te harán un examen aquí. Confirmaremos lo evidente. “Aquí”. La palabra la golpeó con fuerza renovada. —¿Dónde estoy? —En una de mis propiedades privadas. Eso no era una respuesta. —¿En qué ciudad? Una leve inclinación de cabeza. —Eso ya no es relevante para ti. El significado se asentó lentamente. Estaba aislada. Desconectada. Invisible. El corazón comenzó a latirle en los oídos. Caleb apoyó una mano en el colchón, cerca de su pierna, sin tocarla. —Vas a tenerlo —dijo con una serenidad que resultaba más cruel que cualquier amenaza explícita—. Vas a dar a luz. Y cuando el niño esté sano y en mis brazos, desaparecerás. —¿Desapareceré? —Te compensaré generosamente por tus servicios. La palabra la atravesó. "Servicios". Como si fuera un recipiente. Un contrato biológico. —Esa es la única razón por la que sigues respirando —añadió con suavidad mortal. El miedo volvió, pero no la paralizó. Lo transformó. Emily apretó los puños sobre la seda negra. —Jamás. —La palabra salió clara.—Jamás renunciaré a mi bebé. La sonrisa de Caleb se desvaneció. Algo cambió en sus ojos. Algo primitivo. —No es tu bebé. —Está dentro de mí —replicó ella, con una firmeza que ni ella sabía que poseía—. Eso lo hace mío. Durante un segundo, el aire vibró entre ellos. Había algo más allí. No solo odio. No solo venganza. Una tensión antigua no resuelta. Él la miró como si estuviera reevaluando una variable. —Sigues siendo desafiante —murmuró—. Eso fue lo que me atrajo la primera vez. El recuerdo de sus manos en su cintura, de sus besos ardientes, la golpeó con una mezcla dolorosa de repulsión y traición. —No me mires así —espetó ella. —¿Así cómo? —Como si todavía tuvieras algún derecho sobre mí. Una chispa peligrosa cruzó su expresión. —Siempre lo tendré. Ella sintió la amenaza en esas tres palabras, pero también sintió algo más: obsesión. Caleb se enderezó. —Descansa. Te conviene mantenerte fuerte. —No voy a quedarme aquí. —No tienes alternativa. Se dirigió hacia la puerta. —Caleb —lo llamó, no por súplica sino por desafío. Él se detuvo, sin girarse.— Subestimas lo que soy capaz de hacer. Lentamente, él volvió el rostro. —No —respondió con voz baja—. Tú eres quien me subestimó a mí. La puerta se abrió. Antes de cruzarla, añadió: —Bienvenida a tu nueva vida, Emily. El sonido del cerrojo al cerrarse resonó como un disparo. Silencio. Ella permaneció inmóvil unos segundos. Luego el temblor comenzó. No era debilidad. Era la magnitud de lo que acababa de ocurrir asentándose en su cuerpo. Bajó la mirada hacia su abdomen. Apenas había cambios visibles, pero ahora cada latido parecía amplificado. Una vida. Su hijo. No el heredero de Caleb, no una pieza en su imperio. Su hijo. Las lágrimas llegaron, silenciosas pero ardientes. No por ella, sino por lo que vendría. Se deslizó fuera de la cama con cautela. Sus piernas aún estaban inestables, pero la determinación comenzaba a reemplazar el pánico. Caminó hasta la puerta. Giró el picaporte. Cerrado. Apoyó la frente contra la madera fría. Podía oír pasos al otro lado. Vigilancia. Bien. Que vigilaran. Se apartó lentamente. Si Caleb creía que la había traído allí para convertirla en un simple vientre alquilado… si pensaba que la rompería con aislamiento y miedo… No la conocía. No realmente. Emily Hunt había sobrevivido a perder a sus padres jóvenes. A construir su carrera desde cero. A caminar sola lejos del hombre más poderoso que había amado. Y ahora estaba embarazada. Eso lo cambiaba todo. Ya no era solo su libertad. Era supervivencia. Era guerra. Se secó las lágrimas con el dorso de la mano y volvió hacia la cama, pero ya no como prisionera aturdida, sino como estratega. Caleb Roosevelt había iniciado una partida y cometió un error fatal. Creyó que ella jugaría según sus reglas. Mientras apoyaba ambas manos sobre su vientre, una certeza ardiente se instaló en su pecho: Podía estar encerrada. Podía estar sola. Pero una madre no necesita puertas abiertas para pelear. Y Caleb estaba a punto de descubrirlo.“Zan, para pengunjung adalah orang-orang penting yang juga pemeganga saham Teta Tech Corporation. Apa Kamu nggak khawatir jika mereka menganggap Victory ini salah kelola?” Melanie duduk di sofa tunggal yang ada di samping Zan.Zan diam, sedangkan pendapat itu direspon oleh Max dengan tawa sinis.“Melanie, meskipun Victory terkait dengan Teta Tech, tapi klub ini sepenuhnya ada dalam pengelolaanku. Siapa di antara pengunjung yang berani menghujatku sebagai si salah kelola.” Max menunjukkan telunjukanya dari tangan yang sedang memegang gelas.Melanie mengedikan bahu. “Kalau begitu, bisakah dijelaskan kenapa klub dengan pengelolaan top ini bisa mati lampu.”“Itu karena kesalahan teknis,” sahut Zan dengan cepat.Dan dengan cepat juga Max menoleh ke arah Zan, ia ternganga tak percaya dengan apa yang didengarnya karena ia yakin lampu mati itu berkaitan dengan penggerudukan yang dilakukan oleh gadis bernama Hana itu. “Zan!”“Ah ... Max.” Zan sedikit menelengkan kepala seraya menatap penuh art
Kenangan itu membuat mata Hana merebak dan air mata mengalir tanpa bisa ditahan lagi.Ia terisak.“Hana ....” Zan meregangkan pelukannya dan melihat wajah Hana dengan bingung. “Apa yang membuatmu menangis?”Hana menatap mata Zan. Kesedihan menggayut di wajahnya. “Kamu tahu? Bahkan, Henry bukan ayah kandungku.”“Ah, itu kenapa catatan tentang hubungan darah kalian nggak ditemukan oleh orang-orangku,” ucap Zan dalam hati di tengah keterkejutannya.“Tapi, lihat apa yang ayah lakukan untukku!” Hana menangis.Zan memeluk gadis itu.Hana mengusap air matanya. “Setelah menemukanku, ia berusaha mencari orang tuaku. Tapi, karena cinta yang ia berikan, aku meminta ia menghentikan itu dan memilih untuk menjadi anaknya.”Zan mempererat pelukannya.“Dan setelah aku dewasa, ia nggak hanya berjuang untuk membuat aku meraih cita-citaku, tapi juga mengorbankan nyawanya untukku.” Hana kembali menangis.“Meskipun fakta bahwa Kamu bukan anak biologis Henry, tapi sekarang aku paham kenapa Kamu merobohkan
Hana bergeming ketika pintu ruang operasi terbuka.Petugas medis mendorong ranjang yang membawa Zan yang masih belum sadar.Max menyambut Zan dan mengikuti para petugas medis itu ke bangsal rawat yang akan ditempati laki-laki itu.Hana menatap wajah Zan yang masih terlihat seperti sedang tertidur pulas dan bahu yang dibebat perban ketika ranjang itu lewat di depannya.Max berhenti dan menatap Hana yang masih bergeming di tempatnya.Gadis itu sadar dan segera mengikuti para petugas medis yang membawa Zan. Dan ia harus menahan diri untuk mengatakan apa yang ia tahu karena suaminya itu belum sadar.Gadis menunggu di sofa dengan memeluk lututnya. Sedangkan, Max duduk di samping ranjang pasien.Menit berlalu.Zan tersadar.Max menyambutnya dengan senyum. “Apa karena sekarang sudah punya istri jadi satu peluru saja membuatmu terlihat lemah?” Ia tersenyum mengejek.Zan tersenyum. Ia mengedarkan pandangan untuk mencari Hana. Dan ia tersenyum ketika melihat gadis itu sedang duduk seraya menatap
Zan melihat Max yang berusaha mengejar mobil yang kedua daun pintu bagian belakangnya belum itu.“Zara, kita selesaikan urusan kita nanti!” Zan menjatuhkan diri seraya mengambil pistol di lantai. Dan ia menodongkan pistol itu ke arah Zara.Zara yang kembali hendak menerjang mengurungkan niat.“Aku nggak punya waktu untuk main-main.” Zan beranjak dan berjalan dengan tergesa.“Set!”Sebuah pisau melesat ke arah Zan. Pisau itu menyasar punggung laki-laki itu.Dengan cepat Zan menoleh, merunduk dan-“Dor!”Peluru dari pistol Zan menyasar dada Zara.“Agh!”Zara menghindar, tapi peluru itu menembus bahunya.Zan tahu jika luka tembak itu nggak akan menghentikan mantan pembunuh bayaran itu.“Dor!”“Dor!”Zan menembak kedua paha Zara.“Agh!”Mantan kepala The Bodyguard itu ambruk.“Orang kita akan segera mengurusmu Zara.” Dan Zan bergerak ke arah mobil anak buahnya yang semula membawa Hana ke tempat itu.Ia melarikan mobil itu dengan kecepatan penuh.Dan sekian meter dari gedung terbengkelai i
Helikopter Robinson 22 hitam mendarat dengan sempurna di helipad jasa penerbangan swasta.“Taksi sudah menunggu Anda, Nona.” Pilot itu menunjuk satu arah.Hana melihat ke arah yang ditunjuk dan melihat sebuah taksi warna putih sedang bergerak ke arahnya.Gadis itu mengucapkan terima kasih dan turun dar
“Zan, Kamu sedang nggak ingin mencelakakan orang lain, bukan?” Alicia terlihat tak sabar.Zan menghela napas dalam. “Kalau boleh jujur, sebenarnya aku juga nggak pasti dengan hasil tindakanku ini. Hanya saja, aku nggak punya cara lain selain bertaruh dengan ini.”“Ah ...,” dengkus Alicia lelah. “Sepe
“Perbesar gambar!”Di sebuah ruangan di Tower Robotic, Neo sedang memberikan perintah melalui earpiece-nya.Di depannya, sebuah layar datar komputer sedang menayangkan secara langsung apa yang sedang terjadi di helipad yang berada di atas gedung Teta Hospital.“Xenon! Apa Kamu sudah memantaunya?” Neo m
“Zan!” teriak Veronika lantang. “Jangan egois! Kamu pasti tahu jika saat ini kami nggak bisa mengatasi ini sendiri.”“Vero, egois adalah ketika Kalian memilih bertindak bodoh tanpa memikirkan akibatnya!”“Zan.” Seorang laki-laki dari sebuah korporasi menyela.Zan menoleh ke arahnya.Laki-laki itu berdir












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