INICIAR SESIÓNDavid no sabía qué decir ante toda esa información.
¿En qué momento Ángela conoció a la esposa de Ernest Bachmann?
Según los cálculos que hizo, sucedió cuando ellos dos aún estaban juntos; él jamás se enteró de nada de lo que pasó. A pesar de que sus recuerdos eran confusos, David podía asegurar que ella no le había contado algo como aquello.
«O tal vez todo sucedió cuando comenzamos a distanciarnos…
Entonces ella pasó por todo eso sola…»
Aferró el vaso frente a él y bebió todo de un solo trago; estaba extenuado y la atmosfera de su mesa era, por demás, densa y asfixiante.
Todos los Miller estaban allí, desde el patriarca de la familia hasta las tías de Laura con sus respectivos esposos.
Y todos ellos lanzaban miradas en dirección a Ángela que se encontraba a una mesa de distancia.
David tuvo que reprimir la necesidad de levantarse y seguir a la morena cuando la vio marcharse. Rechinó sus dientes al notar que Leopoldo observaba la espalda de Ángela con una expresión anhelante, pero no podía irse debido al estado en que el señor Rossi se encontraba.
No pasó desapercibido para nadie la reacción de ella; sin embargo su gesto fue interpretado de una forma amable por casi todos.
―Debe sentirse sobrecogida ―mencionó una de las hermanas de Jacobo―. Es la primera vez que veo a esa jovencita en un evento de esta magnitud.
―Es que no es nadie importante, tía ―respondió Laura, con una sonrisa forzada, de la que no participaban sus ojos.
―Tal vez no para ti ―le indicó en respuesta su otra tía―. Pero para los Bachmann… ―Miró a Laura con una expresión indescifrable en sus ojos―. Es quien les permitió tener un último momento con la persona que amaban, como médico tiene compromiso, como ser humano, tiene corazón… ―unos segundos de silencio, la comisura derecha se elevó un poco en una media sonrisa de sorna―. No es como que tú sepas de eso, sobrina.
―¿Qué-qué-qué quieres decir? ―preguntó Pilar mirando con disgusto a su cuñada; pero un solo vistazo de Ruben hizo que de inmediato bajara el tono de su voz―. ¿Cómo puedes decir algo así de tu propia sobrina?
―Lo puedo decir porque la conozco ―respondió sin temor―, y sé de dónde viene, y de lo que es capaz.
»Incluso puedo decir que se parece a su madre.
La mujer se levantó sin pedir excusas dejándolos a todos con sus diversas reacciones; las personas abandonaban sus mesas y se movían de un lugar a otro conversando en voz baja. El ambiente se mantenía sosegado, la energía del lugar estaba cargada de emotividad.
David soportó el aire viciado de su mesa todo lo que pudo, pero una vez que Ruben y Jacobo se excusaron para ir a hablar con Ernest y su familia, él los imitó sin decir palabra.
Ya había pasado alrededor de veinte minutos desde la partida de Ángela, él esperaba encontrarse con ella de manera casual para conversar un poco. Estaba decidido a dar un paso a la vez, sin presionarla ni intimidarla, en especial para evitar ponerla en alguna clase de peligro; no obstante, en ese instante, David sabía que ella no se encontraba bien.
Ángela debía estar recordando a su madre y cómo se la arrebataron cuando apenas comenzaba a vivir su adolescencia.
La ira y el odio se mezclaron en un caldo hirviente dentro de él.
Deseaba ir en ese mismo momento y exponer todos los crímenes de esa m*****a familia.
Respiró con lentitud, profundamente, esperando calmar sus emociones. Necesitaba actuar con cabeza fría, hacer las cosas bien y de manera definitiva.
Salió del salón y caminó en dirección al lago, sobre su superficie flotaban un montón de linternas; en medio de la claridad que arrojaban los edificios alrededor de ese sitio, el lugar tenía un aspecto mágico. Desde su posición él podía mirar el salón a lo lejos, con las personas que entraban y salían, reuniéndose en torno a los rosales o las estatuas.
Quiso quedarse allí por el resto de la velada.
Mientras él encontraba ese remanso de paz, Ángela había estado encerrada en el baño.
Primero se lavó la cara con agua fría para tratar de calmar su corazón, el pecho se mantuvo oprimido, dificultándole respirar; incluso su garganta estaba reseca y ardía.
Sabía que no podía permanecer allí por más tiempo, inclusive si había escogido uno de los servicios más alejados del lugar. Estuvo a punto de huir hasta el edificio principal, con la finalidad de no chocar con nadie, pero el coraje para hacerlo se esfumó al recordar la cara de Ernest y sus palabras.
Tanto como él la apreciaba a ella, Ángela lo valoraba y respetaba en contra parte.
―Debo volver ―le dijo al reflejo del espejo.
Por suerte su maquillaje no se arruinó, tampoco había usado algo muy elaborado para la ocasión, hasta su ropa era modesta si la comparaba con los trajes que otros estaban usando.
Salió después de revisarse de manera meticulosa, se encaminó por el camino de piedra que rodeaba el jardín, amparándose en los altos arbustos que servían de muro divisorio y luego se escabulló por una entrada lateral, siempre al amparo de los pilares, decoraciones y otras personas.
―Qué lindo es el amor de Ernest por su difunta esposa…
―Yo quisiera un amor así, cuando decida casarme…
―No tendríamos tanta suerte, Penélope tuvo que intentarlo por segunda vez.
Las voces femeninas hablaban en un tono modulado, Ángela solo las escuchó porque lo que la separaba de ellas era un delgado tabique de madera del cual colgaban adornos florales para la ocasión.
Sonrió ante sus palabras, ella pensaba algo similar, el amor entre Ernest y Penélope era algo hermoso y triste, pero Penny no se arrepentía de haberlo aceptado.
―Siempre me hizo feliz ―le dijo una semana antes de morir―. Aún hoy en día, en medio de este tormento, verlo me hace feliz… si tienes un amor así, querida niña, lucha por él, no dejes que te lo arrebaten.
«Parecía que lo estabas profetizando, Penny» pensó con tristeza.
―Eso no es cierto, algunas tienen verdadera suerte, como Laura ―dijo la mujer que habló de segunda―. David y tú son una pareja hermosa, cuando están uno al lado del otro, parecen brillar con luz propia ―elogió.
―Sí, David y yo tenemos mucha suerte de habernos encontrado y reconocido a tiempo ―aseguró la pelirroja con un tono suave y comedido, destilaba un cariño cálido y acogedor.
Ángela se paralizó en seco, justo antes de escucharla hablar ella estaba dispuesta a continuar hasta su mesa; no obstante, la voz de Laura, sus palabras, hicieron que no pudiese moverse.
El corazón comenzó a latirle con violencia, sus manos se apretaron en puños y no le importó el dolor acalambrado en su mano izquierda, que subía hasta el codo en relámpagos calientes.
―Qué suerte tienes, Laura…
―Sí, mucha… ustedes no saben, pero después de su problema de salud, David y yo pensamos en irnos de vacaciones con Noah por un mes ―comentó la pelirroja con entusiasmo―. Íbamos a irnos este lunes, sin embargo, sucedió lo de la compañía, y él junto a mi familia, han estado trabajando incansablemente para solucionarlo; así que le dije que teníamos que cancelarlo, pero él se negó.
»Me dijo que lo redujéramos a una semana, que después de lo que le pasó, él comprendía lo importante que eran su esposa e hijo y que no iba a dejar de estar con nosotros. ‘Redúcelo a una semana’ me dijo, ‘cuando las cosas estén más estables, nos vamos de vacaciones’.
―Aaawww… se nota que David te ama mucho.
―Ustedes son lo más importante para él.
―Atesóralo, Laura… no hay muchos hombres así.
Ángela quiso vomitar, por suerte el malestar rompió su parálisis y ella pudo avanzar de regreso a su silla; más que sentarse se dejó caer, Leo la miró preocupado, su palidez era tan notoria que era imposible no fijarse.
―¡Ángela! ¿Estás bien? ¿Te sientes mal? ¿Te duele algo? ―las preguntas de Leo la aturdían, sonrió con debilidad y asintió sin fuerzas.
―Sí, supongo que solo… solo… demasiadas emociones juntas. ―Hizo un gesto ambiguo con su mano izquierda para restarle importancia, mientras que con la derecha tomaba el vaso de agua frente a su plato.
―¡Cielos, Ángela! ―exclamó su amigo con miedo―. ¿Cómo te lastimaste la mano de nuevo?
En efecto, la gasa empezaba a teñirse de rojo. Ella miró el pedazo de tela blanca y frunció el ceño como si no pudiese creérselo.
―¡Ja! ―resopló la morena, aferró su cara con la mano derecha, descansando su brazo sobre la mesa―. Jajajajajaja ―rio sin ánimo.
«¿Divorcio? Sí, claro… ¿Qué persona que está por divorciarse planea vacaciones familiares?»
Se odió a sí misma a niveles indecibles.
«¡Tonta! ¡Tonta! ¡Tonta!» se acusó de una forma cruel.
Ángela guardaba esperanzas, todavía guardaba esperanzas de estar con él.
Y se odió por ello.
―Angie, vamos a la mansión, allí hay implementos de primeros auxilios ―le dijo Leo, tomándola con delicadeza. Estaba preocupado por su aspecto, era la primera vez, en mucho tiempo, que la notaba tan débil.
Se negó, sabía que no podía pedirle a Leo que fuese con ella hasta la casa principal, no cuando aún había gente que se acercaba para conversar y despedirse.
―Yo puedo sola, aunque no ejerza, todavía tengo título de médico ―le recordó, poniéndose de pie. Las rodillas le temblaron un poco, pero se mantuvo firme―. Es pan comido limpiar la herida y poner una gasa nueva.
Ángela se alejó de nuevo, salió por la puerta principal y caminó en dirección a la casa; era un trecho largo, le tomaría un par de minutos llegar, pero pensó que sería buena idea despejar su cabeza con el frío de la noche.
Qué equivocada estaba.
―Mamá va a matarte ―dijo Noah con voz preocupada, mirando de medio lado a su padre. En el suelo, David se encontraba sentado con sus dos hijas, jugando. Se suponía que él había subido para ayudar a las niñas a terminar de arreglarse, Ángela sabía que las niñas necesitaban supervisión y tiempo para poder vestirse, por eso le pidió a David que las ayudara… dos horas antes. En ese momento, no solo las niñas no estaban listas, sino que la ropa que llevaban eran disfraces de princesas, el cabello de ambas tenía moñitos por todos lados y en ese instante maquillaban a David. Rodeados de muñecas y peluches. ―Aún tenemos tiempo ―le respondió su padre, restándole importancia―. Terminamos aquí y nos arreglamos para salir. ―¡Es verdad, hermano! ―dijo la más pequeña, tenía seis años y unos adorables ojos ámbar, iguales a los de Noah. Su color era tan puro que contrastaban con el cabello castaño oscuro―. Además, papá está quedando muy lindo, no podemos parar ―explicó, mientras su hermana mayor
El verano se acabó, las lluvias se espaciaron y aunque el clima comenzó a enfriarse, las hojas de los árboles se tiñeron de vivos rojos vinos.David tardó tres semanas en recuperarse por completo, durante esos días encontró un nuevo lugar donde vivir, esta vez una villa a las afueras de la ciudad, en una zona rodeada de altos árboles y algunas lomas. El sitio cumplía con todas sus demandas: seguro, tranquilo y para el gusto de Noah, su propiedad tenía un estanque artificial.Al momento de la mudanza ya habían adoptado dos perros, un labrador y un pastor alemán, con el que el niño se encariñó de inmediato. La casa requería que hubiese más personal, así que pronto contaba con un grupo de personas viviendo con ellos.Ángela los visita seguido, Noah desarrolló un fuerte apego por la morena, que jamás demostró molestia por eso. Ella le enseñaba a tomar fotografías, corrían juntos con los perros y construían cosas en medio de la sala.Robin regresó al país junto con Jade y Oscar, aunque los
Abrió los ojos y se encontró con un techo color crema que no conocía; le tomó alrededor de un minuto recolectar cierta información sobre sí mismo. Recordó su nombre, edad y que tenía un hijo; luego, de golpe, las imágenes de Laura amenazando a Ángela con un arma y lo que siguió después, invadió su mente.Todo eso disparó el malestar físico, se hizo consciente de su cuerpo, las extremidades pesaban, la piel le hormigueaba y un dolor creciente y agudo se irradiaba desde su pecho y un lado del abdomen.Se sorprendió de no escuchar a nadie en la habitación, había abiertos los ojos y aunque aún no emitió palabra, le pareció extraño que no notaran que estaba despierto. Giró su cabeza hacia la derecha, lo que vio hizo que un calor agradable se esparciera dentro de él.Ángela se encontraba sentada al lado de la cama, sobre sus piernas, estaba Noah. Ella lo sostenía, abrazándolo con fuerza, mientras el niño descansaba su cabeza sobre el pecho de la morena. Los dos dormitaban profundamente, inc
Sentía su cuerpo extraño, como si su mente discurriera por un camino a una velocidad diferente mientras su cuerpo lo hacía por otro lado.Miró su móvil una vez más, cavilando si llamaba a Ángela o no. La extrañaba demasiado, tanto que le dolía el corazón, pensó que tras tantas peleas y discusiones su ausencia no se sentiría, que por el contrario, en vez de experimentar vacío solo sería alivio, pero no.Por supuesto estaba nervioso, la culpa lo invadía cada vez que recordaba lo que hizo con Laura; sin embargo, si consideraba las cosas de manera objetiva, tal vez podrían pasar la página, resolver los problemas y regresar.A veces las parejas se fortalecían cuando superaban cosas como aquellas.Además no había pasado tanto tiempo, solo un par de semanas.Fuera del bar, se sintió mejor, a pesar de que hacía calor a pesar de que era de noche, al menos escapó del sofocante ambiente del salón privado. No soportaba a las amistades de Laura Miller, eran tan arrogantes como ella, hablando siemp
David iba de camino a su casa cuando recibió la llamada de Laura. Desde hacía un par de días tenía una sensación de peligro inminente que le causaba ansiedad; atribuyó eso al hecho de que la pelirroja seguía prófuga, y que podía aparecer en cualquier instante y causar estragos.Una vez que ella le colgó, él manejó como un poseso, rompiendo varias leyes de tránsito. Con manos temblorosas marcó el número del detective y vociferó que Laura se hallaba en su departamento, con su hijo. El policía le dijo que mantuviera la calma que ya estaban enviando patrullas para allá y llegarían en pocos minutos.Cuando entró al elevador sentía el corazón obstruyendo su garganta, los nervios le daban la ilusión que el tiempo pasaba mucho más lento de lo que en realidad fluía. Una vez que las puertas se abrieron salió corriendo y casi se llevó por delante a Noah y la empleada.―¡Papá! ¡Papá! ―lloró su hijo al verlo―. ¡Mi mamá está apuntando con una pistola a la tía Angie!David soltó una exclamación de a
David recibió un mensaje directo a su móvil con una fecha y hora, supuso que provenía de Laura, quien le estaba indicando el momento en que se verían.Antoni dudó en decirle sobre la llamada, porque sabía que él contactaría a la policía para arrestar a la pelirroja; no obstante, accedió a hacerlo, tras pensar que la forma en que su hermana se estaba comportando solo la conduciría a un final nefasto.Se dirigió al café una vez que confirmó con la policía que estarían allí, planeaban atraparla a como diera lugar. Entró al local, pidió una mesa y esperó.Por dos horas estuvo a la expectativa.Cuando estuvo seguro que Laura no iba a presentarse, salió del local y se subió a su auto. Mientras conducía rumbo a la empresa de Alex, conversó con el detective.―Es posible que se haya dado cuenta de que estábamos allí ―explicó el oficial, su voz llenó todo el habitáculo del auto, porque se encontraba en alta voz―. Si los Stracci la están ayudando, significa que debe tener a alguno de sus hombres







