로그인Fueron los últimos en presentarse, y la música de El Vuelo de la Mariposa todavía le resonaba en los oídos, negándose a desvanecerse.Además, a juzgar por la reacción del público, la pieza había sido muy bien recibida. Los aplausos estallaron en repetidas ocasiones durante la función, y ahora que Julián y Valentina salían a hacer la reverencia final, recrearon varios de los movimientos emblemáticos de El Vuelo de la Mariposa, tanto los solos como los de pareja, y el teatro volvió a estremecerse con una gran ovación.La despedida debía terminar ahí. Los espectadores ya habían empezado a subir al escenario a entregar flores, pero la música no se detuvo y, de pronto, en las pantallas a ambos lados del escenario apareció una imagen nueva.Olivia se quedó helada.Era... era una grabación de cuando ella bailó El Vuelo de la Mariposa.El micrófono del presentador pasó a manos de Julián.Él anunció que la función había terminado, agradeció al público por su apoyo y les informó que podían retir
Olivia se rio.—Qué lástima.—¿Lástima de qué? —respondió Paulina, furiosa.—Lástima que hoy todavía tengas que venir a rogarle a esta coja —dijo Olivia con una sonrisa.—¿Yo, rogarte a ti? ¡No me hagas reír! Soy el primer amor de Adri. Me fui cinco años y todavía me tiene en lo más profundo de su corazón. La contraseña de tu casa es mi fecha de cumpleaños, ¿ya se te olvidó? ¿Por qué te rogaría a ti? —Paulina empezó a gritar, fuera de sí.Olivia, en cambio, se mantuvo tranquila todo el tiempo, sin dejar de sonreír.—¿Ah, sí? Entonces, ¿para qué vienes a presionarme con el divorcio?—Yo... —Paulina se quedó sin respuesta. Después de un largo silencio, respondió—: ¡Adri no te quiere! ¡Un matrimonio sin amor es inmoral!—¿Ah, sí? —Olivia sonrió—. Aun así, es un poquito más moral que ser la otra a sabiendas.—Tú... —Paulina estalló—. ¡Tú eres la otra! ¡Adri y yo fuimos novios primero! Me fui al extranjero y tú te aprovechaste para meterte. ¡Tú eres la otra!—Yo tengo acta de matrimonio —di
Adrián se quedó paralizado.—¡Adri! ¡En serio ya diste más que suficiente, ya saldaste la deuda! —exclamó Paulina en voz alta—. Si no me crees, ve y averígualo: aunque en serio hubieras sido tú quien la atropelló, con todo lo que le has dado ya habrías pagado de sobra. ¡Ni el verdadero conductor responsable habría indemnizado tanto!—¿Ya saldé la deuda? —murmuró Adrián para sí, todavía aturdido.—¡Sí! ¡Ya quedaste libre! Adri... no sigas así, por favor. Es cierto que Olivia te salvó la vida, pero nadie paga una deuda de gratitud entregando toda su existencia. —Paulina lo sujetó de la ropa y lo sacudió con fuerza—. Adri, reacciona. Tú eres excepcional. Si Olivia no te hubiera salvado la vida en ese entonces, ella jamás habría estado a tu nivel, nunca habría podido casarse con alguien como tú. Ya hiciste más que suficiente. No puedes desperdiciar tu vida entera en devolver un favor. Tienes que empezar a vivir para ti mismo, Adri...—¿Vivir para mí mismo? —repitió las palabras de Paulina,
Olivia miró al hombre que tenía enfrente y de pronto sintió un cansancio inmenso, tanto que ya casi no podía recordar cómo era la cara del Adrián de dieciséis años.—Adrián, vete —dijo agotada.—Olivia, regresa conmigo —dijo Adrián—. Por más enojada que estés, no puedes desquitarte con tu propio cuerpo. Sé que quieres bailar, pero ya no puedes hacerlo...Olivia lo fulminó con la mirada, clavando los ojos en su cara.—Olivia, ¿dije algo que no es cierto? —continuó Adrián—. El médico ya dio su diagnóstico. Tú le haces caso al idiota de Reyes, que te llena la cabeza de ilusiones. Ese tipo lo único que busca es aprovecharse. Mírate nada más, ¿ya viste lo flaca que estás? ¿Y si te vuelves a lastimar? Deja de empeñarte en lo imposible. Ya te lo dije hace mucho: aunque no hagas nada, siempre vas a ser mi mujer.—¡Cállate! —gritó Julián desde un costado.Adrián le lanzó una mirada de reojo y siguió aferrado a la mano de Olivia sin soltarla.—¡Olivia! ¡Ya basta de berrinches! Te enojas porque n
A Paulina se le enrojecieron los ojos. Bajó la cabeza en silencio, con expresión de quien ha sido terriblemente agraviada.Adrián, sin embargo, se mantuvo tenso a su lado, con la cara rígida.—¿Qué quisiste decir con eso? ¿Pau dijo algo incorrecto? Ella lo hizo con buena intención, ¿y vas a burlarte de ella?Al escucharlo, Paulina se apresuró a jalar la manga de Adrián, con un gesto entre asustado y vulnerable.—Adri, no le digas eso a Olivia. Ella solo está de mal humor, tienes que entenderla.Adrián se quedó callado, pero sus ojos seguían clavados en Olivia, con enojo.Paulina siguió hablando:—Adri, no te pongas así. Olivia pasa todos los días rodeada de bailarines, y aunque ya no puede bailar, sigue queriendo hacerlo. Seguramente se siente muy triste... Olivia, no te fuerces. Aunque ya no puedas bailar, Adri no te va a despreciar por eso. Si te lastimas, a él le va a doler más.Qué bonito sonaba todo. Pero Olivia podía ver la satisfacción de Paulina, sobre todo cuando dijo “ya no p
Al día siguiente, Olivia fue a rehabilitación desde temprano. Lo que había pasado la noche anterior no le dejó demasiado pesar.Julián y Valentina fueron juntos a acompañarla durante la práctica.“Empezar de cero” suena muy bien cuando se dice, pero solo al ponerlo en práctica se descubre lo difícil que es.Olivia llevaba ya casi diez días en su viaje por Europa. Había hecho rehabilitación todos los días sin falta, y parecía que soportaba bien cada sesión; su flexibilidad incluso había mejorado un poco. Pero cambios reales, de fondo, no había ninguno.Su pie seguía sin responder.Y cada vez que trabajaba con esa pierna lesionada, el dolor era insoportable.En realidad, desde que llegó a Europa había comido mucho en cada comida, sin privarse de nada, y aun así pesaba casi medio kilo menos que cuando salió de casa.De por sí era muy esbelta; ahora, con el leotardo negro de práctica puesto, se veía delgada como una hoja de papel.No era solo por el ejercicio. Era sobre todo por el dolor.
Antes de que Paulina apareciera en sus vidas, él siempre había sido así: le hablaba con dulzura, le pedía que descansara temprano y le acariciaba el cabello con ternura.Jamás habían discutido.¿Pero de qué servía eso? ¿Qué valor tenía un matrimonio donde nunca pasaba nada?Olivia ya no tenía fuerza
Olivia sintió que la realidad la golpeaba de nuevo, obligándola a ver las cosas como eran. Siempre creyó que Adrián había comprado aquel departamento de una sola planta pensando en su pierna lastimada, para facilitarle la vida. Pero no...Resultó que aquel era el hogar ideal que él había soñado con
—¡Tus celos deben tener un límite! ¡Ya te pasaste! —Adrián la miraba con impaciencia, como si su tolerancia se hubiera agotado.—No estoy celosa. —Olivia lo miró fijamente, con seriedad—. Desde el principio, lo único que he dicho es...—¡Basta! —el grito de él la interrumpió.Beto, actuando como el
“¡No, claro que no!”Olivia luchó con todas sus fuerzas, pero su única “arma” efectiva seguían siendo sus dientes.Al morderle el hombro con toda la energía que le quedaba, por fin sintió que él aflojaba el agarre. Forcejeó para darse la vuelta y, como la cama estaba muy chiquita, Adrián cayó al sue







