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CAPÍTULO 66

Penulis: Ría Luxuria
last update Tanggal publikasi: 2022-04-10 12:00:52

La morena cerró los ojos y negó, se sentía demasiado vulnerable en ese momento, adolorida en cada parte de su cuerpo, se encontraba cansada.

La parte que deseaba creerle, que continuaba esperando, estaba a punto de tomar el control y correr el riesgo, sin embargo, Ángela resistió.

―No, David… no me hagas parte de tus motivos, no me cargues con responsabilidades que no me corresponden… ―exigió.

Él no dijo nada, le dolían sus palabras, pero eran total y completamente merecidas.

Solo que, a pesar de ello, a pesar de su negativa, Ángela no retiró sus manos.

Miró las flores, contrastaban de manera alegre contra el tono blanco de las sábanas.

―Los colores tienen significado ―explicó él, desviando su atención―. Significan muchas cosas…

―Las flores tienen distintos significados, dependiendo de quienes las* regalan ―respondió ella. Ante los ojos confundidos de David, Ángela le recordó―. Cuando trabajas en un hospital ves muchas cosas: la gente tiende a obsequiar flores cuando desea entregar un mensaje que no puede expresar solo con palabras.

David asintió, entendiendo lo que ella le decía.

―Pues la vendedora me dijo que los de color violeta significan un dolor insoportable ante la idea de perder a la persona que amo, el blanco lo mal que me siento por nuestra ruptura y los rojos que te amo apasionadamente ―explicó en voz baja, trasmitiendo cada una de esas emociones en sus palabras. Deseaba, de una forma ardiente y asfixiante, hacerle ver lo arrepentido que se encontraba. Ángela desvió sus ojos, incluso el rostro, evitando mirarlo―. Ángela, no sabes lo aterrado que estuve cuando supe lo que te sucedió… pensé… pensé que moriría…

―No es…

―Lo sé, me vas a decir que no es correcto ―la interrumpió―. Pero no me importa, en este momento no me importa… Desde esa noche he tenido horribles pesadillas, me ahoga la pena, tuve que hacer un terrible esfuerzo por no volver esa misma noche, pensar que pudiste haber muerto y yo no estaba ahí, contigo… ―la voz se le quebró.

―Eres cruel ―dijo ella tras unos minutos de silencio―. Después de lo que me dijiste, de lo que me hiciste…

―Angie…

―¡Noooo! ―exclamó subiendo un poco la voz, giró la cabeza para encontrarse con sus ojos, estaban llenos de rabia, miedo y angustia―. No tienes ni idea, David, no te imaginas ni un poco todo lo que sentí.

»No puedes aparecerte aquí, creyendo que con solo pedir disculpas y decirme que te vas a divorciar todo va a mejorar… Tú me arruinaste, David, ¿lo olvidas? Tú… ―se detuvo, la garganta le ardía de la rabia―. El día de mi graduación, yo estaba sentada en mi silla, mientras todos estaban sonriendo, conversando y discutiendo sobre las especialidades a las que iban a aplicar para continuar estudiando, yo apenas estaba consiguiendo sentirme satisfecha con eso, porque las personas más importantes de mi vida no estaban allí. ¿Entonces para qué iba a continuar estudiando? ¿A quién iba a impresionar?

»Mi madre estaba muerta y mi novio me había abandonado, lo hizo justamente cuando por fin podríamos tener una vida más sencilla… ―Apretó los puños con firmeza, su voz tenía un ligero temblor, delatando lo mucho que le costaba hablar sobre eso―. Y cuando comencé a recoger los pedazos de mi corazón tras nuestra ruptura, o mejor dicho, tras la ruptura unilateral de tu parte, me llegó un mensaje. ―Hizo una profunda inspiración, estaba hablando con mucha velocidad, como si temiera no poder contar aquello y por eso le faltaba el aire―. Me tomó diez minutos mirar la pantalla, sabía que era un mensaje tuyo porque solo tú tenías ese tono, porque yo siempre necesitaba saber cuándo me llamabas tú, o me escribías… y entonces, cuando pensé que al menos me felicitarías y me desearías un feliz futuro, me encuentro un mensaje en el que me dices que vas a ser papá… y luego, cuando confirmaste que lo leí, me enviaste el segundo diciendo que te ibas a casar con Laura.

»¡El maldito día de mi graduación me dijiste que te ibas a casar e ibas a ser papá! ¡Y con Laura Miller! ¡¡Tú mejor que nadie sabías cómo detestaba a esa familia!!

»¿Por qué tenías que arruinarme eso? ¿Por qué tuviste que escoger justamente ese día y esa hora para decirme eso?

»Cuando todos los demás se pusieron de pie para lanzar el birrete al cielo, yo estaba en el suelo, de rodillas, llorando, con un ataque de ansiedad, sintiendo que mi vida no valía nada, que yo no valía nada y que nadie me amaba en el mundo…

»Me pregunté por qué me odiabas, qué te había hecho…

»En un segundo, yo perdí la voluntad para vivir, porque no tenía más razón para hacerlo…

Él sintió cómo el calor abandonaba su cuerpo, a medida que habló un recuerdo lo invadió de repente: vio claramente a Ángela, con su toga de color dorado y negro, a gatas en el suelo, su cabello cayendo a ambos lados de su rostro, temblando como si un gélido viento la hubiese golpeado bajo el sol del atardecer. A su alrededor, sus colegas se abrazaban, lloraban y reían, celebrando su meta alcanzada, pero ella, la morena se derrumbaba ante el peso de las noticias.

Cuando la vio desplomarse quiso correr hasta ella y abrazarla, él estaba entre la multitud que acompañaba a sus seres queridos en ese momento tan maravilloso, David quiso hacer lo mismo, verla cuando recibiera su título y sonriera orgullosa, aunque ella no supiera que estaba allí.

Recordó el motivo que lo llevó a hacer algo tan ruin, era mejor que fuese él quien la lastimara a que Laura hiciese algo peor, Ángela había estado tratando de hablarle, deseaba solucionar las cosas, ya no era una estudiante, por fin podía dedicarse a trabajar y tener una vida más tranquila, aportaría de manera más estable a la economía de la pareja, inclusive le mencionó sobre la posibilidad de mudarse a la capital donde él tendría mejores opciones de trabajo; pero David ya se encontraba en ascenso dentro de la empresa, y pronto conseguiría mucho más.

No era justo que Ángela guardara esperanzas de volver, no era justo que él alimentara esas mismas esperanzas en su interior; no amaba a Laura, pero iba a ser padre, jamás haría lo que hizo su madre le hizo a él, no abandonaría a su propio hijo o hija por amor.

Las mismas lágrimas que derramó cuando le hizo eso a Ángela, volvieron a caer por sus mejillas. La memoria retornó con la fuerza de una ola enorme que lo golpeó contra la orilla.

Fue un miserable, no solo con la morena, sino también consigo mismo.

―Perdóname, Ángela… ―rogó con voz ahogada, la mano que tenía libre la usó para enjuagarse la nariz mientras sorbía el llanto. Apretó un poco más los dedos de ella, luego dejó caer la cabeza sobre el borde de la cama, sintiendo que todo el dolor y la desesperación de esos meses le ganaban la partida―. Por favor, perdóname, yo… lo siento tanto…

―¿Y de qué me sirve perdonarte, David? ―preguntó en voz baja, su corazón palpitaba de manera violenta al verlo tan mal―. Eso no cambia nada, aunque no te guarde rencor, aunque no te desee mal, eso no significa que confíe en ti, o que quiera estar contigo…

―Lo sé, lo sé, pero…

―Pero, ¿qué?

―Tengo miedo, Angie… ―confesó, enderezándose de nuevo. Sus ojos y nariz tenían un tono rojo contrastante con su piel, sus cejas estaban caídas por el peso de la verdad―. Una vez solté tu mano, me fui y te dejé atrás… No fui feliz, nunca lo fui… cada día pensé en ti, cada vez que cerré los ojos preguntándome por qué no podía disfrutar los ascensos, los bonos y los nombramientos, supe que era porque no estabas tú…

»Ahora tengo miedo de que desaparezcas, Ángela… tengo miedo porque fui un estúpido y no quiero que el maldito que fui en ese momento, regrese y te deje de nuevo…

»No quiero perderte… no… no puedo… ―manifestó derrotado―. No podría soportarlo.

David suspiró en su cabeza, no podía forzarla, no era justo, mucho menos en esa circunstancia. Incluso si deseaba decir algo más, si necesitaba acunarla entre sus brazos y asegurarle que las cosas eran diferentes mientras la apretaba contra su pecho, él sabía que no podía mentirle.

No en ese momento.

Robin y él estaban librando una batalla, cada uno con un poderoso enemigo, y hasta que eso no se resolviera, no podría hacerle promesas.

Pero eso no significaba que tenía la fuerza de voluntad ni el valor de hacer lo mismo que la última vez, porque estaba cagado del susto por la idea de perderla.

Se levantó del banco, tomó el ramo y lo colocó en su regazo. Depositó un beso cariñoso en su cabello, se inclinó un poco más y susurró en su oído:

―Te amo… No importa si no me crees, pero te amo… siempre te he amado, jamás dejé de hacerlo…

Ángela contuvo el estremecimiento, su aliento acarició el pabellón de su oreja.

David se encaminó a la salida, con pasos lentos, los hombros caídos y un aire de derrota imposible de disimular. En el umbral de la puerta se giró hacia ella y le sonrió.

―Recupérate pronto.

La morena lo vio marcharse, sentía que una bola densa y viscosa se atoró en su garganta impidiéndole respirar.

«Mientras tú tienes miedo de perderme, yo tengo miedo de creer en ti de nuevo y que me dejes una vez más…»

Las flores en su regazo desprendían una fragancia suave y agradable, quiso sonreír o llorar, gritar o reírse, tener una reacción más que ese entumecimiento físico y mental; pero nada sucedió. Solo contempló los delicados pétalos por largo rato, manteniendo la misma posición, hasta que Jade abrió la puerta, anunciándole que ya se marchaban.

Mientras su amiga terminaba de recoger sus cosas, Ángela se sentó en la silla de ruedas para que la sacaran de ese lugar. Jade parloteaba de su día, mencionaba lo poco que faltaba para comenzar sus vacaciones acumuladas y dejó caer uno que otro comentario sobre el escándalo de Frank Murphy.

―Es hora de irnos ―le anunció. Se percató del colorido ramo―. ¿Quién te obsequió eso? ―Señaló las flores sobre la mesa―. ¿Nos lo llevamos?

Ángela miró en la dirección indicada y negó con la cabeza.

―No es de nadie, lo dejaron por equivocación…

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Komen (1)
goodnovel comment avatar
Xuxhy
Que contradicción!!! No se que sentir :'( me duele David y me duele Ángela. los entiendo a los dos pero igual quiero que estén juntos. T.T
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