LOGINDavid tuvo que viajar fuera del estado como representante de Miller, Co., el estado del oeste donde se llevó a cabo el desarrollo urbano que estaba causando problemas en esos momentos, se encontraba sumido en el caos. Los residentes del lugar, unos cuantos miles, salieron a protestar durante tres días consecutivos, cortando el acceso de varias vías importantes de la ciudad.
Lo que empezó como una solicitud para que las autoridades se hicieran cargo, terminó con la amenaza de una demanda por daños. Decenas de abogados se presentaron al juzgado para introducir los distintos casos y clientes a los que estaban representando.
Eso lo llevó a estar fuera de su ciudad por casi diez días.
Lo que hizo que incluso su celebración de cumpleaños fuese olvidada por completo.
Mientras, los problemas continuaban en ambas familias, los escándalos de los Murphy seguían surgiendo, algunos pequeños, otros más grandes, pero evidentemente, los que más resonaban eran aquellos en los que habían victimas fallecidas.
Desde accidentes de autos hasta suicidios, al menos habían salido cinco familias clamando por justicia a los que ya estaban siendo acusados de delitos de distintos calibres. Sin embargo, se rumoraba que otras voces se estaban alzando, poniendo en evidencia a aquellos miembros de la familia que aún no eran expuestos a la luz pública. Lo que más se escuchaba era las acusaciones sobre abusos sexuales y violaciones, acompañadas del uso de sustancias ilícitas.
La familia materna de Laura sentía que había alguien acechándolos, a la espera de destapar los crímenes de esa rama Murphy; eso solo servía para exacerbar los nervios de la pelirroja, que ya se encontraban en un estado bastante deplorable.
El problema era que quien estaba pagando las consecuencias de su inestabilidad mental y emocional era su pequeño hijo.
Los empleados del pent house veían con horror cómo Noah era lastimado, el niño aguantaba en silencio los continuos insultos y malos tratos, procurando no llorar en frente a su madre, ni siquiera cuando esta llegaba al punto del maltrato físico.
Supieron que la situación se había salido de control cuando en un arrebato de ira de la pelirroja, esta le pegó una bofetada tan fuerte que lo hizo caer, consiguiendo que su cabeza golpeara contra el suelo; por suerte, Noah no perdió el conocimiento, se enroscó en posición fetal y esperó con paciencia a que su madre se calmara.
Laura se percató de su reacción exagerada cuando escuchó el jadeo de la empleada que corrió de inmediato para revisar al niño.
Avergonzada, la pelirroja se marchó sin decir nada, mientras la mujer escuchaba el lamento del niño, que al saber que su mamá se había ido, pudo exteriorizar su dolor.
El problema no fue el golpe, cuando el ama de llaves oyó el llanto, se encontró con que la chica que estaba ayudando a Noah también tenía lágrimas en los ojos, y sorbía por la nariz mientras que con gentileza limpiaba la sangre que salía de una de las fosas nasales del niño.
―Pero… ¡Qué sucedió! ―exclamó la mujer de mediana edad, mirando horrorizada la escena.
―Na-na-nada… ―respondió Noah, tartamudeando debido a sus lloros. La mujer observó a la chica, interrogándola con la mirada, ella negó de inmediato y se mordió el labio.
―Te explico después… ―dijo, se puso de pie, cargó a Noah directo a su cuarto y tras desvestirlo para lavar la ropa manchada de sangre, miró con remordimiento las marcas en el cuerpecito infantil―. Qué tal si se da un baño, señorito Noah ―ofreció, sonriéndole con dulzura―. Después podemos ver televisión y comer helado. En media hora pasan su comiquita favorita y cuando se acabe, será el momento adecuado para llamar al señor David… ¿Te parece bien?
Él asintió en silencio, dejó que ella lo tallara con cuidado e hizo todo lo que la empleada propuso al pie de la letra.
―Tengo sueño ―expresó él, tallándose los ojos. La empleada doméstica negó con vehemencia.
―No te puedes dormir ahorita, falta poco, espera un poquito más y llamamos a tu papá, ¿de acuerdo?
La idea de hablar con David le entusiasmaba de verdad, era la única cosa que parecía causarle felicidad.
Cuando el programa acabó, ya el atardecer se ceñía en el horizonte, la empleada procedió a hacer la llamada y dejó al niño hablando, mientras fue a enfrentarse a la ama de llaves.
―Necesitamos decirle al señor David lo que está sucediendo ―dijo sin rodeos, la mujer la miró, soltó una exhalación triste.
―No es tan simple…
―¿Entonces vamos a dejar que la señora Laura siga abusando de su hijo? ―preguntó la chica, apretando los dientes para contener su rabia―. Hoy lo abofeteó solo porque dijo que quería ir a visitar a sus abuelos y cuando la señora Laura le dijo que no podía llevarlo, Noah solo dijo que él podía ir solo. ―Apretó los puños con fuerza, sus mejillas se estaban tiñendo de rojo debido a la ira―. Ella le gritó que si él quería que todos pensaran que era una mala madre y luego lo abofeteó… ¡he intentado que Noah no se duerma porque se dio un golpe en la cabeza! Esa mujer le pegó tan dura que lo hizo caer… ¡¡Es solo un niño de cinco años!! ¿Cómo puede hacerle eso a su propio hijo?
»Debemos pedirle ayuda a alguien, debemos decirle al señor, cuando él sepa lo que su esposa le está haciendo a su hijo te garantizo que no se va a quedar así…
―Ten cuidado con lo que dices, muchacha ―le recordó la ama de llaves, pero la chica negó de manera violenta.
―No importa quién sea, una cosa es darle una nalgada a un chiquillo porque está haciendo un berrinche… porque incluso puede que ni le duela y sea más el impacto de recibir el castigo que propiamente el dolor… pero en este caso, ¡en este caso ella está golpeando al niño sin motivos! ¡Hay que decirle a alguien! ¿Vamos a esperar a que de verdad le haga algo realmente malo? ―presionó con voz chillona―. No me importa si me despiden, la seguridad del niño es más importante, llamaré al señor David y le diré lo que está pasan…
―¡Noooo! ―exclamó Noah con un grito. Corrió hasta donde estaba la empleada y se aferró a la falda de su uniforme―. ¡No le digan a mi papá, por favor! ―dijo entre hipidos―. No quiero que mi mamá se meta en problemas por mi culpa… por favor, no le digan a mi papi…
Noah comenzó a llorar de manera desconsolada, la empleada miró a la mujer, su corazón se rompió en pedazos al verlo en ese estado.
―Está bien, Noah ―consoló, acariciando con cuidado su cabeza; luego lo alzó en brazos―. No le diré nada al señor David, no llores más.
El niño se durmió tras calmarse, lograr que dejara de llorar le tomó una hora; sin embargo, cuando ella volvió a la cocina para continuar la conversación con el ama de llaves, se encontró con Pilar en la sala.
La atmosfera era densa, la expresión en cara de la mujer le generaba escalofríos; la empleada no consideraba que la abuela de Noah fuese mejor que su madre, pero al menos, había atestiguado que lo trataba con cariño.
―¿Desde cuándo está pasando esto? ―preguntó con un tono frío y demandante.
―Poco después de que hospitalizaran al señor Ruben ―respondió el ama de llaves―. La primera vez, por accidente, el niño derramó budín sobre su ropa, ella se molestó y apretó un poco más duro de lo debido, su hombro. Sin embargo… la situación ha escalado a mayores muy rápidamente, en especial ahora que el señor David no se encuentra.
―¿Él sabe que esto está sucediendo? ―La empleada negó en silencio―. Bien, no le digan nada, Dios sabe cómo David trata a mi hija y sabemos que esto puede empeorar las cosas y no es el mejor momento, por ahora me llevaré a Noah, me encargaré de que no le pase nada y lo mantendré fuera de la vista de Laura… ―soltó un suspiro cansado, apretó sus ojos con ambas manos, como si no pudiese soportar la situación mucho más―. Dios, ¿cómo pasó esto? ¿Cómo es que mi hija llegó a esto? ―preguntó en voz baja.
Por órdenes de Pilar, llevaron con cuidado a Noah hasta el auto, este se encontraba con el motor encendido a la espera de que los pasajeros subieran y acomodaran el equipaje del niño dentro del maletero. Una vez que todo estuvo listo, partieron de regreso a la casa familiar Miller, en la que en esos momentos se encontraba viviendo también Ruben.
Pilar pensaba en lo que tendría que hacer, en cómo enfrentar esa situación, si el público se enteraba de ello sería el fin, un escándalo de esa magnitud tiraría por la borda todos los años de esfuerzo y trabajo que tanto ella como su hija invirtieron para convertirse en modelos a seguir.
La pelirroja estaba al tanto de las aventuras de Laura, porque ella misma era asidua visitante del club; Pilar también sufrió la indiferencia de su esposo debido al matrimonio forzado, por eso, solo pudo encontrar cierto consuelo en los amantes ocasionales cuando no pudo soportar más la soledad en la que estaba sumida.
Pero aquello… ¿Abuso infantil?
Necesitaba conseguir ayuda para su hija, de inmediato.
El problema era cómo hacerlo sin que eso terminara de hundirlos mucho más.
Sostuvo el teléfono en sus manos, apretándolo con firmeza, cavilando sobre si llamarla o no. Según lo que el ama de llaves le había contado, cada vez que ocurría un episodio como ese, Laura parecía reaccionar, aterrada y avergonzada, huía del lugar para no ver a Noah, solo para aparecer después como si nada hubiese pasado.
Seguramente, su hija se encontraba en su peor estado en ese instante, no era buena idea reclamarle nada por el momento.
Miró al niño que dormía en el asiento, envuelto en una manta con motivos espaciales. Sonrió con tristeza mientras acarició sus cabellos con delicadeza.
Recordó cuando Laura era de esa edad, sin importar cuánto resintiera a Jacobo jamás pensó en lastimar a su hija, por el contrario, la pequeña pelirroja pecosa siempre fue la fuente de su fortaleza.
¿Por qué Laura era así con Noah cuando este era el hijo del hombre que amaba?
Entonces, un aterrador pensamiento cruzó su cabeza.
«Será posible…» dudó, era tan terrible que ni siquiera deseaba pensarlo.
¿Y si Noah no era hijo de David?
Ese hombre adoraba a ese niño, incluso antes de haber perdido la memoria, David podía ser un poco frío, pero jamás fue negligente con el chiquillo; incluso si no le sonreía, siempre procuraba elogiar sus logros y lo felicitaba por sus méritos, motivándolo siempre a ser mejor.
Pero si Noah no era hijo de David, y Laura sentía celos de que él le diera tanta atención, la misma que ella no recibía, entonces eso podía hacer que ella perdiera el control.
«Por Dios, hija…» pensó con desdicha. «Pero, ¿qué has hecho?»
―Mamá va a matarte ―dijo Noah con voz preocupada, mirando de medio lado a su padre. En el suelo, David se encontraba sentado con sus dos hijas, jugando. Se suponía que él había subido para ayudar a las niñas a terminar de arreglarse, Ángela sabía que las niñas necesitaban supervisión y tiempo para poder vestirse, por eso le pidió a David que las ayudara… dos horas antes. En ese momento, no solo las niñas no estaban listas, sino que la ropa que llevaban eran disfraces de princesas, el cabello de ambas tenía moñitos por todos lados y en ese instante maquillaban a David. Rodeados de muñecas y peluches. ―Aún tenemos tiempo ―le respondió su padre, restándole importancia―. Terminamos aquí y nos arreglamos para salir. ―¡Es verdad, hermano! ―dijo la más pequeña, tenía seis años y unos adorables ojos ámbar, iguales a los de Noah. Su color era tan puro que contrastaban con el cabello castaño oscuro―. Además, papá está quedando muy lindo, no podemos parar ―explicó, mientras su hermana mayor
El verano se acabó, las lluvias se espaciaron y aunque el clima comenzó a enfriarse, las hojas de los árboles se tiñeron de vivos rojos vinos.David tardó tres semanas en recuperarse por completo, durante esos días encontró un nuevo lugar donde vivir, esta vez una villa a las afueras de la ciudad, en una zona rodeada de altos árboles y algunas lomas. El sitio cumplía con todas sus demandas: seguro, tranquilo y para el gusto de Noah, su propiedad tenía un estanque artificial.Al momento de la mudanza ya habían adoptado dos perros, un labrador y un pastor alemán, con el que el niño se encariñó de inmediato. La casa requería que hubiese más personal, así que pronto contaba con un grupo de personas viviendo con ellos.Ángela los visita seguido, Noah desarrolló un fuerte apego por la morena, que jamás demostró molestia por eso. Ella le enseñaba a tomar fotografías, corrían juntos con los perros y construían cosas en medio de la sala.Robin regresó al país junto con Jade y Oscar, aunque los
Abrió los ojos y se encontró con un techo color crema que no conocía; le tomó alrededor de un minuto recolectar cierta información sobre sí mismo. Recordó su nombre, edad y que tenía un hijo; luego, de golpe, las imágenes de Laura amenazando a Ángela con un arma y lo que siguió después, invadió su mente.Todo eso disparó el malestar físico, se hizo consciente de su cuerpo, las extremidades pesaban, la piel le hormigueaba y un dolor creciente y agudo se irradiaba desde su pecho y un lado del abdomen.Se sorprendió de no escuchar a nadie en la habitación, había abiertos los ojos y aunque aún no emitió palabra, le pareció extraño que no notaran que estaba despierto. Giró su cabeza hacia la derecha, lo que vio hizo que un calor agradable se esparciera dentro de él.Ángela se encontraba sentada al lado de la cama, sobre sus piernas, estaba Noah. Ella lo sostenía, abrazándolo con fuerza, mientras el niño descansaba su cabeza sobre el pecho de la morena. Los dos dormitaban profundamente, inc
Sentía su cuerpo extraño, como si su mente discurriera por un camino a una velocidad diferente mientras su cuerpo lo hacía por otro lado.Miró su móvil una vez más, cavilando si llamaba a Ángela o no. La extrañaba demasiado, tanto que le dolía el corazón, pensó que tras tantas peleas y discusiones su ausencia no se sentiría, que por el contrario, en vez de experimentar vacío solo sería alivio, pero no.Por supuesto estaba nervioso, la culpa lo invadía cada vez que recordaba lo que hizo con Laura; sin embargo, si consideraba las cosas de manera objetiva, tal vez podrían pasar la página, resolver los problemas y regresar.A veces las parejas se fortalecían cuando superaban cosas como aquellas.Además no había pasado tanto tiempo, solo un par de semanas.Fuera del bar, se sintió mejor, a pesar de que hacía calor a pesar de que era de noche, al menos escapó del sofocante ambiente del salón privado. No soportaba a las amistades de Laura Miller, eran tan arrogantes como ella, hablando siemp
David iba de camino a su casa cuando recibió la llamada de Laura. Desde hacía un par de días tenía una sensación de peligro inminente que le causaba ansiedad; atribuyó eso al hecho de que la pelirroja seguía prófuga, y que podía aparecer en cualquier instante y causar estragos.Una vez que ella le colgó, él manejó como un poseso, rompiendo varias leyes de tránsito. Con manos temblorosas marcó el número del detective y vociferó que Laura se hallaba en su departamento, con su hijo. El policía le dijo que mantuviera la calma que ya estaban enviando patrullas para allá y llegarían en pocos minutos.Cuando entró al elevador sentía el corazón obstruyendo su garganta, los nervios le daban la ilusión que el tiempo pasaba mucho más lento de lo que en realidad fluía. Una vez que las puertas se abrieron salió corriendo y casi se llevó por delante a Noah y la empleada.―¡Papá! ¡Papá! ―lloró su hijo al verlo―. ¡Mi mamá está apuntando con una pistola a la tía Angie!David soltó una exclamación de a
David recibió un mensaje directo a su móvil con una fecha y hora, supuso que provenía de Laura, quien le estaba indicando el momento en que se verían.Antoni dudó en decirle sobre la llamada, porque sabía que él contactaría a la policía para arrestar a la pelirroja; no obstante, accedió a hacerlo, tras pensar que la forma en que su hermana se estaba comportando solo la conduciría a un final nefasto.Se dirigió al café una vez que confirmó con la policía que estarían allí, planeaban atraparla a como diera lugar. Entró al local, pidió una mesa y esperó.Por dos horas estuvo a la expectativa.Cuando estuvo seguro que Laura no iba a presentarse, salió del local y se subió a su auto. Mientras conducía rumbo a la empresa de Alex, conversó con el detective.―Es posible que se haya dado cuenta de que estábamos allí ―explicó el oficial, su voz llenó todo el habitáculo del auto, porque se encontraba en alta voz―. Si los Stracci la están ayudando, significa que debe tener a alguno de sus hombres







