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CAPÍTULO 33

Author: Ría Luxuria
last update publish date: 2022-03-07 12:00:09

El anuncio oficial sobre quiénes llevarían a cabo uno de los proyectos residenciales más grandes del estado se haría el jueves de esa semana. Miller, Co. participaba en la contienda junto a media docena de constructoras y empresas del nicho inmobiliario, porque ese proyecto era el primer escalón para un desarrollo más grande del cual se anunció su asignación para finales de ese mismo año.

La capital del país estaba sobrepoblada, a tal punto en que se iba convirtiendo en un serio problema de Estado. La altísima tasa de criminalidad, el alto costo de la vida, los irrisorios precios de vivienda ―no solo a nivel de adquisición sino también de alquiler―, la polución y los niveles de contaminación estaban llevando a severos problemas de salud.

Gente en situación de calle, mendigando durante el día, apilándose en parques, puentes y cualquier otro refugio improvisado, eran los principales vectores de enfermedades, que iban saliendo y entrado en los distintos albergues oficiales para dormir durante las noches, mientras que en el día trabajaban de cualquier cosa: lavando parabrisas en los semáforos, mano de obra barata, jardinería, etcétera.

No obstante, el gabinete ejecutivo del país estaba tomando acciones, uno de los estados del suroeste ―menos desarrollado a nivel poblacional― se convirtió en el mejor lugar para el progreso socioeconómico del país; en años recientes se descubrió un increíble yacimiento de platino y rodio, lo que incrementó notoriamente las riquezas del país.

El proyecto que se anunciaría a finales de ese año para ser iniciado en el primer trimestre del año siguiente, se trataba de la creación de una nueva ciudad, empezando desde cero; ya que el estado donde se encontraba el yacimiento era uno subdesarrollado en comparación con el resto del país.

En resumen, era un mega proyecto que pasaría a los anales de la historia, dándole la oportunidad a sus protagonistas a formar parte de la historia del país.

Sin embargo, a pesar de que la meta perseguida era enorme, primero debían obtener el nuevo proyecto, porque este era la prueba final antes de comenzar con la ciudad.

La meta primordial impuesta por el Ejecutivo nacional era simple: el desarrollo del nuevo distrito residencial debía alcanzar el setenta y cinco porciento de su construcción antes de que se acabara el año, en resumen, una vez anunciada la asignación de derechos, la empresa ganadora tendría seis meses, siete cuando mucho, para cumplir la meta.

Si lo conseguía, aumentaba considerablemente sus posibilidades para el mega proyecto de ciudad Num; que el gobierno nacional esperaba estuviese lista al cabo de cinco años.

El senador Liz era uno de los tres senadores que representaban al estado, y era el encargado de la aprobación final para la asignación de derechos de desarrollo. Durante los últimos ocho meses estuvo rodeado de decenas de personas que intentaron sobornarlo ―tanto directa como indirectamente― para obtener esa licitación; con la esperanza de poder participar en el proceso de manera ‘más justa’.

Todos sabían que era muy posible que Miller, Co., se llevara el proyecto, porque a pesar de que en los últimos dos años había perdido varios trabajos importantes, lo que los llevó a que su influencia en el mercado disminuyera y, por ende, sufrieron un declive en el valor de sus acciones en la bolsa, no significaba que estaban acabados.

Ellos continuaban siendo un referente en la industria, tras casi ochenta años en el medio; y no solo por sus éxitos.

Sino porque había un par de personas que se encontraban en posiciones claves dentro del sistema público que eran miembros de la familia Murphy; era obvio que estas personas otorgaban ventajas a los Miller de manera discreta para que ellos estuvieran siempre entre la lista final.

David no manejaba el proyecto que estaba en licitación, este se encontraba bajo la supervisión directa de su cuñado, Antoni Miller; por lo tanto no sabía cómo iba este. Él esperaba que fuese bien, lo suficiente como para que el ridículo ego de los miembros de esa m*****a familia se inflara, elevándolos por todo lo alto, porque entre más arriba, más aparatosa sería la caída.

Y sonrió cuando al llegar a la oficina llamaron a una junta urgente de accionista.

Entró a la reunión porque se lo pidieron, en perspectiva él no tenía voz ni voto en dicho lugar. En todo el tiempo que llevaba unido a los Miller jamás recibió acciones de la empresa, mucho menos la oportunidad de comprarlas, bajo el pretexto de que las acciones adquiridas serían manejadas como un núcleo familiar al estar casado con Laura; David no se quejó de las condiciones, desde su punto de vista personal el único heredero de su parte era Noah, y dado que el hermano mayor de su esposa no tuvo hijos varones, era el pequeño pelirrojo el que se perfilaba como heredero de la familia, ya que los Miller tenían un fuerte ―y arcaico― sentido patriarcal.  

Pero David sabía que pronto eso se iba ir a la m****a.

Durante la semana anterior, él y su socio debatieron con seriedad la posibilidad de adelantar su plan; al fin y al cabo, daba lo mismo esperar un año o no, porque todo estaba listo.

―Si hacemos tambalear el castillo, las ratas saldrán huyendo ―dijo David, posando las tres carpetas con toda la evidencia sobre la mesa de centro en la oficina de Alex―. También significa que podremos indagar más para conseguir lo que nos falta.

»Aunque ya tenemos suficiente evidencia concreta para acabar con ellos.

Robin asintió, estaba de acuerdo con su afirmación, después de todo, quien siempre lo frenó de tomar acciones precipitadamente, fue David; pues su plan ―mucho más refinado― buscaba envolver a los Miller en estos mega proyectos y de ese modo exponer la corrupción y extorsión llevadas a cabo por ambas familias; todo con la intención de que la caída fuese contundente y definitiva. También para que fuese más complicado que salvaran sus pellejos, deshaciéndose de la evidencia.

Si hubiese sido por Martin, habría actuado al mejor estilo mafioso, asesinando a cada miembro de la familia Murphy, hasta que no quedara absolutamente nadie.

Mientras recordaba esa conversación, miraba a la docena de personas que estaban congregadas; él procuraba mantener su cara de póker, una que debía trasmitir cierto grado de molestia y frustración, porque justo esa mañana de lunes, explotó un escándalo; grandes titulares saltaron por todos lados, en medios digitales y físicos, asegurando que el proyecto de construcción de la escuela en el distrito siete ―ocurrido cuatro años atrás y con muchos problemas a posteriori― había sido todo una pantomima para ocultar actividades ilícitas que involucraban a una conocida mafia de la ciudad.

En la cabecera de la mesa, el viejo presidente, Ruben Miller, miraba a todos con fría indiferencia, parecía que todo lo sucedido no le competía en lo más mínimo, todo lo contrario a su hijo y nieto; tanto Jacobo y Antoni, estaban pálidos, conservando la compostura a duras penas.

―¿Cuánto hemos perdido hasta ahora? ―preguntó el patriarca con su voz de tenor.

Fue un cuestionamiento simple, de hecho, ni siquiera había ira en sus palabras, su actuación fue perfecta.

―El desplome ha sido descomunal tras la primera hora del anuncio ―dijo el CEO de finanzas―. Vamos por el treinta y cinco porciento de disminución y sigue bajando.

David observó uno de los diarios que reposaba sobre la mesa, en enormes letras negras, en la primera plana, se leía la sentencia:

LA TRIQUETA PERFECTA: MILLER, MURPHY Y LOS STRACCI

¿QUIÉN RECIBE AL FINAL EL DINERO DE LOS CONTRIBUYENTES?

«Aaaaahh… esto es tan satisfactorio…» pensó él con una sensación agradable. «Debería grabarlo para mostrárselo a Robin.»

No obstante, una vez que pensó en él, de inmediato recordó lo sucedido el sábado en la fiesta.

Frunció el ceño de manera notoria, apretó los puños con fuerza para procurar calmar sus emociones; fue inevitable revivir todo lo que sucedió esa noche; sin contar la agonía de su corazón cuando su cerebro decidió castigarlo con imágenes de Ángela y el rubio en actividades muy íntimas.

―¿Y tú qué opinas, David? ―increpó Ruben Miller, mirándolo con firmeza; él se tomó su tiempo para responder.

―Mi opinión no importa, señor ―contestó con cuidado, manteniendo un tono de voz apacible―. Ahora lo que necesitamos es hacer control de daños, verificar con los líderes del proyecto en puertas, si las consecuencias de estas noticias impactarán de manera contundente.

»Debemos saber si estos decidieron finiquitar la relación laboral, o esperarán a ver el desarrollo de la situación para tomar una decisión. Está de más decir que lo último sería lo más conveniente para nosotros.

»Adicional a eso, debemos tomar medidas legales, hacer un anuncio a la prensa desmintiendo esto y ponernos en manos de las autoridades pertinentes ―enumeró con eficacia―. Si nos adelantamos a ellos sería más fácil rescatar algo de nuestra imagen.

»Aunque siendo sincero, lo que están publicando, con lujo de detalles, va a ser difícil de refutar, el daño está hecho, las pruebas que muestran, siendo circunstanciales, impactaron negativamente en la empresa.

El hombre mayor frunció el ceño, observó a cada uno de los hombres allí, la mayoría no tenía los cojones para decir nada, ni siquiera para defenderse; e incluso su propio hijo y nieto parecían dos pollos descabezados.

―Habla con nuestro equipo de publicistas para dar una declaración negando las acusaciones que aparecen publicadas en la prensa ―ordenó Ruben, como director ejecutivo general, él debía supervisar todo eso.

―Ya está hecho, señor ―respondió David, demostrando su eficiencia―. Los convoqué apenas supe de los titulares, junto al equipo legal. Espero que en una hora, más o menos, tengan un borrador listo para que usted lo apruebe.

Ruben asintió satisfecho, agradecido de que, al menos, hubiese un miembro de la familia que pudiese pensar con claridad en momentos como aquellos.

―¿Qué hay del departamento legal? ―preguntó a los presentes.

―Ellos están esperando a que terminemos la junta para reunirnos con ellos ―mencionó Antoni―. Dicen que, dado la magnitud del asunto, necesitan hablar con los accionistas mayoritarios, y nos deben estar esperando en la oficina de mi padre.

Ruben emitió una especie de gruñido frustrado, ‘de acuerdo’ dijo poniéndose de pie.

―Mientras nuestros mayores esfuerzos se enfocarán en resolver este problema, no significa que permitiremos que el resto de nuestros proyectos fracasen ―habló el hombre con solemnidad―. Para la próxima junta espero resultados positivos, no solo la resolución de esto…

»Ganen tiempo con nuestros clientes, ofrezcan mejores propuestas, nuestra máxima prioridad es mantener aquellos que de verdad representen grandes pérdidas para la empresa, y no me refiero solo a la monetaria.

»Ya tenemos una competencia violenta con Corporación Warriors, ellos serán los primeros en aprovechar esta situación para tomar ventaja; de hecho, no me sorprendería que ellos mismos hayan sido los autores de esta movida.

Abandonó la sala como un vendaval, para tener casi ochenta años, Ruben Miller se conservaba muy bien. Casi artificialmente bien.

David se marchó de su oficina tarareando en su mente, Stella lo miró de reojo con obvia preocupación.

Él le guiñó un ojo y siguió de largo, se sentó en su silla soltando un suspiro.

Había comenzado al fin.

Un zumbido lo distrajo por un instante, sacó del bolsillo interno de su chaqueta su segundo teléfono y vio al remitente, reconoció de inmediato el número que lo llamaba.

―¿Cómo estuvo? ―preguntó Robin apenas activó la llamada.

―Tal y como esperábamos ―respondió saboreando el triunfo―. Pero más que de eso, quiero hablar contigo de otra cosa.

―¿Qué será? ―inquirió el rubio con indiferencia.

―De tu relación con Ángela.

Del otro lado de la línea se hizo silencio, David frunció el ceño, a la expectativa.

―De acuerdo, ¿nos vemos en una hora?

―Sí.

David se puso en pie, recogió todo y dejó su oficina, se marchó por una salida lateral del edificio que se encontraba en el segundo piso, bajó el tramo de escaleras correspondientes y se encaminó hasta la calle, donde detuvo un taxi. Nadie se percató de su ausencia por el resto de la tarde.

Era hora de saber cómo, cuándo y dónde Robin conoció a Ángela, y cuáles eran sus intenciones.

Él quería una segunda oportunidad.

No iba a permitir que nadie le volviese a arrebatar la felicidad.

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