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Capítulo 38

last update Veröffentlichungsdatum: 05.10.2026 02:12:36

Elena dio un paso más. Quedó frente a él, tan cerca que podía sentir el calor abrumador que emanaba de su cuerpo. Levantó el rostro y lo miró a los ojos, que ardían en fuego y dolor.

—Si tanto me desprecias, William... si tanto te avergüenzo, si para ti no soy más que una advenediza sin apellido ni alcurnia... ¿por qué quieres un hijo mío? —preguntó Elena; su voz se quebró en un gemido de pura desesperación.

—. ¿Por qué no rompes este bendito contrato? ¡Búscate a Valeria! ¡Búscate a una mujer d
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    El ambiente en la redacción de CRG estaba más tenso que de costumbre. Afuera, la tarde caía plomiza, pero dentro del piso veinte los teclados sonaban como un ejército de grillos y la gente caminaba rápido, cargando tazas de café y carpetas con urgencia.Para Sofía, cruzar ese pasillo ya no pesaba. Llevaba una chaqueta ligera de cuero sobre una blusa negra y el cabello suelto, con la seguridad de quien sabe exactamente qué cartas tiene en la mano. Había ganado el derecho a pelear por la jefatura de investigación con datos duros, pero sabía que el verdadero combate empezaba ahora, frente a las cámaras y con Valeria respirándole en la nuca.—Te ves muy segura, Sofía —soltó una voz cortante a sus espaldas.Sofía se detuvo junto a la máquina de café y giró la cabeza. Valeria estaba de pie ahí, con los brazos cruzados y una taza humeante entre las manos, intentando mantener la pose de suficiencia aunque el temblor en su mandíbula la delataba.—Más de lo que imaginas, Valeria —respondió Sofí

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    El otoño de la ciudad avanzaba bajo un cielo gris y pesado que parecía aplastar los rascacielos. En el piso veinte de la cadena de noticias CRG —la red de televisión más importante y temida del país—, el ambiente olía a café quemado, a nervios a flor de piel y al eco de los teclados que no dejaban de sonar.Para Sofía Campbell, ese ruido no era extraño; era el terreno donde había decidido recuperar su propia voz. A sus veinticinco años, tras haber sobrevivido a un infierno de traiciones y haber reconstruido su destino junto a Liam, sabía muy bien que no le bastaba con manejar cuentas bancarias o galerías de arte. Quería la verdad. Quería el poder de la información. Quería el puesto de reportera principal y jefa de investigación, la silla más peleada de todo el periodismo.Pero ese trono ya tenía una dueña dispuesta a usar las uñas y los dientes: Valeria.A pesar del escándalo de la boda arruinada y de que la fortuna de Leonardo empezaba a tambalearse en secreto, Valeria seguía aferrad

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    Tenía la cara pálida, sudorosa, los ojos desorbitados y una sonrisa maniática que no podía ocultar. Llevaba tres horas compitiendo encarnizadamente en cada ronda de pujas contra la mesa del sector derecho.En la mesa de la derecha, serenos, elegantes y tomados de la mano, Sofía Campbell y Liam Rossi observaban el panel digital de ofertas con una calma absoluta. William Campbell permanecía a su lado, habiendo sido informado del plan estratégico por su hija, y actuaba con la majestuosidad propia de un rey que observa la caída inminente de un usurpador.El subastador golpeó el mazo de madera sobre el estrado.—¡Ronda número siete cerrada! —anunció la voz amplificada del juez de subastas—. La última postura presentada por el consorcio Campbell-Rossi asciende a 95 millones de euros. ¿Hay alguna postura superior en la sala?Un murmullo de asombro recorrió a los espectadores. Noventa y cinco millones era una cifra astronómica, muy por encima de las estimaciones iniciales del mercado.Vicente

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    Leonardo se echó a reír con una satisfacción desbordante.—No voy a fracasar, abuelo —susurró con una mirada fría, perturbada y llena de un odio insaciable—. Esta vez, voy a destruir a todos mis enemigos.---A varios kilómetros de ahí, en el piso alto de la Finca Campbell, el ambiente era completamente diferente.La luz de la mañana entraba por las grandes ventanas del despacho privado de Sofía. En la mesa de caoba había dos tazas de té caliente, un mapa náutico topográfico del archipiélago de San Bartolo y varios informes confidenciales con sellos de la autoridad ambiental marítima.Sofía llevaba puesta una blusa de seda azul marino y tenía el cabello recogido en un moño elegante. Estaba sentada frente a Liam Rossi.Liam, vestido con un traje gris oscuro y con la calma de quien vigila cada detalle, leía los informes y bebía de su taza.—Así que Leonardo ya presentó la solicitud de postura para ‘Puerto Titán’ —dijo Liam con tono grave y analítico—. Mi padre y mi abuelo le dieron la l

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    La noche en que la máscara de Leonardo Rossi se rompió sobre la alfombra de la Finca Campbell no terminó con un lamento. Terminó con su huida desesperada. Liam lo acorraló con una mirada fría. William Campbell lo avergonzó delante de todos. Sofía lo miró con asco. Leonardo salió rápido de la casa y tropezó en la gravilla del parqueadero. La lluvia de la madrugada le mojaba la cara. No sentía arrepentimiento. Solo sentía rabia, un veneno amargo que le llenaba la cabeza.Días después, en la sede histórica de la residencia Rossi, una mansión victoriana de piedra oscura a las afueras de la ciudad, lejos de los fotógrafos, el aire olía a tabaco de pipa, cuero viejo y brandy añejo.En el gran despacho con paneles de nogal, solo las llamas de la chimenea rompían la penumbra. En el sillón de orejas estaba el verdadero patriarca de la familia: Bernardo Rossi, el abuelo de noventa años, cuyas manos arrugadas todavía manejaban los fideicomisos más antiguos de la familia. A su derecha, de pie y c

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    —Ni se te ocurra ponerle una mano encima, Leonardo —dijo Liam con una voz rasposa, grave y letal que congeló la sangre de todos los presentes—. O te juro por Dios que te rompo el brazo aquí mismo, frente a tu padre.—¡Liam! —rugió Vicente Rossi, avanzando con las manos temblando de ira—. ¡¿Qué demonios estás haciendo aquí?! ¡Tú renunciaste a esta familia hace cinco años! ¡No tienes derecho a venir a mi casa ni a interferir en los negocios de tu hermano!—Yo no vine a interferir en sus negocios, padre —respondió Liam con una calma aterradora, acomodándose los puños de la camisa—. Vine a recuperar lo que es mío. Y vine a acompañar a mi prometida.El salón entero quedó en silencio total.—¿Prometida…? —alcanzó a articular William Campbell, mirando a Sofía con la mirada cargada de un desconcierto profundo pero alerta.Sofía avanzó, metió la mano en su bolso y sacó la carpeta roja con los documentos notariales. Con un gesto seguro y elegante, puso la carpeta sobre la mesa principal de caob

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