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Capítulo 5

Autor: Ingrid Herrera Aparicio
Desperté de nuevo en un lugar desconocido. José vio que abría los ojos y se acercó enseguida para revisarme.

—¿Cómo te sientes?

Me moví un poco, miré alrededor y supuse que estaba en su casa. Negué con la cabeza y, después, le di las gracias.

—No fue nada grave, gracias.

Él no llevaba bata, y sin ese aire impecable de siempre se veía distinto: más sereno, más suave. Sonrió apenas.

—Ya quedó todo arreglado con Miguel. También firmó los papeles del divorcio, solo que el trámite todavía sigue medio
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Último capítulo

  • Muerta para Él, Libre para Mí   Capítulo 11

    Yo todavía no entendía nada cuando el abogado abrió la boca.—Este acuerdo se redactó hace tres meses. Aquí se especifica que todas las acciones del Grupo Michaus pasan a su nombre. Usted solo tiene que firmar.No podía negarlo: era lo más "sincero" que iba a ser.No dudé. Firmé.Me debía ocho años de mi vida.Con el abogado de por medio, el trámite del divorcio se resolvió rápido. Durante todo ese tiempo, Miguel no dijo una sola palabra.El tiempo se me iba, y él solo se quedaba sentado a mi lado, mirándome en silencio, como si quisiera memorizar cada detalle. Estaba más delgado. Tan consumido que parecía un hombre que llevaba demasiado tiempo bebiendo y fumando, al borde del colapso. Cuando me miraba, tenía la mirada vacía. Nadie sabía qué estaba pensando.Cuando el abogado terminó, preparó dos copias y nos las entregó a ambos. Miguel se puso de pie y, sin mirarme demasiado, dijo:—Cuídate.Lo vi alejarse.Cojeaba, iba tambaleándose, como si las piernas ya no le respondieran.Llamé a

  • Muerta para Él, Libre para Mí   Capítulo 10

    Murmuró:—Después… firmamos el divorcio.Al ver su expresión, supe que no estaba fingiendo. Acepté.En el avión, Miguel volvió a ser el de siempre: pendiente de mí, atento, como si nada hubiera pasado. Ángel lo vio y no dijo nada.Al fin y al cabo, en la universidad nosotros fuimos la pareja que todos envidiaban, Ángel también sabía de nuestra relación.Antes, a Ángel hasta le caía bien Miguel. Pero desde que supo que yo dejé la asociación por Miguel, solo le quedó frialdad.Después de ver a Miguel tan solícito conmigo, Ángel bufó.—Cuando ella te quería, no supiste quererla como se merecía. Ahora sí vienes a hablar de "valorar".La mano de Miguel, que estaba a punto de ponerme una manta encima, se quedó a medio camino. Forzó una sonrisa tensa y retiró la mano, en silencio.—Perdón, me pasé.Esa cautela, ese cuidado de no tocarme, de no invadirme, me dejó una satisfacción extraña. Porque si ya íbamos a divorciarnos, así era como tenía que ser.Por miedo a que Ángel siguiera, le susurr

  • Muerta para Él, Libre para Mí   Capítulo 9

    —¡¿Estás loco?! ¡Miguel! ¡Ya estamos divorciados! ¡Ubícate!Mi reacción terminó de encenderlo. El pecho se le subía y bajaba con fuerza y, con la cara ensombrecida, me soltó:—Susana, ven acá. Ponte a mi lado. ¡Ese tipo es una basura! ¿Cómo puedes creerle?Justo después, José me rodeó la cintura con un brazo, a propósito, y lo miró con burla.—Esa frase no te toca a ti, ¿o sí? Haya hecho lo que haya hecho, siempre será menos asqueroso que alguien capaz de matar a su propio hijo.Miguel lo fulminó con la mirada. Yo estaba segura de que, si yo no estuviera delante, ya le habría soltado otro puñetazo.Pero bajó el tono. Alzó las manos hacia mí, como si quisiera atraerme.—Ven, Susana. No te quedes a su lado. Lo que él hizo, se lo voy a cobrar. Tú no tienes nada que ver.Yo me mantuve ahí, firme, delante de José. Solté una risa fría.—¿Todavía no entiendes? Mataste a nuestro hijo. ¿Y todavía te atreves a actuar así, haciéndote el gran esposo enamorado? Para que te quede claro, Miguel Micha

  • Muerta para Él, Libre para Mí   Capítulo 8

    Miguel cumplió su promesa, sí: nunca me soltó la mano. Solo que, cuando fui yo la que lo solté y me fui, empezó a acosarme. Un acoso interminable, sin descanso. No sé qué habrá sido del Grupo Michaus. Lo único que sé es que Miguel se quedó en Nova.Todos los días, a la misma hora, aparecía a la salida de la exposición. A veces incluso entraba, se quedaba ahí, y me clavaba la mirada mientras yo le explicaba los murales a la gente, como si se le hubiera ido el alma, como si se perdiera en mí.Mis compañeros lo conocían, pero nadie se atrevía a decir una palabra a su favor.Porque todos sabían lo mucho que nos quisimos. Y también conocían mi carácter: yo no era de tomar decisiones a la ligera. Si yo decidía algo, era porque ya no había vuelta atrás. Y no me arrepentía.Los quince días de la exposición terminaron. Ángel me hizo copias de varios murales más y me las regaló.Quizá por la edad, últimamente estaba especialmente nostálgico. Hablaba una y otra vez de los años de universidad, de

  • Muerta para Él, Libre para Mí   Capítulo 7

    Antes de poner en marcha este plan, ya me había imaginado cómo reaccionaría si se enteraba. Él, sin duda, iba a dejarme sin mirar atrás, como si nada, corriendo a casarse con Patricia.Al fin y al cabo, por ella fue capaz de hacerme perder al bebé que era suyo y mío, y de dejarle toda la herencia al hijo de su amante.Yo no esperaba otra cosa.Resultó que me buscó por todas partes. Incluso vino en persona, se plantó frente a mí y me las soltó en la cara.Mis palabras lo hirieron. Miguel respiró hondo un par de veces y, de pronto, me rodeó con los brazos, como si se tragara el enojo. Como si acabara de recuperar algo perdido.Me apretó con tanta fuerza que parecía querer fundirse conmigo. Murmuró, bajito, como para calmarme y también para calmarse a sí mismo:—Perdón. Hace un momento me pasé. Es que me preocupé por ti, nada más. Lo importante es que volviste. Vámonos a casa, ¿sí?Yo lo empujé con fuerza.Con el rostro impasible, le pregunté:—¿Ya se te olvidó lo que hiciste?En su rostr

  • Muerta para Él, Libre para Mí   Capítulo 6

    Después de su berrinche, se quedó mirando el mural con una nostalgia imposible de disimular.Seguí recorriendo la exposición. Mis compañeros me reconocieron al instante y empezaron a gritar mi nombre, emocionados.Al oír que me llamaban, Ángel volvió a soltar un bufido. Se acarició la barba y dijo, con tono duro:—¿Susana? ¿Esa inútil también va a venir? ¡Dejen de mencionar su nombre, o me voy a enojar todavía más!Pero ya me había visto y, aun así, se ajustó el cuello de la camisa, se sentó bien erguido y se quedó con el gesto serio, esperando a que yo me acercara.Yo, con el regalo en la mano, me acerqué sonriendo.—Ángel.Él soltó otro "hum" seco. Los demás se apresuraron a hablar, como si quisieran salvar la situación.—No le hagas caso, así es él. En realidad, sí te extrañaba un montón. Todos los días decía que, si tú estuvieras en la asociación, tendríamos muchísimas más obras en las exposiciones.Yo lo miré con seriedad y le hablé con sinceridad:—Ángel, volví. De ahora en adela

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